Una noche.
Un error que no recuerdo.
Y ahora… estoy embarazada.
No sé quién es el padre.
Pero él sí sabe quién soy yo...
Espero te guste.📌💢
NovelToon tiene autorización de Yoryanis R. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 2
Aylin no volvió a pensar en él.
O al menos… eso intentó.
Porque durante los días siguientes, su vida volvió a lo mismo de siempre:
Trabajo.
Cansancio.
Preocupaciones.
Y ese vacío constante que ya se había vuelto parte de ella.
—Llegas tarde otra vez.
Aylin dejó su bolso sobre la mesa sin responder de inmediato.
Su madre estaba sentada en el sofá, con esa expresión cansada que a Aylin le dolía más de lo que admitía.
—Había mucho trabajo —murmuró finalmente.
No era mentira.
Pero tampoco era toda la verdad.
—Siempre es lo mismo contigo.
Aylin cerró los ojos un segundo.
—Mamá, no empieces…
—No empiezo nada —respondió ella—. Solo digo que casi no estás en casa.
Silencio.
Pesado.
Incómodo.
Aylin se dejó caer en una silla.
—Estoy intentando que no nos falte nada.
Su madre la miró en silencio.
Y eso fue peor.
Porque no había reproche… solo preocupación.
—No tienes que hacerlo sola —dijo suavemente.
Pero Aylin negó con la cabeza.
—Sí, sí tengo.
Y ambas lo sabían.
Esa noche…
Aylin no pudo dormir.
Daba vueltas en la cama, incómoda.
Inquieta.
Como si algo no encajara.
Como si algo estuviera… mal.
Se giró, mirando el techo.
Y entonces pasó.
Un recuerdo.
Rápido.
Confuso.
Un pasillo oscuro.
Una mirada.
Unos labios rozando los suyos—
Aylin se incorporó de golpe.
—No…
Se llevó la mano a la cabeza.
—Fue solo una noche…
Nada importante.
Nada que valiera la pena recordar.
Entonces…
¿por qué no podía sacarlo de su mente?
Dos semanas después…
—¿Estás segura?
Aylin apretó la prueba entre sus dedos.
Sus manos temblaban.
—No puede ser…
Pero lo era.
Dos líneas.
Claras.
Innegables.
—Estoy embarazada… —susurró.
El aire se volvió pesado.
Su mente empezó a correr.
Rápido.
Demasiado rápido.
—No… no, no…
No podía ser.
No ahora.
No así.
—¿De quién…?
La pregunta salió sola.
Y la respuesta…
no estaba.
Porque no recordaba.
No recordaba esa noche.
No recordaba a ese hombre.
Nada.
Y eso era lo peor.
—Tienes que decírselo.
Aylin negó de inmediato.
—¿A quién?
—Al padre.
Su amiga la miraba como si fuera obvio.
Como si fuera fácil.
Pero no lo era.
—No sé quién es.
Silencio.
—¿Qué?
—No lo recuerdo —dijo, apretando los ojos—. Estaba borracha… no sé qué pasó exactamente.
Su amiga se quedó sin palabras.
—Aylin…
—Lo sé.
Se llevó las manos al rostro.
—Lo sé, está mal.
—Está peor que mal.
—Gracias por el apoyo.
—No, escucha —dijo su amiga, más seria—. Esto es serio. No puedes manejar esto sola.
Pero Aylin ya lo sabía.
Lo sentía en el pecho.
Ese peso.
Ese miedo.
Esa sensación de que su vida estaba a punto de salirse completamente de control.
Esa misma tarde…
Aylin salió del edificio con la mente completamente nublada.
No escuchaba el ruido de la calle.
Ni las voces.
Ni nada.
Solo pensaba en una cosa.
—Estoy embarazada…
Las palabras seguían repitiéndose en su cabeza.
Una y otra vez.
Sin darle tregua.
—¿Qué voy a hacer…?
Sus pasos se detuvieron de golpe cuando chocó contra alguien.
—Lo siento— empezó a decir.
Pero no terminó.
Porque al levantar la mirada…
el mundo se detuvo.
Era él.
El aire desapareció de sus pulmones.
El mismo hombre.
El de esa noche.
Aylin sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Tú…
Fue lo único que pudo decir.
Él la observó en silencio.
Demasiado atento.
Demasiado… fijo.
Y en sus ojos no había duda.
Él sí la recordaba.
Perfectamente.
—Vaya… —murmuró él, con una leve sonrisa—. Pensé que no volvería a verte.
El corazón de Aylin empezó a latir con fuerza.
—Yo…
Frunció el ceño.
Confundida.
—¿Nos conocemos?
Silencio.
Solo un segundo.
Pero fue suficiente.
Porque algo en su expresión cambió.
Apenas.
Pero lo suficiente para notar que…
eso no era lo que esperaba.
—No exactamente —respondió él.
Su voz seguía siendo la misma.
Grave.
Peligrosa.
Demasiado familiar.
Aylin tragó saliva.
—Creo que… te estoy confundiendo con alguien más.
Mentira.
Sabía que no.
Pero su mente no lograba ordenar ese recuerdo.
No completamente.
Él dio un paso más cerca.
Y el aire volvió a volverse pesado.
—Tal vez —dijo, sin apartar la mirada—. O tal vez solo no quieres recordar.
El corazón de Aylin dio un golpe fuerte.
—No sé de qué hablas.
Pero su voz no sonó segura.
Él lo notó.
Claro que lo notó.
Y eso… le interesó aún más.
—No importa —añadió finalmente—. Ya nos volveremos a ver.
Aylin frunció el ceño.
—¿Por qué dices eso?
Y entonces—
—Porque trabajas para mí.
El mundo se detuvo otra vez.
—¿Qué?
Pero él ya se había apartado.
Como si nada.
Como si no acabara de cambiarlo todo.
—Nos vemos mañana, Aylin.
Y se fue.
Dejándola ahí.
Confundida.
Inquieta.
Y con una sensación que no podía ignorar.