Aria,una asesina letal marcada por una enfermedad incurable, acepta su muerte con serenidad…hasta que despierta en el cuerpo de Alaysha, un personaje de su novela favorita cuya vida fue arrebatada, inesperadamente vuelve al día en el que el padre de la original entrega las cartas de compromiso que decidirá el destino de ambas hermanas. Con los recuerdos intactos de la original y un don que viaja con ella, Aria elegirá su propio camino. Pero inesperadamente descubre que Rosse ha renacido, cuando esta se apresuró en tomar la carta de compromiso del segundo príncipe .Sin decir palabra alguna -Aria- ahora Alaysha sonríe con frialdad y acepta el compromiso con el temido primer príncipe . Si bien Rosse recuerda su pasado , no imagina que la mirada que la observa desde el rostro de su hermana pertenece a otra persona …alguien que conoce la historia al detalle y ha vuelto a reescribirla..
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Escena 3
Alaysha le sostuvo la mirada.
—Completamente restablecida, madre —respondió con la misma cadencia impecable de una dama de alta alcurnia—Agradezco su inquietud.
Claude inclinó apenas la cabeza, mostrando una sonrisa pequeña y regia que se curvaba en sus labios. —Nos has tenido en vilo, querida. No vuelvas a darnos semejantes sobresaltos. Por suerte tu padre atrapó a la criada que intentó hacerte daño.
Alaysha devolvió la inclinación, angelical.
—No será necesario repetirlo, se lo prometo.
Claude tomó su mano y juntas regresaron al sofá regresó.
El duque Alarick Vallerian, era un hombre que rara vez sonreía con los labios, pero sí lo hizo con los ojos cuando vio a su hija sentada en el sofá, erguida, impecable, viva. Cruzó el salón con paso firme pero sin prisa, se detuvo frente a ella y la observó un segundo más de lo habitual, como quien comprueba que una joya valiosísima no tiene ni una sola grieta.
—Es bueno verte bien, Alaysha —dijo al fin, voz grave y contenida—. Muy bueno.
No hubo abrazos, pero inclinó apenas la cabeza, un gesto que para él equivalía a un grito de alivio. Después añadió, más bajo:
—Esta casa estaba… demasiado silenciosa sin ti.
Alaysha respondió con una inclinación idéntica, serena.
—Lamento haberlos preocupado..
El duque soltó un resoplido que casi fue una risa y tomó asiento frente a ellas. En ese preciso instante, las puertas dobles del salón se abrieron sin un solo chirrido. Entró Reginald, el mayordomo jefe, setenta años de servicio impecable, espalda recta como una lanza y la misma elegancia que si llevara corona. Avanzó con la gravedad de un baile perfectamente ensayado. Primero se inclinó ante el duque y la duquesa, con una reverencia profunda, fluida, luego giró hacia Alaysha y ejecutó la acción..
—Lady Alaysha —pronunció su nombre como quien recita poesía antigua—el sol ha vuelto a salir sobre este palacio. Me permito expresar, en nombre de todo el servicio, la más sincera alegría al verla restablecida y radiante — se irguió lentamente, sin perder la compostura, y añadió con una leve sonrisa que solo curvó la comisura izquierda—Confieso que los últimos días fueron… notablemente grises sin su presencia. Es un honor tenerla de nuevo entre nosotros otra vez, mi lady.
Alaysha inclinó la cabeza con cortesía.—El honor es mío, Reginald. Y gracias por mantener todo en pie mientras yo descansaba.
Reginald, permitió que sus ojos brillaran un instante,solo un instante, antes de volver a su máscara perfecta.—Siempre a su servicio, mi lady.
El duque Alarick, todavía sentado posó sus ojos en el sobre que Reginald sostenía con ambas manos sobre una bandeja de plata, confundido frunció apenas el ceño.—¿Qué traes ahí, Reginald?
Reginald avanzó dos pasos y se inclinó con la misma precisión de siempre.
—Aún no lo he revisado, mi señor. Llegaron hace menos de una hora con orden estricta de que solo usted los abriera. Vienen del palacio real.
