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EL ANGEL DE LA MAFIA

EL ANGEL DE LA MAFIA

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

SIN ESPOILER

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

NACIÓ SOLO PARA SER ARREBATADO

La noche había caído sobre la casa en ruinas.

Todo estaba en silencio.

Demasiado silencio.

Lia se encontraba sentada sobre el colchón, intentando descansar.

Había pasado todo el día sintiéndose extraña.

Más cansada de lo habitual.

Más incómoda.

Y con una sensación que no sabía explicar.

Miró hacia la ventana.

—Brayan todavía no llega…

No sabía por qué le preocupaba.

Después de lo ocurrido aquella mañana, una parte de ella prefería que él no estuviera allí.

Pero otra parte deseaba no estar sola.

Lia respiró profundamente.

Entonces sintió un dolor intenso.

Se quedó inmóvil.

—No…

Esperó unos segundos.

La sensación disminuyó.

Lia llevó una mano a su abdomen.

Su corazón comenzó a latir rápidamente.

—No puede ser todavía.

Pero poco después volvió a sentirlo.

Esta vez comprendió que algo estaba ocurriendo.

El miedo apareció inmediatamente.

—Mi bebé…

Intentó levantarse.

Necesitaba ayuda.

Pero no había nadie.

Tomó su teléfono.

No tenía suficiente batería.

Intentó buscar ayuda, pero sus manos temblaban demasiado.

Miró hacia la puerta.

—Brayan…

Nada.

El lugar permanecía vacío.

Lia tuvo que aceptar una realidad que la aterrorizaba.

Estaba sola.

---

Las horas siguientes fueron difíciles.

Lia intentó mantenerse tranquila.

Se concentró únicamente en respirar y resistir el miedo.

No sabía cuánto tiempo había pasado.

La noche parecía interminable.

En algún momento, Lia comenzó a llorar.

—Por favor…

Cerró los ojos.

—Solo quiero que estés bien.

No pensaba en nada más.

No le importaba el dolor.

No le importaba el miedo.

Solo quería que su bebé estuviera bien.

Finalmente, después de un largo tiempo, escuchó el primer llanto.

Lia abrió los ojos.

Su expresión cambió inmediatamente.

—Mi bebé…

Las lágrimas comenzaron a caer.

Era un niño.

Un pequeño niño.

Pero algo no estaba bien.

Su llanto era débil.

Mucho más débil de lo que Lia esperaba.

Lia lo miró con preocupación.

—¿Por qué estás tan calladito?

Lo sostuvo con mucho cuidado.

—Mamá está aquí.

El pequeño volvió a emitir un sonido apenas perceptible.

Lia sintió que el corazón se le encogía.

—No…

Se apresuró a buscar ayuda.

Pero estaba demasiado agotada.

Había dado a luz sola.

No había nadie que pudiera asistirla.

Nadie que pudiera decirle qué estaba ocurriendo.

Lia abrazó al pequeño.

—Por favor, quédate conmigo.

Su voz temblaba.

—No te vayas.

El bebé permanecía muy quieto.

Lia intentó mantenerlo cerca y darle calor mientras luchaba contra el agotamiento.

—Eres mi niño…

Una sonrisa débil apareció en su rostro.

—Mi pequeño.

Las lágrimas continuaron cayendo.

—Te prometí que te protegería.

Lia cerró los ojos unos segundos.

—Y voy a hacerlo.

Pero estaba completamente agotada.

Su cuerpo ya no podía más.

Poco a poco, el cansancio comenzó a vencerla.

Lia se quedó dormida.

Con su hijo cerca.

Sin saber que aquella tranquilidad duraría muy poco.

---

Horas después, la puerta se abrió.

Brayan entró.

Venía molesto.

Dejó sus cosas sobre una mesa y miró alrededor.

—¿Lia?

No obtuvo respuesta.

Avanzó por la casa.

Entonces escuchó un sonido.

Un llanto muy débil.

Brayan se detuvo.

Frunció el ceño.

—¿Qué…?

Siguió el sonido.

Llegó hasta la habitación.

Y se quedó inmóvil.

Lia estaba dormida.

Y junto a ella había un bebé.

Brayan abrió los ojos.

