NovelToon NovelToon
Azúcar Amargo

Azúcar Amargo

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Reencuentro
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Sarita King

Samantha Torres solo quería salvar su pastelería y cuidar de su hermana menor; jamás imaginó que una bandeja de crema pastelera la llevaría directamente a los brazos del hombre más peligroso, arrogante y fascinante de la ciudad: Viktor D'Angelo.

NovelToon tiene autorización de Sarita King para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Gatos y millonarios

Viktor D'Angelo

Odiaba los gatos.

No era algo personal.

Simplemente me gustaba respirar.

Y respirar se volvía considerablemente más difícil cuando tenía un gato cerca.

Una desventaja bastante importante.

Por eso, durante toda mi vida, había evitado cualquier criatura peluda con cuatro patas y una evidente falta de respeto por el espacio personal.

Sin embargo, aquel pequeño monstruo naranja parecía decidido a arruinar esa tradición.

—¿Ya terminaste?

La voz de Samantha llegó desde algún lugar frente a mí.

Yo seguía sujetando al gato con la punta de los dedos.

Como si fuera una bomba a punto de explotar.

—No.

—Llevas diez minutos mirándolo.

—Estoy esperando que se marche.

—No va a hacerlo.

Miré al animal.

El animal me miró.

Después bostezó.

Como si fuera dueño del lugar.

Y probablemente también de mi poca paciencia.

—Lo odio.

—Mentira.

—No.

—Sí.

—Torres.

—D'Angelo.

—Me provoca alergia.

—Y aun así sigue sobre ti.

Miré nuevamente al gato.

Seguía acomodado en mi regazo.

Completamente tranquilo.

Perfectamente cómodo.

Insoportablemente feliz.

Como si me hubiera adoptado.

La idea fue tan absurda que inmediatamente la rechacé.

—No me adoptó.

—No dije nada.

Maldición.

Había hablado en voz alta.

Samantha sonrió.

Y esa sonrisa fue mucho más peligrosa que cualquier amenaza.

Porque comenzaba a gustarme verla sonreír.

Demasiado.

---

—¿Cómo se llama?

La pregunta vino de Evelyn.

El gato seguía en mis piernas.

Para mi desgracia.

—No tiene nombre.

—Todo necesita un nombre.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Por alguna razón, aquella niña discutía exactamente igual que su hermana.

Lo cual explicaba muchas cosas.

—¿Y si lo llamamos Tiramisú?

Parpadeé.

—¿Tiramisú?

—Porque vive en una pastelería.

La lógica era cuestionable.

Pero no completamente absurda.

—Me gusta.

La voz de Samantha llegó desde detrás del mostrador.

—A mí también.

—Entonces ya está decidido.

—No creo que así funcione.

—Demasiado tarde.

Miré al gato.

Miré a Evelyn.

Luego a Samantha.

Y comprendí algo terrible.

Había perdido aquella discusión antes de comenzarla.

—Perfecto.

—¡Tenemos gato!

—No tenemos gato.

—Tenemos gato.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Cerré los ojos.

Necesitaba vacaciones.

Urgentemente.

---

Una hora después recibí una llamada.

Y mi humor mejoró exactamente cero por ciento cuando vi quién era.

Mi abuelo.

Contesté.

—¿Sí?

—¿Dónde estás?

Miré al gato.

El gato me miró.

La ironía era dolorosa.

—Trabajando.

Técnicamente no era mentira.

Porque pensar en Samantha se había convertido en una especie de trabajo de tiempo completo.

—Necesito verte.

—Estoy ocupado.

—No es una petición.

Por supuesto que no.

Nunca lo era.

—Llegaré en una hora.

—Treinta minutos.

La llamada terminó.

Sin despedidas.

Sin explicaciones.

Como siempre.

Guardé el teléfono.

Y de inmediato noté que Samantha me observaba.

—¿Problemas?

—Familia.

—Ah.

