Durante toda su vida, Lyra creyó que había nacido para ser olvidada y odiada por todos.
Mientras su hermosa y perfecta hermana Anastasia era admirada por todos, Lyra creció entre desprecios, sacrificios y secretos. Obligada a vivir en las sombras de la familia Valmont, jamás imaginó que el destino terminaría llevándola hasta el corazón del reino de Kryndall... y hasta los brazos del príncipe heredero.
Conociendo por primera vez el amor, encontrando una familia, descubriendo lo que significa ser feliz.
Pero cuando la verdad sobre Anastasia comience a salir a la luz, todo aquello que Lyra ha construido empezará a tambalearse.
Porque hay personas dispuestas a matar para ocultar el pasado y porque una pregunta imposible se niega a desaparecer: ¿Qué pasó realmente con Anastasia?
Entre conspiraciones, secretos familiares, traiciones, misterios y un amor capaz de desafiar el destino, Lyra deberá descubrir quién es realmente... antes de que las verdades enterradas destruyan aquello que ama
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Capítulo 1 - Invisible
La música llenaba cada rincón del palacio Valmont.
Violines, risas refinadas y copas chocando entre murmullos elegantes convertían aquella noche en un espectáculo digno de la realeza. Los enormes candelabros de cristal iluminaban el salón principal con un resplandor dorado que hacía brillar las joyas, los vestidos y las sonrisas falsas de la nobleza.
Había demasiados hombres esa noche. Jóvenes nobles, herederos, comerciantes ricos e incluso caballeros extranjeros habían acudido al evento con una sola intención: Conquistar a la joya de la familia Valmont.
—El conde Valmont ha criado a la muchacha más hermosa del reino…
—Dicen que sus ojos parecen zafiros.
—Yo escuché que su cabello es más brillante que el oro puro.
Y entonces, como si el mundo entero hubiera estado esperando ese momento, las puertas del salón se abrieron.
El conde Octavio Valmont apareció primero. Alto, rígido, de mirada severa y aspecto envejecido. Su expresión amarga parecía incapaz de mostrar afecto genuino por nadie. A su lado caminaba la condesa Evelyne Valmont, una mujer mucho más joven que él, elegante, encantadora y sonriente ante la sociedad.
Y entre ambos… Estaba ella. La hija perfecta.
Un suspiro colectivo recorrió el salón.
La joven descendió las escaleras lentamente, con la gracia delicada de una princesa nacida en cuentos antiguos. Su piel clara parecía porcelana bajo las luces del palacio. Los bordados dorados y azul eléctrico de su vestido crema abrazaban su figura con exquisita elegancia.
Su largo cabello rubio caía en ondas suaves adornadas con cintas azules, y cada vez que sonreía, parecía que toda la habitación brillaba un poco más.
—Lady Anastasia Valmont…
—Es preciosa…
—No… es perfecta.
La condesa acarició orgullosa el cabello de su hija.
—Mírala, Octavio —dijo con dulzura fingida—. Nuestra pequeña flor finalmente está lista para deslumbrar al mundo.
El conde lentamente.
—Es digna del mejor de los nobles.
Anastasia sonriendo con elegancia mientras los hombres prácticamente se disputaban una oportunidad para bailar con ella.
Pero detrás de aquella familia perfecta… Había otra hija. Una que nadie miraba.
Al fondo del salón, casi oculta entre las sombras y las columnas decoradas, permanecía quieta una joven de cabello rojizo. Sus ojos color miel parecían cansados… apagados.
Vestía ropa oscura y sencilla, impropia para una fiesta y demasiado triste para alguien de su edad. Mientras todos admiraban a Anastasia como una bendición divina, las pocas personas que llegaban a notar a la pelirroja apartaban la mirada con disgusto.
Como si verla trajera mala suerte. Como si no perteneciera allí.
Ella bajó la cabeza lentamente. Ya estaba acostumbrada. Apretó los dedos sobre la tela desgastada de su vestido y trató de ignorar los murmullos.
— ¿Quién dejó entrar a esa chica aquí?
—Tiene el cabello rojo…
—Qué inquietante…
—Los Valmont deberían ocultarla mejor.
La joven tragó saliva.
Aquellas palabras dolían menos cuando se repetían toda la vida. Con cuidado, comenzó a retroceder entre la multitud, impidiendo llamar la atención. Nadie notó cuando abandonó el salón.
