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Esposa Despreciada

Esposa Despreciada

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Síndrome de Estocolmo
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Miry - C

La vida de Elif se vio trágica cuando el hombre más poderoso del pueblo la obligó a contraer matrimonio. Pero resultaba que era un hombre que cuatriplicaba en edad, por lo que en la consumación, murió de un infarto, quedando ella como heredera de toda esa fortuna.
Elif creyó que todo terminaba ahí, no obstante, aparecieron los familiares de aquel hombre, y la obligaron a contraer matrimonio con el nieto de su difunto esposo, un joven de 23 años, que la odiaba y despreciaba con cada segundo de su vida, por haberse quedado con todo lo que les pertenecía.

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6

El corazón de Elif iba de prisa. Se llenaba de terror con cada golpe que escuchaba. Temía que en cualquier momento la puerta se abriera.

Burak se cansó de golpear y se fue al sillón. Dejó caer su cuerpo fornido en el mueble y ahí se quedó hasta el día siguiente.

Por la mañana, Elif abrió la puerta despacio. Al ver a su esposo en el mueble se enderezó. Quiso retroceder, volver a su habitación; sin embargo, el abogado la esperaba en el restaurante del hotel. No podía bajar sin el documento; necesitaba hablar con él.

Caminó despacio por el recibidor, buscó el documento en la mesita del balcón y no lo encontró. Cuando volvió a entrar al recibidor se percató de aquel maletín que se encontraba al lado de Burak.

Con mucho temor lo retiró, abrió el cierre lentamente y, mientras lo hacía, mordía la parte interna de su labio. Al encontrar el documento, miró al hombre acostado con los brazos cruzados, se cercioró de que no tuviera los ojos abiertos y procedió a retirar el documento. Una vez listo, cerró y dejó las cosas como estaban. Caminó sin hacer ruido hasta la puerta y de la misma forma la cerró. Ya estando fuera, corrió al ascensor.

Una vez dentro respiró con normalidad. Cuando este se detuvo y las puertas se abrieron, buscó con la mirada al abogado Alper.

—Toma asiento —se levantó a abrirle la silla, se sentó y acomodó sus lentes para leer el documento que Elif le había entregado—. ¿Cómo dormiste? —preguntó mientras revisaba aquel papel.

La joven se alzó de hombros, pues la verdad no había podido dormir. A cada rato se despertaba pensando que Burak se había metido.

—Veo que no muy bien.

—Llegó borracho… —la voz se le quebró.

Alper levantó la mirada y cuestionó:

—¿Te lastimó? Porque si lo hizo podemos denunciarlo.

La joven negó.

—No, no me hizo nada. Dejé la puerta con seguro. Solo me asustó cuando quiso abrirla.

—Bueno, lo importante es que no te hizo nada. Cualquier cosa que suceda, el más mínimo maltrato, me lo reportas. Conozco a los Demir desde hace mucho tiempo y sé que, con tal de conseguir lo que se proponen, son capaces de cualquier cosa.

Lo que el abogado le dijo la dejó más nerviosa.

—Me quedaré con este documento.

—No puede. Él se pondrá furioso cuando no lo encuentre.

—No sabrá que tú lo tomaste.

—Pero soy la única que está en esa habitación…

—Juégale la psicología. Está borracho; tal vez ni se acuerde de lo que hizo anoche.

—Pero… ¿por qué mejor no le entregamos todo y así…?

—No puedes entregarle tu dinero.

—Es que no es mío, es de ellos…

—Es tu dinero, solo tuyo. Y mientras yo viva, los Demir no tocarán ni un centavo de él.

Cuando la joven y el abogado terminaron de desayunar, este cuestionó:

—¿Necesitas algo?

Le miró la ropa. Estaba con el mismo vestido de novia. Se sintió indignado por cómo trataban a aquella joven los Demir.

—Ropa —se miró de arriba abajo—. No tengo nada.

El abogado le entregó una tarjeta negra. Elif la rechazó de inmediato.

—Tómala, es tuya. Te dejaré a mi chofer para que te lleve a una tienda y elijas todo lo que quieras.

