Fanfic: acontecimientos que sucedieron 300 años despues de la guerra contra Zeus
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Capítulo 7: En la Búsqueda Legendaria
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La ausencia de Athena se sentía en todo el Santuario.
Las campanas habían dejado de sonar.
Los templos permanecían abiertos.
Pero nadie sonreía.
Nadie conversaba.
Nadie podía olvidar lo ocurrido.
Athena Bella había sido secuestrada.
Y por primera vez en generaciones, el Santuario se encontraba sin su diosa.
El amanecer llegó envuelto en una extraña tristeza.
Los Caballeros Dorados permanecían reunidos en el Palacio del Patriarca.
La gran mesa de la Asamblea estaba completa.
Excepto por un lugar.
El asiento de Athena.
Aquella silla vacía parecía pesar más que cualquier enemigo.
Aioria observó a todos los presentes.
—Ya conocemos el nombre de nuestro enemigo.
Cronos.
El silencio dominó la sala.
—Pero conocer su nombre no significa que sepamos cómo derrotarlo.
Aion permanecía de pie junto al Patriarca.
Sus heridas ya habían sido tratadas por Ari.
Pero la culpa seguía reflejada en sus ojos.
—Cronos no es un enemigo común.
Todos lo escucharon.
—En mi mundo...
los Caballeros Dorados pelearon.
Los Caballeros de Plata pelearon.
Athena peleó.
Aion bajó la mirada.
—Y aun así perdimos.
Aquellas palabras cayeron como una losa.
Incluso Jeiko permaneció en silencio.
Fue entonces cuando Aioria tomó una decisión.
—Hay alguien que debe escuchar esto.
Los Dorados lo miraron confundidos.
El viejo Patriarca sonrió levemente.
—Traigan a Seiya.
😳
Un murmullo recorrió la sala.
El legendario Caballero de Pegaso.
El Matadioses.
El hombre que había derrotado a Poseidón, Hades y Zeus.
Horas después...
Las puertas de la Asamblea se abrieron lentamente.
Y apareció una figura anciana.
🏹
Seiya caminaba apoyándose en un bastón.
Su cabello ya era completamente blanco.
Su rostro mostraba el paso de los siglos.
Pero sus ojos...
Sus ojos seguían siendo los mismos.
Los ojos del muchacho que jamás se rendía.
Zech fue el primero en ponerse de pie.
Su descendiente.
Su héroe.
—Abuelo...
Seiya sonrió.
—Hace mucho que nadie me llama así, o a caso mi Alzehimer ya hizo su trabajo jeje !!
Algunos Dorados sonrieron por primera vez desde el secuestro.
Pero la alegría duró poco.
Cuando Seiya tomó asiento...
comenzó a toser.
Una tos profunda.
Dolorosa.
Incluso Aioria frunció el ceño.
—Seiya...
El anciano levantó una mano.
—Estoy bien.
Pero no era verdad.
Finalmente suspiró.
—Supongo que tarde o temprano lo descubrirían.
Toda la sala quedó en silencio.
—Mi corazón está muriendo.
😳
Nadie habló.
Nadie se movió.
Zech quedó paralizado.
—¿Qué...?
Seiya sonrió tristemente.
—Los años pasan para todos.
Incluso para mí.
Levi cerró los ojos.
Aioria bajó la cabeza.
Sus viejos compañeros desaparecían uno tras otro.
—¿Puedes seguir peleando? —preguntó Tanya.
Seiya tardó en responder.
—Sí.
Todos parecieron aliviados.
Hasta que terminó la frase.
—Pero si elevo mi cosmos al máximo...
moriré.
El silencio volvió a apoderarse de la sala.
Aion comprendió inmediatamente.
El arma más poderosa de Athena ya no podía combatir.
Y eso significaba una enorme ventaja para Cronos.
Entonces Seiya se puso de pie.
—Sin embargo...
Sus ojos brillaron.
—Todavía existe esperanza.
Todos lo observaron.
—Las Armaduras Legendarias.
😳
Aruel abrió los ojos.
Porque él sabía exactamente de qué hablaba.
Desde su asiento se levantó lentamente.
—La Armadura de Andrómeda...
—Sí.
Seiya asintió.
—Y no es la única.
El anciano caminó hacia el centro de la sala.
—Después de la Guerra contra Hades...
Athena bañó nuestras armaduras con su sangre divina.
—Desde entonces dejaron de ser simples Armaduras de Bronce.
—Se transformaron en reliquias capaces de desafiar a los dioses.
El ambiente comenzó a cambiar.
Por primera vez apareció una pequeña luz de esperanza.
—Pegaso.
—Dragón.
—Cisne.
—Andrómeda.
—Fénix.
Cada nombre resonó como una leyenda.
—¿Dónde están? —preguntó Jeiko.
Aioria respondió.
—Dispersas.
—Una de ellas descansa en la Casa de Virgo.
Aruel inclinó la cabeza.
Protegía aquel legado desde hacía años.
—Las demás permanecen ocultas.
Seiya sonrió.
—Esperando a quienes sean dignos de vestirlas.
Entonces Zech comprendió.
—Necesitamos nuevos portadores.
—Exactamente.
Seiya asintió.
—No heredarán solamente una armadura.
—Heredarán una historia.
—Y quizás...
Su voz se volvió más seria.
—El destino del mundo.
La Asamblea entera quedó inmóvil.
Porque todos comprendieron el nuevo problema.
No tenían a Athena.
No tenían a Seiya en condiciones de combatir.
Y ni siquiera sabían quiénes portarían aquellas armaduras.
La esperanza existía.
Pero todavía estaba muy lejos.
Al caer la noche.
Los Dorados observaron el cielo desde las escalinatas del Santuario.
Jeiko contemplaba las estrellas.
Pensando en Athena.
Pensando en el fracaso.
Pensando en la guerra que se aproximaba.
Aion se acercó lentamente.
—Comienza una nueva búsqueda.
Jeiko no respondió.
—¿Crees que encontraremos a esos cinco?
—preguntó Aion.
El Caballero de Leo observó las Doce Casas.
Y luego el lugar vacío donde Athena solía caminar.
Finalmente respondió.
—Más vale que sí.
Porque si no los encontramos...
Sus ojos se endurecieron.
—No quedará nadie para salvar este mundo.
Muy lejos del Santuario...
en algún lugar fuera del tiempo...
una luz dorada brilló brevemente.
Como si cinco antiguas armaduras hubieran escuchado su llamado.
⏳⚔️🕊️
Continuará...
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