Mi última orden para mi marido mafioso fue que firmara los papeles del divorcio. Por fin dejé atrás mi obsesión por él, y ahora es libre para vivir con su verdadero amor… sin embargo, ahora es él quien me persigue.
Mi marido Gio no era más que un soldato, una herramienta para los trabajos sucios de la mafia de mi padre.
Pero yo estaba enamorada de él y lo perseguía durante años. Mi primera orden fue que firmara los papeles de nuestro matrimonio, y creía que lograría conquistarlo.
Pero en mi peor momento, el día de la muerte de mis padres, me abandonó para estar con la mujer que amaba. Esa fue la gota que colmó el vaso.
Le dejé los papeles del divorcio y me fui, decidida a criar sola al bebé que llevaba en mi vientre.
NovelToon tiene autorización de Wan Marte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 17
Gio
Ya no podía aceptar muchas misiones, las llamadas de Mia siempre interrumpían y dejaban a mis colegas irritados.
Conseguí un trabajo temporal como seguridad en una obra en la ciudad sur. No estaba muy lejos de mi último escondite.
Mia me llamaba por videollamada y solo se calmaba cuando veía que no estaba con Savanna.
Poco sabía ella que Savanna siempre estaba conmigo, en mi mente, en mi cartera.
Casi siempre me pillaba mirando esa foto rasgada, con solo su rostro apareciendo.
—Lo jodí todo, Savanna. Al final tenías razón, no fui lo suficientemente fuerte para merecerte.
Alguien se sentó a mi lado y dijo:
—¿Esa es tu jefa?
Me reí…
—Prácticamente eso.
—Con todo el respeto, pero ella parece ser bien bonita. ¿Ustedes viven aquí en el sur? Creo que ya la he visto en algún lugar.
—¿¡Cómo?! —sentí que mi corazón daba un vuelco
—¿Puedo ver mejor la foto?
Vacilante, acerqué mi cartera para que el trabajador de la construcción viera.
—Bien, sí la he visto… pero debo avisarte, tu mujer te está engañando.
—¿Engañándome? ¿Ella? ¿Estás diciendo que ella está con otro hombre?
Sentí mi pecho apretarse tanto que hasta sofocó. Tenía esperanzas de que ella aún estuviera sola, esperándome. Ella me amaba tanto, no podía haberme cambiado por otro tan rápido. Pasó un poco más de un año, pero ella me persiguió por nueve años. No podía olvidarme tan rápido.
—Peor, mi camarada. La vi trabajando en un bar como camarera y allí las camareras son famosas por aceptar todo por dinero, hasta pasar la noche con los clientes. Una belleza así es inolvidable y fue una pena que no haya atendido mi mesa.
—No debe ser la misma persona. Savanna nunca haría ese tipo de cosas. Ella ni siquiera necesita eso.
Lo empujé y me levanté, alejándome de aquel hombre.
No conseguía imaginar a Savanna descendiendo tan bajo. Ella me tenía a mí. ¿Por qué huyó entonces? Si era para dejar el orgullo de lado, era solo aceptarme o hasta aceptar a Mia cerca. Eso sería menos degradante que prostituirse.
No conseguía creer en las palabras de aquel hombre, pero ya hacía más de un año y ninguna señal de Savanna. Esta era la primera vez que alguien me decía que la había visto.
No aguanté y fui hasta aquel bar para verificar la verdad y calmar mi mente. Estaba seguro de que no era la misma persona.
Pero cuando pedí que la llamaran, mis certezas cayeron por tierra.
Era ella, allí, usando un delantal de camarera, en aquel lugar que apestaba a alcohol y lujuria.
Ella estaba diferente, sin maquillaje, cabellos recogidos hacia atrás. Sus rizos estaban dejados, tenía un poco de ojeras debajo de los ojos.
Ella no era la mujer perfecta que siempre intentaba mostrarme. Pero juro por Dios, ella hizo que mi corazón acelerara como nunca antes. Ella, una mujer real, parecía aún más bonita que antes.
