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LA ESPOSA QUE PERDI

LA ESPOSA QUE PERDI

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mujer poderosa / CEO
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dani Achu

La lluvia caía suavemente sobre los ventanales de la mansión Torres.
Liliana Pérez estaba sentada en la sala principal, con las manos entrelazadas sobre su regazo. La luz tenue de la lámpara iluminaba su rostro tranquilo, aunque por dentro su corazón latía con fuerza.
Habían pasado cinco años desde que se convirtió en Liliana Torre..

NovelToon tiene autorización de Dani Achu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Si quisiera controlarlo… no habrías hablado con él en primer lugar.

El auto negro de Dominic Torres se deslizaba por la avenida con la elegancia silenciosa que siempre lo caracterizaba.

Dentro del vehículo reinaba un silencio incómodo.

Liliana miraba por la ventana, observando cómo las luces de la ciudad se reflejaban sobre el vidrio. Tenía las manos apoyadas sobre las bolsas de compras que había llevado del centro comercial.

Dominic conducía.

Su rostro estaba tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Pero sus ojos… estaban tensos.

Habían pasado varios minutos desde que dejaron a Miguel atrás, en la entrada del centro comercial.

Ninguno había hablado.

Y sin embargo, ambos sabían que el silencio no duraría mucho.

Finalmente Dominic rompió el silencio.

—¿Qué hacía Miguel contigo?

Liliana no se giró inmediatamente.

Parecía estar pensando.

—Nos encontramos por casualidad.

Dominic no apartó la vista del camino.

—¿Cuánto tiempo hablaron?

Liliana giró la cabeza lentamente.

—No lo sé.

Dominic insistió.

—¿Diez minutos? ¿Quince?

Liliana frunció el ceño.

—Dominic.

—Respóndeme.

Liliana dejó escapar un pequeño suspiro.

—Fueron unos minutos.

Dominic apretó ligeramente el volante.

—¿De qué hablaron?

Liliana se acomodó en el asiento.

—De nada importante.

Dominic la miró brevemente.

—Eso no responde la pregunta.

Liliana soltó una pequeña risa sin humor.

—¿Desde cuándo tengo que rendirte informes?

Dominic volvió a mirar el camino.

—Desde que mi hermano está involucrado.

Liliana cruzó los brazos.

—No estaba involucrado en nada.

Dominic respondió con calma.

—Miguel nunca hace preguntas sin razón.

Liliana lo observó unos segundos.

Luego dijo algo que hizo que el ambiente cambiara.

—Creo que estás exagerando.

Dominic no respondió.

El auto avanzó por varias calles en silencio.

Pero la tensión no desapareció.

Al contrario.

Crecía.

Finalmente Liliana habló de nuevo.

—Miguel solo se sorprendió al verme.

Dominic frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué?

—Porque no esperaba verme.

Dominic levantó una ceja.

—¿Y tú esperabas verlo?

Liliana negó.

—Claro que no.

Dominic no dijo nada.

Pero su mandíbula se tensó levemente.

Liliana lo observó.

Y entonces lo entendió.

—Estás celoso.

Dominic giró la cabeza inmediatamente.

—No digas tonterías.

Liliana sonrió un poco.

—Entonces ¿por qué estás tan tenso?

Dominic respondió con frialdad.

—No estoy tenso.

Liliana apoyó la cabeza contra el asiento.

—Claro que sí.

Dominic no respondió.

El silencio volvió.

Pero ahora era distinto.

Dominic frenó en un semáforo.

El auto quedó detenido.

La luz roja iluminó sus rostros.

Liliana volvió a hablar.

—Dominic…

—¿Qué?

—Esto solo es un contrato.

Dominic la miró.

—Lo sé.

—Entonces deja de actuar como si tuvieras derecho a molestarte por cosas así.

Dominic sostuvo su mirada unos segundos.

Luego el semáforo cambió.

El auto volvió a avanzar.

—No me molesta —dijo finalmente.

Liliana levantó una ceja.

—¿Ah no?

Dominic respondió con calma.

—Solo no me gusta.

Liliana suspiró.

—Eso significa lo mismo.

Dominic negó.

—No.

Liliana lo miró con curiosidad.

—Entonces explícalo.

Dominic tardó unos segundos en responder.

—Miguel tiene tendencia a arruinar cosas.

Liliana frunció el ceño.

—Eso suena más personal.

Dominic no respondió.

Pero su silencio fue suficiente.

Finalmente el auto entró en el largo camino que llevaba a la mansión.

Las luces del jardín iluminaban el camino.

La casa apareció frente a ellos.

Grande.

