5 PUERTAS
¿Y si tu destino hubiera sido elegido antes de nacer?
Cinco puertas. Cinco destinos. Un secreto capaz de cambiarlo todo.
Cuando varias personas comienzan a descubrir que sus vidas están unidas por un misterio imposible de explicar, entenderán que algunas puertas nunca debieron abrirse.
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CAPÍTULO 20 — LA HISTORIA DE MI PADRE
El hombre permaneció frente a la puerta.
Gio no podía dejar de mirarlo.
Habían pasado tantos años...
Y ahora estaba ahí.
Frente a él.
Su padre.
A su lado estaba Amanda, la mamá de Gio, la mujer que lo había criado y protegido durante toda su vida.
Ella tampoco podía creer lo que estaba viendo.
El hombre respiró profundamente.
—¿Puedo pasar?
Amanda tardó unos segundos en reaccionar.
—Sí...
Pasá.
El hombre entró lentamente.
Gio cerró la puerta.
Nadie decía una palabra.
Finalmente, Gio rompió el silencio.
—Papá...
¿Qué hacés acá?
mamá y yo pensamos que habías muerto.
El hombre bajó la mirada.
—Lo sé.
Sé que tienen muchas preguntas.
Se quedó unos segundos en silencio.
Después miró a Amanda.
—Amanda... ¿podés traerme un poco de agua, por favor?
Amanda lo observó sorprendida.
Después de tantos años, escuchar nuevamente su voz diciéndole su nombre le resultaba extraño.
Pero fue hasta la cocina.
Llenó un vaso y regresó.
Se lo entregó.
El hombre tomó el agua lentamente.
Dejó el vaso sobre la mesa y miró a Gio.
—Gio...
Te voy a explicar todo lo que pasó, hijo.
Gio frunció el ceño.
—Yo ya no soy tu hijo.
Amanda lo miró.
—Gio...
—¿Por qué nunca me dijiste que tenías otro hijo aparte de mí?
Su padre quedó en silencio.
—¿Por qué te llevaron preso?
¿Por qué hiciste todo esto?
La voz de Gio comenzó a elevarse.
Amanda se acercó a él.
—Hijo, esperá.
Dejá que tu papá te conteste.
Primero tiene que respirar.
Tenemos que estar tranquilos para que pueda contarnos todo.
Gio respiró profundamente.
Miró a su padre.
—Está bien.
Contame.
El hombre asintió.
—Voy a hacerlo.
---
El padre de Gio respiró profundamente.
Por primera vez en muchos años estaba sentado frente a su hijo.
Aquel hijo al que había visto crecer solamente durante una parte de su vida.
Gio permanecía serio.
No sabía si quería escuchar la historia.
Pero necesitaba conocerla.
—Voy a contarte todo —dijo su padre—. Y no voy a esconderte nada.
Gio asintió lentamente.
Su padre miró a Amanda.
—Cuando me casé con Amanda, ella ya estaba embarazada.
Gio levantó ligeramente la mirada.
—Éramos jóvenes y no teníamos muchas cosas.
Mis padres querían ayudarnos, pero no tenían una habitación disponible donde pudiéramos quedarnos los dos.
Entonces mi mamá tomó una decisión.
—¿Mi abuela? —preguntó Gio.
Su padre asintió.
—Sí.
Tu abuela paterna.
Ella nos dijo que fuéramos a vivir con una tía lejana de la familia.
Tenía una habitación disponible y un lugar cómodo para que Amanda y yo pudiéramos quedarnos mientras yo terminaba mis estudios.
Amanda sonrió con nostalgia.
—Fue una época complicada, pero también tuvimos momentos muy lindos.
El padre de Gio continuó:
—Yo estudiaba para ser profesor de matemáticas y al mismo tiempo trabajaba.
No ganaba demasiado.
Pero intentaba ahorrar todo lo que podía.
Quería preparar todo para cuando naciera nuestro bebé.
Ropa.
Una cuna.
Comida.
Todo lo necesario.
Incluso discutíamos sobre qué nombre ponerle.
Gio sonrió apenas.
—¿Y cómo decidieron mi nombre?
Su padre sonrió.
—Eso fue una discusión bastante larga.
Amanda soltó una pequeña risa.
—Tu papá quería un nombre.
Yo quería otro.
Pasamos días pensando.
Finalmente encontramos uno que nos gustaba a los dos.
—Giovanni —dijo su padre.
Gio bajó la mirada.
Era extraño escuchar a su padre hablar de aquellos momentos.
Momentos que él nunca había conocido.
Su padre continuó:
—Después de mucho esfuerzo terminé mis estudios.
Finalmente me recibí de profesor de matemáticas.
Gio levantó la mirada.
—¿Y volvieron con tus padres?
—Sí.
Cuando terminé mis estudios, Amanda y yo volvimos a la casa de mis padres.
Tu abuela estaba feliz de vernos nuevamente.
Sabía todo lo que habíamos pasado y quería ayudarnos.
Durante un tiempo pensamos que finalmente las cosas iban a mejorar.
Pero entonces naciste vos.
Su padre sonrió.
—Y aunque tenerte fue lo mejor que nos pudo pasar, también aparecieron muchas responsabilidades.
Gio escuchaba atentamente.
—Había que pagar la comida, la ropa, la casa y todas las cosas que necesitabas.
Mi sueldo como profesor no alcanzaba para todo.
Empecé a trabajar más horas.
Pero aun así sentía que no era suficiente.
Amanda lo miró.