Yo esperaba que cuando ella me viera, me pidiera ayuda, pidiera que yo la sacara de aquel lugar.
Pero ella me miró con aquel aire de realeza, incluso en la pobreza ella aún tenía aquella aura de princesa de la mafia.
Miré alrededor, viendo aquellos hombres apestosos, sudados y cayéndose de borrachos. Puede que hasta haya sido un chico de la calle, pero comparado a ellos, yo era mejor.
—Entonces esos eran los hombres fuertes mejores que yo.
—Estás pésimo. —ella respondió, tal vez un recordatorio de que yo me parecía a ellos.
—Tú tampoco estás muy bien que digamos. —respondí. La imagen de ella no era de alguien que tenía los mejores tratamientos de belleza a disposición más, sin embargo, ella así, del jeito que debía ser, sin todos aquellos artificios de belleza, era aún más bonita.
Ella luego preguntó qué quería beber y yo pregunté qué ella recomendaría. Quería ver si ella tendría coraje de restregarse en mí así como las camareras de ese lugar hacían.
Ella me dio una respuesta fría.
—No me gusta beber. Deberías saber eso.
Sí, yo debería. Pero ella trabajaba aquí. ¿No quería lucrar? Mierda, me sentía un idiota ahora, pero yo quería que ella se sentara en mi colo y me convenciera a gastar con bebidas caras.
Quería que ella me dejara sentir su olor y sentir su cuerpo más una vez en mis brazos.
Pero ella no hizo, continuó mirándome con aquella frialdad que machucaba.
Llegó una amiga de ella, pidiendo para atender la mesa. Yo podría recusar, pero me pregunté si ella continuaría a sustentar esa mirada fría viendo a otra mujer tocarme.
Ella era tan celosa y yo tenía certeza de que no iría a resistir. Pero ella pareció aburrida, hizo que me sintiera ignorado al virar de espaldas y dar una última mirada.
Yo empujé a la camarera.
—No quiero nada. Llama a Savanna de vuelta.
—Ella está atendiendo a otra mesa ahora, guapetón. Si no quieres beber podemos ir para otro lugar, hago baratito para ti.
Ella intentó restregarse en mí, pero yo me levanté y me alejé de ella.
—Ya dije, solo quiero a Savanna.
En ese momento oí el ruido de botella quebrándose.
Savanna estaba allí, cercada por hombres e intentando defenderse sola.
—¿Hasta cuándo ella va a ser tan orgullosa y no pedir mi ayuda? ¡Mierda!
No pensé mucho y me coloqué en frente de ella.
Yo estaba armado y apenas un vislumbre de mi mirada asesina y del arma en mi cintura hizo que los hombres se alejaran.
Yo estaba con rabia, aquella mujer fue criada como una princesa, qué estaba haciendo en aquel lugar.
Yo la empujé en la pared, quería gritar, hacer un montón de preguntas, pero la única cosa que conseguí fue besarla.
Mi cuerpo gritaba de añoranzas de ella y yo estaba cansado de intentar besar los fantasmas de ella que mi mente producía, yo quería sentirla de verdad, para no enloquecer.
Por un segundo pensé que todo se resolvería con aquel beso. El segundo beso que le di a ella, sin órdenes apenas por mi voluntad y locura.
Pero ella me acertó con una bofetada de aquellas. Quedé aturdido. Ser rechazado por Savannah era algo que mi mente no conseguía procesar y aquellas manos delicadas me engañaron todo el tiempo, la bofetada dolió, aquellas manitas eran pesadas.
Pero yo no desistí, yo quería explicaciones, pensé que no saldría de allí sin ella.
Pero Mia me llamó bien en la hora.
¡Mierda!
Y ella colocó la puta de aquella música idiota en el toque, incluso yo habiendo alertado que no quería que ella tocase en mi celular más.
Vi más una vez a Savanna escapar de mis brazos, por culpa de la mierda de la promesa que hice al hermano de Mia.
Yo quería gritar con ella, pero ella me dijo que había cortado los pulsos más una vez. Incluso hesitante, yo corrí para llevarla al hospital.