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Layla, La Pincesa Guerrera De Al-Jazair

Layla, La Pincesa Guerrera De Al-Jazair

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / Romance paranormal / Época / Aventura
Popularitas:481
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

En los años de mayor esplendor de Al-Jazair, cuando la paz reinaba absoluta tras la gran victoria de Karim y Amara, el palacio real brillaba con una luz que parecía no pertenecer a este mundo. Los jardines eran eternamente verdes y floridos, las fuentes cantaban día y noche, y la gente vivía segura y feliz bajo el gobierno sabio y justo del Rey Zayn y la Reina Elena. Todos conocían y amaban la historia de su hijo mayor, Karim, el príncipe que había salido en busca de su destino, había vencido a la oscuridad y había traído la luz definitiva. Su nombre se contaba en canciones, en libros y en historias que las madres contaban a sus hijos antes de dormir.
Pero había otra historia, la de alguien que vivía en la misma sombra de esa gloria, alguien que tenía la misma sangre, la misma magia, pero un espíritu completamente distinto y salvaje. Era Layla, la hija pequeña de Zayn y Elena, nacida años después que su hermano.

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CAELAN DE VALERION.

La besó entonces, con una pasión feroz y a la vez infinita, devorando sus labios, su boca, bebiendo su aliento, haciéndola suy° con cada roce. Sus manos, grandes, expertas y ardientes, empezaron a desabrochar su ropa, quitando cada prenda que estorbaba, con una urgencia que no admitía demoras, pero con una delicadeza que demostraba cuánto la valoraba.

Cuando quedaron desnudos bajo el cielo estrellado, con la luz del fuego iluminando sus cuerpos perfectos, Layla vio con claridad cómo las marcas antiguas en el pecho y los brazos de Caelen brillaban con una luz dorada y azul propia, brillaban al ritmo de su corazón, brillaban porque estaba con ella, porque estaba siendo él mismo por fin. Eran los símbolos de su casa: el águila de alas extendidas, la estrella de cuatro puntas, las llamas de luz eterna. Eran la prueba viva de su realeza.

—Eres hermoso… —susurró ella, pasando las yemas de los dedos por aquellas marcas brillantes, sintiendo cómo la magia de él respondía a su tacto, vibrando bajo su piel—. El hombre más hermoso y poderoso que existe. Y es mío.

—Y yo soy tuyo —respondió él, mientras se tumbaba sobre ella, apoyando su peso en los brazos para no aplastarla, rozando su cuerpo con el suyo, haciendo que cada centímetro de piel que se tocaba ardiera como si estuviera en llamas—. Tuyo para siempre. Tuyo hasta que las estrellas se apaguen.

Sus manos recorrieron cada rincón de su cuerpo, memorizando cada curva, cada sensación, cada punto sensible que hacía que ella arqueara la espalda y gimiera suavemente de placer. Le besó los pech°s firmes y redondos, tomándolos en su boca, jugando con los pez°nes endurecidos, haciéndola enloquecer de deseo. Bajó besando su cintura, sus caderas, sus muslos, llegando hasta el centro de su placer, donde ella ya estaba húmeda, ardiente y pidiéndolo a gritos.

Y allí, con una destreza que solo un príncipe, educado en todos los conocimientos, podía tener, Caelen la llevó al cielo y al infierno, la hizo perder la razón y el sentido, arrancándole gritos de placer que resonaban en todo el valle, demostrándole que podía darle más, mucho más de lo que jamás hubiera imaginado.

Cuando finalmente se unieron, cuando él 2ntró en ella con un movimiento lento, profundo y completo, ambos lanzaron un gemido largo y cargado de satisfacción. Se movieron juntos al ritmo de la magia, al ritmo de sus corazones, al ritmo de un destino que se cumplía. Él la poseía con la fuerza de un rey y el amor de un amante eterno, llenándola, haciéndola suya una y otra vez, mientras las luces de sus marcas brillaban más y más fuerte, envolviéndolos en una burbuja de luz dorada y azul que los protegía y los sellaba como pareja real.

—Mía… eres mía… —repetía él entre besos y gemidos, perdiéndose en la mirada avellanada de ella—. Mi princesa guerrera. Mi reina.

—Y tú eres mi príncipe… —respondía ella, perdida en el placer absoluto, sintiendo cómo su propio poder se mezclaba con el de él, creando algo nuevo, más grande, imparable—. Mi Caelen de Velarion.

Llegaron juntos al clím1x, explotando en mil sensaciones, en una luz cegadora que brotó de sus cuerpos, uniendo sus almas para siempre, sellando su amor con la fuerza de la magia más antigua y pura del mundo.

Se quedaron abrazados, recuperando el aliento, mirándose a los ojos bajo el cielo lleno de estrellas. Ya no había dudas, ni secretos, ni diferencias. Eran dos príncipes, dos linajes antiguos, dos almas gemelas que habían encontrado su camino el uno en el otro.

—Mañana seguiremos —dijo Caelen en voz baja, acariciando el cabello negro de ella, besando su frente con infinito cariño—. Mañana iremos hacia el norte, hacia las ruinas de mi reino. Iremos a buscar lo que nos pertenece. Pero esta noche… esta noche solo somos nosotros. Y eso es suficiente para conquistar el mundo.

Layla se acomodó mejor contra su pecho, escuchando los strong y firmes latidos de su corazón, sintiéndose la mujer más afortunada y feliz de todas. Había huido de casa buscando su propio destino, buscando ser ella misma, buscando algo más… y había encontrado mucho más de lo que jamás hubiera soñado. Había encontrado el amor verdadero, la pasión desbordante, y al hombre más noble, poderoso y maravilloso que existía. El hombre que todos creían que no era adecuado para ella… resultó ser el único que estaba a su altura, el único que era digno de su sangre real, el único que estaba destinado a gobernar a su lado.

Y ahora, juntos, la Princesa Guerrera de Al-Jazair y el Príncipe Perdido de Velarion estaban listos para cambiar la historia, para reclamar sus derechos y para demostrar que el amor, la verdad y la magia podían con todo.

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