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Tu Precio, Mi Deseo

Tu Precio, Mi Deseo

Status: Terminada
Genre:Romance / Autosuperación / Posesivo / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

A sus veintiocho años, Damiano Serrano lo tiene todo... o eso cree el mundo. Es el brillante y millonario fundador de una de las empresas automotrices más prestigiosas del mercado, un hombre hecho a sí mismo a base de sudor, rabia y un pasado oscuro que prefiere mantener bajo llave. Pero detrás de los motores de lujo y las portadas de revistas, Damiano arrastra las secuelas de una adolescencia perdida en las adicciones y un rencor asfixiante hacia su padre. Está solo, atormentado por una esterilidad que hiere su orgullo, y con un vacío en el pecho que ninguna cantidad de dinero puede llenar.
Scarlett Moreno tiene veintidós años, una meta clara y las reglas muy bien definidas. Para ella, trabajar en la aplicación más exclusiva de acompañantes íntimas es solo un negocio; un intercambio frío de tiempo por dinero que le permite asegurar su futuro. No hay espacio para los sentimientos en su agenda.

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Capitulo 16

La tormenta exterior parecía haber encontrado su réplica perfecta dentro del penthouse. El eco del portazo del ascensor privado aún vibraba en las paredes de cristal del piso treinta, pero para Damiano Serrano, el mundo se había quedado en un silencio sepulcral, frío y absoluto.

Estaba de pie en mitad del inmenso salón, con los brazos caídos a los lados del cuerpo y la mirada gris fija en el sobre de papel madera que descansaba sobre la mesa de cristal. Cincuenta mil dólares. El último pago. La tarifa exacta que, según ella, había comprado su tiempo, su risa, la dulzura de sus ojos avellana y la calidez de su piel canela.

*«Alguien de mi edad... alguien que no esté roto»*.

Las palabras de Scarlett seguían flotando en el aire como astillas de vidrio, perforándole el pecho con una precisión quirúrgica. Su mayor inseguridad, el trauma de su esterilidad y la sombra de su adolescencia destructiva habían sido expuestos y pisoteados por la única mujer a la que le había permitido ver sus heridas. El dolor mutó rápidamente en una rabia sorda, una coraza de orgullo que se cerró sobre su corazón con la fuerza de una prensa hidráulica. El titán indomable del acero y los motores estaba de vuelta, pero por dentro, el chico del callejón sangraba en silencio.

Caminó hacia la mesa de centro con paso lento y felino. Tomó el sobre con sus dedos largos y tatuados, sintiendo el peso del papel. Soltó una carcajada seca, un sonido ronco y carente de cualquier pizca de gracia que se extinguió de inmediato en la inmensidad del apartamento. Con un movimiento brusco, arrojó el sobre al fuego de la chimenea de bioetanol, contemplando cómo las llamas consumían el dinero que se suponía que lo unía a ella.

—Se acabó —susurró para sí mismo, con la mandíbula tan apretada que los músculos de su cuello se tensaron bajo la camisa negra. Si ella quería un negocio, él le daría el cierre contable más frío de su vida.

Mientras tanto, en la planta baja del edificio, Scarlett Moreno caminaba bajo la lluvia torrencial. Las gotas frías se mezclaban con las lágrimas calientes que le resbalaban por las mejillas, borrando cualquier rastro del maquillaje ligero que se había puesto. El vestido de punto negro se le pegaba al cuerpo como una segunda piel, tiritando no por el frío del verano, sino por el vacío atroz que sentía en el estómago.

Cada paso que la alejaba del edificio de Damiano era una tortura. Su mente juvenil, atrapada en el torbellino del romance contemporáneo, intentaba convencerla de que había hecho lo correcto. Había salvado a su abuela del chantaje de Héctor y había protegido la reputación internacional de *Serrano Motors*. Pero a cambio, se había arrancado el alma. Recordar la mirada de desilusión y el dolor crudo en los ojos grises de Damiano cuando mentecató sobre "el chico de la universidad" era un castigo que no sabía si podría soportar.

Llegó a su departamento empapada y temblorosa. Camila la esperaba en el salón, con una manta entre las manos y el rostro desencajado por la preocupación. Al ver entrar a Scarlett destrozada, Cami la envolvió de inmediato en sus brazos.

—Lo hiciste... —dijo Camila, sintiendo el llanto silencioso y violento que sacudía el cuerpo de su amiga.

—Se lo dije, Cami —sollozó Scarlett, ocultando el rostro en el hombro de su amiga—. Le dije que solo era por el dinero. Le dije que estaba roto y que prefería a alguien de mi edad. Vi cómo se le rompía el corazón en mil pedazos y no pude hacer nada para evitarlo. Lo odio, Cami. Odio a su padre y odio este maldito contrato.

—Shh... ya está, Scar. Hiciste lo que tenías que hacer para protegerlo —la consoló Camila, aunque sabía que las reglas que ella misma había predicado se habían cobrado el precio más alto de todos.

