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Bajo La Luna De Desierto: El Contrato Del Alfa

Bajo La Luna De Desierto: El Contrato Del Alfa

Status: Terminada
Genre:Vampiro / Hombre lobo / Mafia / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Araceli Settecase

Para salvar a su clan de la ruina, Zaira acepta un matrimonio forzado con Tariq Al-Rashid, el despiadado Alfa de la mafia vampírica de Dubái. Obligada a renunciar a su libertad, se adentra en un palacio de lujo y misterio que parece salido de Las mil y una noches. Pero el peligro real la espera al cruzar el umbral: el hombre con el que debe casarse no es su prometido inicial, sino el implacable y magnético padre de este, un inmortal de mirada abrasadora que esconde el secreto de un viaje en el tiempo. Entre sedas, dunas plateadas y miradas que queman, Zaira descubrirá que la línea entre el odio y la pasión más ardiente es tan fina como un suspiro.

NovelToon tiene autorización de Araceli Settecase para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: La Gran Ceremonia del Sol y la Luna

El jet privado de la dinastía Al-Rashid cortó los cielos de Oriente Medio justo cuando el alba comenzaba a teñir las dunas del desierto con un degradado impasible de oro, rosa y cobre. Desde las ventanillas blindadas de la cabina principal, la silueta inconfundible de Dubái emergía del horizonte como una colección de agujas de cristal y acero desafiando a las nubes. En el centro exacto de la metrópolis, la Torre Al-Rashid se erigía imponente, proyectando una sombra monumental sobre el golfo Pérsico.

​En el interior de la suite del aire, el silencio era denso y sereno.

​Zaira descansaba recostada sobre el amplio diván de cuero y seda negra, observando las nubes pasar a través del cristal. Llevaba puesto un conjunto de lino marfil de dos piezas que ceñía su figura con discreción, manteniendo la compostura impecable de una mujer que había dejado atrás cualquier rastro de duda. Sobre la mesa de centro de nogal pulido, el expediente final firmado en la Cumbre de Roma y los informes de seguridad de la red global del imperio reposaban bajo el peso de una daga ornamental de damasco.

​Tariq emergió de la oficina privada del fuselaje, desabrochándose los dos primeros botones de su camisa de lino oscuro. Su envergadura física dominaba el espacio con la naturalidad de un rey que se desplaza por sus dominios. Sus ojos ámbar, serenos pero dotados de una profundidad abismal, se fijaron de inmediato en Zaira.

​—Faltan veinte minutos para el aterrizaje —habló el Alfa, su voz grave resonando en la cabina con una vibración cálida—. La guardia de la torre y los consejeros del gran consejo ya se han congregado en el patio del sol. Toda la aristocracia de la mafia, desde los emires del desierto hasta los jefes de las familias europeas, aguardan para la ceremonia de coronación.

​Zaira se incorporó despacio, deslizando sus pies hacia las zapatillas de tacón que reposaban en el suelo. Alzó la mirada para encontrar los ojos de Tariq.

​—¿Están listas las celdas inferiores? —preguntó ella sin vacilación en el tono.

​—Samir ha sido trasladado definitivamente a la fortaleza de confinamiento en las montañas de Omán —respondió Tariq, acortando la distancia entre ellos y sentándose a su lado en el diván—. No volverá a ver la luz del sol ni la de la luna. Malik y los suyos han sido despojados de cualquier rango y expulsados del territorio. El palacio está limpio, Zaira. Absolutamente limpio.

​Tariq extendió la mano y tomó la barbilla de la joven con una delicadeza extrema que contrastaba con la fuerza bruta de sus puños. La yema de su pulgar acarició el labio inferior de Zaira, provocando una chispazo de calor instantáneo que recorrió la columna de la joven.

​—Hoy no solo te proclamas co-gobernante ante los mortales y los inmortales —susurró él, inclinándose para rozar sus labios con los de ella en un beso lento, posesivo y cargado de una devoción añejada durante siglos—. Hoy el mundo entenderá que la casa Al-Rashid tiene una sola reina, y que mi vida le pertenece a ella.

