Verónica creé tener una vida de ensueño; dueña de una empresa más importante de la cuidad, una fortuna inmensa y un bebé en camino. Pero de eso nada le sirvió al descubrir la infidelidad de su marido con su empleada. Después de sufrir una depresión, decidió acabar con su vida sin esperarse a que regresará antes de casarse con Andrés.
Se vengara de él con su peor enemigo. Un mafioso que tiene una obsesión con la protagonista.
NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 20: Ataque sin ser previsto.
Semanas después.
Verónica llevaba semanas moviéndose con una precisión que nadie entendía del todo, pero cuyos resultados comenzaban a notarse en cada rincón de la empresa. No necesitaba explicar demasiado, sus acciones hablaban por sí solo; había invertido en sectores que meses atrás parecían riesgosos, había cerrado acuerdos con personas que antes ni siquiera figuraban en la lista de contactos del grupo, y lo más importante, lo había hecho con una seguridad que incomodaba a algunos y despertaba admiración en otros.
—No entiendo cómo lo hiciste —dijo Hego, secretario universal de la empresa. Él dejó caer una carpeta sobre el escritorio—. Este contrato… nadie lo vio venir.
Verónica no levantó la vista de la pantalla de su laptop de inmediato, terminó de leer una línea, cerró el archivo y entonces sí lo miró. Luego sonrió a media.
—Temen a las empresas que no darán fruto en en futuro. Yo sé quién gana y quién pierde.
Hego soltó una pequeña risa, incrédulo, pero no insistió. Había algo más detrás, algo que no decía pero que estaba ahí, como si ya hubiera vivido cada paso antes de darlo. Claro que Hego no sabe los juegos que le ha hecho el destino a Verónica.
—Estás cambiando el juego —añadió, cruzándose de brazos—. Y lo sabes. Estás haciendo trampa. Dime ¿Que te da la información precisa?
Verónica se inclinó levemente hacia atrás en su silla, observándolo con una expresión tranquila, pero con ese brillo en los ojos que dejaba claro que sí, que lo sabía perfectamente. Y que no le importaba aprovechar las oportunidades.
—No estoy cambiando nada —mintió—. Solo estoy tomando decisiones que otros no se atreven a tomar.
Ese tipo de respuestas era lo que empezaba a definirla. No buscaba aprobación, no necesitaba adornar lo que hacía, y mucho menos justificarlo. Su nombre comenzaba a moverse en círculos donde antes no existía, empresarios que antes ignoraban su presencia ahora pedían reuniones, inversionistas querían escucharla, incluso competidores comenzaban a observarla con cuidado.
En una de esas reuniones, uno de los directivos más antiguos del sector la miró con evidente curiosidad.
—Eres joven para manejar acuerdos de este nivel —comentó, sin rodeos—. ¿De verdad sabes en lo que te estás metiendo?
Verónica apoyó las manos sobre la mesa, sin perder la postura.
—Sé exactamente en lo que me estoy metiendo —respondió—. La pregunta es si usted está listo para seguir mi ritmo.
Hubo un silencio breve, pero suficiente para que varios en la sala intercambiaran miradas. No fue una falta de respeto, fue algo peor para ese hombre, como ellos; la seguridad en una mujer.
El acuerdo se firmó esa misma tarde. Verónica estaba creciendo y arrasando todo.
Mientras tanto, en otro lado de la ciudad, el ambiente era distinto. Dominic no estaba acostumbrado a fallos, tampoco a quedarse un paso atrás, y sin embargo esa noche había sido diferente; no porque no supiera reaccionar, sino porque algo no encajó a tiempo.
El ataque fue rápido, bien ejecutado. Aun así, Dominic no retrocedió. Respondió como siempre, enfrentando a quienes habían calculado mal su capacidad de reacción. Cuando todo terminó, el lugar quedó en silencio y hecho un desastre, y varios cuerpos que dejaban claro quién había ganado.
Pero él no salió intacto.
No era una herida grave, nada que comprometiera su vida, pero suficiente para obligarlo a quedarse mientras el médico del grupo trabajaba sobre su costado. La camisa abierta, la piel marcada, y la paciencia cada vez más corta.
—Quédate quieto o te abro más la herida —gruñó el médico, concentrado mientras suturaba.
—Haz tu trabajo y deja de hablar —respondió Dominic, con la voz firme, sin apartar la mirada.
Uno de los hombres apoyado contra la pared soltó una risa baja.
—Está de mal humor… pero no por el ataque.
Otro lo miró con complicidad.
—Claro que no, está distraído —añadió—. Lleva días así.
