una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?
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la mujer que nunca murió
La fotografía permanecía entre las manos de Gabriel Torres.
La observó una y otra vez.
La mujer de la imagen descendía de un automóvil negro rodeada de guardaespaldas. Su rostro era elegante, sereno y seguro. No parecía una fugitiva ni una anciana escondida durante décadas.
Parecía alguien acostumbrado al poder.
—¿Estás completamente segura? —preguntó Gabriel.
Valeria Cruz asintió lentamente.
—No.
Gabriel levantó una ceja.
—¿No?
—Estoy segura de que esa mujer existe. Lo que no puedo asegurar es que realmente sea Verónica Salazar.
Gabriel volvió a mirar la fotografía.
—Entonces todo esto podría ser una mentira.
—Podría.
—¿Y aun así me secuestraste?
Valeria sonrió ligeramente.
—Porque eres el mejor investigador que conozco.
—Sigo sin considerar eso una disculpa.
Por primera vez la mujer soltó una pequeña carcajada.
Luego su expresión volvió a endurecerse.
—Escucha con atención. Si esa mujer es realmente Verónica, estamos frente al regreso de la persona más peligrosa que ha conocido Ciudad Oscura.
Gabriel guardó silencio.
Las palabras sonaban exageradas.
Pero después de todo lo que había descubierto sobre La Sombra Negra, ya no descartaba nada.
—¿Qué quieres que haga?
Valeria tomó otra carpeta.
—Investigar.
—Eso ya lo suponía.
—Tengo direcciones, nombres y movimientos bancarios sospechosos. Necesito que encuentres una conexión.
Gabriel observó los documentos.
Aquello parecía más una operación de inteligencia que una simple investigación periodística.
Y precisamente por eso resultaba tan peligroso.
Mientras tanto, Sofía Navarro abandonaba la prisión.
La conversación con su padre seguía resonando en su cabeza.
"Si Verónica ha regresado, la caída de La Sombra Negra fue solo el principio."
Aquellas palabras no parecían una amenaza.
Parecían miedo.
Y eso era lo que más la inquietaba.
Esteban Navarro rara vez había tenido miedo de algo.
Subió a su automóvil y llamó inmediatamente a Antonio Romano.
—Necesitamos hablar.
—¿Qué ocurrió?
—Visité a mi padre.
Antonio permaneció en silencio unos segundos.
—¿Y?
—Conoce a Verónica Salazar.
La respuesta llegó de inmediato.
—¿Qué te dijo?
—Que espera que esté muerta.
Aquello llamó completamente la atención de Antonio.
—¿Por qué?
—Porque cree que si regresó, todo empeorará.
Antonio observó por la ventana de su oficina.
La lluvia caía sobre Ciudad Oscura.
—Entonces necesitamos averiguar quién es realmente esa mujer.
A varios kilómetros de allí, Víctor Moretti recibía noticias preocupantes.
Uno de sus informantes acababa de llegar.
—Jefe, encontramos otro símbolo.
Víctor levantó la vista.
—¿Dónde?
—En un edificio abandonado cerca del río.
—¿Y?
—No estaba vacío.
Víctor apoyó lentamente la taza de café sobre el escritorio.
—Continúa.
—Había equipos de comunicación. Computadoras. Documentos.
—¿Qué clase de documentos?
—Listas de nombres.
—¿Nombres de quién?
El hombre tragó saliva.
—De personas importantes de la ciudad.
La expresión de Víctor cambió.
Aquello no era un simple grupo criminal.
Parecía una organización recopilando información.
Planeando algo.
—¿Trajiste los documentos?
—Sí.
Víctor comenzó a revisarlos.
Y entonces encontró algo que no esperaba.
Su propio nombre.
También estaba el de Antonio Romano.
Y el de Sofía Navarro.
Incluso el de Gabriel Torres.
Alguien los estaba vigilando.
A todos.
Horas después, Gabriel abandonó finalmente el lugar donde había estado retenido.
Valeria cumplió su palabra.
Lo dejó ir.
Pero antes le entregó un último documento.
—¿Qué es esto?
—Una dirección.
—¿De quién?
—De la mujer de la fotografía.
Gabriel observó el papel.
La dirección pertenecía a una lujosa mansión ubicada en las afueras de Ciudad Oscura.
—¿Y quieres que vaya?
—Quiero que descubras quién vive allí.
—Eso podría ser peligroso.
Valeria sonrió.
—Por eso te lo estoy pidiendo a ti.
Gabriel negó con la cabeza.
—Definitivamente tienes una forma extraña de pedir favores.
Sin embargo, sabía que aceptaría.
La curiosidad ya había ganado.
Aquella noche, Antonio Romano y Víctor Moretti se reunieron en secreto.
Era una situación extraña.
Durante años habían sido enemigos.
Ahora estaban sentados frente a frente analizando el mismo problema.
Víctor colocó varios documentos sobre la mesa.
—Encontramos esto.
Antonio comenzó a leer.
Cuanto más avanzaba, más serio se volvía.
—Nos están observando.
