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En Las Garras Del Villano

En Las Garras Del Villano

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: syv

Ella lo creó para ser el villano perfecto.
Oscuro, seductor… inolvidable.

Pero cuando comienza a soñarlo, él deja de seguir sus reglas.

Cada noche la atrae más, cada sueño se vuelve más real y cada palabra escrita parece darle poder. Lo que empezó como inspiración se transforma en obsesión cuando su personaje comienza a conocerla mejor que nadie… incluso mejor que ella misma.

Ahora debe elegir: terminar la historia y hacerlo desaparecer… o dejar que el villano que inventó la arrastre a un mundo del que quizá no pueda volver.

Porque algunos personajes no quieren un final feliz.

Quieren existir.

NovelToon tiene autorización de syv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22 — Quinto sueño

Durmió mal esa noche.

No era nuevo — llevaba semanas durmiendo mal, entre sueños que no terminaban de irse y vigilias que no terminaban de llegar. Pero esta noche era diferente. Esta noche sabía, antes de cerrar los ojos, que algo iba a pasar.

La marca latía lenta bajo su clavícula. El olor de Dorian llenaba el apartamento como un fondo de armario que ya no se notaba pero seguía ahí. Constante. Familiar.

Valeria se tumbó boca arriba, mirando la grieta del techo.

—Vale —susurró—. Si vas a venir, ven ya. Que mañana tengo que escribir y no puedo hacerlo con sueño.

Nadie respondió.

Pero cuando cerró los ojos, el sueño la atrapó antes de que pudiera contar hasta tres.

El apartamento es el mismo.

Pero no.

Valeria lo nota sin abrir los ojos del todo: el peso de las sábanas es el correcto, la almohada huele a ella, la posición del cuerpo es la de siempre.

Pero el silencio.

Ese silencio absoluto que ya conoce.

Sin nevera. Sin coches. Sin Madrid.

Abre los ojos.

La luz es densa, como siempre en los sueños. Los objetos están en su sitio, pero algo en el aire es diferente. Más quieto. Más expectante.

Y él no está en el marco de la puerta.

Eso la descoloca.

Busca con la mirada. El dormitorio está vacío. La puerta, entreabierta. El pasillo, a oscuras.

Entonces lo ve.

Dorian está sentado en la silla del escritorio.

La silla donde ella pasa las horas frente al ordenador. La silla donde ha escrito cada página del manuscrito. La silla donde las palabras llegan cuando él está cerca.

Él está ahí, sentado, con una pierna cruzada sobre la otra, los brazos apoyados en los reposabrazos. Postura de quien tiene todo el tiempo del mundo.

Postura de quien está cómodo.

La mira.

No hay sonrisa. No hay gesto. Solo esa mirada que sabe demasiado.

Y entonces habla.

—Así que soy el villano.

La voz es tranquila. Neutra. Como si constatara un hecho sin importancia. El clima. El precio del pan. Algo que está ahí y no merece drama.

Valeria se incorpora en la cama. Las sábanas se deslizan. Lleva la misma ropa con la que se durmió — un pantalón viejo y una camiseta que dice "ESCRITORA: POR FAVOR, NO MOLESTAR".

—¿Qué?

—El villano. —Dorian inclina la cabeza ligeramente—. El antagonista. El hombre oscuro que quiere algo de la protagonista y no dice qué. El que tiene esa mezcla de seducción y amenaza que hace que las lectoras no sepan si querer salvarlo o tenerle miedo.

Hace una pausa.

—Ese soy yo, según tu manuscrito.

Valeria abre la boca.

Quiere negar. Quiere decir que es ficción, que los personajes no son reales, que él no tiene derecho a leer lo que escribe.

Pero en los sueños las mentiras funcionan mal.

—No lo escribí así —dice.

—No. —Dorian asiente, como si le diera la razón—. Lo escribiste peor.

—¿Perdón?

—Más interesante. Más contradictorio. Le diste capas que no merecía si solo fuera un villano. Querías que tuviera matices. Que doliera. Que no se pudiera odiar del todo.

La mira fijamente.

—Eso es más cruel que cualquier maldad que le pusieras.

Valeria no sabe qué decir.

Se queda callada un momento. Demasiado largo. Él espera.