​Zaira rodeó el cuello de Tariq con un brazo, acortando el espacio para profundizar el beso con una entrega absoluta. El aroma a sándalo y lluvia del Alfa llenó sus sentidos, recordando el fuego que los había unido en el pasado de Isfahán y la ferocidad con la que habían defendido su imperio en el presente.

​—Que comience la ceremonia, mi Alfa —dijo ella contra sus labios cuando finalmente se separaron.

​El helicóptero imperial depositó a la pareja en el helipuerto privado del piso noventa de la torre. Desde allí, descendieron a través de ascensores privados de cristal directamente a la gran sala de la cúpula, un recinto monumental de tres pisos de altura construido con mármol blanco de Carrara, pilares de oro fundido y una bóveda vidriada que permitía contemplar el cielo abierto de Dubái.

​El patio de la cúpula estaba repleto. Más de quinientas personalidades influyentes de la alta sociedad clandestina mundial —líderes de cárteles, diplomáticos del inframundo, antiguos nobles de la Europa del Este y los guerreros de la estirpe inmortal— vestían de etiqueta rigurosa y túnicas tradicionales para presenciar el evento histórico.

​El silencio fue absoluto en el instante en que las puertas dobles de cedro y plata del fondo del salón se abrieron de par en par.

​Tariq avanzó primero, vistiendo la túnica ceremonial de los primeros Alfas: un diseño impecable de terciopelo negro pesado con bordados de hilo de oro que dibujaban constelaciones antiguas en los hombros y la espalda. A su lado, deslumbrando a cada uno de los presentes, caminaba Zaira.

​El vestido que llevaba puesto para la coronación había sido diseñado a mano durante tres semanas: una pieza de seda líquida en tono azul medianoche que caía como una cascada sobre su silueta, ceñida a la cintura por una faja de cuero negro y placas de plata grabadas con las runas del santuario de la luna. Sobre sus hombros caía una capa corta de terciopelo a juego con la túnica de Tariq, y su cabello oscuro estaba recogido en una corona elaborada de trenzas y alfileres de zafiro.

​Caminaron juntos por la alfombra carmesí que cruzaba el gran salón, flanqueados por la guardia de honor con espadas en alto. La presencia de ambos emanaba una autoridad tan aplastante que ninguno de los asistentes se atrevió a pestañear.

​Al llegar al estrado principal, donde dos tronos de basalto negro y plata aguardaban ante la cristalera de la cúpula, el anciano Baraz —quien había viajado desde el refugio secreto para actuar como Gran Maestre del ritual— dio un paso al frente sosteniendo un cáliz de oro de tres asas y la corona doble de la dinastía.

​—Pueblo de la noche y señores del inframundo —la voz del anciano resonó en la acústica colosal del recinto—. Ante las estrellas que presenciaron el origen de nuestra estirpe y ante la sangre que unió las eras de la tierra, la dinastía Al-Rashid reclama su centro.

​Tariq se giró hacia Zaira. Con gesto Solemne, desenvainó una pequeña daga de plata pura con empuñadura de lapislázuli. Hizo un leve corte en la palma de su mano izquierda, dejando que unas gotas de su sangre inmortal cayeran en el cáliz de oro. Luego ofreció la empuñadura a Zaira.

​Zaira no vaciló. Tomó la daga, realizó el mismo procedimiento en la palma de su mano derecha y permitió que su sangre se mezclara con la del Alfa.

​Baraz alzó el cáliz hacia la cúpula vidriada. La luz del sol matutino atravesó el cristal, encendiendo el líquido en un destello dorado y azul que provocó un murmullo de asombro entre la multitud.

​—La sangre de las sacerdotisas y la fuerza del primer Alfa son una sola —proclamó Baraz—. Por el poder que las eras otorgan y la lealtad de la casa Al-Rashid, les presento a los gobernantes supremos de nuestro imperio.

​Tariq tomó la corona de plata y zafiros y la posó con extrema devoción sobre la cabeza de Zaira. Acto seguido, Zaira tomó la corona de oro y bronce de los Alfas y la colocó sobre las sienes de Tariq.

​El Alfa se giró hacia la multitud, sujetando la mano de Zaira y elevándola hacia el cielo.

