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MI VENGANZA SERA CONVERTIRME EN TU MADRASTRA

MI VENGANZA SERA CONVERTIRME EN TU MADRASTRA

Status: Terminada
Genre:Edad media / Reencarnación / Villana / Completas
Popularitas:264.3k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Cristhel Auren

Morí una vez intentando salvar una vida. No pienso morir una segunda vez por culpa de unos traidores.
Cuando Saray Lagranh reencarna como Kaileris Enthal, la villana destinada a ser ejecutada en una novela que había leído, descubre que la verdadera culpable era su mejor amiga y que su prometido jamás estuvo de su lado.
Conociendo su trágico final, decide cambiar su destino de la forma más escandalosa posible.
"¿Mi ex prometido y mi ex mejor amiga me convirtieron en la villana? Perfecto. Entonces voy a convertirme en la mujer más influyente de este imperio. Y si para lograrlo termino casándome con el padre de mi ex prometido, mejor aún."
Entre intrigas nobles, planes de venganza, animales rescatados y una protagonista tan inteligente como sarcástica, Kaileris está decidida a demostrar que la mejor venganza no es destruir a tus enemigos...
Es convertirte en la persona que jamás podrán superar.

NovelToon tiene autorización de Cristhel Auren para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Aún no soy tu mujer

Las horas posteriores a mi pequeño "enfrentamiento educativo" con Selius pasaron con una tranquilidad deliciosa. Me instalé en los aposentos del ala oeste, los cuales eran ridículamente grandes. Tenían una chimenea de piedra negra, techos altos con frescos que representaban batallas antiguas y una cama con dosel que parecía una nube de seda gris. Mientras Relis deshacía las maletas murmurando sobre lo imponente que era el lugar, yo me dediqué a planificar mis siguientes movimientos. Si Selius quería guerra de guerrillas doméstica, yo le iba a dar un despliegue de armamento moderno.

Alrededor de las ocho de la noche, Biron golpeó la puerta para anunciar que la cena estaba servida en el gran comedor principal y que el Duque requería mi presencia.

Para la ocasión, elegí un vestido de seda **azul cielo con encajes negros** que recorrían el corsé y el borde de las mangas. El contraste era exquisito: la dulzura del azul cielo despistaría a cualquiera, pero el encaje oscuro gritaba peligro. No me puse joyas ostentosas; el anillo de rubíes de Xilian en mi mano derecha hacía todo el trabajo sucio de recordar quién mandaba ahora. Con un toque de labial rojo encendido y mi abanico de encaje listo, bajé al comedor.

El gran comedor era una obra de arte gótica y fría. En el centro de la habitación, una mesa de roble pulido para treinta comensales estaba puesta únicamente para tres personas. Xilian presidía la mesa desde la cabecera. Vestía una camisa de seda gris oscuro que resaltaba sus hombros y la cicatriz sutil que cruzaba su mandíbula. A su derecha, con una cara de funeral que no podía ocultar ni con maquillaje, estaba Selius. Sabell ya no estaba; por lo visto, no tenía el estatus para cenar de forma oficial en la mesa ducal sin una invitación formal.

Cuando entré, el eco de mis tacones llamó la atención de ambos hombres. Selius se tensó de inmediato, apretando el tenedor con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Xilian, en cambio, clavó sus ojos rojos profundos en mí, recorriendo mi figura con una parsimonia que me erizó la piel, aunque no dejé que se notara.

—Lamento la demora, caballeros —dije con una sonrisa perfecta y fluida, acercándome a la mesa—. El ala oeste es tan vasta que casi me pierdo.

Biron retiró la silla a la izquierda del Duque, justo frente a Selius. Vaya, el universo —o el protocolo— realmente quería que nos divirtiéramos esta noche.

—Llegas a tiempo, Kaileris —la voz profunda de Xilian resonó, dándole una señal a los sirvientes para que comenzaran a servir el primer plato, una refinada sopa de faisán—. Biron me informó que tuviste una tarde ocupada recibiendo... visitas.

Miré de reojo a Selius, quien me lanzaba dagas con la mirada, rogando internamente porque no abriera mi boca moderna. Me llevé la cuchara a los labios con elegancia antes de responder.

—Oh, sí. Tuve una pequeña reunión de bienvenida en el salón del segundo piso. Tu hijo y Lady Sabell fueron tan amables de pasar a saludar y ponerme al tanto de las dinámicas de la casa —solté una risita suave, cargada de un sarcasmo tan sutil que Xilian enarcó una ceja—. Selius estaba especialmente preocupado por mi comodidad y el futuro de la herencia familiar. Es un chico muy... previsor.

—¡Kaileris! —siseó Selius, incapaz de contenerse, el ego herido supurando por cada poro—. Cuida tu lenguaje frente a mi padre. No metas tus mentiras en esta mesa.

