Hace veinte años, ella le salvó la vida. Hoy, él por fin la encontró... pero ella no recuerda quién es. Mientras el pasado vuelve para destruirlos, Adrián deberá luchar contra quienes hicieron todo para separarlos. Porque esta vez, pase lo que pase... no piensa perderla otra vez.
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Capítulo 16: El abrazo que esperó veinte años
El bosque quedó en silencio.
Incluso el ruido del helicóptero parecía haberse alejado por unos segundos.
Emma permanecía inmóvil.
No podía apartar la vista de aquella mujer.
Su respiración era agitada.
Su corazón golpeaba con tanta fuerza que sentía que iba a romperle el pecho.
La mujer bajó lentamente de la roca sin dejar de mirarla.
Sus manos temblaban.
Durante veinte años había imaginado ese momento.
Lo había soñado miles de veces.
Pero ahora que finalmente ocurría...
No encontraba las palabras.
Emma dio un paso hacia ella.
—¿De verdad... sos mi mamá?
La mujer asintió con lágrimas en los ojos.
—Sí, mi amor.
Nunca dejé de serlo.
Emma sintió que el mundo desaparecía.
Corrió hacia ella.
Las dos se abrazaron con tanta fuerza que parecía imposible volver a separarlas.
Ninguna podía dejar de llorar.
—Perdoname... —repetía Emma entre sollozos.
—No, mi amor...
La mujer acariciaba su cabello como cuando era una niña.
—La que tiene que pedir perdón soy yo.
Nunca quise dejarte.
Nunca.
Adrián observaba la escena en silencio.
Por primera vez desde que comenzó aquella pesadilla, Emma recuperaba una parte de la familia que le habían arrebatado.
Petrov bajó la cabeza.
Había esperado ese abrazo durante veinte años.
Y finalmente sucedía frente a sus ojos.
La mujer tomó el rostro de Emma entre sus manos.
La observó detenidamente.
Sonrió mientras limpiaba sus lágrimas.
—Sos igual a cuando eras chiquita.
Solo creciste.
Emma también la observaba.
Intentaba memorizar cada detalle.
Cada gesto.
Cada sonrisa.
Era la primera vez que veía realmente el rostro de su madre.
—Te imaginé tantas veces...
Susurró.
—Yo también.
Todos los días.
Victoria besó su frente.
—Cada cumpleaños preparaba una torta.
Aunque no estuvieras.
Cada Navidad dejaba un regalo con tu nombre.
Aunque supiera que no ibas a abrirlo.
Emma rompió nuevamente en llanto.
No podía soportar tanto dolor mezclado con tanta felicidad.
Adrián se acercó con cautela.
No quería interrumpir.
Victoria levantó la vista hacia él.
Durante unos segundos permaneció completamente inmóvil.
Después sonrió.
—Mírate...
Ya sos todo un hombre.
Adrián bajó la cabeza con respeto.
—Señora Victoria.
Ella negó.
—No.
Después de todo lo que hiciste por Emilia...
Podés llamarme Victoria.
Él sonrió apenas.
—Me alegra verla con vida.
Ella tomó una de sus manos.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Porque cumpliste la promesa que hiciste cuando eras un niño.
Nunca dejaste de buscarla.
Los ojos de Adrián se humedecieron.
Jamás imaginó escuchar esas palabras.
Viktor interrumpió el momento.
—Perdón...
Pero no podemos quedarnos mucho tiempo.
El helicóptero volverá.
Victoria asintió inmediatamente.
Su expresión cambió por completo.
La dulzura desapareció.
Ahora volvía a ser una mujer que llevaba dos décadas huyendo.
—Tiene razón.
Tenemos que irnos.
Emma frunció el ceño.
—¿Y papá?
El silencio cayó otra vez.
Victoria bajó la mirada.
Tardó varios segundos en responder.
—Está vivo.
Emma sonrió con alivio.
Pero aquella sonrisa desapareció enseguida.
—¿Dónde está?
Victoria respiró profundamente.
—Nos separamos hace tres días.
—¿Qué?
—Era la única forma de aumentar las posibilidades de sobrevivir.
Emma sintió que el miedo regresaba.
—¿Entonces no sabés dónde está?
Victoria negó lentamente.
—La última vez que lo vi...
Se dirigía hacia las montañas del norte.
Petrov dio un paso adelante.
—Alexander jamás habría ido allí sin un motivo.
Victoria asintió.
—Porque allí está escondido el último secreto de nuestra familia.
Adrián cruzó los brazos.
—¿El Proyecto Legado?
Victoria lo miró sorprendida.
—¿Ya encontraron ese nombre?
Él sacó el expediente del bolsillo interno de su saco.
—Solo esto.
Ella tomó la carpeta.
Su rostro perdió el color.
—No...
No puede estar en sus manos.
Emma la miró confundida.
—¿Qué tiene de especial?
Victoria levantó lentamente la vista.
—Porque ese proyecto...
Nunca debió existir.
En ese instante se escuchó un disparo muy cerca de ellos.
¡Bang!
La bala impactó contra un árbol.
Los escoltas reaccionaron inmediatamente.
—¡Nos encontraron otra vez!
Viktor levantó los binoculares.
Su expresión cambió.
—No vienen por el bosque...
Vienen desde la montaña.
Victoria cerró los ojos.
Como si ya supiera quién era.
—Llegó demasiado rápido...
Adrián desenfundó su arma.
—¿Quién?
Victoria respondió con apenas un susurro.