—Yo solo quiero una muda…

—Niña, no te rehúses a gastar —miró el reloj y suspiró—. Me tengo que ir —se levantó—. Vamos, Fırat te llevará de compras.

—Pero…

No le había hecho saber a su esposo que saldría.

—No despertará ahora. Tienes tiempo para ir de compras y volver.

Salió junto al abogado. Este tomó un taxi mientras su chofer llevó a Elif a la boutique. En la entrada, una rubia de cuerpo delgado y bien estructurado la esperaba. Al verla bajar se acercó.

—Hola, Elif. Soy Melisa, pero puedes decirme Meli —se presentó—. Mi padre dijo que te acompañara a realizar unas compras.

—¿Tu papá es el abogado Alper? —asintió.

Ambas jóvenes se adentraron en la tienda. Alper sabía que, si Elif iba sola, no compraría nada, y conociendo a su hija, la cual amaba ir de compras y hacer que sus amigas gastaran, no dudó en llamarla.

Las horas se pasaron volando. Elif ni cuenta se dio. Cuando vio la hora era más del mediodía.

—Dios. Debo volver.

—¿Por qué? Aún nos faltan algunas cosas.

—No, ya debo irme.

A Melisa no le agradó la idea de irse, por eso curvó las comisuras, pero no insistió más. Una vez que pagaron y el chofer guardó las cosas, se dirigieron al hotel. Melisa tuvo intenciones de subir; sin embargo, Elif se lo impidió, pues presentía que Burak ya había despertado y lo más probable era que estuviera furioso por el documento extraviado.

—Ok, pero podemos vernos en cualquier otro momento —Elif asintió—. Tienes mi número. Llámame y escríbeme cuando quieras.

Elif volvió a agradecer y subió las bolsas como pudo.

Al abrir la puerta, aquellos celestes ojos la fulminaron con la mirada.

—¿Dónde diablos te habías metido?

Fue hacia ella, le tomó del brazo haciendo presión y hizo caer las bolsas. Burak bajó la mirada a las prendas que salieron de las bolsas, levantó la mirada y bufó:

—¿Ya empezaste a malgastar el dinero de mi familia?

La soltó y agarró la prenda que estaba fuera. Era un hermoso enterizo. Observó la etiqueta y supo que era de marca.

—¿Crees que por vestir de marca te verás mejor? —con una media sonrisa recorrió la mirada por todo el cuerpo—. Yo no lo creo.

Dejó caer nuevamente la prenda y se dirigió a la habitación. Se metió a la ducha para quitar el hedor a alcohol.

Mientras Burak estaba en la habitación, ella esperaba en la sala. Cuando este salió acomodando su reloj, ella bajó la mirada al suelo. Su cuerpo empezó a temblar cuando lo vio acercarse al maletín, y aquella voz la hizo saltar.

—¿Rebuscaste en mis cosas?

1
Ana Elena Jiménez
ojalá las cosas mejoren aunque sea un poquito ahora que está su hermano
Ana Elena Jiménez
excelente trama
Ana Elena Jiménez
ay Dios que susto pensé que se lanzaría
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😢😢😢😢
Ana Elena Jiménez
bueno ni modo con Burak se vive en un sube y baja de emociones
Ana Elena Jiménez
😮😮😮😮
Ana Elena Jiménez
😮😮😮🫣🫣🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😮😮😮😮🫪🫪🫪
Ana Elena Jiménez
no un momento ,eso fue culpa de los, que iban hacer tú suegros por su ambición
Ana Elena Jiménez
😮😮🫪🫪
Ana Elena Jiménez
👏👏👏👏👏👏
Ana Elena Jiménez
Dios con esta historia se sufre de una y mil maneras 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
ya sabía yo que tenía otra enemiga mas
Ana Elena Jiménez
🫣🫣🤭🤭
Ana Elena Jiménez
santa maracha será que está embarazada
Ana Elena Jiménez
😢😢😢😢
Ana Elena Jiménez
eso es obra del miserable dizque papá tuyo
Ana Elena Jiménez
viejo demente 😡😡
Ana Elena Jiménez
🙄🙄🫣🫣
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