Lena una joven moderna estudiante de primer año de la universidad, muere en su camino al centro universitario cuando una pared en construccion cayo sobre ella.
Abre sus ojos en un lugar que no conocía pero había estudiado a la perfección, la antigua china, justamente en una historia de amor que había leído hace poco.
fanática de dramas e historias relacionadas a esta cultura se vio inmersa en una de las historias que leía.
Pero el colmo era que reencarnó en una mendiga estafadora que aparecía y moría en medio capítulo. sabía su fin, aún así algo la llevo a querer continuar y no darse el tiempo de morir.
El secundario, aquel que amaba a la protagonista pero estaba destinado a no ser.
El duque Xi.
Lena tomo como misión conquistar a ese hombre, para hacerlo necesitaba algo.
Un nombre, edad, una familia que la respaldará y sabía exactamente como conseguirlo, lo había leído.
¿lograra conquistar a su secundario?
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Cap 13
Sean, quien no sospecha de lo que decía su ahora esposa, se acerca a ellos. Hace una leve reverencia con la cabeza.
—Suegros.
Lena se separa de sus padres postizos, vuelve a donde está Sean y se para a su lado entrelazando sus brazos. El duque y su esposa llevan su mirada hacia él, tratando de mantener la compostura.
—Pasen, tenemos todo listo.
Sean mira a Lena, quien parece muy feliz, pero esto contrasta totalmente con la actitud de los He. Entran a la mansión.
En el salón principal, ambos hermanos los esperan. Por supuesto que Lin, el varón, no quiere ni ver a Lena; aun así, cumple con el protocolo y los saluda como es debido. Dilia, por su parte, saluda, pero en su rostro se nota su molestia.
Sean observa cada gesto, cada expresión, y luego ve a Lena, quien luce igual de feliz que siempre: no hay ningún cambio en ella.
“¿Qué le hizo a esta familia?”, piensa antes de sentarse.
El duque y la duquesa se arrodillan frente a Sean.
—Queremos disculparnos por el cambio de novia. Esta hija, recién llegada, dijo que amaba al duque Xi; ya está en edad de casarse y, como recompensa por su sufrimiento al estar sin familia, se le concedió. Si el duque así lo quiere, podemos ir ante el emperador y pedir la anulación. Acepto el castigo —dice el señor He con voz lastimera.
—No hay problema, no se disculpen —Sean niega con las manos—. ¿Enamorada de mí? —pregunta mirando a Lena.
—Por supuesto. Te lo dije desde que nos vimos: yo salté a tus brazos y te reclamé como mío con un beso, ¿o no…?
Sean le tapa la boca y se cubre los ojos. Quiere que el suelo se abra y lo trague en ese instante.
—Cállate…
Lena le da unos golpecitos en las manos para que la suelte. En cuanto su boca queda libre, vuelve a hablar:
—¿Para qué preguntas si no te agrada mi respuesta? —Cruza los brazos—. Quién entiende a este hombre.
Sean se golpea la frente y se masajea la cabeza.
“Descarada”.
El duque y su esposa miran la escena incrédulos; ni hablar de los jóvenes de la familia, que se miran entre ellos y luego observan la interacción de la pareja. En ese momento, el duque He lo entiende: aunque a Sean parece molestarle la forma de ser de Lena, le gusta más de lo que quiere hacer notar.
Todo el salón cae en tensión, nadie habla. Sean sigue masajeándose la cabeza y Lena permanece sentada a su lado, dándole la espalda.
—Señor, señora, la comida ya está lista —interrumpe un sirviente.
—Sí, sí —dice el duque levantándose rápidamente para ayudar a su esposa—. Vamos a comer.
—Un momento, suegro. Ren, trae los regalos.
Ren entra con varias cajas que entrega a cada uno de los integrantes de la familia He.
El duque sonríe: lo suyo es un jade exquisito del sur, circular y con algunas figuras geométricas esculpidas en todo el borde. Se nota lo costoso que es. A la duquesa le da un juego de cadenas, zarcillos y un buyao (horquilla) a juego, todos de oro con diamantes como piezas centrales en forma de gotas. Algo parecido recibe Dilia, aunque más sencillo para que vaya acorde a su edad. A Lin le corresponde una daga con mango y protector de oro con incrustaciones de diamantes.
Lena los ve, luego mira a Sean y vuelve a darle la espalda.
“Sí, sé que es magnánimo, pero esos regalos son demasiado para esta familia”.
“Calma, Lena, tienes que pedirles ayuda de nuevo”. La sonrisa vuelve a aparecer en sus labios y observa a la duquesa.
—Madre, necesito hablar contigo.
—Vamos a comer —la duquesa sale casi corriendo sin dejarla hablar.
Lena se levanta y la sigue al mismo ritmo.
—Madre, espérame.
Sean se levanta y mira al duque; ambos ven a las mujeres correr.
—¿Vamos? —pregunta el señor He. Sean asiente y las siguen.
La duquesa sabe que esa descarada mendiga le va a pedir algo, por lo que corre con todas sus fuerzas hacia el comedor. Lena, tras ella, no puede creer que esa señora sea capaz de correr tanto.
“Esta vieja desgraciada…”. Se detiene, respira varias veces y continúa. —Me darás lo que quiero — dice casi a gritos.
Al llegar al comedor, la duquesa tose con brusquedad, pero se ríe a la vez. Hace mucho tiempo no corría así; esta demonia la hizo correr, pero aun así le parece gracioso.
—Déjame en paz, no te daré nada.
Lena, al verla reír, hace lo mismo. Acariciando su cansancio, se acerca a ella dándole unas palmaditas en la espalda.
—Madre, no te esfuerces demasiado, no podrás escapar de mí.
—Muchacha estúpida —la duquesa no aguanta y le da un golpe en la cabeza.
Lena, quien jamás ha sido golpeada de esa manera, se cubre la cabeza, abre los ojos a más no poder y señala a la duquesa.
—Tú… —suelta una risita—. ¿Me golpeaste?
—Quién te manda a hacerme correr. Anda a comer, quedé agotada.
Lena aún no logra procesar lo que acaba de pasar. Le parece gracioso de cierta forma que aquella señora, que siempre la miraba con ira por lógicas razones, hoy se ría y la golpee de esa forma.
—Bien, voy a comer.
Del shock, se sienta obedientemente en su lugar. La duquesa la mira desconcertada; esperaba otra reacción, pero al verla así, sonríe y se sienta también.
Al poco tiempo llega el resto. El duque espera encontrar un desastre en el comedor por causa de esas dos mujeres, al igual que Dilia y Lin; sin embargo, ambas están en paz y hasta se miran soltando algunas risitas cómplices.
“¿Qué demonios pasa aquí? ¿Qué le diría esta vez a mi esposa?”, piensa el duque mirando a su mujer.
—Ven, esposo —él se sienta a su lado y ella le susurra al oído algo para calmarlo—: No pasó nada, no he sido chantajeada.
Sean, antes de sentarse, observa todo. Aún siente que hay algo extraño, pero no logra descifrar qué es.
“Lena, ¿quién eres tú?”.
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Ya es mañana 🤣 aquí los dos capitulos