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EL ECO DE TU MIRADA

EL ECO DE TU MIRADA

Status: Terminada
Genre:Romance / Grandes Curvas / Fanfic / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela Nieblas

historia de una chica curvy y un cantante que se conocen por casualidad enfrentan prejuicios obstáculos para separarlos pero ellos luchan con todo para estar juntos

(es un cuento corto y reflexivo

NovelToon tiene autorización de Gabriela Nieblas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

el pasado que regresa

Todo parecía ir bien entre Damián y Lila. Habían logrado fortalecer su amor frente a las críticas y prejuicios, y la vida en Guaymas transcurría con una felicidad que Damián creía perdida para siempre. Sin embargo, bajo esa calma se ocultaba una sombra que el cantante había enterrado en lo más profundo de su ser: Gonzalo Portillo.

Gonzalo había sido la persona que destrozó su corazón años atrás. Alguien en quien confió ciegamente, a quien entregó su amistad y su apoyo, y que le pagó con traición, humillación y mentiras tan crueles que le hicieron jurar no volver a abrirse a nadie. Ese dolor fue el que le llevó a pensar que el amor y la confianza eran ilusiones, hasta que conoció a Lila. Pero nunca le contó nada de esto; quería protegerla de ese pasado oscuro, y también temía que, al saberlo, ella viera en él a alguien débil o marcado por el sufrimiento.

Un día, mientras revisaba correos y mensajes en su camerino antes de un concierto, Damián se quedó helado. Una nota sin firma decía simplemente: “He vuelto. Te he buscado por todas partes. Nadie puede borrar lo que fuimos ni lo que sabemos”. Al lado, una firma que le hizo temblar: Gonzalo Portillo.

El mundo se le vino encima. El pasado no solo regresaba, sino que venía con intenciones de perturbar la paz que tanto le había costado reconstruir. Damián intentó ocultar su angustia, pero sus ojos delataban el desasosiego. Lila, que conocía cada gesto suyo, lo notó de inmediato.

—¿Qué te pasa, mi amor? —le preguntó suavemente, acercándose para tomar su mano—. Estás pálido, como si hubieras visto un fantasma.

Damián dudó. La verdad luchaba contra su miedo. Si le contaba, tal vez ella dejara de confiar en él o pensara que había algo sin resolver entre él y Gonzalo. Si no lo hacía, el secreto crecería hasta convertirse en un abismo entre los dos.

—No es nada… solo asuntos de negocios complicados —mintió, y esas palabras le pesaron como plomo en la conciencia.

En los días siguientes, la presencia de Gonzalo se hizo más evidente. Aparecía en los lugares donde ellos estaban, siempre con una sonrisa cínica y miradas cargadas de malicia y recuerdo. No decía nada explícito frente a Lila, pero sus gestos hacia Damián eran lo suficientemente ambiguos y perturbadores para sembrar dudas en ella.

—¿Quién es ese hombre que no deja de mirarnos? —preguntó Lila una tarde, mientras caminaban por la orilla del mar—. Siento que te conoce bien, y que hay algo entre ustedes que no me has contado.

Damián sintió que el suelo se movía bajo sus pies.

—Es… alguien de mi pasado, de la época en que empezaba mi carrera —respondió evasivo—. Alguien que me hizo mucho daño y a quien desearía no volver a ver. Pero no quiero que te afecte, no es importante.

—Si no es importante, ¿por qué te niegas a hablar de él? —insistió Lila, con dolor en la mirada—. Damián, nosotros nos contamos todo. El silencio también es una forma de mentira, y empiezo a sentir que hay un muro entre nosotros.

La desconfianza comenzó a enraizarse. Lila pensaba que tal vez no conocía realmente al hombre que amaba; tal vez había partes de él que nunca le mostraría, o incluso que sus sentimientos no eran tan sinceros como parecían. Por su parte, Damián se sentía acorralado: por un lado, la presión de Gonzalo, que amenazaba con revelar secretos vergonzosos si no le prestaba atención; por otro, el dolor de ver a Lila herida y distante por su falta de sinceridad.

Gonzalo, hábil manipulador, aprovechaba la situación. En un momento en que se encontró a solas con Lila, le dijo con tono falso y compasivo:

—Pobre muchacha… Crees conocerlo, pero Damián siempre ha sabido ocultar muy bien sus cicatrices… y sus culpas. Hay cosas de nuestro pasado que ni siquiera tú podrías comprender, ni perdonar. Él no te ha contado cómo era realmente, ni de lo que es capaz cuando le conviene.

Esas palabras fueron como un veneno. Lila se fue de allí con la mente llena de preguntas y temores.

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Gabriela Nieblas
espero les guste está historia
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