Leónidas, un mago de bajo rango intentará llegar a la cima como el número uno en su clase como novato recién llegado. La academia del reino de Grand Village esconde secretos tras sus muros, Leónidas junto a sus amigos intentarán llegar al fondo de ellos mientras se desarrolla como mago y se convierte en el más fuerte de todos.
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UNA AMENAZA PRONUNCIADA
Había transcurrido ya una semana desde aquel fatídico incidente en la academia. Por orden directa del rey, se impuso un silencio absoluto sobre lo ocurrido; ni un solo ciudadano o alumno, aparte de los directamente involucrados, tenía conocimiento de la gravedad de los hechos.
En el aula, la profesora Jill se situó frente a sus alumnos para dar inicio a la lección del día.
—Bien, escuchen —anunció con voz firme—. A partir de hoy, comenzarán a aprender sobre los subdominios.
La clase prestaba atención con renovado interés. La profesora continuó explicando que, como ya era de conocimiento general, alumnos como Joan, Gin y Tokata ya dominaban sus respectivos subdominios.
—Esta habilidad mágica puede formarse de dos maneras —explicó Jill, mientras paseaba entre los pupitres—: ya sea heredada por la familia o entrenada por uno mismo.
Deila, con la curiosidad reflejada en el rostro, levantó la mano.
—¿Sí, Deila? —preguntó la profesora.
—¿Usted utiliza un subdominio, profesora? —quiso saber la joven.
—Así es. Mi subdominio es el rayo, y es una herencia de mi familia. Sin embargo —añadió con un matiz de seriedad—, lamentablemente los humanos no pueden hacer uso de esta habilidad.
Leónidas intervino entonces, buscando una aclaración.
—Eso es porque pertenece a la raza de las bestias, ¿no es así, maestra?.
—Exactamente —confirmó ella.
Otro alumno aprovechó el momento para preguntar:
—¿Y cómo puedo saber qué subdominio soy capaz de dominar?.
—Esa es una buena pregunta, y precisamente para eso es la clase de hoy —respondió Jill con una ligera sonrisa—. Para dominar un subdominio, primero deben aprender a controlar su poder mágico principal. Si logran dominarlo, tú, Blake, podrás usar el subdominio de lava, al igual que tu familia. Y tú, Deila, podrás dominar el de hielo, como Gin.
La profesora se giró entonces hacia otro de sus alumnos.
—Y tú, Leónidas....
Antes de que pudiera terminar la frase, el agudo sonido de la campana resonó por todos los rincones de la academia, interrumpiendo la lección.
—Bien, se acabó la clase de hoy —sentenció la profesora Jill, recogiendo sus pertenencias—. Vayan a su próxima clase con la profesora Frey.
Mientras los alumnos comenzaban a desalojar el aula, Leónidas se quedó un momento sumido en sus pensamientos. «¿Cuál será mi subdominio?», se preguntó en silencio.
—¡Corre, Leónidas! —le gritó Blake desde la puerta—. ¡Llegaremos tarde!.
Mientras tanto, en la penumbra del despacho del director, el ambiente era mucho más tenso. El Director Bale levantó la vista cuando Jill entró.
—¿Alguna novedad, Jill? —preguntó con pesadez.
—Ninguna, señor —respondió ella secamente.
—Ya veo... me preocupa —admitió Bale, entrelazando sus dedos sobre el escritorio—. Ha pasado una semana y no ha sucedido nada.
Jill guardó silencio un instante antes de exteriorizar su temor.
—¿Cree que vuelvan?.
—No dejarán a Leónidas en paz... —sentenció el director con tono sombrío.
—¿Qué planeaba Fénix al traer a su hijo a esta academia? —cuestionó la profesora, buscando respuestas que no llegaban.
—No lo sé —confesó Bale—. El único que debe saberlo es el rey.
Jill consideró la situación antes de sugerir:
—¿Debería solicitar una audiencia con él?.
—No es necesario —replicó el director con rapidez.
