"Vete de aquí... ¡No quiero volver a ver tu cara en esta casa! No estoy dispuesto a vivir con una tramposa como tú." El grito que resonaba hasta el techo de la habitación tenía el poder de hacer temblar el corazón y el cuerpo de Karla. Con todas sus fuerzas, trataba de contener las lágrimas que ya se acumulaban en sus párpados.
Si para la mayoría de los hombres sería motivo de felicidad descubrir que su esposa sigue siendo virgen, para Jairo, la situación era todo lo contrario; se sentía engañado.
Ya que su matrimonio tuvo lugar después de ser sorprendidos juntos en la habitación de un hotel, y en ese momento, las circunstancias parecían indicar a cualquiera que algo había sucedido con Karla, por lo que, sin más remedio, Jairo tuvo que aceptar casarse con la que había sido novia de su hermano.
Sin embargo, meses después del matrimonio, al tener relaciones con su esposa, Jairo descubrió que ella aún era virgen. Jairo, quien odiaba las mentiras por encima de todo, por supuesto no pudo aceptar esta situación y terminó por echar a su esposa.
NovelToon tiene autorización de selvi serman para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Te extraño
La cena romántica que desembocó en aquella escena tan emotiva continuó hasta el final. Después, Rodrigo llevó a Thalia de vuelta al interior de la casa, pues la noche se hacía cada vez más tarde y el viento soplaba con mayor frialdad.
En la sala, Federico ya los esperaba desde hacía media hora.
—Buenas noches, señor... Disculpe que interrumpa su descanso —Federico se puso de pie al percibir la presencia de Rodrigo y Thalia.
—Buenas noches.
—¡Hablemos en mi estudio! —ordenó Rodrigo a su asistente personal.
—Mi amor, adelántate a la habitación, voy a hablar un momento con Federico.
—Está bien, amor —Thalia obedeció y se retiró al cuarto.
—¿Ya conseguiste información nueva sobre mi suegra? —preguntó Rodrigo una vez que estuvieron en su estudio.
Federico asintió.
—Resulta que hace varias décadas la suegra del señor estuvo involucrada en un caso de secuestro de un bebé en un hospital de esta ciudad.
—¿Secuestro de un bebé? —musitó Rodrigo frunciendo el ceño, como si no pudiera creer que la madre adoptiva de Thalia hubiera sido capaz de algo tan atroz.
—Así es, señor. Pero hasta la fecha el caso no se ha resuelto, y es por eso que su suegra sigue en libertad sin haber recibido ningún castigo por lo que hizo.
Rodrigo enderezó la espalda en su silla sin apartar la mirada de Federico.
—¿También obtuviste información sobre ese bebé? —preguntó.
Federico volvió a asentir.
—Según una fuente confiable, ese bebé no es otra persona que la propia esposa del señor Rodrigo: la señora Thalia.
—¿Mi esposa? —musitó Rodrigo.
—Así es, señor. Y hay algo más que probablemente le resulte aún más impactante.
—Resulta que los padres biológicos del bebé que doña Isabel secuestró no son otros que el doctor Alfredo Arellano.
El impacto fue demoledor.
No había truenos ni relámpagos, pero Rodrigo sintió como si un rayo le hubiera atravesado el cuerpo. Permaneció en silencio un largo rato, tratando de asimilar lo que acababa de escuchar.
—Parece que el doctor Arellano ya sabe lo de mi esposa —al recordar ciertos comportamientos extraños del médico durante el último mes, Rodrigo sospechó que aquel hombre ya conocía la verdad sobre su hija biológica.
Al enterarse de la relación entre el doctor Arellano y su esposa, Rodrigo sintió cierto alivio: al menos aquel hombre de mediana edad no tenía malas intenciones con ella. Probablemente solo quería cerciorarse de que Thalia estuviera bien. Aun así, una pregunta ocupaba su mente: si el doctor ya conocía la verdad, ¿por qué seguía ocultándola? ¿Por qué no se la había revelado a su propia hija?
—¡Despeja mi agenda de mañana! Quiero reunirme con el doctor Arellano —ordenó Rodrigo.
—Sí, señor —obedeció Federico.
Sin que Thalia lo supiera, durante el último mes Rodrigo había ordenado a Federico investigar a la madre adoptiva de su esposa. Lo hizo después de enterarse de que aquella mujer había sido la causante de la hemorragia que casi le cuesta la vida a Thalia y la obligó a dar a luz prematuramente.
