Un bailarín apasionado. Un deportista reservado. Dos mundos completamente diferentes que chocan desde el primer día. Lo que ninguno imagina es que ese choque podría cambiarlo todo
NovelToon tiene autorización de Leamsi Espinoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Números
—¿Por qué hay una persona en el suelo?
La voz de Emma atravesó el dormitorio como una alarma de emergencia.
Liam abrió los ojos lentamente.
—Cinco minutos más…
—No.
—Dos minutos.
—Tampoco.
—Uno.
—Liam.
—¿Qué?
—Mira a tu izquierda.
Liam obedeció.
Y tardó exactamente dos segundos en recordar dónde estaba.
—Oh.
Porque Kae seguía dormido.
Apoyado contra la pared.
Con varios apuntes sobre las piernas.
Y una expresión extrañamente tranquila.
—Oh.
repitió.
—¿Ese es todo tu aporte?
preguntó Noah desde la puerta.
—Mi cerebro todavía no funciona.
—Eso explica muchas cosas.
—Gracias.
—De nada.
Emma ya había sacado el teléfono.
—No te atrevas.
—Demasiado tarde.
—¡Emma!
—La iluminación está perfecta.
—¡Emma!
—La química también.
—¡EMMA!
—Qué exagerado.
⸻
Kae despertó pocos segundos después.
Abrió los ojos.
Miró a Liam.
Miró a Emma.
Miró el teléfono de Emma.
Y suspiró.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Borra la foto.
—Jamás.
—Emma.
—Jamás.
Noah decidió ignorarlos.
Como siempre.
⸻
Más tarde terminaron desayunando juntos.
O al menos intentándolo.
Porque Emma seguía enseñando la foto cada vez que tenía oportunidad.
—Mírense.
—No.
—Parecen un matrimonio cansado.
—Emma.
—Solo digo la verdad.
—No lo haces.
—Sí lo hago.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Ya entendí por qué Noah está tan tranquilo.
—¿Por qué?
—Está acostumbrado.
—Muchísimo.
respondió Noah.
⸻
Después de clases, el grupo terminó sentado bajo uno de los árboles del campus.
Una tarde tranquila.
Sin tareas.
Sin prácticas.
Sin entrenamientos.
Algo raro.
—Por cierto.
Emma levantó la vista.
—¿Qué?
—¿Nunca intercambiaron números?
Silencio.
Liam parpadeó.
Kae también.
Luego ambos se miraron.
Luego volvieron a mirar a Emma.
—…
—…
Emma se puso de pie.
—No puede ser.
—¿Qué?
preguntó Liam.
—¿ME ESTÁS DICIENDO QUE LLEVAN MESES PEGADOS EL UNO AL OTRO Y NO TIENEN SUS NÚMEROS?
—No grites.
—VOY A GRITAR.
—Emma.
—¿Cómo sobreviven?
—Nos vemos casi todos los días.
—ESO NO ES UNA EXCUSA.
—Creo que tiene un punto.
admitió Noah.
—No la ayudes.
—Lo siento.
No estaba arrepentido.
⸻
Diez minutos después…
Liam observaba un nuevo contacto guardado en su teléfono.
“Kae”.
Sin apodos.
Sin emojis.
Sin nada.
Muy Kae.
—Listo.
—Listo.
respondió Kae.
Y por alguna razón…
Aquello se sintió importante.
Aunque ninguno dijo nada.
⸻
Al caer la tarde comenzaron a despedirse.
Y justo antes de irse…
Kae habló.
—No estaré unos días.
Liam levantó la vista.
—¿Por qué?
—Competencia.
—¿Fuera de la ciudad?
—Sí.
—¿Cuánto tiempo?
—Tres días.
Emma sonrió inmediatamente.
—Vas a ganar.
—Eso espero.
—Vas a ganar.
—Gracias.
Noah asintió.
—Suerte.
—Gracias.
Poco a poco el grupo comenzó a separarse.
Emma y Noah tomaron una dirección.
Mientras que Liam y Kae terminaron caminando hacia los dormitorios.
Como casi siempre.
Durante unos minutos ninguno dijo nada.
El campus estaba tranquilo.
Las luces comenzaban a encenderse.
Y la tarde poco a poco daba paso a la noche.
—Tres días, ¿eh?
dijo Liam.
—Sí.
—No parece mucho.
—No lo es.
—Pero igual.
Kae giró la cabeza.
—¿Igual qué?
Liam se encogió de hombros.
—Nada.
Mentira.
Incluso él lo sabía.
Porque la idea de no verlo durante varios días seguía sintiéndose extraña.
Llegaron al edificio de dormitorios.
Y se detuvieron frente a la entrada.
—Bueno.
dijo Kae.
—Bueno.
repitió Liam.
Silencio.
Otra vez.
—Solo…
Liam se pasó una mano por la nuca.
—No te lesiones.
Kae parpadeó.
—¿Qué?
—Eso.
—Ese fue tu gran discurso de despedida.
—Estoy intentando ser amable.
—Lo noto.
—Pues eso.
Liam señaló hacia él.
—Come bien.
—Sí, mamá.
—No duermas tres horas.
—No prometo nada.
—Y gana.
Por primera vez, una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Kae.
—Lo intentaré.
Liam sonrió también.
Y antes de pensarlo demasiado…
Le dio un pequeño abrazo.
Breve.
Natural.
Como si fuera lo más normal del mundo.
Solo cuando se separó se dio cuenta de lo que acababa de hacer.
—Ah…
Kae parecía igual de sorprendido.
—…
—Bueno.
—Bueno.
—Voy a irme.
—Sí.
—Buena suerte.
—Gracias.
Y mientras veía a Liam entrar al edificio…
Kae se quedó inmóvil unos segundos.
Porque durante toda la conversación hubo algo que no había podido dejar de pensar.
No en la competencia.
No en el viaje.
No en el entrenamiento.
Sino en el hecho de que Liam había sido la única persona que se preocupó por si dormía bien.