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AMOR VERDADERO

AMOR VERDADERO

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:10.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Azul

Elena, una joven de veinte años que ha crecido sola y enfrentando el rechazo constante, busca desesperadamente una oportunidad para sobrevivir tras abandonar la universidad. Su camino la lleva a una mansión solitaria como sirvienta, donde su única responsabilidad es Dante, un hombre de treinta y dos años devastado por un accidente que le arrebató su movilidad y su fe en el amor.

​Abandonado por su esposa cuando más la necesitaba, Dante se oculta tras un antifaz y un profundo cinismo, decidido a hundirse en su propia miseria. Sin embargo, Elena no ha llegado a su vida para compadecerlo, sino para desafiar su oscuridad. En medio del silencio y el dolor, ambos descubrirán que, a veces, la única forma de sanar las cicatrices del pasado es permitiendo que alguien más, contra todo pronóstico, se atreva a mirar nuestras heridas sin miedo.

NovelToon tiene autorización de Luna Azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

23.

ELENA DUARTE

​La fiebre finalmente cedió tras tres días de infierno, dejando mi cuerpo como un cascarón vacío y mi espíritu hecho pedazos sobre la sábana.

Me levanté y me miré al espejo del baño, pero no reconocí a la mujer que me devolvía la mirada: estaba pálida, con las ojeras marcadas por tanto llanto acumulado y una tristeza tan honda que parecía haberse tatuado en mi propia piel.

Cada rincón de esta casa, cada sombra que se proyectaba en la pared al caer la tarde, me gritaba el nombre de Dante.

Eran ecos de un pasado que me quemaba. Me obligué a recordar el tiempo que pasé en aquella mansión, un mundo diminuto y asfixiante donde solo éramos tres: Dante, Gerald y yo. Solo nosotros tres en un círculo viciado, y aun así, la capacidad de manipulación de ese jardinero había logrado desmantelar todo lo que yo había construido con mi honestidad.

​No podía quedarme un segundo más. La ciudad entera me asfixiaba, convirtiéndose en una cárcel de recuerdos de la que no podía escapar.

Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba la voz gélida de Dante cuestionándome, repitiendo como un mantra las mentiras que aquel hombre había sembrado con tanta astucia. Él había elegido. Prefirió el veneno de Gerald. Me sentí usada, desechada como una pieza vieja, y el orgullo, esa pequeña chispa de dignidad que me quedaba, me empujó a moverme.

​—Se acabó, Elena. Tienes que salir de aquí o vas a desaparecer por completo —me dije a mí misma en voz alta.

Mi voz sonó quebrada, un hilo de sonido en el silencio absoluto de mi cuarto, pero tenía una determinación fría que no había sentido antes.

​Esa misma tarde, tomé una decisión radical. Saqué el dinero que había logrado ahorrar con tanto sacrificio durante todo el tiempo que trabajé en la mansión. No era una fortuna, no era el dinero de un magnate, pero era el fruto de mi esfuerzo, de mis manos agrietadas y de mis horas de desvelo cuidando a un hombre que al final terminó por destruirme al dudar de mi esencia. Era mi libertad, la única que me quedaba en este mundo.

Con las manos temblorosas, empaqué mi pequeña maleta. No dejé ninguna nota sobre la mesa. ¿Para qué? ¿Para que Gabriela, con su mirada juzgadora, me reprochara una vez más? ¿Para que Dante ni siquiera se dignara a leer una sola palabra escrita por mí, prefiriendo escuchar a quien lo estaba hundiendo en su propia miseria? No, no habría cartas.

​Tomé el primer autobús hacia otra ciudad, una que quedaba lo suficientemente lejos como para que el mapa me hiciera sentir, por primera vez en meses, segura. El viaje fue eterno, un tránsito entre el dolor que dejaba atrás y la incertidumbre que me esperaba. Miraba por la ventana cómo el paisaje cambiaba, cómo la ciudad que me había dado el amor y luego me lo había arrebatado se hacía pequeña hasta desaparecer por completo en el horizonte.

Al llegar a este nuevo lugar, el aire se sentía distinto, más limpio, más ajeno. Sin embargo, mi cuerpo no estaba respondiendo. Sentía una pesadez extraña, una fatiga que me calaba hasta los huesos, pero la atribuí al estrés acumulado y a la fiebre que me había consumido días atrás.

​Los primeros días en esta nueva ciudad fueron un borrón. Alquilé una habitación modesta, oscura pero tranquila, donde nadie me conocía.

Mi salud seguía sin ser la mejor; a veces sentía mareos intensos y un cansancio profundo que me obligaba a dormir durante horas. Ignoraba las señales, pensando que mi cuerpo solo estaba pagando la factura del abandono físico al que lo había sometido.

​Una mañana, caminando por el centro de la ciudad para distraerme de la punzada en el pecho que nunca se iba, encontré un pequeño local en una esquina que tenía un cartel de "Se alquila". Era modesto, sencillo, con grandes ventanales que dejaban entrar la luz de la mañana. Algo en mí hizo "clic", una chispa de esperanza que creía muerta. Siempre me habían gustado las plantas, la forma en que una semilla, con el cuidado y la paciencia adecuados, podía transformar la tierra estéril en vida pura. Decidí que arriesgaría el resto de mis ahorros en ese sueño.

​Compré estanterías de madera, cubetas metálicas, listones de colores y, sobre todo, flores de todos los tipos. Llené aquel pequeño espacio con orquídeas blancas, rosas aterciopeladas, jazmines y girasoles que buscaban el sol. El olor era embriagador, una mezcla de tierra húmeda y perfume dulce que, por primera vez en semanas, me hizo esbozar una sonrisa auténtica. Llamé al lugar "Flores de Iris". No era solo un nombre comercial; era un suspiro, un deseo de alcanzar la paz que tanto necesitaba.

