Chrissy modelo de pasarelas, muere y renace en un niño omega.
Desde el principio sabe que es víctima de una Titiritera al igual que sus padres lo fueron.
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Una eternidad para ser adorada
El silencio en el santuario de mármol de Zayn no era un vacío, sino un ambiente protegido por el calor de Liam. El aroma a bergamota y geranio había saturado las paredes, borrando cualquier rastro del incendio qué sintió su hijo la noche anterior. Zayn despertó a media tarde con ka parsimonia de un gato de raza que sabe que el mundo es para él.
Se incorporó entre las sábanas grises, sintiendo que su cuerpo, aunque lastimado en su interior, recuperaba la elegancia que la definía como Chrissy. Caminó hasta el tocador y se miró al espejo, notó que la palidez le sentaba bien. Le daba un aire místico. Se veía vulnerable, pero peligroso.
-Despierto al fin, mi pequeño omega.- Liam entraba a la habitación, con una bandeja de caldo ligero y té de jazmín blanco. El único jazmín que toleraba.
Zayn aceptó la taza con dedos largos y firmes. Miró a su padre, y por un momento la máscara de supermodelo flaqueó ante los azules ojos de Liam.
-Papi... ¿tú siempre supiste verdad?- Zayn Soltó la pregunta, como quien pregunta por el clima. -Qué no soy exactamente el omega que debería ser.-
Liam se sentó al borde de la cama y le acomodó un mechón de pelo de la frente con una ternura que dolía.
-Mi bebé, en este mundo de feromonas e instintos, los padres solemos ver el alma antes que la casta. El día que despertaste de aquella fiebre cuando eras niño y me miraste con ojos que habían visto mil pasarelas y una muerte fría... supe que eras un regalo prestado de otro lugar. Anoche, cuando delirabas de fiebre, por fin lo recordé. No importa si tu nombre era Chrissy, eres mi hijo porque decidiste quedarte en mis brazos.-
Zayn sintió que el nudo que llevaba por un tiempo, al fin se deshacía. No necesitaba volver a explicar la transmigración, ni el puente, ni el accidente. La aceptación de Liam era su verdadera redención.
-Gracias por no dejar que Dante se quedara.- Susurró Zayn con una sonrisa peligrosa. -Un poco de distancia le enseñará qué mi valor no se mide con milímetros de feromonas.
Mientras tanto, en el corazón financiero de la ciudad, el edificio de los Bianchi se había convertido en un verdadero matadero.
Dante no me pegó un ojo en toda la noche. Llevaba un traje negro hecho a la medida y sin corbata, su cuello estaba expuesto y su aroma a tormenta y acero era tan asfixiante que los empleados bajaban la cabeza al verlo pasar. En la sala de juntas, la familia de Sloane, los Casmichel, estaban sentados como condenados a muerte.
Paul Casmichel, levantó con una a falsa confianza de socio.
-Dante, muchacho esto es un malentendido. Mi hija solo quería asegurar su camino como tu destinada, tu futura esposa.-
El alfa ultra dominante ni siquiera lo miró. Arrojó unos documentos sobre la mesa con una fuerza qué hizo que retumbar como un disparo.
-No vuelvas a pronunciar esa palabra en mi presencia.- La voz de Dante era un gruñido sordo, una frecuencia de ultra dominante qué hacía que el agua de los vasos vibrara. -Has drenado los activos de nuestro legado. Falsificaron firmas de mi hermana Emily. Y has permitido que tu hijo infestara mi empresa con su mediocridad.
-¡Tenemos un contrato de exclusividad logística!- Gritó Paul desesperado.
En ese momento la puerta se abrió y entró Emily luciendo unos guantes de cuero y una sonrisa que prometía sangre. Detrás de ella Johan masticaba un chicle con total indiferencia y sosteniendo una tablet.
Emily apoyó las manos sobre los hombros de Paul Casmichel.
-Ese contrato, acaba de ser triturado por una cláusula de conducta deshonrosa. Mi logística ya no te pertenece querido Paul. De hecho desde esta mañana tus cuentas en el extranjero han sido congeladas por una investigación que mi primo Zayn...-Pausa dramática demás. -... detectó con gran precisión.-
-Lo que mi prima quiere decir- Habló Johan mostrando la pantalla de la tablet. -es que ahora eres un indigente. Hemos absorbido tus acciones para cubrir daños. Sloane será procesada por espionaje industrial. Y tú... bueno espero que te gusten los departamentos pequeños porque tu mansión ya está en nombre de la Fundación Duerken para Omegas Maltratados.-
-Vete. Si vuelvo a ver a alguien con tu apellido, a menos de un kilómetro de mi familia o de Zayn, me olvidaré de las leyes de los hombres y recordaré qué soy un depredador.- Dante se levantó y su sombra cubría a Paul.
Cuando los Casmichel salieron escoltados por los de seguridad, la tensión en la sala no disminuyó. Dante se giró hacia su hermana y primo.
-¿Cómo está mi... él?- Al preguntar, su aroma cambió instantáneamente de rabia explosiva a angustia eléctrica.
-Mis padres lo tienen bajo llave.- Habló Johan ganándose un bufido de Emily.- Pero te enviaron algo, bueno más bien, nos permitieron qué te entregáramos esto.-
Emily puso una pequeña caja de terciopelo azul sobre la mesa. Dante lo abrió con manos qué, por primera vez en día, temblaban. Adentro algo único. Había un pañuelo de seda que Zayn había usado en su último desfile en el extranjero, impregnado deliberadamente con una gota de su perfume de champagne helado y una nota escrita con caligrafía perfecta:
"El imperio está a salvo, pero mi paciencia se agota. Aprende a ser el hombre que caminará a mi lado sin intentar cargarme, alfa. Empieza por las flores... por favor que no sean jazmines."
El alfa ultra dominante cerró los ojos inhalando el aroma del pañuelo. No era una sumisión, era un desafío. Una invitación a un juego de seducción dónde Zayn seguía teniendo el mando.
Esa noche Zayn estaba en el balcón. Emily acompañó a Johan a casa y le contaron lo sucedido con los Casmichel y celebraron con una botella de vino que el omega apenas probó.
De pronto, un dron silencio descendió. Zayn arqueó una ceja. Llevaba un recipiente pequeño.
Dentro había una orquídea negra. Olía a tierra mojada y misterio. Tenía una pequeña tarjeta firmada con el nombre de Dante.
"Esta orquídea negra, me recuerda a ti. Mañana 8 PM habrá un auto esperándote. Quiero mostrar algo que he construido para nosotros. Si mis tíos me lo permiten, claro."
Tomó la orquídea y se lo pasó por sus labios. Ya está a maquinando otro plan.
-Bien jugado Dante.- Susurró a la oscuridad. -Has entendido que no quiero un dueño, sino alguien que sepa diseñar un trono para dos.-
Sonrió y miró en dirección a la mansión de los Bianchi. El pacto de las divinidades se había cumplido: el imperio estaba en cenizas para los enemigos y en cimientos para ellos.
Chrissy también sonrió. Por primera vez en dos vidas no tenía prisa por ganar. Tenía toda una eternidad por ser adorada.