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TE AGUANTAS, CUCARACHO… ESTA SEÑORITA SE VENGARÁ

TE AGUANTAS, CUCARACHO… ESTA SEÑORITA SE VENGARÁ

Status: Terminada
Genre:Venganza / Reencarnación / Completas
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

En su vida pasada, Guadalupe "Lupe" Santos lo perdió todo: su padre envenenado, el rancho robado, y ella misma muerta a manos de quien creía su protector. Jesús "Chuy" Treviño, el capataz, no solo usurpó el poder: hace veintidós años, intercambió en secreto al verdadero heredero por su propio hijo, para que algún día todo fuera suyo. Lupe muere sin saberlo.

Pero despierta. Vuelve a tener 22 años, justo cuando todo empezó a desmoronarse. Esta vez recuerda cada traición y también el secreto que nadie descubrió: el hijo de su tía no es suyo, sino de la mujer que Chuy usurpó su lugar. Con la verdad en sus manos y el apoyo de Santiago "Santi" Ríos —el único que murió leal a su lado—, Lupe desmantelará cada mentira, recuperará lo que es suyo y revelará el cambiazo antes de que la historia se repita.

"Me quitaste todo en la vida pasada. Pero esta vez… te aguantas, Cucaracho. Esta señorita no solo se venga. Viene a corregir lo que rompi

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El despertar y una venganza

El olor a leña y vainilla llegó antes que la conciencia misma. Era un aroma que creía haber olvidado, pero que en cuanto lo respiré, me golpeó con la fuerza de un recuerdo enterrado durante años. Abrí los ojos lentamente, y lo primero que vi fue el techo de vigas de madera oscura, con las mismas manchas de humedad en la esquina derecha que conocía desde niña. Las cortinas de algodón, desgastadas por el sol, se mecían suavemente con la brisa que entraba por la ventana entreabierta. Todo parecía exactamente igual a como lo recordaba, y sin embargo, algo en el aire se sentía profundamente distinto.

Me incorporé de golpe, el corazón latiéndome con tanta violencia que sentí que me iba a estallar en el pecho. Miré mis manos: estaban suaves, jóvenes, sin las cicatrices que me había dejado el trabajo duro en los últimos años, sin la marca profunda en la muñeca izquierda que me había hecho la noche en que caí por las escaleras traseras de la casa grande. Me llevé las manos al rostro. Mi piel estaba tersa, mis ojos no tenían esas ojeras profundas que el dolor y la desesperación me habían dibujado. Me levanté de un salto y corrí hacia el espejo antiguo de mi tocador. Lo que vi me dejó sin aliento: era yo, pero no la versión de mí misma que había dejado atrás. Tenía veintidós años. Mis ojos reflejaban confusión, miedo y algo más, algo que no lograba nombrar al principio, pero que empezaba a crecer en mi pecho como una llama que no se apaga.

Me giré bruscamente hacia la pared, donde colgaba el calendario con la imagen de la Virgen de Guadalupe que mi abuela me había regalado. Mis manos temblaban cuando acerqué la fecha. No podía ser. Conté los días una y otra vez, como si los números fueran a cambiar si los miraba con suficiente atención. Era la misma fecha exacta en que todo comenzó a desmoronarse. Había vuelto. No a un año después, no a unos meses. Había regresado al día preciso en que la sombra empezó a caer sobre nosotros.

De pronto, como si se hubiera abierto una compuerta en mi mente, todo volvió a mí de golpe, con una claridad dolorosa. Vi a mi padre sentado en su sillón favorito, tosiendo cada vez más débil, diciéndome con voz quebrada que algo le estaba haciendo daño, que cada taza de té que le preparaban le pesaba en el estómago como plomo. Vi cómo, poco a poco, las cuentas del rancho desaparecían, cómo el ganado se vendía sin que nadie supiera a dónde iba, cómo las tierras se firmaban con papeles que mi padre nunca habría entendido en su estado de debilidad. Y luego vino lo peor: la noche final, el frío del suelo de tierra, la puerta cerrada con llave desde afuera, y esa voz, esa voz que antes me había parecido de confianza, diciéndome con una frialdad que me heló la sangre: "Lo siento, Lupe. Esto siempre debió ser mío. No debiste interponerte en mi camino". Jesús "Chuy" Treviño. El hombre a quien mi padre había dado trabajo, techo y comida durante más de quince años. El hombre que yo había llegado a considerar casi parte de la familia. Él me había mirado a los ojos mientras me quitaba todo, hasta la vida misma.

