La vida de Emma cambia cuando el señor Rodrigo, tras más de 40 años trabajando en la empresa, decide jubilarse. Buscando a alguien joven y conocedor de su área para sustituirlo, elige a su asistente, quien ya tiene más de 10 años de experiencia trabajando a su lado. Aunque su elección podría convertir a Emma en la candidata perfecta para convertirse en la nueva madre de los hijos del presidente.
NovelToon tiene autorización de Michelle RR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 23
— A ver, Emma, no hiciste nada malo. Solo te acostaste con el jefe de todos, pero eso no está mal. —Dijo Nicole, intentando calmar las aguas.
— Dime cómo eso me ayuda ahora. ¡Me voy a morir! —La culpa y el remordimiento la invadían por completo, mientras apoyaba la cabeza en el escritorio, haciendo una rabieta.
— Emma, cálmate. Vas a entrar a esa sala, te vas a sentar como si nada hubiera pasado, y no vas a mencionar lo que sucedió ayer. Solo te vas a comportar como la gerente que eres. Aquí tienes el informe para la junta; está todo catalogado y bien etiquetado. Tranquila. —Dijo Nicole, entregándole la carpeta del informe.
— No voy a poder, Nicole.
— Claro que vas a poder. Ahora levántate y ve, tienes que ser responsable con tu departamento. —Dijo Nicole, levantándose y empujando suavemente a Emma hacia la salida. — Te ayudé hasta aquí, ahora te toca a ti.
— Ahh, está bien, está bien. Yo puedo hacerlo. —Dijo Emma, avanzando hacia el elevador con pasos firmes, aunque por dentro se estaba muriendo. Iba a verlo de nuevo, algo que la aterraba, y el dolor en su espalda baja no ayudaba en absoluto.
Al llegar a la sala donde se llevaría a cabo la reunión, se sentó en la última fila, su lugar habitual. Fue una de las primeras en llegar, así que observaba cómo los demás entraban y tomaban sus asientos.
— Vaya, no puedo creer que llegaste temprano. —Dijo Rosaura con una sonrisa sarcástica mientras pasaba por su lado y se acomodaba con confianza en un asiento cerca del presidente.
Emma dudaba si sentarse o mantenerse de pie durante toda la reunión; el dolor en su espalda era una pesadilla. Sin embargo, al ver que todos tomaban sus lugares, decidió hacer lo mismo. Se apoyó en la mesa antes de sentarse, tomó aire y lentamente se dejó caer en la silla.
La reunión no podía comenzar sin el presidente, así que todos esperaron unos cinco minutos, lo habitual para su llegada. Pero esta vez, los cinco minutos sobraron. El presidente llegó sorprendiendo a todos y tomó su lugar en la cabecera de la mesa.
Al sentarse, su mirada se fijó en Emma y no la dejó ni por un momento, lo que aumentó la curiosidad de los presentes. Emma, por su parte, evitaba a toda costa la mirada penetrante de Dominic, sintiendo un sudor frío recorrer su cuerpo.
— Emma. —Dijo Dominic sin dejar de mirarla. — Creo que ese lugar ya no le corresponde.
— ¿Ah? Disculpe, presidente... siempre me he sentado en este lugar. No entiendo por qué dice eso.
— Pues ahora ya no le corresponde. Rosaura, por favor, tome el lugar de Emma.
— ¡¿QUÉ?! —Exclamó Rosaura, sorprendida al escuchar la orden del jefe.
— ¿Tiene algún problema con lo que le acabo de decir? —Dijo Dominic, levantando el ceño.
— N-no, pero siempre he estado en este lugar. No entiendo por qué ahora me pide que cambie de asiento con Emma.
— ¿Está cuestionando mi orden, Rosaura? —Esta vez, la voz de Dominic sonó fría y tajante.
Rosaura respiró hondo antes de responder, como si estuviera tragándose la respuesta que realmente quería dar.
— No, presidente. —Dijo finalmente, levantándose y caminando hasta el final de la mesa, donde estaba Emma.
Cuando llegó, Dominic le extendió la silla sin dejar de mirarla. Emma contuvo la respiración mientras se sentaba lentamente. Él la observaba con curiosidad, y al parecer comprendió lo que sucedía, ya que una pequeña mueca se dibujó en sus labios.
La reunión comenzó exponiendo los puntos decisivos de las ventas, mientras cada gerente daba su punto de vista en que podría ayudar. Sin embargo, Emma luchaba por soportar lo que sucedía debajo de la mesa y las intrusivas caricias de Dominic. Sintiendo todas las miradas incómodas de los gerentes.
Pero, conforme pasaban los minutos, esas caricias se volvieron más descaradas y más notorias. Emma, de por sí ya incómoda, no podía aguantar un momento más, por lo cual decidió cortarlo de raíz. Se levantó de su asiento caminando hasta el final de la mesa a pedirle a uno de los gerentes si podían cambiar de asiento, con la excusa de que no miraba de lejos las presentaciones. Al aceptar, ella tomó asiento, regalándole una última mirada de victoria a Dominic.