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Soy La Presa De Tres Alfas

Soy La Presa De Tres Alfas

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Yaoi / Fantasía LGBT
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

«Mi sangre no pide compasión; exige ser devorada.»

El chasquido del cerrojo blindado nos dejó a oscuras en el laboratorio subterráneo. En el suelo, los vidrios de mi última ampolleta de supresor. En mis venas, el desastre.

Mi cuerpo es una trampa: libero un aroma a miel y jazmín tan violento que me dobla las rodillas, me asfixia la garganta y me humilla. La ventilación esparce la plaga de mi olor por el aire sellado, y la biología no perdona.

Tres aromas depredadores acorralan mi agonía en la penumbra. Sin medicina que me salve, sin aire para gritar y con la fiebre del celo quemándome la piel desde adentro.

La cacería empezó. Y la única duda es cuál de los tres clavará primero sus garras en mi nuca.

NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 18: LA CÚPULA DEL CRISTAL NEGRO

LA CÚPULA DEL CRISTAL NEGRO

El refugio provisional en las minas exteriores de cristal negro olía a ozono, piedra húmeda y a la carne quemada de Eren.

Ocultamos el transporte bajo una lona electromagnética para esquivar los radares de Neópolis. Mientras Kaelen vigilaba la entrada de la cueva con el rifle de pulso y Valen preparaba las identificaciones sintéticas, senté a Eren sobre una caja de suministros.

El Alfa no emitió un solo quejido cuando le corté la tela del uniforme pegada a la piel. La quemadura de plasma en su hombro era profunda, con la piel viva y los bordes carbonizados.

Tomé el antiséptico y una compresa fría.

—Esto va a doler —murmuré, buscando sus ojos carmesí.

—Hazlo —respondió Eren con la voz rasposa.

En cuanto limpié la herida, la musculatura de su espalda se contrajo como un látigo y las venas de su cuello parecieron a punto de reventar. Apretó los puños contra sus rodillas con tal fuerza que los nudillos le crujieron, pero no se separó de mí ni un solo milímetro.

Para evitar que se moviera, apoyé suavemente la mano sobre el costado de su cuello. Podía sentir el calor excesivo de su piel y la lentitud agitada con la que respiraba. Mis dedos recorrieron con delicadeza la línea de su mandíbula mientras limpiaba los bordes de la quemadura.

Eren cerró los ojos por un segundo, soltando un suspiro tembloroso que rozó mi frente.

—Cuando vi ese disparo volar hacia ti en la cabina... —comenzó Eren en un susurro grave, tan bajo que ni Kaelen desde la entrada podía escucharlo—. No pensé en el Proyecto Anomalía. No pensé en la guerra, ni en mi orgullo, ni en el maldito aroma...

Abrió los ojos. La ferocidad habitual de su mirada carmesí se había disuelto en una vulnerabilidad tan pura que hizo que mi propio corazón diera un vuelco en el pecho.

—Solo vi tu vida a punto de apagarse —continuó, levantando la mano sana para rozar mis nudillos con las yemas de sus dedos manchados de ceniza—. Si ese proyectil te tocaba, no me quedaba nada por qué pelear. No me importa lo que diga el Consejo ni lo que dicten las castas, Lian. Te protegería exactamente igual aunque no tuvieras una sola gota de feromonas en la sangre.

Me quedé en silencio, sosteniéndole la mirada mientras terminaba de sellar la Herida con un parche biomédico. La desconfianza que me había acompañado desde Arcadia comenzó a agrietarse en lo más profundo de mi ser. Eren no estaba actuando por un sesgo biológico; me lo había demostrado con su propia piel.

—Gracias, Eren —murmuré, dejando la palma de mi mano sobre su mejilla durante un segundo extra antes de ponerme de pie.

Eren asintió despacio, atrapando el calor de mi mano antes de que me alejara.

Entramos a Neópolis al caer la noche a través de los túneles de ventilación del sector bajo.

Si Arcadia era una metrópoli de mármol y jerarquías militares, Neópolis era un monumento a la tecnología sin alma. Torres monumentales de cristal negro se elevaban hacia un cielo cubierto por campos de fuerza. En las calles, la población caminaba en un orden absoluto y aterrador, anestesiada por un gas neutro que flotaba en el aire para suprimir cualquier variación en las emociones de las castas.

Los Alfas de esta ciudad caminaban como máquinas: apáticos, de miradas vacías y gestos mecánicos. Ver la frialdad de este lugar hacía que la devoción posesiva, la intensidad y el calor de los tres hombres que caminaban a mi lado se sintieran dolorosamente vivos.

Valen nos guió por los pasillos subterráneos del Distrito Médico hasta una puerta blindada sin señalización.

