Él fue su primer amor. Ella fue quien arruinó su sueño. Años después, se reencuentran en la universidad y la guerra entre ellos está lejos de haber terminado. Lo que ninguno esperaba era que detrás del odio siguieran existiendo sentimientos imposibles de olvidar.
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Pasado
...3 años en el pasado ...
Si alguien me hubiera preguntado a los quince años cómo sería mi futuro, habría respondido sin dudar.
Con Scott.
Siempre con Scott.
Porque en aquel entonces él era mi mejor amigo.
Mi primer amor.
Mi persona favorita.
Y yo era la chica que lo seguía a todas partes.
—Bella, te vas a caer.
—No me voy a caer.
—Lo dices mientras corres hacia atrás.
—Porque estoy mirando al chico más lindo del mundo.
Scott soltó una carcajada.
La misma carcajada que siempre lograba hacerme sonreír.
Era invierno y salíamos de la escuela. Él llevaba su uniforme de hockey y yo caminaba a su lado sosteniendo dos chocolates calientes.
Uno para mí.
Uno para él.
Porque era incapaz de recordar llevar dinero para comprar el suyo.
—Cuando seas famoso y juegues profesionalmente me vas a devolver todo esto.
—Claro.
—Lo prometes.
—Te compraré una cafetería entera.
—Eso suena mejor.
Él revolvió mi cabello.
—Qué interesada eres.
Y yo me sonrojé.
Porque cualquier excusa era buena para que me tocara.
Era un amor ridículo.
Tonto.
Inocente.
Pero para mí era el más importante del mundo.
Todos sabían que estaba enamorada de él.
Todos menos Scott.
O al menos eso creía.
Pasaron los meses.
Los entrenamientos.
Los exámenes.
Las tardes en el lago.
Las noches hablando por teléfono hasta quedarnos dormidos.
Y poco a poco comenzó a sentirse diferente.
Las miradas duraban más.
Las sonrisas también.
Hasta que una noche ocurrió.
Estábamos sentados en las gradas vacías de la pista de hockey.
Scott acababa de terminar de entrenar.
Yo observaba las estrellas.
Él me observaba a mí.
—Bella.
—¿Sí?
—¿Alguna vez has pensado en nosotros?
Sentí que el corazón dejaba de latir.
—¿Nosotros?
—Tú y yo.
Mi rostro ardió.
—Tal vez.
Scott sonrió.
Y por primera vez tomó mi mano.
—Yo también.
Aquella noche me besó.
Y para mí fue perfecto.
Porque era Scott.
Porque era mi primer amor.
Porque creí que sería el único.
...Dos meses después....
La fiesta de fin de temporada.
La noche que destruyó todo.
Recuerdo haber llegado emocionada.
Llevaba un vestido nuevo.
Había pasado una hora peinándome.
Y tenía una sorpresa para Scott.
Un pequeño colgante con un disco de hockey grabado con nuestros nombres.
Ridículo.
Romántico.
Muy yo.
Entré a la casa buscándolo entre la multitud.
Sonriendo.
Feliz.
Hasta que lo encontré.
Y el mundo se detuvo.
Scott estaba junto a una chica.
Una rubia hermosa.
Demasiado hermosa.
Ella tenía las manos sobre su pecho.
Y un segundo después…
Lo besó.
Delante de todos.
Delante de mí.
El colgante cayó de mis manos.
Nadie notó el sonido.
Pero yo sí.
Porque sentí cómo algo se rompía dentro de mí.
Scott abrió los ojos.
Parecía sorprendido.
yo ya no estaba mirando.
No quería escuchar explicaciones.
No quería escuchar mentiras.
Solo quería huir.
Y eso hice.
Corrí.
Lloré.
Y odié.
Por primera vez en mi vida.
Odié a Scott Carter.
Dos semanas después llegó la final más importante de su carrera escolar.
Los cazatalentos iban a asistir.
Su futuro dependía de ese partido.
Y yo lo sabía.
Por eso cuando vi la oportunidad…
La aproveché.
Con manos temblorosas escondí sustancias prohibidas en su mochila deportiva.
Después envié una denuncia anónima.
Y observé.
Observé cómo revisaban sus cosas.
Observé cómo lo acusaban.
Observé cómo era expulsado del campeonato.
Observé cómo se rompía delante de todos.
Igual que él me había roto a mí.
O al menos eso creía.
Porque mientras Scott era escoltado fuera del estadio, sus ojos encontraron los míos entre la multitud.
Y en ellos no había culpa.
No había vergüenza.
Solo había dolor.
Y traición.
Como si acabara de descubrir quién había arruinado su vida.
...Presente....
Universidad Northbridge.
Había pasado demasiado tiempo.
Demasiados años.
Demasiadas heridas.
Por eso estaba convencida de que jamás volvería a verlo.
Hasta que entré al aula principal de la universidad.
Y escuché una voz conocida.
Una voz que nunca olvidé.
—Vaya…
Mi cuerpo se congeló.
Levanté la vista.
Y allí estaba.
Más alto.
Más atractivo.
Más peligroso.
Scott Carter.
Sus ojos azules se clavaron en los míos.
Fríos.
Implacables.
Y entonces sonrió.
Una sonrisa que no tenía nada de amable.
—Si no es Bella Anderson.
El aula entera quedó en silencio.
Y mi corazón hizo algo que juré que nunca volvería a hacer.
Tembló.