Kira es una loba fuerte y decidida, el tesoro más resguardado de la manada central. Durante la noche de su vigésimo cumpleaños, frente a la gran piedra ancestral, su destino parece sellarse al estallar el lazo de pareja con Jared, el Alfa del Este. A pesar de las dudas de su padre y sus hermanos mayores, Kira marcha con él a sus tierras, pero la convivencia no es lo que esperaban: el vínculo se siente vacío, no hay pertenencia y el dolor no aparece cuando deciden rechazarse de mutuo acuerdo.
Tras regresar a su hogar sumida en la incertidumbre, su tía le propone un viaje desesperado hacia el Reino de la Noche para buscar la sabiduría del vampiro Vlad. Allí, la Bruja Madre le revelará una maldición ancestral que pesa sobre la tercera generación de su sangre, condenándola a un desfile de parejas falsas. ¿Podrá Kira romper el castigo de la deidad y reconocer el verdadero latido de su corazón cuando el enigmático Aidan se cruce en su camino? Descúbrelo en el quinto y último libro de la saga
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CAPITULO 14. SENDEROS DE CONFUSION
A la mañana siguiente, el sol apenas lograba romper la densa y gélida neblina que cubría las torres del Reino de la Noche cuando los carruajes de la corte ya aguardaban alineados en el patio exterior de la fortaleza. El frío en esta región del norte era verdaderamente sobrecogedor, calando en la piel con la fuerza de un invierno perpetuo, pero la calidez de mi madre al acomodarse justo a mi lado en los asientos tapizados de terciopelo oscuro de inmediato me devolvió un hondo sosiego. Mis padres y mis tíos mostraban semblantes muy serios y concentrados; todos sabían perfectamente que estábamos a punto de cruzar las fronteras de lo conocido y adentrarnos en tierras extrañas simplemente para blindar mi vida. El viejo Vlad dio la señal de partida a los cocheros con un sutil asentimiento de cabeza desde su ventanilla y los carruajes iniciaron la marcha a paso rápido, adentrándose en la carretera forestal que conducía de forma directa hacia los desfiladeros nevados, el lugar apartado donde la Bruja Madre custodiaba los secretos más antiguos de la tierra.
El trayecto hacia el santuario oculto de las brujas no era demasiado largo en distancia física, pero el terreno que debíamos recorrer entrañaba una serie de desafíos sumamente complejos que ponían a prueba la templanza y el coraje de cualquier viajero. A medida que nos internábamos en los desfiladeros profundos del norte, el paisaje circundante se volvió completamente hostil y desolado. Los caminos de piedra irregular comenzaron a estrecharse de forma peligrosa entre inmensas paredes de roca oscura y una intensa ráfaga de viento helado sacudió la estructura de madera de la carrocería, levantando grandes cortinas de nieve que borraban los pinos del horizonte. Las brujas que habitaban en las alturas de los desfiladeros habían sembrado estos perímetros con trampas elementales y mallas de confusión, ilusiones visuales y ráfagas de aire helado diseñadas específicamente para disuadir a los viajeros rezagados y repeler con total firmeza a cualquiera que intentara invadir su territorio sagrado de origen sin una invitación previa.
En mitad del desfiladero más angosto, las ruedas de nuestro carruaje se detuvieron de golpe con un violento vaivén cuando una densa barrera de ramas congeladas y una extraña vibración de advertencia bloquearon el sendero por completo. El cielo pareció oscurecerse y el viento aulló con una fuerza ensordecedora entre las rocas. Mi loba, Vesta, se removió con fuerza en mis canales energéticos, soltando un rugido alerta en mi conciencia al capturar el peligro latente que nos rodeaba.
Sin embargo, viajar junto al mismísimo monarca de la noche resultó ser nuestro escudo definitivo frente a cualquier intento de sabotaje místico. Vlad descendió del carruaje con una tranquilidad absoluta, luciendo su larga capa oscura que ondeaba con el viento y barriendo la penumbra del desfiladero con sus ojos fijos colmados de un poder inmenso y ancestral. El viejo vampiro dio un paso firme sobre la nieve acumulada, extendiendo sus manos pálidas hacia la barrera mágica que nos cerraba el paso, liberando una corriente de energía que chocó de forma directa contra los conjuros de ocultación de las brujas. Su imponente presencia y la madurez de su rango disiparon las ilusiones en un parpadeo, provocando que las ramas congeladas se apartaran de forma pausada y silenciosa hacia los costados del camino, abriendo de nuevo el sendero forestal y devolviéndole la luz natural al claro.
—Las brujas cuidan con un celo extremo sus fronteras, Alexei —le habló Vlad a mi padre con una suavidad infinita que de inmediato nos devolvió la calma a todos, regresando a su asiento en el interior de la carrocería y acomodándose los puños con total elegancia—. Pero el antiguo tratado de paz que unifica a nuestras estirpes en estas tierras del norte es una muralla indestructible que nadie se atreve a quebrar. Ningún conjuro de confusión retrasará nuestra llegada ante el altar de la anciana.
Mi padre le dedicó un sutil asentimiento de cabeza, manteniendo una postura seria y firme mientras los carruajes reanudaban la marcha a máxima velocidad entre los desfiladeros nevados, dejando atrás la agitación del bosque. Habíamos sorteado los primeros obstáculos en mitad de la negrura gracias a la protección incondicional de nuestro aliado, listos para encarar la verdad que el destino aguardaba para mí en mitad de la inminente tempestad que ya comenzaba a vislumbrarse en mi horizonte.