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El Chico Del Departamento 512

El Chico Del Departamento 512

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Romance / Malentendidos
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Descripción

La historia comienza con una joven de 20 años que decide independizarse y vivir sola en un apartamento. Lo que no imagina es que allí conocerá a un hombre que carga con un dolor profundo. Su esposa y su pequeño bebé murieron, dejándolo completamente destrozado. Desde aquella tragedia, él cambió por completo: comenzó a beber demasiado, salir de fiesta constantemente y vivir como si nada le importara. La joven pronto descubrirá que detrás de ese hombre fiestero, borracho y aparentemente despreocupado existe alguien que todavía sufre por su pasado. Sin quererlo, ella terminará entrando en su vida y descubriendo su historia.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22 — Volvió el hombre de antes

Iba manejando sin saber siquiera para dónde iba.

Las lágrimas me caían por las mejillas y apenas podía ver bien la carretera. Tenía la mandíbula apretada y las manos agarradas con fuerza al volante.

No podía dejar de escuchar la voz de Maidy.

“Estoy embarazada.”

Y después escuchaba mi propia voz.

“No quiero ser padre otra vez.”

Cerré los ojos por un segundo mientras esperaba el cambio del semáforo.

—¿Qué hice? —murmuré.

Pero en lugar de regresar al apartamento, seguí manejando.

No quería pensar.

No quería recordar.

No quería enfrentar a Maidy.

Necesitaba apagar todo lo que tenía en la cabeza.

Entonces vi una tienda.

Frené.

Entré y compré una botella de guaro.

El señor del mostrador me miró.

—¿Algo más?

—No.

Pagué y regresé al carro.

Me quedé unos segundos mirando la botella.

—Esto es lo único que sé hacer cuando todo se va a la mierda.

Abrí la botella y tomé un trago.

Sentí el ardor bajando por mi garganta.

Pero no sirvió.

Seguía pensando en Maidy.

Seguía pensando en el bebé.

Y seguía viendo el rostro de Domenica.

—No puedo volver a pasar por lo mismo.

Arranqué nuevamente.

Después de conducir durante un rato, terminé frente a un bar que conocía demasiado bien.

Era uno de esos lugares donde había pasado muchas noches antes de conocer a Maidy.

Miré el letrero.

—Aquí.

Entré.

La música estaba fuerte, las luces eran bajas y varias personas estaban tomando.

Apenas me vieron, algunos conocidos comenzaron a saludarme.

—¡Eithan!

—¡Parce!

—¿Dónde se había metido?

Yo levanté una mano.

—Aquí estoy.

Uno de mis amigos se acercó.

—¡Hombre! Pensamos que se había desaparecido.

—Pues ya volví.

—¿Qué pasó con usted? Hace rato no aparecía.

—Nada.

—¿Y Maidy?

Apenas escuché su nombre, mi expresión cambió.

—No hablemos de eso.

Mi amigo levantó las manos.

—Bueno, pues.

Me senté en una mesa.

Pedí otro trago.

Después otro.

Y otro.

No quería parar.

La música seguía sonando, pero dentro de mi cabeza solo había silencio y recuerdos.

Domenica.

Mi hija.

Maidy.

El embarazo.

Me llevé las manos al rostro.

—No...

Uno de mis amigos me miró.

—¿Está bien?

—Sí.

—No parece.

—Estoy bien, le dije.

Mi tono fue tan brusco que él dejó de preguntar.

Tomé otro trago.

Sentía cómo el alcohol comenzaba a hacer efecto.

Pero ni siquiera así podía olvidarlo.

—Ahhh...

Golpeé la mesa con fuerza.

Los vasos temblaron.

—¡Maldita sea!

Varias personas voltearon a mirarme.

—¿Por qué?

Volví a golpear la mesa.

—¿Por qué tenía que pasar esto?

Mi amigo se acercó.

—Parce, cálmese.

—¡No me diga que me calme!

—Eithan...

—¡Yo no quería volver a sentir esto!

Me levanté de la silla.

—Yo estaba bien.

—¿Bien?

—Sí.

Me pasé una mano por el cabello.

—Tenía mi trabajo. Tenía mi vida. Estaba con Maidy...

Mi voz comenzó a quebrarse.

—Y ahora...

No pude terminar.

Mi amigo me miró con preocupación.

—¿Maidy está embarazada?

Lo miré sorprendido.

—¿Cómo sabe?

—Por lo que acaba de decir.

Me quedé callado.

—Sí.

Mi amigo respiró profundamente.

—Parce, eso no tiene por qué ser malo.

—Para usted es fácil decirlo.

—No.

—Yo ya perdí un bebé.

La música seguía sonando alrededor, pero para mí parecía haberse apagado.

—Yo ya sé lo que es esperar en un hospital.

Tragué saliva.

—Sé lo que es recibir una noticia que te cambia la vida.

Me quedé mirando la botella.

—Y sé lo que es salir de ahí sin tu familia.

Mi amigo no respondió.

—No quiero volver a pasar por eso.

—Pero esta vez es diferente.

—¿Cómo sabe?

—Porque Maidy está viva. Tú estás vivo. Y ese bebé está aquí.

Lo miré.

Sus palabras me hicieron pensar.

—Yo le dije cosas horribles.

—¿Qué le dijiste?

Bajé la mirada.

—Que no quería ser padre otra vez.

Mi amigo suspiró.

—Eso la debió destruir.

Sentí un nudo en la garganta.

—Lo sé.

—Entonces deje de tomar y vaya a hablar con ella.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque tengo miedo.

—¿De qué?

Miré nuevamente la botella.

—De querer a ese bebé.

Mi amigo se quedó callado.

—Porque si lo quiero...

La voz se me quebró.

—Si lo quiero, también voy a tener miedo de perderlo.

—Eithan, eso no significa que tengas que alejarte.

Cerré los ojos.

Por primera vez aquella noche entendí que el problema no era el bebé.

El problema era mi miedo.

Mi pasado.

Mi dolor.

Y todo lo que todavía no había aprendido a enfrentar.

Miré la botella.

—Yo pensé que había cambiado.

—Sí cambiaste.

—Entonces, ¿por qué estoy aquí?

Mi amigo señaló la botella.

—Porque todavía estás aprendiendo.

Me quedé en silencio.

Después de unos segundos agarré la botella y la dejé sobre la mesa.

—No quiero seguir.

—¿Seguro?

Asentí.

—Sí.

Me levanté.

Las piernas me temblaban un poco.

—Tengo que volver.

—¿Con Maidy?

Miré hacia la puerta.

—Sí.

Pero antes de salir, me quedé quieto.

—Ojalá todavía quiera escucharme.

Mi amigo me dio una palmada en el hombro.

—Vaya y dígale la verdad.

Respiré profundamente.

—Tengo miedo.

—Entonces dígaselo.

Salí del bar.

El aire frío de Manizales me golpeó el rostro.

Miré hacia el cielo y cerré los ojos.

—Domenica...

Una lágrima volvió a caer.

—Ayúdame a no volver a ser el hombre de antes.

Y por primera vez aquella noche, en lugar de buscar otra botella, busqué las llaves del carro.

Quería regresar a casa.

Quería mirar a Maidy a los ojos.

Y pedirle perdón.

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