Scarlett Harrington lleva tres años casada con Ethan Collins. Durante todo ese tiempo creyó tener el matrimonio perfecto, construyendo un hogar junto al hombre que amaba y en quien confiaba plenamente.
Sin embargo, todo cambia el día que regresa antes de lo previsto de un viaje de negocios para sorprender a su esposo. La sorpresa termina siendo para ella cuando encuentra a Ethan en la cama con su propia mejor amiga. En un solo instante, el amor, la confianza y los sueños que había construido se hacen pedazos.
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Capitulo 10
Estaban terminando de acomodar las últimas maletas cuando se escuchó el sonido de un coche aparcando en el camino de entrada. Sofía asomó la cabeza por la ventana y una sonrisa le iluminó el rostro.
—Es mi hermano —dijo, saliendo al recibidor con paso ligero—. Alessandro llegó antes de lo que esperaba.
Scarlett se quedó inmóvil un instante, acomodándose la ropa instintivamente, sintiendo de repente la necesidad de parecer fuerte frente a alguien nuevo. La puerta se abrió y él entró: alto, de hombros anchos, rasgos marcados y una mirada oscura y profunda que lo recorrió todo con calma. Llevaba un traje impecable, pero al quitarse las gafas de sol, su expresión se suavizó al ver a su hermana.
—Perdí el último vuelo y conseguí uno más temprano —dijo con voz grave y pausada, abrazando a Sofía con afecto—. ¿Todo bien?
—Todo perfecto —respondió ella, señalando hacia Scarlett—. Quiero presentarte a mi mejor amiga. Ella es Scarlett Harrington. Scarlett, él es Alessandro.
Alessandro dio unos pasos hacia ella, extendiendo la mano con una cortesía exquisita, sin excesos ni familiaridades.
—Bienvenida a nuestra casa —dijo, mirándola a los ojos con una atención que la hizo sentir observada pero respetada—. Espero que se sienta como en su hogar.
—Gracias —respondió Scarlett, estrechando su mano brevemente; su tacto era firme y cálido—. Muchas gracias por recibirme. No quiero causarles ninguna molestia.
—Ninguna molestia —replicó él con serenidad—. Mi hermana habla mucho de usted. Y lo que es importante para ella, también lo es para nosotros.
—Scarlett necesita un tiempo de tranquilidad —intervino Sofía, notando la tensión en su amiga—. Aquí nadie la apurará ni le hará preguntas innecesarias.
Alessandro asintió lentamente, sin dejar de mirar a Scarlett, como si pudiera adivinar que llevaba una carga pesada sobre los hombros.
—Así será. Aquí tiene todo el espacio que necesite. Si necesita algo, cualquier cosa, no dude en decírmelo. Estaré en la casa o en la oficina del pueblo.
—Es muy amable —dijo ella, con una pequeña sonrisa que le costó un esfuerzo, pero que él pareció valorar.
—No es amabilidad —respondió él con sinceridad—. Es respeto. Y usted merece todo el respeto del mundo.
Scarlett sintió que esas palabras, dichas con tanta sencillez y firmeza, le devolvían un poco de la dignidad que creía perdida. Alessandro asintió de nuevo y se retiró hacia su despacho, dejándolas solas, pero Scarlett se quedó pensando en esa mirada profunda y en esa extraña sensación de calma que le había provocado, sin saber que ese encuentro sería el comienzo de algo que jamás habría imaginado.
Una vez que Alessandro se retiró, Scarlett se dejó caer suavemente en el borde de la cama de su habitación, mirando aún hacia la puerta por la que él había salido. Sofía se sentó a su lado, con una sonrisa tranquila.
—¿Qué te pareció? —preguntó con suavidad.
Scarlett tardó unos instantes en responder, eligiendo con cuidado las palabras.
—Es… diferente. Tan reservado, tan serio… y sin embargo, no sentí que me juzgara. Me miró y fue como si supiera que llevo un peso encima, pero no intentó indagar ni preguntar.
—Así es él —explicó Sofía con cariño—. No habla por hablar. No le gustan las palabras vacías ni las mentiras. Si te dice algo, lo dice en serio. Y si te ofrece respeto, es porque te lo merece de verdad.
—Me dio miedo al principio —admitió Scarlett con sinceridad—. Pensé que sería alguien distante o arrogante, como tanta gente que he conocido. Pero cuando me dijo que merezco respeto… fue como si alguien me recordara algo que yo misma había olvidado.
—Porque es la verdad —aseguró su amiga, tomándole las manos—. Alessandro ve más allá de las apariencias. Nota cuando alguien está herido. Y aunque no lo demuestre con grandes gestos, cuida de los que quiere. Ya lo verás.
Scarlett miró por la ventana, hacia los viñedos que se extendían bajo el sol de la tarde.
—¿Crees que podré acostumbrarme a estar aquí? ¿A esta calma, a esta gente que no sabe nada de mi vida rota?
—No solo te acostumbrarás —dijo Sofía con firmeza—. Aquí volverás a encontrarte a ti misma. Y te aseguro que mi hermano será discreto, como nadie. No te molestará, no te presionará. Solo estará ahí, si alguna vez lo necesitas.
Scarlett suspiró, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que quizás, solo quizás, había llegado a un lugar seguro.
—Gracias por traerme aquí —susurró—. Gracias por no dejarme caer.
—Siempre —respondió Sofía abrazándola—. Ahora descansa. Mañana será un nuevo día.