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Mi Alma Le Pertenece A La Oscuridad.

Mi Alma Le Pertenece A La Oscuridad.

Status: Terminada
Genre:Época / Familia mágica / Aventura / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Alina, una joven de diecinueve años que vive en Valdemorral, un pueblo ancestral envuelto en niebla perpetua y olvidado por el mundo. Criada por su abuela Elvira tras la misteriosa desaparición de sus padres, Alina pertenece a una familia marcada por un secreto ancestral: son las guardianas del equilibrio entre el mundo de los vivos y lo que habita en la oscuridad. Desde pequeña, Alina ha sentido que es diferente, y una noche ve desde su ventana una figura oscura que la observa. En lugar de miedo, siente una llamada profunda y un extraño reconocimiento.

Entonces, Elvira le revela la verdad que durante años le fue oculta: su linaje desciende de quienes sellaron un pacto ancestral para proteger al pueblo, un vínculo que une su sangre eternamente con las sombras. La madre de Alina también sintió esa misma llamada y eligió cruzar al otro lado, abandonando el mundo de los vivos. Ahora Alina debe enfrentar su propio destino: decidir si se queda como guardiana cumpliendo su deber.

NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 22: El silencio que lo revela todo

La luna llena colgaba inmóvil sobre el valle de Valdemorral, vertiendo una luz pálida que se filtraba por las rendijas de la vieja casa de piedra. Hacía tres años que Alina había asumido su destino como Guardiana, tres años en los que aprendió que el equilibrio no es estar en medio, sino abrazar cada extremo sin temerle a ninguno. Pero esa noche, el aire tenía un peso distinto; era denso, antiguo, como si el tiempo mismo hubiera detenido su marcha para escuchar lo que estaba por suceder.

Sentada en el porche, con el Libro de la Estirpe abierto sobre sus piernas, acariciaba la tapa desgastada con dedos que ya no temblaban. El medallón en su pecho latía en sincronía con su corazón: un resplandor alterno de plata y sombra, suave pero incesante. A su alrededor, las figuras de sombra —lobos, aves, ciervos— descansaban en calma, pero mantenían las orejas erguidas, atentas a la presencia que se acercaba desde el sendero del bosque.

—Sabías que llegaría esta noche —dijo una voz profunda, como el roce de raíces milenarias contra la tierra.

El Guardián apareció entre las sombras de los árboles, su silueta alta envuelta en una capa que parecía tejida con la propia noche. Ya no inspiraba respeto temeroso, sino reconocimiento. Alina alzó la mirada y sonrió con serenidad.

—Lo sentí desde hace días —respondió ella—. El Libro dejó de escribir nuevas líneas y el medallón me llama en sueños. Es momento de la verdad completa, ¿verdad?

Él asintió y tomó asiento a su lado. Bajo la luz lunar, sus rasgos se definieron: ojos profundos como abismos sin fondo, piel marcada por siglos de vigilia, y en su pecho, una marca idéntica al símbolo de Alina, solo que brillaba con oscuridad pura.

—Durante generaciones, nuestra estirpe enseñó que la luz era la salvación y la sombra el peligro —comenzó el Guardián, mientras las páginas del Libro giraban solas hasta detenerse en una hoja nunca antes vista—. Pero es una mentira construida para proteger a quienes no podían comprender que sin oscuridad no existe espacio para crecer, sin sombra no hay profundidad en el alma.

En el porche de la casa de piedra, bajo la luna inmensa, Alina y el Guardián comparten la luz antigua. El Libro de la Estirpe emite un brillo dorado y oscuro a la vez, mientras el medallón de Alina une ambas energías en un resplandor envolvente. A su alrededor, las sombras ya no son siluetas, sino formas definidas y pacíficas: búhos con ojos de luz plateada, zorros de pelaje grisáceo, ramas que sostienen luciérnagas negras. El viento mueve suavemente sus cabellos, y en sus rostros no hay duda, solo aceptación total.

El Guardián pasó su mano sobre la hoja abierta, y símbolos antiguos se iluminaron uno a uno, contando la historia real de su linaje.