—¿Mentiras? Pero si fuiste tú quien mencionó que la estancia en este ducado sería una experiencia inolvidable —le dediqué una mirada cargada de una fingida inocencia antes de clavarle una sonrisa letal—. Y por cierto, querido, olvidas tus modales. Delante del Duque deberías mostrar más respeto. ¿Cómo era que debías llamarme ahora? Ah, claro. Todavía te cuesta procesar el cambio de árbol genealógico.

Selius se puso tan rojo que temí que le diera un derrame en pleno comedor imperial. El contraste de su colapso mental con la etiqueta estricta del Imperio era mi mayor entretenimiento. En mi vida pasada lidié con dueños de mascotas neuróticos y perros rabiosos; un aristócrata malcriado de dieciocho años era pan comido.

—Selius —la voz de Xilian cayó como un mazo de hierro sobre la mesa. No elevó el tono, pero la vibración ronca de sus palabras congeló el ambiente al instante—. Te advertí ayer sobre el tono que usas con la futura Duquesa. Esta es la última vez que tolero una falta de decoro en mi mesa. Si no puedes controlar tus impulsos como un hombre, te mandaré a cenar con los reclutas en los barracones.

El joven lobo bajó la cabeza, tragándose el orgullo y la humillación a partes iguales.

—Sí, padre —balbuceó, fijando la vista en su plato sin volver a mirarme.

La cena continuó en un silencio tenso pero sumamente disfrutable para mí. Xilian comía con la precisión de un soldado y la elegancia de un rey, observándome de tanto en tanto. Cuando terminamos el postre, Selius se levantó de inmediato, hizo una reverencia rápida y prácticamente huyó del comedor, necesitando aire urgentemente tras el bullying psicológico al que lo había sometido.

Me quedé a solas con el Duque. Las velas se habían consumido a la mitad, arrojando sombras largas sobre el roble de la mesa. Xilian dejó su copa de vino tinto a un lado, se reclinó en su silla y me miró fijamente, con una sonrisa lobuna y peligrosa apareciendo en las comisuras de sus labios.

—Le diste donde más le duele, Kaileris —comentó en voz baja, arrastrando las palabras—. Biron me contó todo. "¿Madre, mamá o madrastra?". Tienes un sentido del humor bastante retorcido y peligroso para una dama de la alta sociedad. Has logrado desestabilizar al heredero Carsont en menos de veintecuatro horas.

Me levanté de mi asiento con un movimiento felino y caminé lentamente hacia su lado de la mesa. Me apoyé sutilmente contra el brazo de su gran silla de madera, rompiendo toda distancia protocolar, permitiendo que mi vestido rozara su hombro. Desplegué mi abanico frente a mi rostro, dejando que solo mis ojos rojos, encendidos por la diversión, se encontraran con los suyos.

—Le advertí que sé perfectamente cómo lidiar con las bestias, Excelencia —susurré con un tono aterciopelado y provocador—. Su hijo necesita entender que jugar conmigo es una invitación a la ruina. Además... no mentía en lo que le dije. Si él sigue intentando sabotearme, tendré que cumplir mi promesa.

Xilian extendió su mano, atrapando con firmeza mi mentón entre sus dedos grandes y cálidos. Me obligó a inclinar el rostro hacia él. Su respiración profunda golpeó mis labios, y por un segundo, el brillo salvaje en sus ojos rojos me recordó que no estaba jugando con un hombre cualquiera, sino con el mismísimo General de Sangre.

—¿Ah, sí? ¿Y cuál de todas las promesas piensas cumplir, mi hermosa prometida? —preguntó, su pulgar rozando el labial rojo de mi labio inferior con una lentitud deliberada, una posesividad que me aceleró el pulso—. ¿La de hacerme enamorar de ti... o la de darme un nuevo heredero que reemplace al cachorro, como tú le dices?

Antes de que pudiera responder con una de mis respuestas ingeniosas, Xilian se levantó con una velocidad sobrehumana. Sus manos firmes se envolvieron alrededor de mi cintura y, sin el menor esfuerzo, me levantó en el aire y me subió arriba de la mesa de roble, apartando de un manotazo un candelabro de plata que tintineó con fuerza.

La seda azul cielo de mi falda se desparramó sobre la madera pulida. Xilian no me soltó; dio un paso al frente, quedando justo entre mis piernas y acercándose tanto a mí que nuestros pechos chocaron. Su rostro quedó a milímetros del mío, obligándome a mirar hacia arriba.

(En sus pensamientos: Mierda, ¿cuánto mide este hombre? ¡Jesús santo! ¿Acaso come gigantismo de desayuno o qué?)

