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5 Puertas

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Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Casos sin resolver
Popularitas:46
Nilai: 5
nombre de autor: yarely

5 PUERTAS

¿Y si tu destino hubiera sido elegido antes de nacer?

Cinco puertas. Cinco destinos. Un secreto capaz de cambiarlo todo.

Cuando varias personas comienzan a descubrir que sus vidas están unidas por un misterio imposible de explicar, entenderán que algunas puertas nunca debieron abrirse.

NovelToon tiene autorización de yarely para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10 — UN DÍA DIFERENTE

Los primeros rayos del sol entraban por la ventana de la habitación de Gio.

El sonido de la lluvia ya había desaparecido.

La tormenta de la noche anterior solo había dejado un cielo limpio y un aire fresco que entraba por la ventana entreabierta.

Lucas fue el primero en despertarse.

Se incorporó lentamente y acomodó sus lentes sobre su nariz.

Miró a un lado.

Mateo seguía completamente dormido, abrazado a una almohada y ocupando casi todo el colchón.

Al otro lado de la habitación, Gio todavía descansaba con una expresión tranquila.

Lucas sonrió para sí.

—Qué raro... hoy soy el primero.

Tomó uno de los libros que había llevado en la mochila y comenzó a leer mientras esperaba que los demás despertaran.

Unos minutos después...

—¡Noooo! ¡Mi combo perfecto!

Mateo habló dormido y dio una vuelta sobre el colchón.

Lucas soltó una pequeña risa.

—Hasta soñando juega al Street Fighter.

En ese momento, Gio abrió lentamente los ojos.

—¿Qué hora es?

—Las siete y media —respondió Lucas.

—¿Ya?

—Sí.

Mateo volvió a murmurar algo entre sueños.

—No vale... elegiste a Ryu otra vez...

Los dos no pudieron evitar reír.

—Creo que perdió hasta soñando —dijo Gio.

Justo en ese instante se escuchó un suave golpe en la puerta.

—¿Chicos? ¿Ya están despiertos? —preguntó la mamá de Gio desde el otro lado.

—Sí, ma. Ya vamos.

—Les preparé el desayuno.

Los tres se cambiaron y fueron hasta la cocina.

Sobre la mesa había chocolatada caliente, café, pan recién tostado, mermelada y algunas facturas.

—Buen día —saludó la mamá de Gio con una sonrisa.

—Buen día, señora —respondieron Lucas y Mateo al mismo tiempo.

Mientras desayunaban, Mateo probó una medialuna y cerró los ojos.

—Señora... cada vez estoy más convencido de que cocina demasiado bien.

Ella rió.

—Me alegra que te guste.

—Si sigo viniendo, voy a tener que traer una valija.

Gio levantó una ceja.

—¿Para qué?

—Para mudarme.

—Ni lo sueñes.

Los cuatro rieron.

Cuando terminaron de desayunar, la mamá de Gio los acompañó hasta la puerta.

—Que tengan un lindo día.

Y no se olviden de estudiar.

—Lo vamos a intentar —respondió Mateo.

—Mateo...

—Está bien... vamos a estudiar.

Caminaron juntos hacia la universidad mientras conversaban sobre el torneo de Street Fighter de la noche anterior.

—La próxima les gano —aseguró Mateo.

—Eso dijiste diez veces ayer —respondió Gio.

—La número once es la vencida.

Lucas sonrió.

—Eso está por verse.

Al llegar al patio principal de la universidad, vieron a Emma y Julietta sentadas en un banco, conversando antes de entrar a clases.

Emma levantó la mano al verlos.

—¡Buen día!

—¡Buen día! —respondieron los tres.

Julietta sonrió al ver a Gio.

—¿Durmieron bien?

—Sí... bastante bien —respondió él.

Ella notó que todavía tenía el cabello un poco despeinado.

Le causó gracia.

—Creo que alguien se levantó con apuro.

Gio se pasó una mano por el pelo.

—¿Tan mal está?

Julietta soltó una pequeña risa.

—No... solo un poquito.

Por primera vez en mucho tiempo, Gio sonrió sin darse cuenta.

Mateo observó la escena en silencio.

Esperó unos segundos.

Después miró a Lucas.

—¿Vos viste lo mismo que yo?

Lucas asintió con una sonrisa.

