Connie Callahan, había guardado su virtud como tesoro para cuando llegara el día de entregársela como muestra de amor a Erick Bennett su novio, lo amaba se entregaría a él en el día de su cumpleaños, lo haría como un regalo. Pero lo que jamás esperaba fuera que lo encontraría con su hermana en pleno acto sexual. Su hermana lo había vuelto hacer todo lo que ella poseía su hermana lo quería para ella. Y lo peor que sus padres la apoyaban en todo y ella terminaba siendo castigada por lo que Brenda su hermana hacía.
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Soy un ser de luz.
Erick se quedó en shock, había escuchado mal seguramente, Blanca Moore se había casado lo había dejado al cuidado de Kellen Sanders, ¿pero había dicho que era su madre?
El teléfono volvió a timbrar, había cortado la llamada cuando la mujer dijo que era su madre.
Hola. - contestó con precaución.
— Erick no te atrevas a cortar de nuevo la llamada.
— ¿Y como quieres que reaccione? - me acabas de decir que eres…mi madre.
— Te voy a poner al tanto, - le aseguró, espérame por la mañana, tenemos que hablar es muy importante lo que te diré.
Erick quedó como al principio…sin entender absolutamente nada.
MANSIÓN ASTORIAN
Brenda se dejó caer en el sillón de la sala exageradamente imitando un cansancio inexistente Hellen sonreía.
— Hoy fue uno de esos días que me sentí viva. - levantó ambos brazos como quien celebra un triunfo.
Para Brenda y Hellen ser adineradas era símbolo de gastar, demostrar lo que compraban, lucir ropa zapatos, carteras de marca. Todo lo demás era insignificante.
— Soñaba volver a esta vida, - dijo Brenda suspirando.
Tom las miraba detrás de un mueble, había llegado muy lejos por esas dos víboras, le había hecho mucho daño a su propia hija. Ya no había vuelta atrás, el mismo se había hundido, se dejó envolver por las dos.
Ese día por primera vez sintió vergüenza, asco de él mismo. El había dicho que solo quería que la asustaran pero de verdad la iban a violar ¿y él como se defendía ante eso?
Hizo un recuento del pasado, ellas pedían y él les daba, fueran joyas, autos todos los lujos que deseaban él nunca nego nada, pensaba que teniéndolas contentas a manos llenas se las ganaba, pero nunca fue así y, tardé comprendió. No no más, ahora compadecía a Erick.
Esas mujeres eran carteras rotas. Y el ya había perdido todo, ellas iban por su próxima víctima. Se dió la vuelta en silencio ya tenía una pequeña bolsa con sus pocas pertenencias. No volteó para atrás subió a un taxi dándole una dirección.
MANSIÓN SANDERS
En la sala de juegos.
Kellen y Cyrus iban de entrada por la estancia principal de la mansión, cuando se percataron de las risas que venían de la sala de juego.
El ruso le hizo gracia escuchar su nombre, pero no dijo nada, haciendo que Kellen lo volteara a ver con curiosidad, era un hombre de aspecto rudo, pero se había convertido en inofensivo ante la amiga de su esposa.
Se encerraron en el estadio donde dejaron de escuchar las voces.
Mientras tanto en la sala de juegos tenían una extensa conversación entre risas las tres chicas.
— Eres tú Laura la que tiene esos gustos extraños. - espectó Mei haciendo reír a Laura y a Conny.
— ¿A qué te refieres con gustos extraños? - indagó la chica sonriendo.
— Bueno no tanto. - lo pensó mejor.
— Te gusta todo lo contrario a lo que a Connie y a mí, preferimos. - Bueno quizás a Conny también pero se que no tanto.
— Ya se para dónde se dirige tu opinión. - sonrió Laura.
— Bueno me gusta la rudeza.
— Exacto, a eso me refiero.
— Siempre que vamos al cine te gusta ver violencia, y no digo que no sean interesantes. - reiteró pero prefiero romance o hasta hombres lobo.
— Además estás alucinada por el amigo de Kellen - añadió en voz baja. Eso hizo reír a Conny.
— Es que es un hombre, no se como podría explicar, simplemente me imagino en un peligro pero con el se vuelve todo perfecto.
— Es como si estuviese en la selva rodeada por leones, su sola presencia me hace sentir a salvo. Ese hombre es masculinidad, es como un oasis en un desierto.
Mei estaba sorprendida y al mismo tiempo le agradaba fuera así.
— Creo que ya te perdimos. - habló Conny sonriendo.
— Mira quien lo dice. - contestó Laura, Conny quizás tú no lo notes pero nosotras sí, cuando hablas de Kellen tus ojos se oscurecen, te sale amor por los poros.
Escucharon pasos dirigiéndose hacia algún punto.
Kellen fue el primero en aparecer en el salón, detrás de él Cyrus quien le dijo algo y se fue.
Mei se despidió. No sería un mal tercio se dijo. Mientras que Conny se levantó siendo abrazada por su esposo.
— Conny vete sin cuidado, me iré en cuanto me conteste, quien te dije. - se despidió igual, pero al ver aparecer a Cyrus y dirigirse a ella, Conny esbozó una sonrisa insinuante, guiñándole un ojo del cual se percató Kellen sonriendo.
— Hola Laura, espero que esta vez no corras. - sentenció el ruso, observando el gesto qué hacía.
— ¿Porque abría de huir según tú? - contestó con el semblante de un rojo intenso.
Una traviesa sonrisa irradió el ruso caminando un poco más hacia ella.
Eres una traviesa le dijo dándole un golpecito en el brazo, perecía tan nerviosa incluso asustada qué el hombre no podía resistirse, esos labios hinchados parecían llamarle, pero se contuvo.
Laura se sobrepuso, como si estuviera en su ambiente regular.
Admítelo Hércules, soy el ambiente de tu vida. - se levantó haciendo ademanes, que divertían al ruso, eso era lo que le atraía de esa mujer.
Soy un ser de luz. - se dibujó con ambas manos por todo el cuerpo, jamás podrás tener otra como yo. Soy un ambiente natural, libre, puro, tú eres Chernobyl.
Este Chernobyl quiere arrastrarte a su punto de núcleo de su veneno para poder consumirte junto a mí destrucción. - dicho eso la tomó en sus brazos besándola posesivamente.
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