—La primera Guardiana no eligió solo la luz —explicó con voz grave—. Hizo un pacto con ambas fuerzas, porque comprendió que la luz ilumina el camino, pero la oscuridad guarda los secretos que mantienen vivo al universo. Sin sombra, la luz se vuelve cegadora y quema todo lo que toca; sin luz, la oscuridad se hunde en la desesperación y consume todo sin sentido.

Alina escuchaba con el corazón latiendo fuerte. Recordó sus primeros miedos, cuando las sombras parecían perseguirla, cuando creyó que debía rechazar esa parte de sí misma para ser digna. Ahora entendía: todo ese temor era solo el reflejo de lo que le habían enseñado, no de lo que era su naturaleza.

—Entonces… yo no soy mitad luz y mitad sombra —susurró, sintiendo cómo una energía nueva recorría cada vena de su cuerpo—. Soy ambas cosas en su totalidad. No el equilibrio entre dos fuerzas separadas, sino la unión misma que les da sentido.

—Exacto —confirmó él—. Y hay una verdad que tu abuela Elvira conocía, pero esperó a que estuvieras lista para soportarla. Tú no solo cuidas del equilibrio: tu alma está hecha de ambas esencias, y por eso le pertenece a la oscuridad tanto como a la luz. No es posesión, es pertenencia. Es tu hogar verdadero.

Esas palabras cayeron en su interior como semillas en tierra fértil. Por años sintió que le faltaba algo, como si ocultara una parte esencial de sí misma. Ahora esa sensación desaparecía, reemplazada por una paz inmensa, más profunda que cualquier luz que hubiera conocido antes.

—¿Por qué se ocultó esto? —preguntó Alina, acariciando el medallón que brillaba con una intensidad nunca vista.

—Porque la oscuridad tiene mala fama —respondió el Guardián con amargura suave—. Los hombres temen lo que no pueden ver, lo que no pueden controlar. La luz es visible, reconfortante, fácil de adorar. Pero la oscuridad guarda la memoria, protege lo íntimo, permite el descanso, crea el espacio donde nacen los sueños y los destinos. Quien no acepta esa parte, nunca será completa.

Alina con los ojos cerrados, rodeada por una esfera formada por luz plateada y sombra aterciopelada que gira en armonía perfecta. El medallón brilla en el centro de su pecho, enviando ondas que recorren todo su cuerpo. En su rostro hay una expresión de liberación absoluta: sus rasgos son más definidos, sus ojos, al abrirlos, tienen un brillo que cambia entre plata y negro profundo. Las páginas del Libro flotan a su alrededor, escribiendo solas la frase: “Mi alma le pertenece a la oscuridad, porque en ella descansa la eternidad”.

Dejó el Libro sobre una mesa de madera y se puso de pie. Caminó hacia el borde del porche, donde la hierba se mecía bajo la luz lunar. Extendió las manos y, sin llamarlas, las sombras acudieron a ella como criaturas obedientes y afectuosas.

Una de ellas tomó forma humana: era su propia imagen, pero vestida de sombra, con ojos de noche pura. No le causó miedo; al extender los brazos, la figura se fundió con ella, y sintió una plenitud que no sabía que existía.

—¡Así es! —exclamó Alina, y su voz resonó con doble eco: cálida y profunda a la vez—. Esto no es maldad, ni peligro, ni nada que deba temerse. Es mi esencia más profunda. Mi alma le pertenece a la oscuridad tanto como respira bajo la luz del sol.

El Guardián sonrió, y por primera vez su rostro perdió esa rigidez milenaria.

—Ahora comprendes por qué la Guardiana eterna es una sola: quien puede habitar en la luz sin quemarse y en la sombra sin perderse. Tú has nacido para cruzar todos los límites, para estar en todos los reinos sin pertenecer a ninguno… salvo a tu propia naturaleza.

En ese momento, desde el bosque surgieron más presencias: seres de sombra antiguos, guardianes de caminos olvidados, espíritus de raíces y aguas profundas. Se arrodillaron ante ella no como a una reina, sino como a una hermana, como a la dueña de su misma esencia.