—¿Y qué quieres que haga? —dice al fin—. ¿Que te escriba bueno? ¿Que te ponga un cartelito de "personaje bondadoso" y ya está?

—No.

Dorian sonríe. Apenas un movimiento de labios.

—Quiero que me preguntes.

—¿Preguntarte qué?

—Lo que siempre preguntas en los sueños y nunca dices en voz alta.

Valeria siente un calor en el pecho que no es la marca.

—No sé de qué hablas.

—Sí sabes.

La voz de él sigue siendo tranquila. Pero hay algo nuevo ahora. Algo que no estaba al principio.

—En la novela, el personaje tiene una motivación. Quiere algo de ella. Protegerla, poseerla, destruirla — según la escena. Pero nunca lo dice claro. Y ella nunca pregunta.

Hace una pausa.

—En los sueños, tú tampoco preguntas.

Valeria se queda quieta.

—¿Y si no quiero saber? —dice.

—Entiendo.

La respuesta es tan simple, tan carente de juicio, que la desarma.

—Pero quieres.

Ella no responde.

No puede.

—Llevas semanas escribiéndome —continúa Dorian, sin moverse de la silla, sin cambiar de tono—. Me has dado una historia, un pasado, una forma de hablar que no es la tuya. Me has hecho real en esas páginas. Y cada vez que lo hacías, te acercabas un poco más a algo que no quieres ver.

—¿Y qué es eso?

—Que no me escribiste villano porque creyeras que lo soy.

Pausa.

—Me escribiste villano porque era la única forma segura de tenerme cerca.

Las palabras quedan flotando en el aire.

Valeria quiere negar.

Quiere decir que no, que es mentira, que él se lo inventa todo.

Pero en los sueños las mentiras funcionan mal.

Y él la mira con esa certeza que no necesita pruebas.

—No es cierto —dice ella.

Suena débil incluso para sí misma.

—No.

Dorian asiente otra vez.

—No es cierto del todo. También me escribiste así porque era más interesante. Porque los personajes perfectos aburren. Porque querías que dudaran de mí, igual que tú dudas de mí.

Se inclina ligeramente hacia adelante. La silla cruje. Es el único sonido en el silencio absoluto.

—Pero debajo de todo eso, debajo de cada capa que le pusiste, había una razón más simple. Mientras fuera el villano, podías tenerlo cerca sin tener que admitir lo que realmente sentías.

Valeria traga saliva.

La garganta le duele.

—¿Y qué es lo que siento? —pregunta.

Es una trampa. Lo sabe.

Pero en los sueños las preguntas también funcionan mal.

Dorian la mira un momento.

Largo.

Tan largo que ella empieza a pensar que no va a responder.

—Eso —dice al fin—. Eso que estás sintiendo ahora mismo. Eso que no quieres nombrar.

Y se calla.

No hay contacto. No hay mano en la mejilla. No hay dedos apartando el mechón.

Solo la distancia entre ellos.

Solo esa certeza.

—En la vida anterior —dice Dorian, y su voz cambia ligeramente—, también me llamaban monstruo.

Valeria se tensa.

—No sabía que hubiera una vida anterior.

—Hay muchas cosas que no sabes.

—¿Me las vas a contar?

—Cuando estés lista para oírlas.

—¿Y cómo sabré que lo estoy?

Dorian sonríe otra vez. Esta vez la sonrisa es distinta. Más triste.

—Lo sabrás porque dejarás de preguntar.

El silencio vuelve.

Pero es un silencio diferente. Más denso. Más cargado.

Valeria piensa en el manuscrito. En todas las páginas donde lo describió como alguien que daba miedo. En las escenas donde la protagonista dudaba de él, donde sospechaba, donde se protegía.

Ella había escrito eso.

Ella había puesto esa distancia.

Y él lo había leído todo.

—¿Te dolió? —pregunta.

La pregunta le sale sin pensar.

Él la mira.

—No. —La voz es tranquila—. Entendí por qué.

—¿Por qué?

—Porque es más fácil tenerle miedo a alguien que admitir que lo necesitas.

Valeria siente que algo se rompe dentro de ella.

No es dolor. Es otra cosa.

Es ser vista.