—Exactamente.
—¿Quién?
—El Círculo.
Antonio apoyó los documentos.
—¿Qué quieren?
—Esa es la pregunta.
Ninguno tenía la respuesta.
Y aquello era lo preocupante.
Los enemigos previsibles podían enfrentarse.
Los desconocidos eran mucho más peligrosos.
—¿Y Gabriel?
—Todavía no aparece.
Antonio observó el reloj.
—Aparecerá.
—¿Tan seguro estás?
—Sí.
Víctor arqueó una ceja.
—¿Por qué?
Antonio sonrió ligeramente.
—Porque siempre termina metiéndose donde no debe.
A la mañana siguiente, Gabriel decidió visitar la mansión.
Llegó poco después del amanecer.
El lugar era impresionante.
Altos muros.
Jardines enormes.
Guardias de seguridad.
Cámaras por todas partes.
Parecía más una fortaleza privada que una residencia.
Se estacionó a cierta distancia y comenzó a observar.
Durante horas no ocurrió nada.
Luego, cerca del mediodía, los portones se abrieron.
Un automóvil negro salió lentamente.
Gabriel tomó fotografías.
Y entonces vio algo.
La mujer.
La misma de la fotografía.
Iba sentada en el asiento trasero.
Gabriel sintió un escalofrío.
Era ella.
Sin ninguna duda.
Tomó más imágenes mientras el vehículo se alejaba.
Después decidió seguirlo.
La persecución lo llevó hasta el centro financiero de Ciudad Oscura.
El automóvil se detuvo frente a un edificio moderno.
La mujer descendió.
Varias personas la recibieron inmediatamente.
Parecían ejecutivos importantes.
Gabriel observó desde lejos.
Algo no encajaba.
Aquella mujer no actuaba como una criminal escondida.
Actuaba como una empresaria respetada.
Como alguien que no tenía nada que ocultar.
Entonces tomó una fotografía más cercana.
Y notó algo extraño.
Uno de los hombres que la acompañaban era conocido.
Muy conocido.
Gabriel abrió los ojos sorprendido.
Lo había visto en los archivos de La Sombra Negra.
Era un antiguo socio de Esteban Navarro.
Alguien que supuestamente había desaparecido años atrás.
—¿Qué demonios está pasando? —murmuró.
Esa misma tarde, Sofía recibió una visita inesperada.
Un sobre anónimo.
Sin remitente.
Sin explicación.
Solo su nombre escrito en el frente.
Lo abrió con cautela.
Dentro encontró una única fotografía.
Cuando la vio, sintió un escalofrío.
Era una imagen reciente de Gabriel Torres.
Tomada esa misma mañana.
Y en la parte trasera había una frase escrita a mano.
"Dile que deje de buscar."
Sofía tomó inmediatamente el teléfono.
Marcó el número de Gabriel.
Pero nadie respondió.
Volvió a intentarlo.
Nada.
La preocupación comenzó a crecer.
Mientras tanto, Gabriel continuaba siguiendo a la misteriosa mujer.
La observó entrar a varios edificios.
Reunirse con distintas personas.
Hablar con empresarios.
Todo parecía normal.
Demasiado normal.
Hasta que finalmente ocurrió algo.
Al caer la noche, el automóvil negro abandonó la ciudad.
Tomó una carretera secundaria.
Luego otra.
Y finalmente llegó a una antigua finca aislada.
Gabriel observó desde lejos.
Las luces estaban encendidas.
Varios vehículos permanecían estacionados afuera.
Parecía una reunión privada.
Esperó unos minutos.
Y entonces vio llegar a más personas.
Algunas le resultaron familiares.
Empresarios.
Políticos.
Exsocios de La Sombra Negra.
Todos entrando al mismo lugar.
Todos reuniéndose con la misma mujer.
Gabriel tomó fotografía tras fotografía.
Cada imagen era más importante que la anterior.
Finalmente logró acercarse lo suficiente para observar una ventana.
Y lo que vio hizo que se quedara inmóvil.
La mujer estaba sentada en la cabecera de una enorme mesa.
Todos los presentes parecían escucharla atentamente.
Como si fuera su líder.
Como si la obedecieran.
Y entonces ella habló.
Gabriel no pudo escuchar toda la conversación.
Pero sí una frase.
Una sola frase.
Y fue suficiente.
—La primera fase ya terminó.
El periodista sintió cómo se aceleraba su corazón.
Porque aquello significaba una sola cosa.
Todo lo ocurrido hasta ahora formaba parte de un plan mucho más grande.
Y ese plan apenas estaba comenzando.
Sin embargo, antes de que pudiera alejarse, una rama se quebró bajo su pie.
El sonido resonó en el silencio de la noche.
Varias cabezas se giraron hacia la ventana.
La mujer también.
Y por primera vez sus ojos se encontraron con los de Gabriel.
Ella no parecía sorprendida.
No parecía asustada.
Al contrario.
Sonrió.
Como si hubiera sabido desde el principio que él estaba allí.
Continuará en el Capítulo 12...