Durante unos segundos no dijo nada.

Después se acercó lentamente.

Miró al pequeño.

—¿Ya nació?

Lia no respondió.

Seguía profundamente dormida.

Brayan observó al bebé.

Entonces recordó la conversación que había tenido con Lia.

Si era una niña, no quería saber nada de ella.

Pero si era un niño…

Su expresión cambió.

Se inclinó un poco.

—Es un niño.

La frase salió en voz baja.

Miró nuevamente a Lia.

Ella no despertó.

Brayan permaneció allí durante unos instantes.

Después tomó una decisión.

Una decisión que cambiaría la vida de Lia para siempre.

Con mucho cuidado, tomó al bebé.

El pequeño emitió un sonido débil.

Brayan miró hacia la puerta.

—Vamos.

Lia continuó dormida.

No escuchó nada.

No vio cómo Brayan se llevaba a su hijo.

---

Poco después, la casa volvió a quedar en silencio.

Brayan salió con el bebé.

Lia permaneció dormida.

No sabía que su hijo ya no estaba a su lado.

No sabía que alguien se lo había llevado.

No sabía hacia dónde.

---

Pasaron varias horas.

La luz de la mañana comenzó a entrar por las ventanas rotas.

Lia abrió lentamente los ojos.

Durante unos segundos no recordó dónde estaba.

Entonces sonrió débilmente.

—Mi bebé…

Extendió una mano.

No encontró nada.

Su sonrisa desapareció.

Abrió completamente los ojos.

Miró alrededor.

—¿Dónde…?

Se incorporó con dificultad.

Miró el colchón.

Nada.

—No.

Revisó a su alrededor.

—No, no, no…

Su respiración comenzó a acelerarse.

—¿Dónde está mi hijo?

Se levantó.

Buscó por toda la habitación.

Nada.

—¡¿Dónde está?!

Su voz se quebró.

Salió de la habitación.

—¡Brayan!

Silencio.

—¡Brayan!

No había nadie.

Lia regresó corriendo como pudo.

Su rostro estaba cubierto de lágrimas.

—Mi bebé…

Entonces comprendió.

Brayan había llegado.

Ella lo había escuchado entrar.

Pero no recordaba nada después.

—No…

Se llevó ambas manos al rostro.

—Él se lo llevó.

La idea la aterrorizó.

—¡No!

Lia intentó salir de la casa.

Pero estaba demasiado débil.

Se apoyó contra la pared.

—Mi hijo…

Las lágrimas no dejaban de caer.

—Me prometí que lo protegería.

Su voz se convirtió en un susurro.

—Y ni siquiera pude despertarme.

Se dejó caer lentamente al suelo.

Durante mucho tiempo había imaginado el momento en que conocería a su bebé.

Había pensado que lo tendría en sus brazos.

Que lo miraría.

Que le diría cuánto lo amaba.

Y había ocurrido.

Pero solo durante unos minutos.

Ahora estaba sola.

---

Mientras tanto, Brayan avanzaba por una carretera con el bebé.

El pequeño permanecía muy débil.

Brayan lo miró desde el asiento trasero.

Por primera vez parecía comprender que aquello era mucho más serio de lo que había imaginado.

—Tienes que aguantar.

No sabía qué hacer.

No sabía cómo cuidar a un recién nacido.

Pero tampoco tenía intención de regresar.

Había tomado una decisión.

Era un niño.

Y para él, eso significaba que la situación era diferente.

El bebé volvió a emitir un sonido débil.

Brayan miró hacia atrás.

—Tranquilo.

Pero no había tranquilidad en aquella escena.

El pequeño necesitaba atención.

Necesitaba cuidados.

Necesitaba ayuda.

Y mientras Brayan se alejaba cada vez más de la casa…

Lia permanecía allí, abrazándose a sí misma y llorando por su hijo.

No sabía dónde estaba.

No sabía si estaba bien.

Solo sabía una cosa.

Brayan se lo había llevado.

Y ella iba a encontrarlo.

Aunque tuviera que enfrentarse al mundo entero para recuperar a su bebé.

Porque aquel niño no era una carga.

No era una propiedad.

Era su hijo.

Y Lia no estaba dispuesta a perderlo.

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