Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.
Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.
Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.
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Un nuevo comienzo
Fui al baño y realmente me veía repugnante. Qué vergüenza. Estaba sudada, tenía el maquillaje corrido y el vestido completamente desorganizado. Pero qué horror. Me lavé el rostro e intenté arreglar un poco mi cabello. Entonces vi el bolso y sentí una oleada de rabia.
Victoria... cálmate. Todo esto es por culpa de ese estúpido bolso.
Respiré profundamente y logré tranquilizarme un poco. Lo abrí y encontré la cosmetiquera de Victoria. Había algo de maquillaje, polvo, pestañina y labial. Es suficiente, pensé. Al menos podría arreglarme un poco antes de regresar.
Me retiré las mangas porque noté que una de ellas estaba deshilachada. Al quitármelas, los rollos de cámara cayeron al suelo. Claro, ya había olvidado que los había puesto allí. Qué raro que hubieran permanecido ahí todo este tiempo. Los recogí y los guardé en el bolso. Debería tirarlos.
Tomé las cosas y empecé a maquillarme. Era un maquillaje mucho más sencillo, pero se veía hermoso. Me quedaba bien. Respiré profundamente, pero al mirar mi muñeca noté que el vendaje seguía intacto. Parece tierno, amable... pero es un completo imbécil.
Caminé hacia el salón y, por suerte, todavía había personas llegando. Qué oportuno. Busqué a Ethan y a los chicos, pero no los vi por ningún lado. Seguí buscando hasta que encontré a Emma y, tal como lo imaginaba, estaba con un jovencito.
Emma era un poco enamoradiza, desafortunadamente. Apenas me vio, se dirigió hacia mí.
—Mamá.
—Pero ¿Dónde estabas?
Ella me abrazó.
—Buscando un bolso.
—Ah, claro. Mateo nos contó lo que sucedió. Ven, te llevaré donde están.
Nos dirigimos juntas hacia la mesa. Me sentí tan aliviada. Después de todo, por fin había regresado. Ethan y Mateo estaban allí, por suerte.
Me senté junto a Ethan.
—Cariño.
—Hola, cariño —respondió él.
No quise contarle nada. En realidad, todo aquello me parecía demasiado patético y ridículo.
—¿Por qué tardaste tanto? Mateo me explicó lo que sucedió.
—Fue difícil encontrarlo, cariño.
—Entiendo, pero lo conseguiste.
Ethan miró el bolso que llevaba entre las manos y luego vio mi muñeca. Sus ojos se detuvieron en el vendaje.
—¿Qué te pasó?
—Victoria me apretó muy fuerte. Estaba demasiado pasada de tragos. Por suerte, el vendaje estaba en su bolso.
Mateo se acercó un poco.
—¿Quieres una copa, mamá?
—Sí. Vamos por ella. ¿Vienes, cariño?
Ethan negó con la cabeza.
—No cariño creo. Ya bebí suficiente.
Fui con Mateo y tomé una copa.
—¿Cómo recuperaste el bolso?
—Es una larga historia, cariño. No quiero hablar de eso ahora. Después te lo contaré.
—Está bien.
Noté que Zack estaba allí con Elian. Me pareció extraño. Después del estado en que se encontraba Victoria, pensé que estaría con ella y con Olivia. Mateo se dio cuenta de que estaba observando a Zack.
— Mamá Olivia no quiso decirle a Zack que Victoria estaba ebria. Solo le dijo que se sentía mal y que su mamá la acompañaría. Él iba a irse, pero ella le dijo que disfrutara de la velada. Yo le dije que las llevaría y entonces se quedó más tranquilo.
Hizo una pequeña pausa.
—También hablé con papá. Le pedí que no dijera nada.
—Está bien.
Suspiré y tomé otro sorbo de mi copa.
—Hoy fue un día terrible.
—Para mí estuvo bien, aunque fue un poco entretenido —dijo Mateo.
Le guiñé un ojo.