Sorprendentemente, esa única palabra contenía comprensión.

Como si supiera exactamente lo complicado que podía ser ese tema.

Y tal vez lo sabía.

Después de todo, ella también cargaba responsabilidades que nadie de su edad debería llevar.

—¿Todo bien?

La pregunta fue simple.

Sincera.

Y completamente inesperada.

Porque la mayoría de las personas me preguntaban qué necesitaba.

Qué quería.

Qué podían obtener de mí.

Muy pocas preguntaban si estaba bien.

Me tomó varios segundos responder.

—Sí.

Mentira.

Ella lo notó.

Por supuesto que lo notó.

Porque Samantha parecía tener un talento especial para detectar mentiras.

Pero no insistió.

Y por alguna razón agradecí ese gesto.

---

Antes de irme, Evelyn apareció nuevamente.

Lo cual nunca era una buena señal.

Nunca.

—Viktor.

—Eso suena peligroso.

—Tengo una idea.

—Definitivamente suena peligroso.

—¿Podrías sostener a Tiramisú mientras voy por mi mochila?

—No.

—Por favor.

—No.

—Por favor.

—No.

—Por favor.

Miré a Samantha.

Ella estaba sonriendo.

Traidora.

Absoluta traidora.

—No me ayudes.

—Estoy disfrutando esto.

—Lo noté.

Evelyn juntó las manos.

—Por favor.

Suspiré.

Porque ya conocía el resultado.

—Cinco minutos.

—¡Sí!

—Cinco minutos.

—Eres el mejor.

—Eso es discutible.

La niña salió corriendo.

Y me dejó sosteniendo a un gato que claramente había decidido instalarse en mi vida sin permiso.

Perfecto.

Simplemente perfecto.

---

Treinta minutos después seguía ahí.

Con el gato.

Porque Evelyn había desaparecido.

Porque Samantha estaba atendiendo clientes.

Y porque aparentemente el universo me odiaba.

Tiramisú levantó la cabeza.

Me observó.

Luego apoyó una pata sobre mi brazo.

Como si intentara consolarme.

—No somos amigos.

El gato ronroneó.

—Eso no cambia nada.

Más ronroneos.

—Definitivamente no cambia nada.

—Le estás hablando al gato.

La voz de Samantha me hizo levantar la vista.

—No.

—Lo estás haciendo.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Maldita mujer.

Porque estaba riéndose.

Y porque aquella risa comenzaba a convertirse en uno de mis sonidos favoritos.

Lo cual era una pésima noticia.

---

Cuando finalmente me levanté para irme, Tiramisú intentó seguirme.

Por supuesto.

Porque mi sufrimiento claramente era una prioridad para alguien allá arriba.

—Mira.

Evelyn parecía encantada.

—Le gustas.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Evelyn.

—Viktor.

—Es un gato.

—Exactamente.

No entendía qué significaba eso.

Y sospechaba que no quería saberlo.

Tomé mi saco.

Me dirigí hacia la puerta.

Y justo antes de salir escuché la voz de Samantha.

—Gracias.

Me detuve.

Giré ligeramente.

—¿Por qué?

—Por soportar a mi hermana.

—Eso debería contar como servicio comunitario.

Ella soltó una carcajada.

Y por un instante olvidé la llamada de mi abuelo.

Los problemas.

Las responsabilidades.

Todo.

Solo existía aquella sonrisa.

Aquellos ojos marrones.

Y una sensación extraña que llevaba días creciendo dentro de mí.

Algo que comenzaba a parecerse peligrosamente a la felicidad.

Lo cual era un problema.

Porque los hombres como yo no creían en finales felices.

Y aun así...

Mientras salía de la pastelería, descubrí que ya estaba esperando volver al día siguiente.

Otra vez.

Como un idiota.

Y lo peor era que Samantha Torres parecía disfrutar cada segundo de mi caída.

Continuará...☕

1
Náyade
pobre Samantha 😅
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play