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En Esta Vida No Te Amaré

En Esta Vida No Te Amaré

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Timetravel / Viaje En El Tiempo / Omegaverse / ABO / Reencarnación / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: biely

Murió amando a quien nunca lo amó.

Noar Wil, el joven omega más brillante del Reino de Solaria, lo apostó todo por un amor que resultó ser una trampa cuidadosamente tejida por las manos del hombre al que idolatraba. Años de humillación, traición y dolor terminaron en el silencio de un cuarto vacío — su corazón demasiado roto para seguir latiendo.

Pero entonces algo imposible ocurre.

Noar despierta diez años atrás, con todos sus recuerdos intactos, en la noche en que su historia con Léo estaba a punto de comenzar. Esta vez, sin embargo, conoce el precio de ese amor.

Esta vez, elige diferente.

En lugar de seguir los pasos que lo llevaron a la destrucción, acepta el compromiso que siempre rechazó: casarse con Maximiliano Ferom, el temido Archiduque del Extremo Norte. Un hombre de hierro y silencio, cuyas feromonas huelen a nieve pura y cuyas palabras pesan como sentencias. Un hombre que, desde el primer momento en que sostiene a Noar en sus brazos, hace una promesa que no tiene intención de romper.

Estás a salvo. Y nadie te hará daño mientras estés conmigo.

Lo que Noar esperaba era solo un matrimonio de conveniencia — posición, protección, distancia del pasado. Lo que no esperaba era que ese hombre frío pudiera derretirse tan despacio, tan profundamente, tan irrevocablemente.

Y no esperaba que su propio corazón, tan convencido de que nunca más amería, fuera precisamente el primero en traicionarlo.

NovelToon tiene autorización de biely para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Estás a salvo

Noar despertó despacio.

Lo primero que sintió fue el calor.

No un calor sofocante, invasivo — sino un calor firme, estable, que lo envolvía como un abrigo pesado en medio de la nieve. Su cuerpo todavía estaba débil, pero no le dolía. Su respiración era tranquila, profunda, algo que hacía mucho tiempo no experimentaba.

El segundo sentido en despertar fue el olfato.

Nieve.

Un olor limpio, frío y sereno, como el silencio de una montaña cubierta de hielo. No había amenaza en ese aroma. No había dolor. Solo… seguridad.

Noar abrió los ojos lentamente.

Lo primero que vio fue un manto negro, espeso, envolviéndolo por completo. Estaba recostado contra un pecho ancho, sintiendo el subir y bajar tranquilo de una respiración ajena. Un brazo fuerte lo sostenía con cuidado, como si tuviera miedo de hacerle daño.

Parpadeó varias veces, confundido.

Luego levantó un poco el rostro.

Vio un mentón firme, la línea fuerte del cuello, cabello negro cayendo sobre los hombros. Cuando sus ojos subieron un poco más, encontraron un par de ojos oscuros que lo observaban atentamente.

— …Despertaste — dijo Max, en voz baja.

La voz era grave, pero no dura. Había algo contenido en ella, una preocupación silenciosa.

Noar intentó moverse, pero el brazo de Max se apretó levemente alrededor de su cuerpo.

— No te fuerces — murmuró. — Tu cuerpo todavía está débil.

Solo entonces Noar se dio cuenta.

Lo estaban cargando.

En los brazos del Archiduque del Extremo Norte.

La vergüenza llegó rápido, y Noar intentó apartarse, aunque sin fuerzas.

— Yo… puedo caminar… — susurró, con la voz ronca.

— No — respondió Max, sin vacilar.

No fue una orden. Fue una constatación.

Noar tragó saliva. Esperaba reproches. Esperaba frialdad. Quizás incluso repulsión.

Pero nada de eso llegó.

Max acomodó el manto alrededor de Noar, cubriéndole mejor los hombros, como si el mundo de afuera fuera demasiado frío para tocarlo.

— Desmayaste por exposición excesiva a feromonas — continuó Max, caminando con pasos firmes. — Tu cuerpo reaccionó como si estuviera en peligro real.

Noar cerró los dedos sobre el borde del manto.

— Yo… lo siento… — murmuró, por costumbre. Siempre pedía disculpas. Incluso cuando no tenía la culpa.

Max dejó de caminar.

Lo miró con más atención, los ojos oscuros entornándose levemente.

— No te disculpes — dijo. — No hiciste nada malo.

Las palabras golpearon a Noar con más fuerza que cualquier grito.

No estaba acostumbrado a escucharlas.

El silencio entre ellos se prolongó, roto solo por el sonido distante de pasos y voces apagadas. Noar sintió algo cálido ascender por el pecho, apretándole la garganta.

— Yo… — intentó hablar, pero la voz le falló.

Max lo notó.

Sin decir nada, acomodó a Noar un poco más cerca del pecho, en una posición aún más segura, dejando que se apoyara sin esfuerzo.

— Duerme, si quieres — dijo en tono bajo. — Nadie te hará daño mientras estés conmigo.

Noar abrió los ojos un poco más.