Elegante.

Pero ahora… distinta.

Dominic estacionó el auto.

Apagó el motor.

Liliana estaba a punto de bajar cuando él habló.

—No me gusta que Miguel se acerque a ti.

Liliana se detuvo.

Giró lentamente la cabeza hacia él.

—¿Por qué?

Dominic la miró directamente.

—Porque es mi hermano.

Liliana lo observó unos segundos.

—Eso no explica nada.

Dominic no respondió.

Liliana soltó un pequeño suspiro.

—Dominic… no puedes controlar con quién hablo.

Dominic respondió con calma.

—No lo intento.

Liliana levantó una ceja.

—Claro que sí.

Dominic la miró fijamente.

—Si quisiera controlarlo… no habrías hablado con él en primer lugar.

Liliana se quedó en silencio.

No sabía si aquello era una amenaza o simplemente una observación.

Finalmente abrió la puerta del auto.

—Voy a entrar.

Dominic también bajó.

Entraron juntos a la casa.

Liliana dejó las bolsas sobre la mesa del salón.

Las flores que había puesto por la mañana seguían frescas.

Las cortinas se movían suavemente con el viento que entraba por la ventana abierta.

Dominic se detuvo en medio de la sala.

Miró alrededor.

La casa había cambiado mucho en un solo día.

Antes todo estaba perfectamente ordenado… pero vacío.

Ahora había pequeños detalles por todas partes.

Flores.

Velas.

Cojines.

Incluso el olor del ambiente era diferente.

Liliana comenzó a sacar cosas de las bolsas.

—Compré algunos cuadros más.

Dominic no respondió.

Estaba mirando el lugar.

Liliana lo notó.

—¿No te gusta?

Dominic negó.

—No.

Liliana frunció el ceño.

—¿No?

Dominic finalmente habló.

—No me molesta.

Liliana soltó una pequeña risa.

—Eso no suena como un cumplido.

Dominic la miró.

—La casa parece distinta.

Liliana apoyó un cuadro contra la pared.

—Eso es bueno.

Dominic la observó en silencio.

Y por un segundo pensó algo extraño.

Por primera vez en muchos años…

la casa parecía habitada.

Liliana siguió acomodando cosas.

—¿Dónde quieres este cuadro?

Dominic respondió sin pensar demasiado.

—Donde quieras.

Liliana lo miró.

—¿En serio?

Dominic asintió.

—Ahora también es tu casa.

Liliana se quedó quieta por un segundo.

Esa frase todavía se sentía extraña.

Pero no dijo nada.

Continuó acomodando las cosas.

Mientras tanto, Dominic sacó su teléfono.

Había tres llamadas perdidas.

De Miguel.

Dominic observó la pantalla unos segundos.

Luego bloqueó el teléfono.

No pensaba responder.

No ahora.

Pero sabía algo.

Miguel no era el tipo de persona que ignoraba las cosas que no entendía.

Si había visto a Liliana con él…

eventualmente haría preguntas.

Y cuando eso pasara…

la verdad podría salir a la luz.

Dominic levantó la mirada hacia Liliana.

Ella estaba de espaldas, acomodando un jarrón con flores en la mesa.

Parecía tranquila.

Ajena a todo.

Dominic la observó unos segundos más.

Y por primera vez una idea cruzó su mente.

Una idea que no le gustó.

Porque si Miguel descubría la verdad…

las cosas podrían volverse mucho más complicadas.

Mucho más peligrosas.

Y en ese momento Dominic entendió algo que no esperaba sentir.

No quería que Miguel se acercara a ella.

No quería que se involucrara.

Y no quería…

perder lo que ahora tenía.

Aunque todavía no entendiera exactamente qué era.

Mientras tanto, Liliana colocó el último cuadro en la pared.

Se alejó unos pasos para observarlo.

Sonrió.

La casa ya no parecía la misma.

No sabía por qué.

Pero de alguna forma…

ese lugar empezaba a sentirse como un hogar.

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Andrea Medina
no la comprendo aun, no hay móvil para escena, solo dos egos de hermanos raritos y una mujer que claramente tiene problemas de estima o le gusta mucho el dinero 😂😂🤭
Andrea Medina
no la comprendo aun, no hay móvil para escena, solo dos egos de hermanos raritos y una mujer que claramente tiene problemas de estima o le gusta mucho el dinero 😂😂🤭
Anonymous
Muy emocionante
Norma Alicia Gimenez
ya termino? como sigue
Lupita Alvarado: no se vale que nos dejen así sin final
total 1 replies
Gina Elizabeth Mori Rengifo
es emocionante
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