Lena una joven moderna estudiante de primer año de la universidad, muere en su camino al centro universitario cuando una pared en construccion cayo sobre ella.
Abre sus ojos en un lugar que no conocía pero había estudiado a la perfección, la antigua china, justamente en una historia de amor que había leído hace poco.
fanática de dramas e historias relacionadas a esta cultura se vio inmersa en una de las historias que leía.
Pero el colmo era que reencarnó en una mendiga estafadora que aparecía y moría en medio capítulo. sabía su fin, aún así algo la llevo a querer continuar y no darse el tiempo de morir.
El secundario, aquel que amaba a la protagonista pero estaba destinado a no ser.
El duque Xi.
Lena tomo como misión conquistar a ese hombre, para hacerlo necesitaba algo.
Un nombre, edad, una familia que la respaldará y sabía exactamente como conseguirlo, lo había leído.
¿lograra conquistar a su secundario?
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Cap 17
”No me afectará”. Aunque en su corazón sabía que era verdad: la historia era clara, Sean amaba a Aria hasta el final de su vida.
“Aún queda mucha historia que contar, calma Lena, tú puedes” —se obligó a animarse. Si pudo seguir adelante tras renacer en el cuerpo en el que lo hizo, podía con cualquier cosa.
Aria, al salir de la mansión de Sean, seguía pensando en dónde había conocido a Lena. Estaba segura de haberla visto antes por su forma tan particular de hablar; aun así, le era imposible hacerse una idea clara de dónde.
“El secundario sólo puede ser mío. ¿Qué protagonista? Ella no se lo merece”. Tras pensar esto, Lena se dirigió a la entrada de la mansión. Estaba segura de que Sean estaba por llegar.
Lena duró algunos minutos caminando de un lado a otro en la entrada de la mansión. Se detenía y miraba, pero Sean aún no llegaba.
Estaba por rendirse y regresar cuando escuchó caballos galopar en su dirección.
”Sean”. Tal y como lo pensó, Sean, junto a Ren, se acercaba montado en su caballo.
Sonrió al verlo.
Él se bajó del caballo, y aunque no parecía haber nada fuera de lo común, en cuanto uno de sus pies tocó el suelo se notó en su rostro que algo le dolía, pese a intentar disimularlo.
Lena se acercó a él.
—¿Pasó algo? —preguntó preocupada.
Sean negó con la cabeza.
—Nada, solo que el emperador me castigó haciéndome arrodillar por algunas horas. Pero todo está bien.
—¿Qué? ¿Por qué? —Sean se rascó la cabeza.
—Por ti.
—¿Por mí?
—Por nuestro matrimonio —Sean la tomó de la mano y caminó hacia la mansión mientras hablaba—. El príncipe heredero me acusó de no haber concluido el matrimonio contigo. El segundo príncipe, para salvarme, delató a mi suegro con el cambio de novia, ya que mi esposa debía ser tu hermana.
—Qué desastre. ¿Y qué pasó?
—Tu padre y yo fuimos castigados —Sean no pudo evitar reírse—. Tu padre quedó peor cuando se levantó; realmente parecía que no volvería a caminar en su vida.
Lena le dio un golpecito en el brazo.
—No seas malo, no te burles del viejito.
—Pero ¿por qué los castigaron realmente? —seguian caminando con sus manos unidas mientras Sean le seguían contando.
—El segundo príncipe sugirió que Dilia entrara a mi mansión. Como nosotros no completamos la ceremonia aún, el puesto de esposa principal está vacante; ella lo tomaría y tú pasarías a ser concubina. Por supuesto que me negué rotundamente, al igual que tu padre. Fue así que terminamos de rodillas —volvió a reír.
“Estúpido segundo príncipe, igual quiere mandar a su amante a ser la esposa de Sean, qué despreciable”, apretó los puños.
Sean se detuvo después de contar eso y sentir la presión en su mano, miro hacia su mano, que seguía unida a la de Lena, y se sonrojó al instante.
—¿Pue… puedes soltarme?
Lena miró sus manos y las entrelazó con más fuerza.