—Y ahí empezaron los problemas.
El padre de Gio bajó la mirada.
—Sí.
Fue cuando conocí a aquella persona.
Al principio solamente hablábamos.
Los dos necesitábamos dinero.
Nos ayudábamos.
Pero terminamos tomando una decisión terrible.
Comenzamos a involucrarnos en la venta de drogas.
Gio frunció el ceño.
—¿Y vos nunca consumías?
Su padre negó con la cabeza.
—No al principio.
Nunca quise que eso formara parte de mi vida.
Pero sabía perfectamente que lo que estaba haciendo estaba mal.
Aun así, continué.
Gio apretó las manos.
—¿Por qué?
—Porque pensé que así podía darles una vida mejor.
Conseguí mudarnos.
Pude comprar una casa.
Pude comprar todo lo que necesitabas.
Ropa.
Comida.
Juguetes.
Quería que nunca te faltara nada.
Gio lo miró con tristeza.
—Pero igual me faltaste vos.
Su padre se quedó completamente callado.
Amanda cerró los ojos.
Aquellas palabras habían dolido.
—Lo sé —respondió finalmente—.
Y es algo que voy a lamentar toda mi vida.
Hubo unos segundos de silencio.
—Después ocurrió algo peor.
Una noche, después de vender, terminé consumiendo drogas.
Cuando desperté, aquella persona ya se había ido.
Nunca volvió.
Tiempo después me enteré de que había quedado embarazada.
Pero nunca pude encontrarla.
Gio comprendió inmediatamente.
Gael.
Su hermano.
—Entonces... ¿Gael nació después?
—Sí.
Pero yo no pude conocerlo.
Ni siquiera sabía cómo estaba.
Mientras tanto, yo seguía intentando estar presente en tu vida.
Recuerdo cuando eras pequeño.
Jugábamos juntos.
A veces te quedabas dormido mientras yo te cuidaba.
Gio sintió que algo se movía dentro de él.
Algunas imágenes de su infancia comenzaron a aparecer.
Su padre jugando con él.
Su voz.
Una pelota.
Una tarde en el parque.
Pero después todo se había terminado.
—Hasta que me arrestaron —continuó su padre.
Me investigaron durante bastante tiempo.
Un día, mientras estaba con vos, llegaron por mí.
Y me llevaron preso.
Gio bajó la mirada.
—¿Y mamá?
Su padre miró a Amanda.
—Amanda vino a verme.
Me pidió que no intentara acercarme a vos.
Ella quería protegerte.
Amanda habló con voz baja.
—No quería que crecieras pensando que tenías que salvar a tu papá.
Solo quería que tuvieras una vida normal.
Su padre asintió.
—Y lo entendí.
Después ocurrió el incendio de la prisión.
En medio del caos pude escapar.
Muchas personas pensaron que había muerto.
Amanda creyó que yo había muerto.
Gio también.
—Entonces...
¿Por qué nunca volviste?
Su padre bajó la mirada.
—Porque tuve miedo.
No sabía cómo reaccionarías.
No sabía si Amanda me permitiría acercarme.
Y tampoco sabía si vos querrías verme.
Pensé que quizás era mejor dejarte vivir tranquilo.
Gio sintió una mezcla de enojo y tristeza.
—Pero ahora volviste.
—Sí.
Porque ya no quería seguir escondiéndome.
Quería verte.
Quería conocer al hombre en el que te habías convertido.
Gio no respondió.
Todavía no podía perdonarlo.
Pero tampoco podía negar que quería entenderlo.
Su padre se levantó lentamente.
—No espero que me perdones hoy.
Solo quería que conocieras la verdad.
En ese momento se escucharon pasos.
Los tres miraron hacia la entrada.
Era Gael.
El chico se quedó mirando al hombre.
—¿Quién es él?
Amanda, la mamá de Gio, respiró profundamente.
Miró a Gael con lágrimas en los ojos.
—Gael...
Él es tu papá.
Gael quedó inmóvil.
—¿Mi papá?
El hombre levantó lentamente la mirada.
—¿Vos sos Gael?
Gael asintió.
—Sí.
El hombre se quedó sin palabras.
Había imaginado ese momento durante años.
Pero nunca pensó que realmente ocurriría.
Amanda continuó:
—Él es el mismo hombre que es el papá de Gio.
Gael miró a Gio.
Gio lo miró a él.
Ahora todo estaba claro.
Eran hermanos.
El mismo padre.
Dos madres diferentes.
Dos historias completamente distintas.
Pero una misma familia.
Gael bajó la mirada.
—Mi mamá nunca me habló demasiado de él.
—Lo siento —dijo su padre.
Gael levantó los ojos.
—¿Por qué nunca viniste a buscarme?
Su padre no pudo responder inmediatamente.
—Porque tuve miedo.
Gael se quedó callado.
Gio observó a los dos.
Por primera vez entendió que su hermano también tenía muchas preguntas.
Y quizás él tampoco tenía todas las respuestas.
Gio se acercó lentamente a Gael.
—No sé cómo se supone que tenemos que hacer esto.
Gael lo miró.
Después sonrió apenas.
—Yo tampoco.
Gio soltó una pequeña risa.
—Entonces estamos igual.
Gael sonrió.
Amanda los observó con lágrimas en los ojos.
Su padre también.
Después de tantos años...
Gio y Gael finalmente estaban juntos.
Y aunque todavía quedaban muchas heridas, preguntas y secretos por descubrir...
Por primera vez tenían la oportunidad de empezar a conocerse.