Esas palabras…

Eran peligrosas. No porque amenazaran, sino porque confortaban demasiado.

Dudó un instante, luchando contra el miedo de creer.

Pero su cuerpo, cansado de años de dolor, eligió confiar antes de que su mente pudiera impedírselo.

Noar cerró los ojos de nuevo.

Esta vez, sin lágrimas.

Acurrucado en los brazos de Max, envuelto por el olor a nieve y silencio, se quedó dormido sintiendo algo que no experimentaba desde hacía mucho tiempo.

Protección.

Punto de vista de Maximiliano

Cuando la carta llegó al Extremo Norte, el invierno estaba en su punto más álgido.

La nieve cubría las murallas del palacio como un manto eterno, y el viento cortaba la piel como cuchillas invisibles. Max la recibió sin expresión, como hacía con todo. Matrimonios, alianzas, tratados — nada de eso era nuevo.

Rompió el sello con calma.

Duque Wil de Solaria.

Noar Wil. Omega.

Un compromiso retomado.

Max leyó una vez. Luego otra.

El nombre no despertó emoción inmediata. No había expectativa, ni curiosidad romántica. Para él, el matrimonio era un deber. Un omega de la alta nobleza fortalecería su posición política y traería estabilidad al Norte. Solo eso.

— Preparen los emisarios — ordenó. — Acepto.

Fue así de simple.

Y aun así… esa noche, algo cambió.

Max soñó.

No era común. Rara vez dormía lo suficientemente profundo como para soñar. Pero esa noche vio nieve derritiéndose bajo la luz dorada. Vio manos pequeñas temblando. Vio ojos claros llenos de miedo — no de rebeldía, no de odio, sino de alguien que había sido demasiado herido.

Despertó con el pecho extraño.

Irritado consigo mismo, lo atribuyó al cansancio.

Días después, otro sueño.

El mismo omega, ahora llorando en silencio, el rostro escondido, el cuerpo curvado como si esperara el golpe que nunca llegaba.

Max empezó a dormir menos.

Cuando finalmente partió hacia Solaria, ya tenía sospechas.

No sobre el compromiso.

Sino sobre lo que encontraría.

El palacio Wil era demasiado cálido.

Demasiado colorido.

Demasiado ruidoso.

Max odió el lugar en el instante en que cruzó los portones, pero mantuvo la compostura. Era de esperarse que asistiera al té de recepción. Era de esperarse que sonriera. Era de esperarse que observara.

Entonces lo sintió.

Feromonas descontroladas.

El olor no era solo el de un alfa en desequilibrio — había miedo en él. Dolor. Pánico en carne viva. Un cuerpo reaccionando como si estuviera siendo atacado.

Max se giró de inmediato.

Fue entonces cuando lo vio.

Pequeño.

Encogido.

Un omega de cabello dorado, el rostro demasiado pálido, los labios manchados de sangre fresca. El cuerpo temblaba, los ojos cerrados con fuerza, como si el mundo fuera demasiado insoportable para ser visto.

Eso no era debilidad.

Era trauma.

El corazón de Max latió pesado en el pecho.

— Basta — su voz cortó el aire antes de que él mismo se diera cuenta.

Liberó sus propias feromonas sin esfuerzo.

Frío absoluto.

Nieve pura.

El olor invasivo del otro alfa fue aplastado, retrocediendo como una fiera acorralada. Max avanzó sin pedir permiso, sin mirar a nadie más.

Cuando tocó a Noar, lo sintió.

Un estremecimiento inmediato.

El cuerpo del omega reaccionó al frío como quien finalmente encuentra sombra después de quemarse bajo el sol. Noar se aferró al tejido de su manto por instinto, incluso inconsciente.

Max lo sostuvo.

Y en ese instante, todo encajó.

Los sueños.

El apretón extraño en el pecho.

La sensación de que algo estaba mal desde el principio.

— Tan liviano… — pensó, con un malestar inesperado.

Demasiado liviano para alguien que debería ser tratado como una joya.

Max envolvió a Noar con el manto, cubriéndolo entero, protegiéndolo del mundo como si fuera lo más natural del mundo. La sangre en la nariz del omega hizo que algo dentro de él se contrajera con violencia.

Rabia.

Fría. Controlada. Mortal.

— Llamen a los guardias — ordenó, la voz baja y afilada. — Quiero explicaciones.

Cuando se giró para salir con Noar en brazos, sintió que el pequeño cuerpo se movía levemente, un gemido débil escapando de los labios pálidos.

— No — murmuró Max, casi sin darse cuenta. — Estás a salvo ahora.

No lo dijo para los demás.

Lo dijo para sí mismo.

Mientras caminaba, sintió algo que nunca antes había sentido.

No deseo.

No posesión.

Responsabilidad.

Protección.

Y, por primera vez desde que se convirtió en Archiduque del Extremo Norte, Max comprendió:

Ese compromiso no era solo una alianza política.

Era un aviso del destino.

Y esta vez, no permitiría que nadie rompiera lo que estaba bajo su protección.

1
Blanca Ramirez
excelente historia
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