—No. Vamos así de unidos… —le abrazó el brazo—. Al comedor, ya es hora de comer.
Sean tragó seco y miró al frente.
—Bien, vamos.
El Sean risueño que relataba lo ocurrido en el palacio se esfumó, dejando en su lugar a un Sean avergonzado a más no poder, que parecía un tomate, al tener su mano unida a la de Lena y no lograr recordar cuando fue, siendo él el culpable.
En el comedor ya les servían la comida, por supuesto que Sean continuaba nervioso, su esposa se sentó a su lado sin soltar la mano, parece que le gustaba sacar ventaja.
—Lena, realmente no puedo comer si no me sueltas.
—Si te suelto, te escapas.
Sean con su mano libre se cubrió el rostro.
—Necesito comer esposa, no sé si recuerdas que estoy herido, igual no puedo correr.
—UMM —Lena lo soltó —cierto, tendriamos que habernos ido directo a la habitación para revisar tus rodillas. Tengo entendido que después de varias horas de estar de rodillas estás se ponen moradas o se rompen.
—No creo que esten así, solo fueron algunas horas, no es para tanto —agarro los palillos de la mesa. —Estoy hambriento.
—Está bien, comamos.
Comenzaron a comer en silencio, Lena le daba miradas casuales a Sean al igual que él aún así no decían nada. Pero Lena no puede aguantar su lengua.
—Por cierto, vino tu mejor amiga Aria. —Sean que llevaba un bocado a su boca se detuvo en seco, palideciendo al instante.
—No es mi mejor amiga —respondió tratando de parecer natural aunque internamente estaba confundido. —solo somos conocidos.
—Lo será para ti, ella vino buscando a su mejor amigo y hasta su nombre de pila dice con naturalidad.
“Que extraño, Aria nunca me llama por mi nombre, siempre soy duque Xi para ella”
—Lena no es así, Aria y yo nunca hemos tenido el tipo de relación que insinuas.
—Tu también la llamas por su nombre —lo señaló, Sean se dió un golpecito en la frente.
—Tu la llamaste así, por eso la confusión, yo siempre le digo señorita Aria —la miró a los ojos —jamás diría algo incorrecto frente a otros.
—Eso lo sé, pero quizás a escondi… —Sean la interrumpió, frunció el ceño.
—Eso jamás, tanto la señorita Aria como yo conocemos nuestros límites, si tal vez ella y yo hemos hablado, ella visitó mi mansión en una ocasión, pero nunca pasó nada de lo que pudiéramos avergonzarnos.
—Parecía muy feliz de que nosotros no completamos los ritos y de que el puesto de esposa esté libre, al parecer ella sabe que tú la quieres . —suspiro antes de bajar su mirada hacia la mesa —quizás tiene razón en todo.
—No te negaré que sí… —Sean bajo su cabeza —ella era la mujer a la que quería como esposa —miró a Lena —lo siento.
—Te entiendo —Lena sintió una punzada en su corazón, ella ya lo sabía, lo leyó antes aún así que salga de los labios de Sean duele.
Es sincero al decirlo, pero eso solo quiere decir que no importara lo que ella haga en su corazón sigue estando Aria.
—Pero no creo que sea lo que quiero ahora, Lena mírame — ella levantó su mirada —tu eres mi esposa.
El corazón de Lena se calentó al instante, sus mejillas se sonrojaron y ardían como nunca.
Si, era grandioso escucharlo decir eso, antes podía soltar cualquier comentario que rompiera el momento, sin embargo, está vez no podía, su corazón había pasado del frío al caliente en un instante y la sinceridad de Sean en este momento la enmudeció por completo.
—¿Lena? —pregunto a la dama quien parecía perdida.
—Yo… lo siento, no debí decir nada de lo que dije —volvió la mirada a la mesa, aunque parecía realmente afligida, internamente gritaba de felicidad ante las palabras que parecían sinceras de Sean.
—No te culpo ¿Que tal si organizamos una nueva celebración? Se mi esposa con todos los honores—Lena levantó su cabeza cruzando sus miradas.
—¿Hablas en serio? —pregunto con sus ojos brillantes.