En el continente de Saderia, un lugar mágico, hermoso y medieval todas las razas de seres convivían en paz. Pero la raza de los dragones por su prepotencia , decidieron ellos ser la raza dominante y comenzó una guerra con los humanos, elfos, trolls y Orcos gigantes. Cuando los dragones estuvieron a punto de ser derrotados la reina de los dragones hizo un ritual y creó en el círculo del fin al primer y único sangre de Dragon conocido como El Oscuro. Este ser salvó a los últimos 4 dragones y los repartió por todo el continente. 100 años después un joven llamado Reinders es la primera reencarnación de El Oscuro el cual se encuentran de casualidad uno de los cuatro dragones en una chica ,comenzó así su aventura , su enfrentamiento con su destino.
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CAPÍTULO 22: La Forja del Riesgo y la Guerra de los Tres Puntos
El amanecer apenas había tocado las murallas, cuando Reinders descendió por el pasadizo que llevaba a la herrería del enano. El aire olía a hollín, metal fundido y un leve aroma a alcohol enano que siempre flotaba alrededor de Trok incluso cuando no estaba bebiendo. El héroe avanzó con paso firme, aunque sus ojos traicionaban el peso que llevaba dentro: la certeza de que la siguiente batalla decidiría no solo el destino de sus amigos, sino también el de una mujer a la que había jurado proteger. La puerta de la herrería se abrió con un chirrido grave.
—Vaya, vaya… —gruñó Trok sin apartar la vista del yunque—. Pensé que estarías ya preparando tu epitafio, muchacho.
Reinders soltó una exhalación entrecortada.
—Antes de eso… tengo una petición.
El enano dejó caer el martillo con fuerza, provocando una chispa que iluminó su rostro arrugado y endurecido por los años.
—Ya lo sé. —Trok señaló con el mentón la espada apoyada sobre la mesa—. Coleman… Lo llamaste así, ¿no?
Reinders asintió.
—Quiero que pueda volver a sellar. Si hay una mínima oportunidad de encerrar a Valor, de impedir su destrucción completa, debo usarla.
Trok se cruzó de brazos. Sus ojos diminutos parpadearon, analizando al joven.
—Puedo reforjarla. Puedo bañarla en mitril puro y devolverle la habilidad del sello rúnico. —Trok lo dijo con naturalidad, pero algo más vino detrás—. Pero escucharás todo antes de seguir hablando de heroísmos juveniles. Reinders respiró hondo.
—Dilo.
El enano tomó la espada. La hoja parecía dormir.
—Coleman podrá sellar al demonio de la Devastación… solo si tú alcanzas al menos el Nivel 1 del rango de Genio.
Se produjo un silencio pesado.
—Y no te voy a mentir, mocoso: en tu estado, intentar acceder al rango de Genio te puede partir el alma en dos. Puede quemarte desde adentro. O dejarte sin alma del todo.
Reinders apretó los dientes.
—No importa.
Trok golpeó el suelo con su bota.
—¡Claro que importa! Te he visto luchar sin temor por un ideal. No es cualquier locura lo que estás pidiendo. Es jugar con la estructura misma de tu esencia.
Reinders avanzó un paso.
—Trok, si no tomo el riesgo… Elsa no volverá. Valor consumirá todo. Y yo… no estoy dispuesto a perderla.
Se notó el temblor en su voz. No era miedo. Era determinación quebrada por el dolor. El enano soltó un bufido derrotado.
—Tienes los mismos ojos que mi padre cuando decidió enfrentar su propio infierno. Está bien, muchacho. Pondré mi vida en esta forja… pero tú pondrás la tuya cuando la espada esté lista.
Colocó la hoja en un altar de roca negra.
—Esto no será rápido. Ni agradable para ninguno de los dos.
Reinders asintió.
—Hazlo.
El golpe del martillo marcó el inicio.
La herrería se llenó de un resplandor blanco y azul. El mitril fundido cayó sobre la espada como lluvia sagrada, y Reinders sintió un tirón en el pecho, como si la espada absorbiera parte de su espíritu.
El aire vibró. Un símbolo antiguo apareció en la hoja, un círculo incompleto que esperaba ser activado… algún día. Trok miró la espada como quien observa el filo del destino.
—Ahí la tienes, muchacho. Pero recuerda mis palabras: ese sello solo responderá al Reinders que haya roto su límite humano. Y tú aún no eres ese.
El héroe tomó a Coleman. La hoja estaba tibia, casi viva.
—Lo seré.
El enano soltó una carcajada amarga.
—Por el bien de todos… espero que no mueras antes de lograrlo.
El Despliegue Estratégico
El campo de batalla se extendía como una cicatriz gris entre montañas y ruinas antiguas. El cielo estaba cubierto por un manto rojizo que parecía observarlos con hambre. En el centro, rodeado por una niebla oscura, flotaban los tres puntos de muerte que protegían el núcleo de Valor. Los otros dos ya habían sido destruidos en capítulos anteriores. Solo restaba este: El Triple Punto Final, el más peligroso. Reinders reunió a su equipo.