Alina bajó la mirada hacia el valle de Valdemorral. Allí abajo, los vecinos dormían en paz, protegidos por el manto de noche que ahora ella dominaba. Pensó en Elvira, en su mirada orgullosa cuando comprendió todo. Su abuela sabía que llegaría este día: el día en que su nieta dejaría de dividirse para ser entera.

—¿Y ahora? —preguntó ella, sintiendo que su poder se multiplicaba, ligado a cada rincón oscuro del mundo, a cada silencio, a cada secreto guardado en la tierra y el cielo.

—Ahora eres libre —respondió el Guardián—. La Puerta Oculta te espera, tal como viste en tus visiones. Pero no cruzarás como alguien que busca algo fuera de sí. Irás llevando contigo la verdad: que la oscuridad es tu hogar, tu refugio y tu mayor fuerza.

Alina se alza sobre la colina, con la casa de piedra a su espalda. El cielo se divide en dos: mitad estrellado, mitad profunda oscuridad salpicada de luces tenues que no son estrellas, sino almas antiguas. Su figura irradia ambas energías, y a su alrededor giran símbolos que representan sueño, memoria, protección y renacimiento. El medallón brilla con una intensidad tal que crea un puente entre su pecho y el horizonte. En letras de luz plateada sobre fondo negro, se lee la frase que sellará su destino para siempre.

Pasaron las horas, y cuando el alba comenzó a asomar con tonos rosados y dorados en el este, Alina no sintió que la luz desplazara nada, sino que se sumara en armonía. El Guardián se puso a su lado, igual de firme, igual de eterno.

—Antes temía convertirme en algo que no entendía —confesó ella en voz baja—. Creía que aceptar la oscuridad significaba dejar de ser yo misma. Hoy sé que es justo lo contrario: es volver a ser quien siempre fui.

—La verdad nunca separa, solo une —respondió él—. Y esta verdad es tuya: Mi alma le pertenece a la oscuridad. No es una renuncia, es una declaración de pertenencia absoluta. En ella encuentras tu fortaleza más grande, la sabiduría de milenios y el poder de proteger todo lo que amas.

Alina miró hacia el bosque profundo, hacia donde esperaba la Puerta Oculta. Ya no había miedo en su corazón, solo decisión y paz. El Libro de la Estirpe cerró sus páginas con un sonido suave, como quien termina una larga carta y prepara el papel para nuevas palabras.

—Vamos —dijo ella con firmeza—. Hay nuevos horizontes esperando, y ahora sé quién soy al caminar hacia ellos.

De la noche guardo mi calma,

de la luz tomo mi guía,

pero en lo hondo de mi alma,

es la oscuridad mi vida.

Con esa promesa sellada en su pecho y en cada latido de su ser, Alina, Guardiana del Equilibrio, dueña de ambas esencias, dio su primer paso hacia los reinos desconocidos. Ya no caminaba dividida: iba entera, completa y eterna, sabiendo que donde hubiera sombra, allí estaría siempre su hogar.

El amanecer ilumina el valle mientras Alina y el Guardián caminan hacia el bosque. Sus siluetas proyectan luz y sombra a la vez, fundiéndose en un rastro brillante sobre la hierba húmeda. A su alrededor, flores lunares se cierran despacio, listas para volver a florecer cuando caiga la noche. El aire vibra con magia antigua, y en el cielo se dibuja el símbolo de su linaje: la unión eterna, sellada para todos los tiempos.

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Carmen Cecilia Ledezma Chaverra
Estuvo buena aunque le faltó chispa a la trama
Penelope
Simplemente hermoso, encontrar su complemento. 👏👏
Penelope
Que viva el amor...
Penelope
jojojo
Penelope
Que comience el amor
Penelope
Uhh, encontró su media naranja/NosePick//NosePick//NosePick/
Penelope
Que lindo, tener alguien que te cuide desde antes de nacer y que no haga parte de tu familia.👏
Penelope
Me ha parecido interesante el tema.
Siempre vemos la oscuridad como algo malo, pero realmente es como ver la vida de otra manera
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