—Sí.

—Definitivamente está cambiando.

—Los escucho, ¿eh? —dijo Gio.

—Nosotros no dijimos nada.

—Todavía —agregó Mateo.

Julietta y Emma se miraron sin entender de qué hablaban.

El timbre anunció el comienzo de las clases.

Los seis caminaron hacia el edificio principal.

Sin saberlo, aquel día estaba a punto de traer una sorpresa que cambiaría por completo su rutina universitaria.

Las clases continuaron con tranquilidad durante toda la mañana.

En algunos momentos, Gio volvía a concentrarse por completo en los apuntes.

En otros...

Sin darse cuenta, recordaba la sonrisa de Julietta.

Sacudía levemente la cabeza y volvía a escribir.

Mateo, sentado a su lado, lo miraba de reojo.

—Hoy estás raro.

—¿Por?

—Porque estás demasiado callado.

Lucas levantó la vista de su cuaderno.

—Yo también lo noté.

—Simplemente estoy prestando atención.

Mateo sonrió.

—Sí... claro.

Cuando sonó el timbre del recreo, los seis salieron al patio.

Emma y Julietta caminaron junto a Lucas, mientras Mateo iba molestando a Gio.

—Che...

—¿Qué?

—¿Seguro que dormiste bien?

—Sí.

—Entonces decime por qué cada cinco minutos mirás para el mismo lado.

Gio frunció el ceño.

—No miro para ningún lado.

Mateo señaló discretamente hacia donde estaba Julietta.

—¿Ah, no?

Lucas soltó una pequeña risa.

—Mateo... dejalo tranquilo.

Julietta giró la cabeza por casualidad.

Sus ojos se cruzaron otra vez con los de Gio.

Ella sonrió.

Él respondió con una pequeña sonrisa antes de mirar hacia otro lado.

Mateo abrió grandes los ojos.

—¡Lo hizo otra vez!

—¿Qué hice?

—Sonreír.

—Siempre sonrío.

Lucas negó con la cabeza.

—No tanto.

Antes de que Mateo pudiera seguir molestándolo, sonó el timbre anunciando la siguiente clase.

...

Al terminar la jornada, Gio, Mateo y Lucas fueron al gimnasio de la universidad para el entrenamiento de vóley.

Renata ya estaba allí haciendo ejercicios de calentamiento.

Al ver llegar a Gio, sonrió con ese aire desafiante de siempre.

—Pensé que hoy ibas a llegar tarde.

—Nunca llego tarde.

—Algún día tenía que pasar.

Mateo miró a Lucas.

—Ya empezaron.

Lucas sonrió.

—Es su forma de saludarse.

Renata tomó una pelota y la hizo girar entre sus manos.

—¿Listo para perder?

Gio cruzó los brazos.

—Primero intentá ganarme.

—Eso voy a hacer.

El entrenador hizo sonar el silbato.

—¡Todos a la cancha!

El entrenamiento comenzó inmediatamente.

Como siempre, Gio y Renata competían por cada punto.

Ninguno quería perder.

Desde las gradas, Emma y Julietta observaban el entrenamiento.

—Nunca había visto jugar tan en serio a dos personas —comentó Emma.

Julietta sonrió.

—Parecen discutir incluso cuando juegan.

Las dos rieron.

Después de casi una hora, el entrenador dio por terminado el entrenamiento.

Mientras todos guardaban sus cosas, un profesor pasó cerca del gimnasio con varias carpetas en las manos.

Al ver reunidos a los seis estudiantes, se acercó.

—Qué bueno encontrarlos juntos.

La próxima semana voy a hacer un anuncio muy importante para todo el curso.

Les recomiendo que no falten.

Los seis intercambiaron miradas curiosas.

—¿De qué se tratará? —preguntó Emma.

El profesor sonrió.

—Todavía es una sorpresa.

Lo sabrán muy pronto.

Después siguió caminando por el pasillo.

Mateo rompió el silencio.

—Mientras no sea otro examen...

Lucas soltó una risa.

—Conociendo a los profesores... nunca se sabe.

Gio miró a sus amigos.

No podía explicar por qué...

Pero sentía que aquel anuncio estaba a punto de cambiar muchas cosas.

Y ninguno de ellos imaginaba cuánto.

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