—Nos dividiremos en dos grupos. Esta vez no podemos arriesgar una batalla colectiva. Valor está mirando. Kitora está allí. Y Velsebu también… Los nombres hicieron temblar el aire.
Grupo de la Unión
—Esi.
—Eslan.
—Legolas.
—Bambam.
Enfrentarían a Velsebu, el demonio táctico del círculo.
Grupo Dragón
—Creta.
—Estu.
—Mar.
Ellas enfrentarían a Kitora, asesino rúnico del círculo, con un poder capaz de romper corazones… literalmente. Reinders observó a todos desde la colina, con Elsa y Valor de pie a su lado.
Valor sonrió.
—Qué interesante… Los enviará a morir primero. Un gesto sabio para ganar tiempo, Reinders.
Reinders no respondió. Elsa, en cambio, habló con frialdad.
—Tus aliados no tienen posibilidades contra Kitora y Velsebu.
—Eso creíamos, pero ahora somos mas fuertes —dijo Reinders con voz baja—. Ellos también han cambiado.
Los Combates Comienzan
Grupo Dragón vs Kitora
Kitora se deslizó entre las sombras como un susurro mortal. Su cuerpo estaba cubierto de runas por Círculo del Fin que ardían en púrpura.
—Tres dragoncitas contra un asesino … qué adorable.
Creta escupió maná explosivo.
—Solo intenta tocarme y te romperé todos los huesos.
Mar y Estu desplegaron sus alas dracónicas, formando un triángulo perfecto.
La batalla inició con una explosión de luz.
Kitora desapareció. Reapareció detrás de Estu, su mano convertida en una garra rúnica que podía desintegrar órganos. Pero las tres chicas ya tenían un plan. Mar, desde arriba, activó su draco-mirada celestial. Creta rugió, canalizando su poder de Emperatriz Dragón. Estu se envolvió en un tornado de acero blanco. Kitora atacó, pero cayó en su trampa: un triángulo de refracción dracónica, un hechizo combinado que solo tres Emperatrices podían usar.
Los ataques de Kitora se dispersaban. Su cuerpo se vio obligado a materializarse y desamterizarse sucesivamente.
Creta dio la orden:
—¡Ahora!
Las tres lanzaron un golpe sincronizado, tres alientos elementales mezclados: Hielo, Metal y viento comprimido. Kitora intentó resistir, pero su cuerpo fue atravesado. Sangró runas negras. Y con un grito final, se disolvió en humo. De su cuerpo emergió una runa púrpura que ascendió hacia el cielo, quedando suspendida como un fragmento prohibido.
Grupo de la Unión vs Velsebu
Velsebu apareció con su forma demoníaca delgada y alargada, como hecha de espinas.
—Bienvenidos a su pesadilla colectiva.
La ilusión cayó como una sombra. El grupo quedó atrapado en un mar de memorias distorsionadas. Sus mentes se empezaron a quemar. Eslan vio a su hermana morir otra vez. Esi vio su hogar arder. Legolas vio a su padre caído. Bambam vio a su clan destruido.
Velsebu caminaba entre ellos riendo.
—Son tan fáciles de romper…
Pero lo subestimó. Esi levantó su espada y la clavó en su propia pierna para romper el control.
—¡DESPIERTEN! —gritó con un rugido.
Eslan rompió ilusiones con una magia sonora.
Legolas usó sus flechas para sellar los puntos frágiles. Bambam entró en modo berserker, liberando un golpe tan fuerte que rompió el suelo.
Velsebu retrocedió, sorprendido.
—Imposible…
Eslan levantó su bara.
—Nunca subestimes a quienes luchan por alguien más.
Los cuatro atacaron juntos. Una combinación perfecta: espada, arco, fuerza bruta y magia.
Velsebu fue empalado, atravesado, aplastado y finalmente disuelto en cenizas. Su runa oscura se elevó hasta colocar al lado de la runa de Kitora.
Las Runas del Fin
Las dos runas comenzaron a girar, generando un destello que hizo temblar la tierra.
Valor sonrió.
—Qué espectáculo tan entretenido. Tus amigos viven… aunque por poco.
Elsa permaneció en silencio, sus ojos rojos brillando.
Reinders apretó la empuñadura de Coleman.
—No pienso permitir que esas runas completen el círculo.
Valor inclinó la cabeza.
—Entonces supongo que es momento…
Elsa dio un paso al frente. Reinders también.
El viento cambió. El cielo se oscureció. Las runas pulsaron como corazones malignos.
Elsa desenvainó su espada demoníaca. Su aura oscura estalló a su alrededor.
—Reinders… ¿Estás listo para perder?
—No voy a perderte a ti.
Ella sonrió con tristeza.
—Entonces tendrás que derrotarme primero.
Valor aplaudió, divertido.
—Que comience la verdadera tragedia.
Reinders levantó su espada, el brillo azul envolviéndolo. Su forma rúnica se activó.
—Elsa… te sacaré de esa oscuridad. Aunque tenga que romper mi propia alma.
Sus miradas chocaron. La batalla final entre ambos estaba por comenzar.