El juzgado de guardia huele a café frío y a desinfectante, son las diez y cuarenta de la noche. Hay un juez con la corbata torcida, dos custodios, una abogada de oficio con tres claveles muertos en sus manos, y un novio culpable.
NovelToon tiene autorización de Ybet Renú para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Fin del paraíso, fin de la luna de miel.
Suite Presidencial, Maldivas.
Elena no grita. No dispara. No llora.
Peor. Se apaga.
Camina a la habitación como si Marco, Vera y Dragan fueran fantasmas. Abre el armario. Vestidos blancos, seda, lino. Regalos de él. Mentiras de él.
No dobla nada. Lo arranca. Lo mete en bolsas negras del resort. Dos, tres, cuatro bolsas. Dentro van siete años de “te amo”, de noches en Belgrado, de promesas en la Toscana. Todo a la basura.
En la cómoda: fotos. Él sonriendo. Ella creyendo. Las rompe. Una por una. El sonido del papel rasgándose es lo único que se oye.
Abre la caja fuerte. Pasaporte, tarjetas, anillo de casada. El anillo lo deja sobre la cama. Al lado de una nota de dos palabras: _Eres libre_.
Lo único que guarda en el bolso: su pasaporte, su móvil y la Glock se queda. Porque ya no confía en hombres, pero sí en balas.
Sale. No mira atrás. Pasa al lado de Dragan. Él no la detiene. Solo la mira irse, con esa mandíbula de 35 años apretada. Sabe que si la toca ahora, la pierde.
-Un taxi al aeropuerto-, le dice al conserje. Voz plana. Muerta. -El primer vuelo que salga de esta isla. No me importa el destino-.
El taxi arranca. Elena no mira por la ventana. Maldivas puede hundirse.
Suite. Marco por fin reacciona.
Agarra a Vera del brazo.
-¿Por qué? ¿Por qué ahora, Vera? ¿Siete años callada y vienes a joderme hoy?-
Vera se suelta. Cojea hasta la ventana. Mira el taxi alejarse.
-Porque te cansaste de mentirle a ella y no a mí. Porque vi cómo la mirabas. Igual que me miraste en Belgrado antes de enterrar nuestro nombre. Y no iba a dejar que enterraras a otra-.
Marco se pasa las manos por el pelo. -Yo la protejo—
“No”, lo corta Vera. -Tú te proteges. Siempre. A mí me dejaste muerta para salvar tu piel. A ella le diste un cuento para tenerla en tu cama. Eres un mentiroso, Marco. Y los mentirosos se quedan solos-.
Dragan no sube a discutir. No consuela a Marco. No habla con Vera.
Solo mira al horizonte. Al punto donde el taxi de Elena desapareció.
Saca el móvil. Marca un número.
-Cancela mi vuelo a Belgrado-, dice en serbio.
-Rastrea un taxi saliendo del St. Regis. Mujer, pelo oscuro, bolso negro. Quiero saber a qué aeropuerto va antes de que despegue-
Cuelga. Se ajusta el traje blanco. 35 años, una mecha gris, y toda la paciencia de un hombre que esperó siete años para vengarse… y ahora va a esperar lo que haga falta para quedarse con ella.
Porque Marco es un mentiroso. Y los mentirosos no merecen segundas oportunidades.
Los serbios sí.
Elena va al aeropuerto. Rota. Libre. Sola.
Marco se quedó con su fantasma, no corrió tras ella, él decidió quedarse.
Y Dragan… Dragan acaba de empezar a cazar.
Elena vuela a Madrid, a su viejo departamento de soltera, no puede llorar por más que quiera hacerlo, su dolor se convirtió en coraza, limpia, quita el polvo y renueva, como lo piensa hacer con su vida.
Al otro lado, Dragan busca oportunidades con Elena, la mujer que lo flecha, solo una vez se ha enamorado y esa primera vez es con Elena.
.
.
.
Madrid. Terminal 4. Su vuelo aterriza.
Elena no tiene maletas. Solo un bolso negro y siete años de mentiras ardiéndole en el pecho. Toma un taxi sin hablar. “Calle Almagro 22”, dice. Su departamento de soltera. El que nunca le dijo a Marco que conservaba. Por si acaso.
Casi media noche, calle Almagro y las llaves giran.
Huele a cerrado. A polvo. A 2017, cuando era solo Elena Duarte, abogada, sin maridos mafiosos ni serbios obsesionados.
Tira el bolso al suelo. Se quita los tacones de Maldivas y los lanza contra la pared. Uno le pega a la foto de su boda falsa. El cristal se raja justo en la cara de Marco. Aquella foto que vino a guardar en una visita olvidada.
Y entonces se rompe.
Se deja caer en el suelo de parquet. Espalda contra la pared. Y llora. No bonito. No de telenovela. Llora como se llora una traición: con arcadas, con puños cerrados, con odio. Sus ojos arden, el dolor le quema el alma, su corazón sangra y puede oír cada gota al caer.
“Siete años, hijo de puta”, escupe entre lágrimas. “Siete años siendo la otra sin saberlo”.
Maldito, maldito dolor que me causaste, maldito los años que estuve contigo. Aquí cierro todo contigo. Ledesma ha muerto. Jamás te tuve. Adiós.
Va a la cocina. Abre el armario. Saca una olla de acero grande. La pone en medio del salón. Encima de la alfombra.
Vuelve a la habitación. Abre su bolso.
Cartas de amor escritas en servilletas de Belgrado. _A la olla._
El collar de diamantes que le regaló tras “matar” a Vera. _A la olla._
Fotos, tickets de avión, reservas de hotel, promesas. _Todo a la olla._
Alcohol. Media botella de Macallan 25 que guardaba para “ocasiones especiales”. La vacía entera sobre los recuerdos.
Un fósforo. No tiembla.
El fuego sube. Ilumina el ático. Ilumina su cara. No hay tristeza ya. Solo rabia. Ve arder a Marco Ledesma en esa olla. Ve arder a la Elena idiota que creyó.
Huele a papel quemado, a mentiras.
Abre las ventanas de par en par. Que Madrid huela su venganza.
Se sienta en el suelo otra vez. Frente al fuego. Y por primera vez en siete años, Elena Duarte no es de nadie.
Mientras en Maldivas. Yate de Dragan.
“Señor”, dice su hombre en el móvil. “Aterrizó en Madrid. Calle Almagro 22. Ático. Acaba de encender una olla y diviso mucho humo. No logro ver a la señorita.
Dragan está en cubierta. 35 años, traje blanco todavía, copa de rakija en la mano. Mira el mar negro.
“¿Olla?”, pregunta. Su español es perfecto. Frío.
“Sí, señor. Y humo mucho”
Dragan sonríe. Lento. La primera sonrisa real desde Belgrado 2017.
“Reserva el primer vuelo a Madrid”, ordena. “Y que me tengan listo un ramo de rosas negras. Ella no quiere príncipes, quiere cenizas. Le voy a llevar fuego”.
Cuelga. Apura la rakija. Mira a Vera y a Marco por última vez desde el muelle.
“Los mentirosos arden solos, Ledesma”, murmura. “Las reinas necesitan a alguien que avive las llamas”.
Madrid, 02:00.
Elena ve arder el último trozo de aquellos recuerdos. Las lágrimas se secaron. Solo queda humo.
No sabe que en 6 horas un serbio de 35 años va a tocar su puerta. Con rosas negras. Sin mentiras. Solo con guerra.
*Marco perdió. Vera ganó su libertad. Dragan viene en camino.*