Nadie excepto un par de meceros que suspiraron aliviados al verla desaparecer.
El aire frío del patio golpeó su rostro apenas salió.
La música quedó atrás.
La enorme fuente de mármol brillaba bajo la luz de la luna, y por primera vez en toda la noche, pudo respirar sin sentir cientos de ojos despreciándola.
Pero entonces... Las lágrimas comenzaron a caer. Silenciosas al principio. Después imposibles de detener.
—Qué estúpida… —susurró cubriéndose la boca—. ¿Qué estaba esperando…?
Se dejó caer junto a la fuente… Era su cumpleaños. Aquella fiesta se suponía que era por ella o al menos eso le habían dicho. Por un instante… solo por un instante… había imaginado que tal vez sería presentada oficialmente junto a su hermana. Que quizás alguien la miraría sin asco.
Que tal vez… Importaba. Pero claro que no.
Anastasia era la hermosa, la amada, la hija valiosa.
Ella solo era la vergüenza de la familia. La maldición pelirroja.
Cerró los ojos con fuerza mientras las lágrimas seguían cayendo.
Y entonces… Un recuerdo volvió.
--------------- FlashBack ---------------
La noche era fría. El pequeño cobertizo olía a humedad y tierra mojada.
Una niña pelirroja, despeinada y cubierta de suciedad, permanecía sentada en el suelo mientras devoraba las sobras endurecidas que una criada había dejado frente a ella.
· Pan viejo.
· Carne fría.
Restos y nada más.
A través de la pequeña ventana rota del cobertizo podía verse el comedor principal del palacio iluminado cálidamente.
El conde reía, la condesa sonreía. Y Anastasia… pequeña y adorable… estaba sentada entre ambos.
—Nuestra hija será la dama más hermosa del reino —decía Evelyne acariciando los rizos dorados de la niña—. Todos caerán rendidos a sus pies.
—Ella sí vale la pena —respondió el conde con orgullo—. Tendrás un esposo poderoso.
La pequeña pelirroja apartó la mirada. Sus dedos sucios buscaron un libro escondido bajo la manta vieja que usaba para dormir. En cuanto lo abrió, sus ojos brillaron.
—El Famélico Gato Rojo… —susurró sonriendo apenas—. Mi favorito…
Y mientras afuera la familia perfecta cenaba feliz…
Ella leía sola en la oscuridad.
--------------- Fin del Flashback ---------------
—Hola…
La voz masculina la arrancó del recuerdo. La joven abrió los ojos sobresaltados y rápidamente limpió sus lágrimas.
Frente a ella había un hombre. No. No solo un hombre.
Era… absurdamente hermoso. Su piel morena resaltaba bajo la luz plateada de la luna. El cabello castaño caía ligeramente sobre su frente y sus ojos verdes poseían un brillo extraño… casi mágico. Había algo exótico en él. Algo distinto.
—¿Disculpa? —preguntó él con una pequeña sonrisa—. ¿La fiesta es aquí?
La pelirroja lo observará sin poder reaccionar durante unos segundos. Entonces habló casi por instinto.
—Usted… ¿viene de Kryndall?
El hombre parpadeó sorprendido.
—Sí… —respondió lentamente—. Soy de Kryndall. ¿Cómo lo supiste?
Ella bajó la mirada, avergonzada.
—Sus rasgos… y el broche de plata en su capa. Tiene el símbolo del lobo lunar de Kryndall.
Por primera vez desde que había llegado, el hombre parecía genuinamente impresionado.
—No pensé que alguien aquí lo reconocería.
Ella sonrió apenas.
Y aquella pequeña sonrisa bastó para desarmarlo por completo.
—Leí mucho sobre Kryndall cuando era niña —murmuró ella—. Sus costumbres son hermosas…
—¿Ah, Sí?
Ella emocionada.
—Especialmente la tradición del Festival de las Linternas de Invierno… donde las familias escriben sus deseos y los dejan ir al río para que los espíritus antiguos los escuchen.
Los ojos del hombre se iluminaron.
—Eso sigue haciéndose, cada año…
—¿De verdad?
-Si. Mi madre decía que las personas sinceras siempre reciben una respuesta del río.
