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El Chico Del Departamento 512

El Chico Del Departamento 512

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Romance / Malentendidos
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Descripción

La historia comienza con una joven de 20 años que decide independizarse y vivir sola en un apartamento. Lo que no imagina es que allí conocerá a un hombre que carga con un dolor profundo. Su esposa y su pequeño bebé murieron, dejándolo completamente destrozado. Desde aquella tragedia, él cambió por completo: comenzó a beber demasiado, salir de fiesta constantemente y vivir como si nada le importara. La joven pronto descubrirá que detrás de ese hombre fiestero, borracho y aparentemente despreocupado existe alguien que todavía sufre por su pasado. Sin quererlo, ella terminará entrando en su vida y descubriendo su historia.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19 — Unas flores para ti

Narra Eithan

Después de salir de la constructora, regresé al edificio con una sonrisa que no me cabía en la cara.

Había sido un día diferente.

Mi primer día de trabajo había salido mejor de lo que esperaba y, aunque estaba cansado, sentía una tranquilidad que no había tenido en mucho tiempo.

Subí hasta el quinto piso y llegué frente a mi apartamento.

Saqué las llaves.

Pero cuando estaba a punto de abrir, me quedé quieto.

Miré la puerta.

El apartamento 512 estaba completamente silencioso.

Antes, ese silencio no me importaba.

Ahora sí.

Entrar allí significaba estar solo con mis pensamientos.

Y esa noche no quería sentirme solo.

Miré hacia la puerta de Maidy.

Sonreí.

—Mejor voy donde ella.

Antes de subir, había pasado por una floristería y había comprado un pequeño ramo de flores.

No sabía mucho de flores, la verdad.

Solo sabía que se veían bonitas.

Y pensé inmediatamente en ella.

Caminé hasta su puerta y respiré profundamente.

—Bueno, pues... ¿qué puede salir mal?

Golpeé.

Toc, toc.

Escuché pasos.

La puerta se abrió.

Maidy apareció frente a mí.

Llevaba ropa cómoda y el cabello suelto.

Cuando me vio, sonrió.

—Hola, guapo.

Sentí una sonrisa aparecer en mi rostro.

—Hola, hermosa.

Ella miró mis manos.

—¿Y eso?

Le extendí el ramo.

—Son para ti.

Sus ojos se abrieron sorprendidos.

—¿Para mí?

—Sí.

—¿Me trajiste flores?

—Pues sí.

Las tomó cuidadosamente.

—Eithan...

—¿Qué?

—Nunca me habían regalado flores así.

—Entonces ya era hora.

Ella acercó las flores a su rostro y las olió.

—Están preciosas.

—No sabía cuáles comprar.

—Me encantan.

Me dio un beso en la mejilla.

—Gracias.

—De nada.

—Pase.

Entré al apartamento.

Maidy buscó un recipiente donde poner las flores.

Mientras ella acomodaba el ramo, yo la observaba.

—¿Qué? —preguntó.

—Nada.

—Otra vez mirándome.

—Es que estás bonita.

—Ay, usted sí está romántico.

—Estoy aprendiendo.

Ella soltó una risita.

—¿Cómo te fue en tu primer día?

—Bien.

—¿Muy cansado?

—Un poquito.

—¿Y te gustó?

—Mucho.

Me senté en el sofá.

—Creo que necesitaba volver a sentir que estaba haciendo algo con mi vida.

Maidy se sentó a mi lado.

—Estoy muy orgullosa de ti.

La miré.

—¿De verdad?

—Claro.

Sonreí.

—Eso significa mucho para mí.

Ella tomó mi mano.

—¿Y qué quieres hacer ahora?

Miré hacia la cocina.

—¿Quieres comer algo?

Ella soltó una carcajada.

—¿Usted me está preguntando si quiero comer?

—Sí.

—Siempre tengo hambre.

—Entonces estamos iguales.

—¿Qué quieres preparar?

Me levanté.

—Lo que sea.

—Yo puedo cocinar.

—No.

—¿Por qué?

—Hoy cocino yo.

Maidy abrió los ojos.

—¿Tú?

—Sí.

—¿Desde cuándo sabes cocinar?

—Desde siempre.

—Mentiroso.

—¿Cómo que mentiroso?

—La otra vez casi no sabías ni dónde estaban las cosas de la cocina.

Me reí.

—Bueno, hoy voy a demostrarle que puedo.

—A ver, pues.

Entramos juntos a la cocina.

Abrí la nevera y me quedé mirándola.

—¿Qué hacemos?

Maidy soltó una carcajada.

—¡Usted sí es mucho cuento!

—Bueno, ayúdame.

—Sabía que iba a terminar ayudándolo.

Sacamos algunos ingredientes y comenzamos a preparar algo sencillo.

Mientras cocinábamos, yo la miraba de vez en cuando.

Me gustaba esa sensación.

No había música fuerte.

No había alcohol.

No había amigos llamándome para salir.

Solo estaba yo con ella, en una cocina pequeña, preparando la cena.

—Maidy.

—¿Sí?

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por dejarme entrar.

Ella me miró confundida.

—Eithan, puedes venir cuando quieras.

Sentí algo en el pecho.

—¿De verdad?

—Sí.

—Entonces creo que voy a venir bastante.

—Ya me imaginaba.

Sonreí.

Después de un rato terminamos la comida y nos sentamos juntos.

Maidy tomó un bocado.

—No está mal.

—¿No está mal?

—Está rico.

—Eso suena mejor.

Nos reímos.

Después de cenar, nos quedamos hablando durante un buen rato.

Yo le conté algunas cosas de mi trabajo y ella me habló de sus clases.

Por primera vez en mucho tiempo, no sentí ganas de escapar de mi apartamento.

Porque ahora sabía que al otro lado del pasillo estaba la persona con la que quería compartir mis días.

Y aquella noche entendí que las flores no habían sido solamente un regalo para Maidy.

También habían sido una forma de agradecerle.

Por quedarse.

Por quererme.

Y por hacer que mi casa dejara de sentirse como un lugar vacío.

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