—No te necesito —dice.

Es mentira. Los dos lo saben.

Pero en los sueños las mentiras suenan más falsas que nunca.

Dorian no responde.

Solo sigue mirándola.

Y ella, en lugar de apartar la vista, se queda quieta.

La conversación ha terminado. No porque hayan dicho todo lo que había que decir. Sino porque ya se dijo lo importante.

Dorian vuelve a recostarse en la silla. El gesto es leve, casi imperceptible, pero ella lo nota.

—Has hecho un buen trabajo —dice—. Con el personaje.

—¿Tú crees?

—Sí. Incluso la parte donde soy el malo. Tiene sentido.

—¿Qué sentido?

—Que necesitaras creer eso para escribirme.

Hace una pausa.

—Pero ahora ya no lo necesitas.

Valeria no responde.

El sueño empieza a desvanecerse.

Los bordes se vuelven borrosos. La luz cambia. La densidad del aire disminuye.

Él sigue en la silla, mirándola.

Sin moverse.

Sin contacto.

Solo esa mirada.

Y entonces despertó.

El techo.

La grieta.

La luz del amanecer entrando por las persianas.

Valeria abrió los ojos de golpe.

El corazón le latía demasiado rápido.

La marca estaba tranquila, pero ella sentía algo en el pecho que no sabía nombrar.

No era miedo.

No era alivio.

Era esa incomodidad específica de quien había sido más honesta de lo que planeaba.

Se incorporó.

La silla del escritorio estaba vacía. Por supuesto.

Pero la imagen de él sentado ahí, con esa postura de quien tiene todo el tiempo del mundo, seguía grabada en su cabeza.

Se levantó.

Fue al ordenador.

Lo encendió.

El manuscrito estaba abierto. No recordaba haberlo dejado así.

Había doce páginas nuevas.

Empezó a leer.

Era la conversación.

Íntegra.

Cada palabra que habían dicho. Cada silencio. Cada pausa.

El diálogo estaba ahí, en su documento, con su letra digital, como si ella lo hubiera escrito mientras dormía.

Pero no había sido ella.

Siguió leyendo.

Llegó a la parte donde Dorian decía: "Eso que estás sintiendo ahora mismo. Eso que no quieres nombrar."

Y entonces lo encontró.

Debajo de esa línea, había un párrafo que no pertenecía al diálogo.

Era un pensamiento.

El pensamiento que ella había tenido en ese momento, cuando él dijo esas palabras.

El que no dijo en voz alta.

El que se quedó dentro, callado, mientras lo miraba.

Y estaba ahí.

Escrito.

Con su letra.

La marca pulsó.

Una vez. Lenta.

Como un sí.

Valeria leyó el párrafo tres veces.

No podía negar que era suyo. No podía fingir que no lo había pensado.

Pero no lo había dicho.

Nunca lo había dicho.

Y sin embargo, él lo sabía.

Lo había sabido antes de que ella pudiera ocultarlo.

Apoyó la cabeza en las manos.

El olor de tormenta llenaba la habitación. Suave. Constante.

La marca volvió a pulsar.

No sabía qué hacer con eso.

Con ninguna de las dos cosas.

Ni con las páginas, ni con lo que contenían.

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Maria Jose Cardozo
Me encanta, es tan atrapante, y con una historia que te atrapa y te deja esperando por más. Muchas felicidades a la autora por esta bella historia.
Andy
muy bueno
Andy
por favor 😭 autora quiero más nesesito más 🤭 🤣no me dejes en suspenso 👏muy buen trabajo ☺️
Lidy Martines
no te preocupes pero me agradaría leer tus novelas eres una terriblemente magnífica autora de villanos guaperrimos
Lidy Martines: me encanta
total 1 replies
Nata
literal así ando con esta novela
Nata
en fin si ella está perdida yo más, ya no le veo pata ni cabeza a esto
yoly: Hola, lo siento si te perdí un poco, es que no me gustaba lo que había escrito antes y estuve editando los capítulos, lamento confundirte 🥹
total 1 replies
Nata
esta novela está llena de mucho misterio realmente casi no entiendo nada
Nata
es el amigo con derechos o como? ando más perdida
Iris
cómo es pronto editorial 🤔
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