​—¡Larga vida a la Reina Zaira! ¡Larga vida al imperio! —gritó el capitán de la guardia.

​La multitud estalló en una ovación atronadora. Los líderes de la mafia europea, los príncipes del desierto y los guerreros inmortales se inclinaron al unísono en una reverencia total de vasallaje. Zaira observó la marea de personas rendidas a sus pies, sintiendo cómo la fuerza de su linaje y el amor inquebrantable de Tariq la envolvían en una coraza invencible.

​Al caer la noche, las festividades de la coronación continuaban en los niveles inferiores de la torre, pero la suite imperial del piso ochenta y cinco se mantenía como un santuario privado e inexpugnable.

​Las brasas de la gran chimenea de mármol proyectaban un resplandor cálido sobre la alfombra de piel blanca. Zaira se había despojado de la capa ceremonial y de la corona, permaneciendo únicamente con el vestido de seda azul medianoche. Se hallaba de pie junto a la terraza abierta, observando la inmensidad de la ciudad iluminada a sus pies.

​Tariq caminó en silencio hasta colocarse detrás de ella. Sus brazos gigantescos la rodearon por la cintura, pegando la espalda de la joven contra la firmeza de su pecho. El Alfa hundió el rostro en la curva de su cuello, inhalando con fruición el aroma a piel tibia y jazmín que lo enloquecía.

​—La coronación ha concluido, mi reina —murmuró Tariq, la voz vibrando en su garganta con una pasión contenida que hizo estremecer a Zaira—. El mundo entero sabe a quién pertenece este imperio. Y yo solo deseo enseñarte a quién le pertenezco yo cuando las puertas se cierran.

​Zaira se giró lentamente entre sus brazos, apoyando las manos en los hombros esculpidos de Tariq. Sus ojos oscuros brillaban con un fuego que rivalizaba con el resplandor de las estrellas sobre el mar.

​—Muéstramelo, mi Alfa —susurró ella, uniendo sus labios a los de Tariq en un beso ardiente, salvaje y definitivo.

​Tariq la tomó en brazos sin esfuerzo, elevándola mientras la seda azul resbalaba suavemente por su cuerpo, disponiéndose a entregarle la noche entera en una celebración de poder, amor y deseo inmortal.

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Blanca Montero Angulo
Gracias escritora bellísima novela. Dios te bendiga infinitamente. un abrazo a la distancia. 😘😘🙏🙏🙏🙏🙏
Blanca Montero Angulo
Jajajajaja jajajajaja los personajes llevan el conteo de los capítulos que faltan 🤔🤔🤔🤔😅😅😅🤣🤣🤣🤣🤣
Blanca Montero Angulo
😘😘😘😘😍😍😍🤔🤔🤔🤔
Blanca Montero Angulo
Al fin mataron a ése infeliz de jafar 😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡
Blanca Montero Angulo
Oh es una novela atrapante 🤔🤔🤔🤔😍😍😍😍😍😍
Blanca Montero Angulo
😍😍😍😍😍😍😍😍😍😍😍
Blanca Montero Angulo
Era en tiempo pasado 🤔🤔🤔🤔🤔🤔😡😡😡😡😡😡😡
Blanca Montero Angulo
Que interesante inicio. gracias bendiciones 😘 🙏
Martha Divas Delgado
o me encantó un asta pronto creo por k una historia así es hermosa 🥰
Martha Divas Delgado
🥰continuarán con su legado k bello zaira está embarazada☺️
Martha Divas Delgado
🤭 me gusta k tariq cuente los capítulos k faltan para finalizar la historia
Martha Divas Delgado
hay dios pensé k jafar los iba a atrapar 🥹 en el pasado
Martha Divas Delgado
me encantan esta historia le doy todo
Renata Mabel
🦆✨
Martha Divas Delgado
autora no tardes mucho en actualisar
Martha Divas Delgado
hayyyyy me encanta hay muchos peligros por dios
Martha Divas Delgado
🥰 me encanta es un camino k recorrerán juntos a ver k pasa con samir
Martha Divas Delgado
🥰 se está poniendo más buenaaaaaaaaaa🤭
Martha Divas Delgado
ufffffffff empesamos bien 🤭
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