—Gracias por tu trabajo. Te daré una bonificación. Ya puedes retirarte —añadió Rodrigo.
—Gracias, señor. Con su permiso, me retiro —se despidió Federico, y Rodrigo asintió.
Rodrigo se cubrió el rostro con las manos mientras sus pensamientos volaban lejos. ¿Sería capaz su esposa de aceptar a sus padres biológicos? ¿Y sería capaz de ver a su madre adoptiva enfrentarse a la justicia si el caso de secuestro llegaba a destape? Por más terrible que fuera aquella mujer, había sido ella quien crió y cuidó a Thalia. Rodrigo permaneció largo rato sumido en sus reflexiones, hasta que recordó que su esposa lo esperaba en la habitación.
—Dios... Thalia debe estar esperándome.
Se levantó de inmediato del estudio y regresó al cuarto.
Clic.
Thalia lo recibió con la mirada desde el sofá, donde lo había estado esperando.
—¿Qué pasó, amor? ¿Hay algún problema en la oficina? —preguntó, pues no era habitual que Federico se presentara en la casa a esas horas de la noche.
—No es nada, mi amor. Todo está bien en la oficina. Federico y yo solo estuvimos hablando de un proyecto en la zona norte que empezaremos la semana que viene —mintió Rodrigo con pesar.
—Qué bueno entonces —Thalia asintió, creyéndole sin más.
Rodrigo siguió los pasos de Thalia hasta la cama y se recargó contra la cabecera.
—¿Cómo te ha tratado tu mamá todo este tiempo? —preguntó tras un largo silencio.
Thalia volteó a verlo. Por la expresión de su esposo, estaba segura de que Rodrigo ya sabía bastante sobre su madre adoptiva; conocía bien los recursos de su marido. Para alguien como Rodrigo Sanjuán, conseguir cualquier información que deseara no representaba dificultad alguna.
—Acepto con paz la vida que me ha tocado. Todo lo que sucede en mi vida debo agradecerlo, incluyendo tener una madre como mamá. Si en aquel entonces ella no hubiera tenido la generosidad de criarme, quizás yo ni siquiera seguiría con vida. Fue ella quien se sacrificó para criar y hacer crecer a una bebé abandonada por sus propios padres biológicos. Sin importar lo que mamá me haya hecho, sigue siendo una mujer extraordinaria para mí. Tal vez sus métodos no fueron los mejores, pero estoy segura de que todo lo hizo porque quería lo mejor para mí —a pesar de que las acciones de su madre adoptiva la habían llevado por un camino de vida sumamente difícil y complicado, Thalia jamás le guardó rencor a la mujer que dedicó su tiempo y esfuerzo a criarla.
—¿Y si lo que has creído todo este tiempo fuera al revés? Me refiero a... ¿qué pasaría si tus padres biológicos nunca abandonaron a su hija, sino que alguien te arrancó de sus brazos?
—¿A qué te refieres, amor? —Thalia lo miró con recelo.
—A nada, mi amor. Solo estaba planteando una suposición... —respondió Rodrigo, sin querer despertar sospechas.
—Aunque eso fuera cierto, ¿no deberían haber intentado averiguar mi paradero? ¿Tratar de saber si su hija seguía viva o si ya había muerto? ¿No hubiera sido lo correcto?
La tristeza se asomaba con claridad en los ojos de Thalia mientras hablaba, y Rodrigo no soportó verla así. La atrajo hacia su pecho y la envolvió en un abrazo.
—Te extraño, mi amor —le susurró al oído. Además de anhelarla profundamente, Rodrigo no quería que siguiera dándole vueltas a lo que acababa de decir.
—¿Extrañarme? —musitó Thalia—. Si nos vemos todos los días, ¿cómo puedes decir que me extrañas, amor? —preguntó con inocencia.
—Me refiero a que extraño...
—Pervertido —lo cortó Thalia. La joven retrocedió de inmediato y cruzó los brazos sobre su pecho cuando la mirada de Rodrigo se posó en sus curvas.
—¿Qué tiene de malo ser pervertido con tu propia esposa? Además, en todo un año de matrimonio solo lo hemos hecho una vez, mi amor —dijo Rodrigo con cara de súplica, mientras sus brazos ya rodeaban el cuerpo de ella.
Un beso cálido de Rodrigo se posó en la coronilla de Thalia.
—De verdad te extraño mucho, mi amor, pero no voy a obligarte. Voy a esperar hasta que tú estés lista —declaró con sinceridad, y enseguida la invitó a acostarse a dormir.