En ese momento, unos golpes firmes sonaron en la puerta. Tras el permiso de Bale, un hombre misterioso entró en la estancia.
—Señor, llegó esta carta del consejo académico —anunció el mensajero.
Bale tomó el sobre con gesto intrigado y lo abrió con cuidado. Al leer el contenido, su rostro se desencajó.
—¿Qué es, señor? —preguntó Jill, alarmada por su reacción.
—No puede ser... —susurró Bale—. Adelantaron el torneo de novatos.
—Esos imbéciles del consejo... —masculló Jill con indignación.
—Justo con todos los problemas que tenemos —añadió el director, frotándose las sienes con frustración—. El torneo es en dos meses; tendremos que ir seleccionando a los cinco....
Jill asintió, comprendiendo la urgencia.
—Entendido.
Tras la salida de Jill, el director Bale se quedó a solas, sumido en la incertidumbre. «¿Qué estará planeando el consejo académico?», pensó amargamente. Unos nuevos golpes en la puerta interrumpieron sus cavilaciones.
—Adelante —dijo Bale.
Esta vez fue Joan quien entró al despacho.
—Se te ve un poco preocupado, director... —comentó el joven con una seguridad inusual.
—Joan... —murmuró Bale, sorprendido.
—Escuché que el torneo se adelantó —soltó Joan sin rodeos.
El director arqueó una ceja.
—¿Tu padre te lo dijo?.
—Ya sabes que al clan de los iluminados siempre les llegan las noticias mucho antes que a la academia —respondió Joan con una sonrisa de suficiencia.
—Tan audaces como siempre —concedió Bale—. Joan, irás como representante de la academia.
—Era de esperarse —replicó él, sin rastro de sorpresa.
—Aunque la carta decía algo más... —añadió el director, observando la reacción del alumno.
—Tampoco me sorprende —dijo Joan con desdén—. El consejo académico siempre fue bueno para cambiar las reglas del juego....
—Así es —confirmó Bale—. Ahora son seis los participantes.
Joan asintió pensativo.
—Puedo imaginar que Gin y Tokata están elegidos, ¿no?.
—Por supuesto —afirmó el director—. Deila y Blake son mis candidatos hasta ahora. Y también... Dylon.
—Ha mostrado un crecimiento rápido —admitió Joan, aunque no pudo evitar añadir—: lástima que le falte cerebro.
—Es lo mejor que tenemos hasta ahora... —suspiró Bale.
—¿Y Leónidas? —preguntó Joan con interés.
—Aún no está listo....
Joan asintió, aceptando la respuesta antes de retirarse.
—Ya entiendo. Nos veremos luego, director.
Bale observó cómo el joven salía del despacho y, una vez solo, volvió a pronunciar aquel nombre que tanto le preocupaba:
—Leónidas....
Mientras tanto, en un castillo abandonado muy alejado del reino, la atmósfera era gélida y opresiva. Gull se arrodilló ante su superior, Byron.
—Mi señor, nos llegó la noticia de que Noir y Lilith se han involucrado con el reino de Grand Village —informó Gull.
Byron, sumido en las sombras, soltó un gruñido de desprecio.
—Esos tontos... El clan demoníaco otra vez actuando por su cuenta.
—Esos dos tienen una gran fuerza, no podemos tomarlos a la ligera —advirtió Gull con cautela.
Byron permaneció en silencio unos instantes antes de que su subordinado continuara con el informe.
—Además, el torneo fue adelantado.
—¿Adelantado? —Byron pareció mostrar interés por primera vez.
—Así es, señor. En dos meses se realizará. Noir y Lilith seguro estarán ahí.
Byron se levantó lentamente, con una determinación oscura en su mirada.
—Ya veo... Prepara al ejército.
—Como ordene, mi señor... —respondió Gull, haciendo una profunda reverencia.
¿Qué pasará en el torneo de novatos? Grandes magos asistirán a tal evento e, inclusive... el mismísimo rey.