Ella soltó una pequeña risa. Una risa suave y triste al mismo tiempo.
—Entonces el río nunca quiso escucharme.
Él frunció ligeramente el ceño. Pero antes de preguntar algo, ella habló otra vez, esta vez con brillo genuino en los ojos.
—¿Y conoce el cuento del “Famélico Gato Rojo”?
El hombre abrió los ojos sorprendido.
—¡Claro! Todos los niños en Kryndall conocen esa historia.
Ella se llevó una mano al pecho emocionada.
—¡Es mi cuento favorito!
Y entonces comenzó a hablar… De libros, de tradiciones, de los mercados flotantes de Kryndall iluminados con velas azules durante la noche. De la antigua creencia de que el cabello rojo era bendecido por el dios del fuego y traía prosperidad a los viajeros, de música, de cuentos… de sueños.
Y por primera vez en muchísimo tiempo… La pelirroja olvidó sintiéndose invisible.
Aquel hombre la escuchaba de verdad. La observaba como si cada palabra suya fuera importante. Como si ella fuera importante.
—Eres increíblemente interesante… —dijo él de pronto.
Ella se quedó inmóvil.
—Y… muy hermosa.
El corazón de la joven se detuvo.
“Hermosa.”
Aquella palabra tocando algo profundo dentro de ella. Pero inmediatamente apareció otra voz en su cabeza.
“No aburras a los hombres con tus plásticas de niña inteligente”.
“A ningún hombre le importa eso en una mujer”.
Las palabras de su padre, siempre crueles, siempre presentes.
La emoción en sus ojos desapareció y retrocedió un paso.
—Lo siento… —murmuró apresuradamente—. Habló demasiado.
Él frunció el fruncido.
—No, yo…
—La fiesta está dentro… —dijo ella intentando sonreír—. Y la alegría de esta casa se encuentra ahí también.
Bajó la mirada.
—Lamento haberlo retenido.
Y antes de que él pudiera detenerla… Ella se fue corriendo.
—¡Espera!
Pero la joven ya había desaparecido entre los corredores oscuros del jardín.
El hombre permaneció quieto mirando hacia donde ella había huido, estaba confundido, intrigado y fascinado.
—¿Mi señor?
Una joven sirvienta se acercó rápidamente hasta él.
—¿Qué hace aquí afuera? Lo están esperando.
Él no apartó la mirada del corredor.
—Acabo de hablar con una joven muy interesante… pensé que quizás era una empleada de la casa Valmont.
La muchacha abrió los ojos sorprendida.
—¿Una empleada? Eso es imposible. Aquí solo trabaja una mujer mayor y tiene más de sesenta años.
Él finalmente volteó.
—Entonces… ¿Quién sería ella?
La sirvienta dudó unos segundos.
—Tal vez... una de las hijas del conde.
El hombre quedó completamente inmóvil.
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La pelirroja corría por los pasillos traseros del palacio hasta llegar al viejo cobertizo donde vivía.
Cerró la puerta temblando y sus mejillas ardían intensamente. Lentamente tomó una mano a su pecho… su corazón seguía latiendo demasiado rápido.
“Eres muy hermosa.”
Las lágrimas volvieron a llenar sus ojos. Pero esta vez dolían diferentes. Porque era la primera vez que alguien decía aquellas palabras mirándola como si fueran verdad.
Y eso… Eso era mucho más cruel que nunca haberlas escuchado.
mientras Kael manda. a investigar a Samira. para saber lo que pasa con la familia Valmonta
es cierto que ellos mismos la llevaron a Kryndall y ahora resulta que no quieren responder la compromiso que ellos mismos buscaban? jummm🤔🤔🤔🤔
pero también fue al huerto, leyó libros en la biblioteca.... ha tomado pequeñas decisiones que para ella son enormes
Ambos se parecen ... son amables y no tienen miedo de estar en medio de las personas... no hacen esas diferencias entre clases sociales
Aún así revisa que llevará botas para poder entrar al huerto!
esa conversación entre ellos nos revela que Osea elegió a Lyra como su prometida por alguna razón... y no lastima ni compasión....
y Karl se comportó a la altura al despedirlas como perros.... como lo que son ju mmmm....
Comos e atreven a cuestionar a una noble... sin importar como sea 🤬🤬🤬🤬🤬