Mis ojos se abrieron de par en par y sentí que el aire se me atoraba en la garganta. El abanico se me resbaló de los dedos, cayendo al suelo con un eco sordo. Un calor repentino me subió por el cuello y me puse un tanto nerviosa; definitivamente no me esperaba un movimiento tan salvaje e impulsivo de su parte en pleno comedor. El Duque Carsont acababa de romper todas las reglas de la etiqueta imperial para demostrarme quién era el verdadero depredador aquí.

—¿Qué pasa, Kaileris? —murmuró Xilian, con una sonrisa ronca y oscura, sus manos apretando mis caderas con una fuerza dominante—. ¿Se le olvidaron las palabras a mi atrevida y sarcástica prometida? Me estabas desafiando hace un momento. Continúa.

Tragué saliva, intentando recuperar mi habitual compostura del siglo XXI, aunque el corazón me latía a mil por hora contra las costillas ante su asfixiante cercanía.

—No se confíe, Excelencia —respondí en un hilo de voz, obligándome a clavar mis uñas sutilmente en sus hombros para mantener el equilibrio, forzando una sonrisita temblorosa—. Que juegue en su terreno no significa que tenga el control del juego.

Xilian soltó una risa ronca, un sonido sumamente atractivo que vibró directamente contra mi cuerpo. Se inclinó un poco más, rozando la punta de su nariz contra mi mejilla.

—Entonces empieza a ganar terreno, Kaileris. Porque mañana por la tarde es el té de la Emperatriz viuda, y toda la corte estará esperando ver cómo la "despechada" Enthal se presenta como mi mujer. Demuéstrame de qué estás hecha ante las verdaderas víboras del Imperio.

A pesar de los nervios que me hacían cosquillas en el estómago, mi instinto sarcástico y retador tomó el control. Me incliné hacia su oído, dejando que mis labios rozaran apenas el lóbulo de su oreja mientras mantenía una sonrisa descarada.

—Aún no soy tu mujer —le respondí en un susurro cargado de picardía, desafiándolo con la mirada al alejarme un centímetro.

La mirada de Xilian se oscureció todavía más, sus pupilas rojas dilatándose por el puro destello del deseo y la posesividad que mis palabras provocaron. Le encantaba que le plantara cara, pero el General de Sangre no era un hombre que aceptara un "todavía no" como respuesta definitiva.

Con un movimiento fluido y dominante, Xilian dio un paso atrás, se sentó de nuevo en su imponente silla de cabecera y, antes de que yo pudiera siquiera intentar bajarme de la mesa, me tomó por la cintura con un agarre de hierro. Me jaló hacia abajo sin el menor esfuerzo, sentándome directamente arriba de su regazo.

El impacto de caer sobre sus muslos firmes y sentir la dureza de su cuerpo tan cerca me dejó sin aliento, atrapada por completo entre el respaldo de la silla y su pecho.

Xilian me rodeó la cintura con un brazo, asegurándome contra él, mientras que su otra mano subió con lentitud hacia mi nuca, enredando sus dedos en mis ondas oscuras. Se inclinó hacia mi rostro, sus ojos fijos en mis labios húmedos, y soltó una advertencia en un tono peligrosamente bajo y ronco:

—¿Quieres que te enseñe que sí eres mi mujer?

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Brighit Charpentier
me imagino la cara de estreñido que debe tener el cachorro este y no puedo parar de reír
Brighit Charpentier
muerte a los cucarachos
Brighit Charpentier
jajaja como dice mi abuela
la belleza cuesta y es doloroso /CoolGuy/
Gloria Grijalba
exelente
Eve
Sabell dice... 🙄 Este chico no tiene una pozca de inteligencia
nelida ballesteros
muy entretenida la novela
nelida ballesteros
de dónde sacó tanta maldad y ambición la veterinaria van a morder la mano de quien los ayudó ella es una maldita y el que x revolcarse con ella piensa con la cabeza de abajo ya que el emperador y la emperatriz viuda nada malo le hicieron y ahora van x todo demasiado ambición y maldad hasta acá llegué no leo más parece que la escritora no conoce la palabra lealtad horrible no me gusta
Eve
necesito un hombre como este en mi vida 🫦
Eve
"olor a desesperacion financiera" 😂🤣😂🤣😂
Eve
eso no es fuego, es un volcán a punto de estallar 😂🤣😂🤣😂
Eve
bueno... eso las calló 😂😂😂
Eve
es un peligro para la cordura de una chica 🤣🤣🤣🤣🤣
Eve
que lo demuestre 🫦🫦🫦🫦
Eve
ufff!! pero que macho alfa... 🫦
Eve
no amiga!! este es el hombre lobo alfa 😆 cuidado que te podes quedar sin piernas 🤣
Eve
saborea cada palabra 🤭
nelida ballesteros
dejá ese cuento de watssap estás metiendo a Chanel que no tiene nada que ver una cosa con la otra
Eve
esto está mejor que la novela de la tarde 😆😆😆
Eve
creo que los mayores se acaban de infartar
Eve
el glamour ante todo 😏
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