hace siglos la puerta unida conectaba todos los territorios en un solo mundo sin fronteras,donde humanos ,elfos,hombres lobos,magos y el pueblo misterioso vivían en paz . pero cuando una adivina advirtió que la temida oscuridad .
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La Guardia Y la Despedida
✨ Capítulo 18 — La guarida secreta y la despedida
Toni tomó la palabra con entusiasmo y dijo:
—Tenemos que enseñárselo, ¡claro que sí!
Todos asintieron con la cabeza, de acuerdo y contentos: ahora que Elara era parte del equipo, merecía conocer también el lugar que solo ellos compartían.
—Te enseñaremos nuestro escondite —repitió Toni con una sonrisa cómplice.
Pablo miró a los demás y preguntó con curiosidad:
—¿Saben dónde está?
—Seguro que está espiando al Consejo, como siempre hace —respondió uno, y todos rieron bajito—. Sí, seguro allá anda, atento a cada palabra.
—Bien —dijo Pablo volviéndose hacia Elara—, ven con nosotros, te mostraremos nuestra guarida.
Caminaron juntos hasta la gran biblioteca, un espacio inmenso, silencioso, rodeado de altísimas estanterías llenas de libros antiguos que olían a pergamino y tiempo pasado. No había nadie más allí, solo ellos y la luz suave que entraba por las ventanas altas. Se detuvieron frente a un muro entero formado por libros apretados, que parecía parte de la estantería misma, sin ninguna rendija ni puerta a la vista.
Pablo levantó la mano, pronunció unas palabras bajas y antiguas, y un brillo plateado recorrió el muro:
—¡Abre!
Al instante, los libros se separaron lentamente, dejando aparecer una puerta oculta que se abrió despacio, invitándolos a pasar.
—Pasa, Elara —le indicó Pablo con amabilidad.
Ella dio el primer paso, cruzando el umbral hacia un pasillo estrecho, cálido y iluminado por luces suaves que flotaban en el aire. Caminaron unos tramos más, alejándose del ruido y el bullicio, hasta llegar al lugar: la guarida. Era una sala acogedora, tranquila y llena de calma, muy distinta a los grandes salones solemnes del palacio. En el centro había una mesa amplia y resistente, rodeada de sillas cómodas, listas para reunirse, hablar, planear o simplemente descansar juntos.
Elara miró todo con ojos brillantes, luego miró a cada uno de sus nuevos compañeros y con voz sincera y llena de emoción dijo:
—Muchas gracias… de verdad, muchas gracias por aceptarme en su equipo. Prometo que me esforzaré al máximo, no los defraudaré y aprenderé todo lo necesario para estar a la altura.
Toni le dedicó una sonrisa rápida y miró hacia la salida con prisa pero con amabilidad:
—Vamos, subamos arriba rápido… ¡antes de que se den cuenta de que no estamos!
—Tiene razón, sí, vamos —asintió Ian enseguida—. Después, con calma, le contaremos todo sobre ti al otro miembro que falta, para que también te conozca bien.
Salieron de nuevo al pasillo, cerraron la puerta secreta con cuidado y salieron de la biblioteca. Al cruzar el patio, se encontraron de pronto con el equipo del guerrero. Allí estaba él, cargando con cuidado varias cajas fuertes que contenían todas sus pertenencias y objetos importantes, con la mirada seria y el paso firme.
Uno de los compañeros que lo ayudaba, con tono medio en broma, le dijo:
—Buena suerte allá… en el mundo de los humanos.
El guerrero lo miró al instante, con el ceño fruncido y voz cortante de enojo:
—Cállate.
Elara sintió que no debía quedarse más, así que se despidió suavemente:
—Ya me tengo que ir a mi casa… Nos vemos mañana.
El guerrero se dirigió también hacia la puerta principal, y Elara caminó a su lado unos pasos, a preguntar con calma:
—¿Todo está en orden?
Él la miró brevemente y asintió sin decir mucho.
—Bien… entonces nos vemos mañana en la escuela —dijo ella con tranquilidad.
Se separaron en la salida: él siguió su camino y Elara caminó hacia su hogar, con el corazón tranquilo y la mente llena de cosas nuevas que guardar. Al cruzar la puerta de su casa, su madre salió a recibirla enseguida, con esa mirada atenta y cariñosa que siempre tenía:
—¿Cómo te fue hoy, hija mía?
Elara sonrió, se quitó la mochila y respondió feliz y tranquila:
—Muy bien, madre… me fue muy bien.