Dominic giró apenas la cabeza, clavando los ojos en ellos.
—¿Quieren decir algo más?
—Nada importante —respondió uno, encogiéndose de hombros—. Solo que el jefe anda pensando demasiado… y no en negocios.
Hubo un par de risas contenidas.
—Nunca te habíamos visto así —continuó otro—. Te atacan y sobrevives, eso es normal… pero lo otro...
No terminó la frase.
Dominic tomó la pistola que estaba sobre la mesa y la levantó sin prisa, apuntando hacia ellos. No tembló, no dudó.
El silencio fue inmediato.
—Una palabra más —dijo con calma—. Y van a necesitar un ataúd.
Nadie volvió a hablar. Las miradas se desviaron, las posturas cambiaron. Sabían cuándo detenerse.
El médico terminó el último punto y se apartó un poco.
—Listo —dijo—. No es grave, pero no hagas movimientos bruscos.
Dominic no respondió. Ya no estaba escuchando.
Tomó su teléfono y revisó la pantalla unos segundos, como si evaluara algo antes de actuar. Luego marcó.
La llamada no tardó en ser respondida.
—Dominic.—dijo Verónica al otro lado, sin rodeos.
Dominic apoyó el teléfono contra su oído, manteniendo la mirada fija en un punto vacío.
—¿Viste venir algo? —preguntó directamente—. ¿Algún movimiento, alguna señal de que podrían atacarme?
Hubo un breve silencio.
—No —respondió ella con seguridad—. Te abría avisado días antes.
—Ya veo.
—¿Estás herido? —preguntó Verónica, esta vez con un tono distinto.
Él guardó silencio.
—Dominic —insistió ella—. Respóndeme.
Pero no lo hizo.
La línea se mantuvo unos segundos más y luego se cortó. Dominic bajó el teléfono con calma, como si nada hubiera pasado.
—Salgan —ordenó.
Nadie discutió. En cuestión de segundos, la sala quedó casi vacía.
Pasó media hora.
El ambiente se había estabilizado, el médico ya no estaba, y Dominic revisaba papeleos de su negocio cuando la puerta se abrió sin previo aviso.
Verónica entró. Dominic se quedó quieto un segundo, sorprendido, no por verla, sino por lo que implicaba.
—¿Cómo? —empezó, pero se detuvo.
Verónica lo miró directamente.
—¿De verdad vas a preguntarlo? —dijo—. Si puedo anticipar movimientos financieros con meses de ventaja, rastrear tu señal no es precisamente complicado.
Dominic soltó una leve exhalación, entre divertido y sorprendido.
—No te dije dónde estaba.
—No hacía falta —respondió ella, acercándose más—. Cortaste la llamada, no respondiste...
Se detuvo frente a él, evaluándolo sin disimulo. Y continúo.
—Así que vine a comprobarlo yo misma.
Dominic apoyó una mano sobre la mesa, manteniendo la postura firme.
—No tenías que hacerlo.
Verónica inclinó ligeramente la cabeza. No tenía porque hacerlo. Aún así, apenas entendió que estaba herido fue a buscarlo. Un impulso que ahora mismo se da cuenta.
—Cierto. Solo vine a ver si estabas en una pieza. Regresaré al trabajo.
—Verónica. Espera.— se levantó de su silla. Quejándose un poco.
Verónica voltea y ve su vendaje, no es una herida grave, pero entiende que pasa si se complica.
Ella se acerca a él y lo obliga a sentarse otra vez.
—No. Quédate ahí. Si te fuerza la herida se abrirá. Si quieres decirme algo, dilo aquí.
Dominic la observó en silencio, sin apartarse.
—Ven —dijo, señalando una silla cercana—. Quédate.
Verónica dudo, pero tomó el asiento que él me le ofrecía.
—No te dije porque no lo vi venir—dijo ella sin titubear—. Y eso es lo que me preocupa.
Hubo un silencio breve. Ella continúa.
—Creo que a partir de ahora, ya no cuento con el favor del destino. En estás fechas, siguiendo el curso de mi vida pasada. Deberías estar viviendo en la grandeza de tus negocios. Sin confrontación con ningún bando por varios años.
Dominic inclinó su cabeza, dudando.
—¿Que quieres decir?
—Que si vuelve haber otra guerra con la mafia. Lo más sensato es alejarme. No me conocías en la vida anterior, y habías vivido en lo alto. Ahora es diferente. Aún estamos a tiempo de que no te pase algo peor que esto.
...----------------...
Muchas gracias por leer no olviden dejar su me gusta y su comentario ❤️.
más más mas