—El hombre que creó el Proyecto Legado.
El disparo había sido solo una advertencia.
Nadie volvió a tirar.
El bosque quedó envuelto en un silencio inquietante.
Todos miraban hacia la montaña.
Las ramas se movían con el viento, pero no se distinguía a ninguna persona.
Viktor levantó nuevamente los binoculares.
Recorrió lentamente la ladera.
Su respiración comenzó a acelerarse.
—Hay movimiento...
Al menos diez hombres.
Todos con rifles de largo alcance.
Adrián apretó el arma entre sus manos.
—No podemos quedarnos.
Victoria negó con firmeza.
—Si corremos por el sendero principal, nos van a alcanzar en menos de cinco minutos.
Petrov dio un paso al frente.
—Todavía existe otro camino.
Todos lo miraron.
—Alexander y yo construimos una ruta de escape hace muchos años.
Atraviesa el bosque y termina detrás de las montañas.
Nadie la conoce.
Victoria asintió.
—Creí que el incendio la había destruido.
—No.
Yo mismo la revisé hace unos meses.
Sigue intacta.
Adrián tomó una rápida decisión.
—Entonces nos vamos por ahí.
Viktor dividió a los escoltas.
—Dos hombres abrirán camino.
Otros dos cubrirán la retaguardia.
Nadie se separa del grupo.
Emma permanecía junto a su madre.
Todavía le costaba creer que realmente estuviera viva.
La tomó de la mano con fuerza.
Como si temiera perderla otra vez.
Victoria sonrió con ternura.
—No me voy a ir.
Te lo prometo.
Emma respondió con una pequeña sonrisa.
—No vuelvas a hacerme esperar veinte años.
Las dos rieron apenas unos segundos.
Era una risa mezclada con lágrimas.
Con alivio.
Y con el miedo de que todo pudiera terminar en cualquier momento.
Comenzaron a avanzar entre los árboles.
Petrov iba adelante.
Conocía cada piedra del camino.
Después de caminar varios minutos llegaron hasta una enorme roca cubierta de musgo.
El anciano apoyó la mano sobre una de sus grietas.
Empujó con todas sus fuerzas.
Un ruido metálico rompió el silencio.
La roca comenzó a moverse lentamente.
Detrás apareció un estrecho túnel de piedra.
Emma abrió los ojos con sorpresa.
—¿Esto estaba acá todo este tiempo?
Petrov sonrió.
—Tu abuelo lo mandó construir durante la guerra.
Muy pocas personas saben que existe.
Adrián observó el interior.
Era oscuro.
Frío.
Pero parecía seguro.
—Entren.
Yo cierro el grupo.
Todos comenzaron a ingresar.
El último en hacerlo fue Petrov.
Empujó nuevamente la roca hasta dejar la entrada completamente oculta.
En ese mismo instante se escucharon voces del otro lado.
Los hombres armados habían llegado al lugar donde ellos estaban apenas unos segundos antes.
El túnel era angosto.
Las paredes de piedra conservaban antiguas antorchas.
Viktor encendió una de ellas.
La luz iluminó viejas inscripciones grabadas sobre la roca.
Emma pasó lentamente la mano por una de ellas.
—¿Qué significa esto?
Victoria observó los símbolos.
—Es el antiguo escudo de los Volkov.
Debajo hay una frase.
Emma leyó con dificultad.
—"La sangre protege... pero la verdad libera."
Adrián frunció el ceño.
—Otra vez hablan de la sangre.
Victoria respiró hondo.
—Porque el Proyecto Legado nunca tuvo que ver solamente con dinero.
Todos guardaron silencio.
Emma la miró fijamente.
—Entonces... ¿de qué se trata?
Victoria bajó la cabeza.
—Durante generaciones, nuestra familia protegió algo que muchas personas estarían dispuestas a matar por conseguir.
No es una joya.
No es oro.
Ni siquiera son las empresas.
Es mucho más importante.
Adrián sintió que cada respuesta traía nuevas preguntas.
—¿Qué es?
Victoria levantó lentamente la vista.
Estaba a punto de responder cuando Petrov se detuvo de golpe.
—Esperen.
Todos quedaron inmóviles.
Del otro lado del túnel se escuchaba un ruido.
Como si alguien estuviera golpeando una puerta de hierro.
Una.
Dos.
Tres veces.
Viktor levantó el arma.
—No estamos solos.
Las luces comenzaron a parpadear.
Un viejo generador eléctrico acababa de ponerse en marcha.
Las antorchas dejaron de ser la única fuente de luz.
Al final del túnel apareció una enorme puerta de acero.
Sobre ella había una placa oxidada.
Emma sintió un escalofrío al leerla.
LABORATORIO HELIOS
Adrián miró a Victoria.
Ella estaba completamente pálida.
Retrocedió un paso.
—No...
No puede ser.
Creí que este lugar había sido destruido hace muchos años.
Emma frunció el ceño.
—¿Qué había aquí?
Victoria cerró los ojos.
Una lágrima descendió por su mejilla.
Cuando volvió a abrirlos, su voz apenas era un susurro.
—Aquí comenzó la peor decisión que tomó nuestra familia...
Y aquí nació el Proyecto Legado.
En ese instante, la puerta del laboratorio comenzó a abrirse lentamente desde adentro.
Nadie la había tocado.
Un chirrido metálico recorrió el túnel.
Y una voz grave, desconocida, rompió el silencio.
—Sabía que algún día volverían.
Bienvenidos a casa... Volkov.
Continuará...