—Es el laboratorio clandestino de la Doctora Nora —explicó Valen en voz baja, ingresando un código de anulación en el panel—. Trabajó conmigo en los registros iniciales antes de que el Consejo aislara mi unidad.

La puerta se abrió con un siseo. Una mujer de cabello cano y bata táctica nos esperaba entre pantallas holográficas. Al ver a Valen y luego cruzar la mirada conmigo, la mujer palideció.

—Valen... no deberías estar aquí —dijo la Doctora Nora con la voz temblorosa—. La red central detectó el derribo de la flota en las Tierras Ceniza. El Doctor Vance sabe que el Sujeto Cero está en la ciudad.

—Necesitamos el acceso a la torre privada de Vance —intervino Kaelen, dando un paso al frente con la mano en el arma—. Dinos dónde está su núcleo de investigación.

Nora suspiró, tecleando rápidamente en su consola para transferir un mapa tridimensional al maletín de Valen.

—El laboratorio principal está en el nivel ochenta de la Torre de Cristal Negro —reveló Nora, mirándome con una mezcla de lástima y pavor—. Pero Vance no está escondido, Lian. Ha estado esperando este momento desde el día en que escapaste de la camilla en Arcadia.

El elevador privado de la Torre de Cristal Negro nos subió a más de cuatrocientos metros de altura.

Al cruzar el umbral del nivel ochenta, nos encontramos en una nave circular rodeada por enormes espejos oscuros que reflejaban nuestras figuras. El suelo era de un polímero pulido donde el sonido de nuestras botas resonaba con un eco ominoso.

Apenas pisamos el centro de la sala, un chasquido pesado retumbó en las paredes. Las puertas de acceso cayeron de golpe, sellando el perímetro con barrotes de titanio.

Eren desenfundó su fusil al instante, colocándose frente a mí con Kaelen flanqueando mi izquierda y Valen cubriendo mi retaguardia.

—¡Es una trampa de contención! —advirtió Kaelen, probando la resistencia del portal con su hoja táctica.

De pronto, los espejos oscuros alrededor de la sala se encendieron, convirtiéndose en pantallas gigantescas. En todas ellas apareció la imagen de un hombre mayor, de cabello blanco perfectamente peinado, postura elegante y una mirada azul tan helada como el hielo del desierto.

—Bienvenido a casa, Lian —resonó la voz del Doctor Silas Vance a través de los altavoces de la sala, limpia y desprovista de cualquier emoción humana.

—Vance... —siseó Valen con los puños apretados.

—Doctor Valen, el médico arrepentido —dijo Vance con una leve inclinación de cabeza—. Y el General Kaelen junto al mercenario Eren. Una escolta pintoresca para mi creación más ambiciosa.

Me adelanté un paso, quedando en el centro del cerco que los tres Alfas formaban a mi alrededor.

—Se terminó el juego, Vance —sentencié, mirando directamente a la cámara principal—. Arcadia cayó, tus naves en el desierto están destruidas y no voy a permitir que vuelvas a tocar a nadie con tus experimentos.

El Doctor Vance dejó escapar una risa suave, casi paternal, que me erizó la piel.

—¿Crees que Arcadia importaba? ¿Crees que este edificio importa? —preguntó Vance, cruzando las manos a la espalda—. Arcadia solo era la placa de Petri para probar la reacción del suero en una población pequeña. Tú eras el catalizador, Lian. Pero cometiste un error al asumir que eras único.

Vance presionó un mando en su escritorio holográfico.

Las pantallas proyectaron los registros médicos confidenciales fechados veintidós años atrás en los laboratorios centrales. Las imágenes mostraron dos incubadoras biológicas idénticas funcionando lado a lado.

En la primera incubadora se leía la etiqueta: Sujeto Cero - Lian.

En la segunda incubadora, iluminada por un brillo azul sintético, parpadeaba la etiqueta: Sujeto Uno.

El aire en la sala se congeló por completo.

—El Proyecto Anomalía no buscaba crear un solo Omega perfecto —reveló el Doctor Vance con una sonrisa siniestra mientras las luces del fondo del laboratorio comenzaban a encenderse, dejando ver una figura humana que avanzaba desde la penumbra—. Creé a dos. Tu hermano de sangre ha estado sirviendo a Neópolis desde el día en que tú huiste... y a diferencia de ti, él sí aprendió a obedecer.

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Victor Cueto
excelente trama, sigueee
Victor Cueto
me encanta
BL Autor 🌈
(Sujeto Cero)
— Nota de Lian —
"Si el Mando Central y esos tres Alfas creen que pueden acorralarme o dictar mis reglas, no entienden absolutamente nada de lo que soy. Yo no soy la presa de nadie. Si estás de este lado y quieres ver cómo rompo su control capítulo a capítulo, guarda esto en tu Biblioteca y deja tu Like. No te distraigas... porque esto apenas está comenzando."
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