●Secuela De La Novela: {Tu Guardián Sádico}.
●Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
●Separados por el engaño, la ambición y los hilos de poder de la poderosa dinastía Courteney, el tierno omega puro Cyrus se ve obligado a huir a los Hamptons para proteger el futuro de su alfa, llevando en su vientre el fruto de su amor en solitario. Durante tres largos años, Cyrus sufre la agonía de un nido vacío, consumido por la melancolía y el aislamiento de su jaula de oro, con su pequeño cachorro Cassian como único ancla para seguir adelante.
Mientras tanto, en Suiza, el desamparado alfa huérfano del pasado se ha transformado en Ethan Blackburn: un colosal, implacable y sádico magnate corporativo que ha levantado un imperio de acero para llenar el vacío de su ausencia. Armado con informes confidenciales y movido por un instinto territorial indomable, Ethan descubre la verdad sobre el sacrificio de su omega y planea una emboscada quirúrgica en Manhattan. No va a negociar.
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Capítulo 22: El despertar en la fortaleza
Capítulo 22: El despertar en la fortaleza
Novela: El Secreto De La Golondrina.
Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
La primera noche completa dentro de la inexpugnable fortaleza de Ginebra transcurrió bajo el manto de un silencio sepulcral, roto únicamente por el rítmico susurro del viento alpino que golpeaba los ventanales blindados. En la suite principal, el aire se había estabilizado en una fragancia densa, perfecta y abrumadoramente territorial. La marea de pino negro y lluvia de tormenta de Ethan se había fusionado de tal manera con las clavelinas de mar de Cyrus y la manzanilla dulce del pequeño Cassian que el espacio ya no se sentía como una habitación de paso, sino como el nido definitivo de una manada restaurada.
Cyrus despertó cuando los primeros rayos del sol europeo, pálidos y fríos, se filtraron por las rendijas de las pesadas cortinas de terciopelo.
Al abrir los ojos claros, el joven omega de veintiséis años experimentó un vuelco en el corazón. Durante los últimos tres años en los Hamptons, el despertar siempre había estado acompañado por una opresiva sensación de vacío y la hiel de la melancolía. Sin embargo, esta mañana, su cuerpo estaba envuelto por un calor colosal y una pesadez biológica que lo anclaba por completo al colchón.
Ethan Blackburn estaba a su lado, profundamente dormido. El magnate implacable, el adicto al trabajo que solía mantener una postura rígida ante el mundo, yacía de lado, con un brazo robusto y texturizado firmemente estallado sobre la cintura de Cyrus, atrapándolo contra su amplio pecho en un agarre posesivo pero carente de violencia. Justo en el espacio que quedaba entre ambos adultos, ovillado en el centro del nido de sedas, el pequeño Cassian de casi dos años dormía plácidamente, respirando con una cadencia perfecta mientras sostenía con sus pequeños dedos de porcelana un trozo de la camisa gris de su padre.
Cyrus se quedó inmóvil, conteniendo el aliento para no romper el milagro. Observó las facciones afiladas de Ethan, ahora relajadas por el sueño, y sintió un torrente de sumisión y alivio biológico inundar su glándula aromática. La certeza de que ya no tenía que fingir ser la joya inalcanzable de Nueva York, ni soportar el escrutinio egocéntrico de su padre Louie, lo hizo soltar un suspiro trémulo.
Con extrema delicadeza, Cyrus estiró una de sus manos blancas y acarició la línea de la mandíbula de Ethan. El sutil roce y el brote instantáneo de sus feromonas de clavelinas activaron los instintos del alfa.
Los grandes ojos oscuros de Ethan se abrieron de golpe, fijos e intensos, enfocándose de inmediato en su omega. No hubo confusión en su mirada, solo una posesividad sádica y una devoción infinita que se encendieron al unísono. Su agarre en la cintura de Cyrus se tensó, atrayéndolo unos centímetros más cerca, hasta que sus frentes se rozaron.
—Buenos días, mi bella golondrina —susurró Ethan, con su voz matutina volviéndose aún más grave, ronca y rasposa—. Temía que al despertar descubriera que todo esto había sido un truco de mi mente adicta al trabajo.
—Estoy aquí, Ethan... —respondió Cyrus en un hilo de voz, permitiendo que sus mejillas se tiñeran de un tierno color carmín—. Cassian y yo estamos aquí. No nos vamos a ir.
Ethan bajó la mirada hacia el cachorro, que comenzaba a removerse ante el sonido de las voces. El pequeño Cassian abrió sus propios ojos oscuros —idénticos a los de su padre— y al reconocer el rostro del colosal alfa, no dudó un segundo; gateó por encima de las mantas y se dejó caer directamente sobre el pecho de Ethan, soltando una risilla cristalina y frotando su cabeza de rizos oscuros contra la barbilla del magnate, buscando impregnarse de su rústico aroma a tormenta.
Una sonrisa legítima y radiante, desprovista de la frialdad corporativa que usaba en Suiza, iluminó las facciones de Ethan. El magnate rodeó el tierno cuerpo de su hijo con sus manos largas, levantándolo en el aire por un breve segundo antes de acomodarlo contra su hombro ancho, soltando una ráfaga reconfortante de sus feromonas para acunar los instintos del menor.
—Es un espécimen perfecto, Cyrus —declaró Ethan con un orgullo paternal incontenible, mirando de reojo al omega—. Tu padre y tus hermanos mayores podrán haberlo cuidado con su oro, pero este cachorro lleva la sangre Blackburn. En unos días cumplirá sus dos años, y nos encargaremos de que tenga la celebración que se merece, lejos de la jaula de los Courteney.
Cyrus sonrió con dulzura, pero una pequeña sombra de preocupación cruzó sus ojos claros al escuchar la mención de su linaje.
—Ethan... sabes que Louie ya debe tener a sus cartógrafos cibernéticos y a la firma de Marisol rastreando cada hangar de Europa —advirtió el menor, apoyando la mano en el pecho del alfa—. Cedric es impulsivo y violento cuando se trata de mí. No se detendrán hasta romper las puertas de esta mansión.
Ethan Blackburn se reclinó contra las almohadas, entrelazando los dedos sobre el regazo mientras mantenía a Cassian sujeto contra su costado. Su mirada oscura se ensombreció, adoptando esa fijeza implacable que utilizaba para destruir a sus competidores en el mercado internacional. Su aroma a pino negro y tempestad estalló en la suite con una densidad violenta y flemática, marcando el espacio como un territorio prohibido para cualquier extranjero.
—Que vengan, Cyrus —sentenció el magnate con una calma gélida que resultaba aterradora—. Dejé un rastro lo suficientemente complejo en América para mantenerlos entretenidos una semana completa. Y para cuando el verdugo de Manhattan logre descifrar las coordenadas de Ginebra, se encontrará con que esta fortaleza está blindada bajo las leyes europeas y mi propia seguridad militarizada. Ya no eres la golondrina desprotegida de los Alpes, y yo ya no soy el huérfano al que podían pisotear. Si la dinastía Courteney quiere una guerra por este nido, les demostraré que la tormenta de un Blackburn es capaz de ahogar incluso al imperio más grande de Nueva York.