​Acomodar los pétalos, cortar los tallos y preparar los ramos se convirtió en mi terapia.

Aprendí a sonreírles a los clientes, a hablarles sobre el riego, sobre cuánta luz necesitaba cada especie para florecer.

Aprendí a construir un mundo donde la traición y las sombras de la mansión no tenían cabida. Me refugié en el trabajo para no pensar, para no recordar la forma en que Dante me miraba cuando dejaba que su desconfianza se apoderara de su juicio. Trabajaba horas sin parar, moviendo cajas y cargando arreglos pesados, intentando cansar al cuerpo para que el alma no tuviera fuerzas para sufrir.

​Pero mi cuerpo me enviaba advertencias que yo prefería no escuchar. Una mañana, mientras cargaba una caja especialmente pesada de macetas para acomodar el estante superior del local, sentí un pinchazo agudo, un dolor sordo y punzante en la parte baja del vientre. Me quedé inmóvil, con la caja suspendida en mis brazos, sintiendo un sudor frío que me recorría la espalda. Era un dolor muy específico, muy familiar, un recordatorio de los cólicos que solían visitarme cada mes, esos que me daban siempre antes de que me bajara el periodo.

​—Ya era hora —murmuré para mí misma, tratando de convencerme de que mi cuerpo simplemente estaba despertando de su letargo—. Con todo este estrés, el viaje y la mala alimentación, es normal que el ciclo estuviera alterado. Se está regulando.

​Solté la caja con cuidado y me llevé una mano a la cintura, apoyándome contra la pared de madera del local. Me sentía débil, con una fatiga que me obligaba a cerrar los ojos. Pensé en buscar una toalla sanitaria en mi bolso, segura de que en cualquier momento vería la señal roja de que mi cuerpo intentaba volver a la normalidad después de tanto tiempo.

Estaba tan convencida de que era solo mi menstruación haciéndose esperar, que ni siquiera me pasó por la mente otra posibilidad.

Para mí, el mundo solo se reducía a sobrevivir, a vender flores y a curar un corazón que aún sangraba.

​Después de unos minutos, el dolor disminuyó un poco, aunque la fatiga se quedó conmigo, pesada como una manta.

Seguí trabajando, ignorando las punzadas que venían y se iban en oleadas, tratando de convencerme de que estar sola en esta ciudad desconocida era todo lo que necesitaba para sanar.

Dante Spencer era el pasado, un nombre que empezaba a doler menos al pronunciarlo en mi mente. Yo era Elena Duarte, una mujer que levantaba un negocio de la nada, empezando de cero, sin sospechar que, bajo ese dolor que confundía con algo tan cotidiano, mi cuerpo estaba protegiendo un secreto inmenso, una vida nueva que crecía silenciosamente, ajena al mundo de sombras que había dejado atrás en la mansión.

​Me acosté esa noche pensando que, aunque el camino hubiera sido cruel, al menos ahora nadie podría volver a decirme quién debía ser. Estaba sola en una ciudad desconocida, empezando de cero.

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Isela Aguirre
excelente novela autora felicidades me encantó 💕
Isela Aguirre
bellisimo capítulo 💘🥰
Isela Aguirre
bonita novela autora felicidades 💘🥰excelente
Helizahira Cohen
muy bonita, buena redacción, sin dramas locos, corta y una trama coherente 👍, felicidades, voy a ver que tienes en tu perfil
Judy
Hermosa historia!!
Judy
Muy linda historia de superación, valentía, y sobre todo el poder del Amor Verdadero y puro que restaúra y perdona. Me encantó!!! El final muy bello!!!! Gracias!
Ana Mendez
Me encantó, exelente estubo genial, persevero el amor, humildad estubo muy buena, felicidades por tan buena escritura
Elida Toro
yo pienso q debería de contratar un detective q vigile a Gerald x q lo hizo de maldad
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente la historia , gracias querida autora Luna azul Dios te continúe bendiciendo ese hermoso don que te ha regalado
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Muy bello me encantó como fue desarrollandose la historia con el crecimiento personal de los 2
Sandra Maritza Mesa
me encanto 👏👏 gracias una historia diferente con muchas emociones y final feliz 😊 bendiciones nuevamente gracias por su tiempo 🙏
Luna Azul: Gracias a usted por leerme. 🥰🥰
total 1 replies
Sandra Maritza Mesa
hay que felicidad 👏👏🙏
Sandra Maritza Mesa
hay y ahora como se va enterar dónde está pensé que ese momento Hiba a estar juntos
Sandra Maritza Mesa
te felicito Dante está siendo inteligente y paciente 👏👏
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena historia, bendiciones
Alexandra Ortiz Posada
Bonita novela, gracias por compartir
Luna Azul: Gracias por leerme 🤭☺️
total 1 replies
Manu
Gracias por esta novela, una aventura de emociones que siendo honesta hasta lágrimas me sacaste. Pero al final todo termina con un buen sabor de boca. Cada quien en ese lugar y donde deberían estar. Y eso es así en la vida.
Luna Azul: Infinitas gracias 🥰
total 1 replies
Maria Elena Martinez Lazaro
creo que está en embarazo
Maria Elena Martinez Lazaro
jajaja 🤣🤣🤣 primero cae un mentiroso que un cojo 🤣🤣🤣
Sandra Maritza Mesa
sigue adelante Dante si se puede cuando la encuentres verás que tú esfuerzo valió la pena 👏👏
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