trata sobre dos personajes los cuales están comprometidos y uno de ellos está enfermo acá lo vamos a llamar Dimitri dime triste enfermo y no estoy haciendo porque no quiere tomar la medicina y el otro signo que se lo tome personalizado en hacer sus pinches trabajos
NovelToon tiene autorización de Lukas el fantasma rojo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Si hubieras dicho no
La conversación debería haber terminado.
Probablemente.
Ya habían recordado la propuesta.
Italia.
La libreta.
El anillo.
Los nervios absurdos de Dimitri.
Y aun así...
Lukas seguía pensando en algo.
Una pequeña pregunta que había aparecido en su cabeza y se negaba a desaparecer.
Era una pregunta incómoda.
No porque fuera mala.
Sino porque tocaba una posibilidad que jamás había ocurrido.
Una posibilidad que ambos habían evitado durante años.
Estaban sentados juntos en el sofá.
La noche avanzaba lentamente.
La mansión permanecía tranquila.
Y Dimitri parecía finalmente relajado.
Lo cual significaba que era el momento perfecto para molestarlo.
—Tengo otra pregunta.
Dimitri cerró los ojos inmediatamente.
—Por supuesto que la tienes.
—Es importante.
—Eso es exactamente lo que me preocupa.
—No te burles.
—Todavía ni siquiera la has hecho.
Lukas acomodó las piernas debajo de sí.
Pensativo.
—¿Qué habrías hecho si te hubiera dicho que no?
Silencio.
Completo.
Absoluto.
Dimitri abrió los ojos.
Muy lentamente.
Y lo observó.
—Vaya.
—¿Qué?
—Esa sí es una pregunta peligrosa.
Lukas apoyó el mentón sobre una mano.
—Quiero saber.
—¿Por qué?
—Porque sí.
—Argumento impecable.
—Gracias.
Dimitri suspiró.
Pero esta vez no intentó escapar.
Ni cambiar de tema.
Ni fingir que no escuchó.
Simplemente se quedó pensando.
Durante mucho tiempo.
Más tiempo del que Lukas esperaba.
Y eso, por alguna razón, hizo que la pregunta pareciera todavía más importante.
Finalmente habló.
—¿La respuesta honesta?
—Siempre.
—Me habría roto el corazón.
La sinceridad fue tan inmediata que Lukas sintió algo apretarse dentro de su pecho.
Porque no había sarcasmo.
No había orgullo.
No había máscaras.
Solo verdad.
Y esa verdad dolía un poco.
Incluso sabiendo que nunca ocurrió.
—Dimitri...
—Me preguntaste.
—Lo sé.
El empresario bajó la mirada.
Observando sus propias manos.
—Creo que la gente suele asumir que porque tengo dinero o poder, las cosas me afectan menos.
—La gente es tonta.
Eso arrancó una pequeña sonrisa de Dimitri.
Pero desapareció rápidamente.
—La realidad es que me habría dolido exactamente igual que a cualquier otra persona.
Silencio.
—Quizá más.
Lukas no dijo nada.
Solo escuchó.
Porque sentía que aquello era importante.
—Habría respetado tu decisión.
La respuesta salió tranquila.
Segura.
—Jamás habría intentado convencerte.
Ni presionarte.
Ni hacerte sentir culpable.
Lukas asintió lentamente.
Eso sonaba exactamente como Dimitri.
A pesar de todo.
A pesar del miedo.
A pesar del amor.
—¿Y después?
preguntó suavemente.
Dimitri guardó silencio.
Y por primera vez desde que comenzó la conversación...
Pareció realmente incómodo.
—No lo sé.
—Sí lo sabes.
—Lukas.
—Dimitri.
Ambos se miraron durante varios segundos.
Y finalmente Dimitri cedió.
Como siempre.
—Probablemente habría seguido trabajando.
—Eso no responde nada.
—Responde bastante.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Lukas cruzó los brazos.