Alarick tomó el sobre, que estaba lacrado en cera carmesí con el sello del león imperial, y lo abrió con el abrecartas de marfil que siempre tenía en manos; y el papel crujió bajo sus manos al abrirse. De el extrajo una carta la cual leyó en silencio, mientras la duquesa y sus dos hijas esperaban en silencio. Cuando termino, del interior del sobre saco dos cartas más pequeñas. Una era azul , la otra roja sangre, ambas cerradas con un sello dorado idéntico. Eran las cartas de compromiso.
Alarick se puso de pie de inmediato, y miró a ambas jóvenes.
—¿Qué son padre?—preguntó Rosse, ansiosa.
— Son las propuestas oficiales —anunció Alarick, mirando primero a Rosse y después a Alaysha— El rey ha decidido los emparejamientos. Después de tanto hablarlo creo que no hace falta que os pregunte a cuál preferís, ¿verdad?—dijo, dirigiendo su atención a Alaysha —Tú y el segundo príncipe, Dorian, os conocéis desde niños. Siempre hubo… cierta inclinación. Y Rosse —giró hacia la menor— solicitó personalmente ante Su Majestad ser prometida al príncipe heredero, Cassian.
Extendió la carta azul hacia Alaysha con naturalidad, como quien entrega algo ya acordado desde siempre. Pero la carta nunca llegó a siquiera tocar sus manos, Rosse se puso de pie de un salto, y se la arrebató al duque llevando la carta a su pecho con una sonrisa radiante .
—¡Padre, madre, esperad! Hay un malentendido.— dijo Rosse.
El duque parpadeó sorprendido y sin comprender nada, mientras que la duquesa dejando su taza a un lado se levantó atreviéndose a hablar ante la inoportuna acción de su hija.
—¿Malentendido? —repitió Claude.—¿Qué malentendido puede existir para que le arrebates la carta así a tu hermana?
Rosse bajo la mira, con las mejillas sonrojadas, y al hablar su voz salió suave y temblorosa, como la de una niña pillada en una travesura inocente.
—Es que… hace unos días fui al palacio y… pedí que cambiaran las cartas. La azul no es para Alaysha. Es para mí.
Por un momento solo hubo silencio, pero terminó cuando la duquesa fue la primera en hablar.
—¿Pero qué dices?....¿Cómo pudiste hacer algo así? No es justo para tu hermana. Ella y el príncipe Dorian…
Rosse alzó los ojos, grandes, húmedos, llenos de una tristeza dulce que parecía sincera hasta doler.
—Es que… yo también quiero al príncipe Dorian, madre.—susurró, y la voz se le quebró— Me he estado alejando porque no quería hacerle daño a mi hermana, pero… ya no puedo más. Solo quiero estar a su lado.—De pronto se arrodilló en el suelo, manteniendo las manos juntas, mirando a sus padres con súplica infantil.—¡Por favor! No me obliguéis a casarme con alguien a quien no amo. Dejadme estar con él… os lo suplico.—luego, sin levantarse, se acercó gateando hasta Alaysha, tomó su mano entre las suyas apretando de ellas. —Además… hermana mayor, deberías ser la princesa heredera ¿no crees? La gente hablaría si me dan a mí el compromiso principal y a ti el segundo. Dirían que padre y madre tienen favoritismos… Yo solo quiero proteger el buen nombre de la familia.
Alzó la cara, mostrando sus hermosos ojos rosa, como pétalos de rosas brillantes. —Tú lo entiendes, ¿verdad, Alaysha? Tú siempre has sido fuerte… No querrás que critiquen a padre por algo así…
Alaysha no movió ni un solo músculo, la mano de afuera aun permanecía casi como una estatua, inmóvil.
“ ¿Qué demonios está pasando?”— se preguntó.
“ Claramente en la novela original, la carta azul es la del segundo príncipe. Yo debería quedarme con ella, la del príncipe basura…el mismo que me llevaría a la muerte. Y ahora, Rosse …¿ Se adelanta y pide por él? Esto no estaba en el guion”
QUE PUTERIA
QUE NOVELAZA
ESTÁ DE INFARTO
ES BRILLANTE
UNA DE LAS MEJORES QUE ESTO LEYENDO HASTA AHORA
QUE GRANDE LA ESCRITORA
QUE MENTE TAN PRIVILEGIADA
OJALÁ Y NOS DE MÁS HERMOSOS CAPÍTULOS PRONTO
MIS RESPETO A LA DAMA ESCRITORA👏👏👏😘🥰