—Dime, ¿qué pasó? ¿Por qué no me presentaste a la indicada, a la mujer de tus sueños?
—Ah, bueno… pasaron demasiadas cosas. Buscaré el momento indicado —respondió mientras me abrazaba.
—Señoras y señores, les pedimos que regresen a sus mesas. El señor Darwin Davies y su familia han llegado.
Poco a poco, los invitados comenzaron a ocupar sus lugares.
Mateo y yo regresamos a nuestra mesa. Allí estaban con Marco.
—Hola, Marco.
—Hola.
Permanecimos de pie mientras el señor Davies hacía su entrada al salón. El sostenía la mano de la señora Raquel mientras saludaba a algunos de los invitados que se encontraban cerca.
Melany caminaba detrás de ellos, tomada de la mano de un hombre.
—Es su hermano —refunfuñó Marco.
Ethan soltó una pequeña risa.
—No te habíamos preguntado.
—Soy precavido.
Andrew también iba con ellos. Caminaba al lado de un hombre un poco mayor, cuyo rostro tenía cierto parecido con el del presidente.
Ethan noto que lo veía se acercó más a mí él es Robert Davies el padre Melany y del señor Jim
Al fondo del salón, El señor Davies tomó su lugar en la mesa principal junto a su familia.
Las conversaciones fueron disminuyendo poco a poco hasta que el presidente se puso de pie él tomó el micrófono.
—Señoras y señores, buenas noches.
Quiero comenzar agradeciéndoles sinceramente por estar aquí. Para nuestra empresa, esta noche representa mucho más que una reunión; es una oportunidad para reconocer el esfuerzo, la dedicación y el compromiso de cada una de las personas que hacen posible que sigamos avanzando.
Ningún logro es producto del trabajo de una sola persona. Detrás de cada proyecto, cada decisión y cada resultado, hay un equipo que ha puesto su talento y su tiempo al servicio de esta compañía. Por eso, quiero expresarles mi más profundo agradecimiento.
También quiero aprovechar esta ocasión para reconocer a quienes, durante años, han contribuido al crecimiento y fortalecimiento de nuestra empresa. Algunas personas dejan una huella que va mucho más allá de un cargo o de una oficina. Su trabajo se convierte en parte de la historia de esta compañía.
Y esta noche tenemos con nosotros precisamente a una de esas personas.
Durante muchos años, ha sido una figura fundamental dentro de esta organización. Su experiencia, liderazgo y compromiso han acompañado algunas de las decisiones más importantes que hemos tomado.
Por eso, antes de continuar con esta velada, quiero cederle la palabra.
—Señor vicepresidente mi hermano Robert Davies, el escenario es suyo.
—Gracias Hermano, durante mucho tiempo pensé que retirarme sería imposible. Esta compañía ha sido mi responsabilidad durante tantos años que admitir que algún día tendría que dejarla en otras manos me daba miedo.
El salón quedó en silencio.
—Pero con el tiempo comprendí que una responsabilidad tan grande no debe heredarse simplemente por llevar un apellido. Debe entregarse a alguien que tenga la capacidad, la inteligencia y, sobre todo, la fortaleza para asumirla.
Miró hacia Andrew.
—Y encontré a esa persona.
Andrew levantó ligeramente la mirada.
—Es inteligente, pero también sabe escuchar. Tiene carácter, pero no ha perdido la sencillez. Se preocupa por las personas que trabajan a su lado y, cuando las cosas se complican, no retrocede. Por eso, después de hablarlo con mi hermano y tomar esta decisión juntos, ha llegado el momento de anunciar oficialmente mi retiro.
Se escucharon murmullos por todo el salón.
—Y la persona que ocupará mi lugar como vicepresidente será mi querido sobrino...
Hizo una pausa.
—Andrew Davies.
El salón estalló en aplausos.
Sin embargo, no todos recibieron la noticia con el mismo entusiasmo. Algunos empleados y socios intercambiaron miradas de sorpresa. Para varios, aquel anuncio había sido completamente inesperado.