Tres días pasaron como una neblina pesada. En la sede central de *Serrano Motors*, el ambiente era insoportable. Damiano se había transformado en un dictador implacable. No dormía, apenas comía y pasaba veinticuatro horas al día encerrado en el taller de desarrollo técnico o en su oficina, exigiendo a sus ingenieros un nivel de perfección ridículo. Su atracción por el trabajo se había vuelto una obsesión enfermiza para no pensar en los labios carnosos de Scarlett.

Matías Vega entró a la oficina de su socio sin llamar, tirando una carpeta sobre el escritorio de cristal.

—Damiano, basta —dijo Mati, plantándose frente a él con los brazos cruzados y una expresión seria—. Has despedido a tres jefes de equipo en cuarenta y ocho horas. Estás destrozando la empresa antes de salir a la bolsa. Sé lo que pasó. Sé que Scarlett canceló el contrato en *Velvet*.

Damiano levantó la cabeza lentamente. Sus ojos grises estaban inyectados en sangre, rodeados de ojeras profundas que delataban su insomnio. La barba de varios días le daba un aspecto salvaje, peligroso y sumamente atractivo, una sensualidad cruda que nacía del puro abandono emocional.

—No pronuncies su nombre en esta oficina, Matías —dijo Damiano, con una voz tan baja y ronca que pareció un rugido felino—. Scarlett Moreno fue solo una proveedora de servicios que decidió dar por terminado su acuerdo. Encontró una mejor oferta en el mercado juvenil, eso es todo. El negocio está cerrado.

—No me vengas con esa mierda corporativa, hermano —Mati se inclinó sobre el escritorio, clavándole la mirada—. Estás enamorado de ella hasta las trancas. Lo vi en la pizzería. Vi cómo te miraba ella. Algo no cuadra en todo esto. Una chica no te cuida en mitad de un ataque de ansiedad y te regala las herramientas de tu madre solo por una transferencia bancaria. Estás dejando que tu maldito orgullo te ciegue.

—¡Dijo que estaba roto, Matías! —estalló Damiano, poniéndose de pie de golpe, golpeando el cristal con el puño. La furia contenida explotó por fin—. Me miró a los ojos y me dijo que no soy suficiente para un futuro real. Me recordó lo que mi padre me dijo. ¿Quieres que vaya a rogarle a una niñata de veintidós años que prefiere a un estudiante cualquiera? Se acabó. Serrano Motors no ruega. Yo no ruego.

Matías guardó silencio, midiendo la magnitud del desastre. Sabía que cuando Damiano levantaba esos muros de hielo, la única forma de romperlos era con una verdad más grande que su orgullo, pero por el momento, su amigo estaba completamente inaccesible.

Esa misma noche, incapaz de quedarse en el departamento donde cada rincón le recordaba a él, Scarlett decidió ir a *Velvet Underground*, el club exclusivo donde todo había comenzado. No iba a buscar clientes; su cuenta estaba borrada permanentemente. Necesitaba recuperar su bolso de mano y unos documentos que había dejado en los casilleros del personal VIP el fin de semana anterior.

Vestía unos leggings de cuero negro que se amoldaban a sus piernas como un guante y un top corto de encaje del mismo color que dejaba al descubierto su abdomen plano y su piel canela. Su belleza juvenil y fresca destacaba entre la opulencia artificial del lugar, atrayendo las miradas lujuriosas de los hombres maduros con dinero que frecuentaban los reservados.

Mientras caminaba hacia la zona de administración, la música electrónica de fondo pareció desvanecerse. En la barra VIP, rodeado de dos modelos de la agencia de Valeria Vance, estaba Damiano.

Scarlett se detuvo en seco, sintiendo que el corazón le daba un vuelco violento. Él llevaba una camisa negra entreabierta en el cuello, dejando ver el inicio de sus tatuajes del pecho. Sostenía un vaso de whisky y reía de lado con una frialdad ensayada mientras una de las rubias le acariciaba el hombro con descaro. Era una escena de pura provocación, una exhibición de poder y desdén erótico diseñada para demostrar que no le importaba nada.

De repente, los ojos grises de Damiano se cruzaron con los ojos avellana de Scarlett a través de la pista.

El impacto eléctrico fue instantáneo. La tensión sexual acumulada, el dolor del desamor y el deseo posesivo que aún compartían estallaron en el aire del club. Damiano no se apartó de la modelo; al contrario, la tomó de la cintura con una mano firme, sosteniendo la mirada de Scarlett con una frialdad helada, desafiante.

Scarlett experimentó unos celos punzantes que le quemaron las venas, pero se obligó a mantener la barbilla en alto. Le dedicó una mirada de absoluta indiferencia, dio la vuelta y caminó hacia la salida del club con paso firme y sensual, negándose a mostrar el vacío que la estaba consumiendo.

El contrato había terminado de manera oficial, la frialdad del orgullo los había separado ante el mundo, pero en el cruce de esas dos miradas heridas quedó claro que el fuego entre el magnate y la universitaria estaba muy lejos de haberse apagado por completo.

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Lau
comenzando me gusta 🤭
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