—Explícate.
Dimitri soltó un largo suspiro.
—Cuando algo duele...
Trabajo.
Aquella respuesta fue tan simple que Lukas sintió ganas de abrazarlo inmediatamente.
Porque entendía exactamente lo que significaba.
No hablaba de productividad.
Ni de responsabilidad.
Hablaba de esconderse.
De distraerse.
De sobrevivir.
—Te habrías enterrado en la empresa.
—Probablemente.
—Dimitri.
—Lo sé.
—Eso es horrible.
—No dije que fuera una buena idea.
—Te habría destruido.
Silencio.
El empresario no respondió.
Y eso fue suficiente.
Porque ambos sabían que era verdad.
Lukas imaginó por un momento aquella realidad.
Una donde hubiera dicho que no.
Una donde el viaje terminaba de otra forma.
Una donde Dimitri regresaba solo a la habitación del hotel con el anillo todavía en el bolsillo.
Y la idea le hizo daño.
Mucho más de lo que esperaba.
—Odio esa realidad.
La confesión salió casi sin pensar.
Dimitri levantó la vista.
Sorprendido.
—¿Qué?
—La odio.
Silencio.
—Porque tú estabas ahí imaginando todos esos escenarios horribles.
Y yo ni siquiera sabía que existían.
La expresión de Dimitri se suavizó un poco.
—No eran escenarios muy racionales.
—Eran terribles.
—Sí.
—Ridículos.
—También.
—Y aun así te dieron miedo.
Dimitri sonrió apenas.
—Porque te amaba.
Aquellas cuatro palabras cayeron suavemente entre ellos.
Sin dramatismo.
Sin necesidad de enfatizarlas.
Simplemente ciertas.
Y por alguna razón...
Eso hizo que Lukas se quedara callado.
Porque después de todo lo que habían hablado durante los últimos días...
Aquella seguía siendo la explicación más simple.
La más honesta.
La más real.
Porque el miedo nunca había sido sobre el rechazo.
Había sido sobre perder a alguien que se había vuelto indispensable.
---
Lukas se acercó un poco más.
Hasta quedar apoyado contra él.
Y después de unos segundos habló de nuevo.
—Tengo otra pregunta.
—Por supuesto.
—Si yo hubiera dicho que no...
¿seguirías amándome?
Dimitri ni siquiera necesitó pensar.
—Sí.
Respuesta inmediata.
Sin vacilar.
Sin dudar.
Sin una sola pausa.
Lukas levantó la vista.
Y encontró a Dimitri observándolo con una calma absoluta.
—¿Tan rápido respondes eso?
—Porque es fácil.
Silencio.
—Casarme contigo era algo que quería.
Amarte no era una decisión.
Lukas sintió que el corazón daba un pequeño salto.
Porque aquella frase...
Aquella frase era tan propia de Dimitri.
Tan sencilla.
Tan directa.
Y tan devastadoramente sincera.
—¿Sabes?
murmuró Lukas.
—¿Qué?
—A veces olvido que eres romántico.
—No lo soy.
—Acabas de decir una de las cosas más románticas que he escuchado en mi vida.
—Eso parece un problema tuyo.
Lukas soltó una carcajada.
Y para sorpresa de ambos, Dimitri también terminó riéndose.
La tensión desapareció poco a poco.
Como una tormenta que finalmente se aleja.
Hasta que solo quedó el silencio cómodo de siempre.
El que compartían cuando ya no hacía falta decir nada.
---
Después de varios minutos, Lukas habló por última vez.
Muy bajito.
Casi contra su hombro.
—Me alegra haber dicho que sí.
Dimitri giró apenas la cabeza.
Y apoyó suavemente la suya sobre la de él.
—A mí también.
Y esa vez ninguno añadió nada más.
Porque algunas respuestas no necesitaban explicaciones.
Ya habían pasado años demostrando exactamente lo que significaban.