Me senté en el borde de la cama, respirando con dificultad, tratando de que el aire entrara en mis pulmones. Las lágrimas me ardían en los ojos, pero me obligué a no derramarlas. Llorar era lo que había hecho en mi vida pasada, y no me había servido de nada. Esta vez sería diferente.

Por la ventana vi pasar a caballo a dos personas. Mi respiración se detuvo. Allí estaba él. Chuy. Se veía más joven, más fuerte, con esa postura de quien cree que ya tiene todo ganado. Iba sonriendo, hablando con confianza. A su lado montaba un muchacho de unos veinte años, con el cabello oscuro y los ojos rasgados de la familia de mi tía. Todos en el rancho decían que era hijo de mi tía Carmen y de su esposo, que había llegado al mundo en circunstancias un poco confusas pero que al final todo había salido bien. Sin embargo, en mi vida pasada, justo antes de perder la conciencia, escuché algo que no debí haber oído. Una conversación entre Chuy y una mujer que vivía en una casita solitaria al otro lado del arroyo, diciéndole que su hijo estaba creciendo bien, que nadie sospechaba nada, que pronto el muchacho heredaría lo que no era suyo por derecho.

Ese muchacho no era sobrino mío. No era sangre de mi familia. Era hijo de Chuy Treviño. Había sido intercambiado al nacer, ocultando la verdad durante más de dos décadas, para que, cuando mi padre faltara, todo pasara a manos de quien Chuy decidiera, asegurándose de que él siempre tuviera el control absoluto sobre cada hectárea, cada cabeza de ganado y cada rincón de este lugar que mi familia había construido con sudor y sacrificio.

El dolor en el pecho se transformó lentamente en algo más afilado, más cálido. Ya no era miedo. Era determinación. Me puse de pie y caminé hacia el espejo otra vez. Me miré a los ojos y hablé en voz baja, pero con cada palabra clara y firme, como si estuviera haciendo un juramento ante Dios y ante mí misma.

—No sé por qué me diste esta oportunidad —dije a mi reflejo—, pero no la voy a desperdiciar. Esta vez no voy a ser la niña ingenua que confía en quien no debe. No voy a esperar a que las cosas pasen para reaccionar. Voy a cuidar a mi papá. Voy a proteger lo que es nuestro. Y voy a descubrir cada pieza que has movido, cada mentira que has construido, cada paso que planeas dar. Vas a conocer el rostro de la verdad, Chuy Treviño. Y te vas a aguantar. Porque esta señorita… ya no es la misma que dejaste morir. Esta señorita ha vuelto para vengarse.

Me alisé la ropa, respiré hondo una última vez y salí de mi habitación. El pasillo olía a cera y a tiempo detenido. Abajo, en la cocina, escuché la voz de Doña Chona, diciendo que el desayuno estaba listo. Afuera, el sol comenzaba a subir sobre las colinas, iluminando los pastizales que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Todo parecía tranquilo, pero yo sabía mejor que nadie que debajo de esa calma se escondía una tormenta que ya había destruido mi vida una vez. Ahora tenía la ventaja: conocía el enemigo, conocía sus planes y conocía su debilidad. La batalla empezaba de nuevo, pero esta vez yo no iba a perder.

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Noelia Elizabeth Barrera
Muy bueno el primer capítulo 💖
EspirituCreativo: 🥰Gracias lectora espero te gusten los siguientes
total 1 replies
Mara
Me encantó más capitulos por favor 👏👏💐💐
EspirituCreativo: Gracias lectora
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