Marcos Castro, el implacable director de Apex Dynamics, cree que el control lo es todo hasta que la humilde camarera Sara tropieza con él. Ella trabaja sin descanso para pagar deudas médicas y posee una dignidad inquebrantable que fascina a Marcos, desatando en él una peligrosa obsesión.Para acercarse, él le ofrece empleo en su empresa. Sin embargo, Sara desconfía de los ricos y rechaza sus lujos, obligando al magnate a bajarse de su pedestal para ganarse su corazón. Entre el orgullo y una pasión salvaje e incontenible, ambos inician un intenso juego de seducción.La situación se complica cuando los secretos del pasado de Sara salen a la luz y un enemigo corporativo intenta usarla para destruir la compañía. El hermético empresario tendrá que decidir si es capaz de quemar su propio imperio con tal de proteger a la mujer que se convirtió en su dulce perdición.
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CAPITULO 15. LA ALIANZA EN LAS SOMBRAS.
La noche cayó sobre la zona portuaria de la ciudad, trayendo consigo una niebla densa y salada que desdibujaba las siluetas de los barcos de carga y las grúas industriales. Lejos de la pulcritud de cristal de la planta ejecutiva de Apex Dynamics, los callejones del muelle respiraban un ambiente turbio y clandestino. Julián estacionó su sedán viejo frente a la entrada del club El Ancla, un local de luces de neón parpadeantes y murmullos ahogados que servía de refugio para los negocios más oscuros del puerto.
Julián se bajó del coche con las manos hundiéndose en los bolsillos de su chaqueta de cuero desgastada. Tenía el cuerpo temblando notablemente, no por el frío de la brisa marina, sino por el desespero absoluto. La humillación que Lucía y los mecánicos del taller le habían propinado esa misma tarde en la guardería de la periferia le había cerrado la última puerta. Estaba acorralado, con los prestamistas exigiéndole los cincuenta mil euros antes del viernes bajo amenaza de muerte y con la certeza de que la orden de alejamiento penal lo enviaría directo a prisión si volvía a acercarse al niño.
No había sido él quien programó esta cita. Hacía apenas una hora, dos hombres corpulentos de traje oscuro lo habían arrinconado en una gasolinera del polígono industrial, entregándole un teléfono con una orden muy clara: "El jefe del puerto quiere verte en el reservado cuatro de El Ancla. Él sabe lo de tu deuda y lo de tu mujer. Si no vas, los acreedores te encontrarán antes de medianoche". Sin opciones y con el pánico atenazándole el pecho, Julián empujó la pesada puerta de madera del local.
El barman, sin mediar palabra, le indicó con un sutil gesto de la cabeza el pasillo del fondo, donde los reservados privados ofrecían una discreción absoluta. Julián caminó despacio, conteniendo el aliento, y abrió la puerta de madera del reservado número cuatro.
Sentado a la mesa de nogal, rodeado por la penumbra de una lámpara de luz rojiza, se encontraba un hombre impecablemente vestido con un traje de sastre italiano de un coste astronómico. Sus facciones eran afiladas, de una frialdad calculadora, y sostenía un vaso de whisky con una parsimonia que delataba un control absoluto. Era el director ejecutivo de Vanguard Engines, la firma automotriz competidora que llevaba años intentando robar los secretos mecánicos de los Atelier, y el rival resentido que había perdido la última gran licitación tecnológica frente al imperio familiar.
—Llegas tarde, Julián —la voz del director rival sonó suave, sutil y afilada como el filo de un bisturí—. Y por la palidez de tu rostro, asumo que tu pequeño golpe de mano en la guardería ha sido un absoluto fracaso. Te dije que los Atelier protegen lo suyo con garras de hierro.
Julián se dejó caer en la silla de piel del lado opuesto, con la respiración entrecortada.
—¿Quién eres tú? ¿Cómo sabes mi nombre y lo de mi hijo Matías? —preguntó Julián con un hilo de voz quebrado, mirando con desconfianza al elegante ejecutivo.
El director rival soltó una risa gélida, dando un sorbo a su whisky antes de inclinar su cuerpo hacia adelante en la mesa.
—Sé todo sobre ti, Julián, porque yo soy el dueño silencioso que financia las casas de apuestas clandestinas de la periferia donde arruinaste tu vida hace cinco años —reveló el ejecutivo con una frialdad que le erizó la piel al delincuente—. Sé que firmaste pagarés falsos usando el nombre de Sara como avalista antes de huir como un cobarde. Y sé perfectamente quién es Sara. Asistí a la boda de Sasha el sábado pasado, y me resultó sumamente intrigante ver a una de las camareras del catering de lujo incorporarse el lunes como la recepcionista principal de la planta ejecutiva de Marcos Atelier. Mis informantes en el polígono industrial te vieron merodear por los talleres, y ha sido sumamente sencillo unir los puntos de tu desespero.
Julián se quedó mudo, dándose cuenta de que estaba ante el verdadero tiburón invisible que controlaba los hilos de sus deudas desde las sombras.
—Estoy acabado —confesó Julián, hundiendo la cabeza entre las manos—. La hermana de Marcos me echó de la guardería con los mecánicos y los abogados están tramitando la orden penal. Si no tengo el dinero antes del viernes, los prestamistas me van a matar en un callejón.
El director rival sonrió de medio lado, abrió su maletín de cuero negro que descansaba sobre el asiento contiguo y depositó sobre la mesa de nogal un fajo inmenso de billetes de cien euros amarrados con una banda elástica. Cincuenta mil euros en efectivo, brillando bajo la luz rojiza del reservado. Julián alargó la mano por puro reflejo, pero el ejecutivo presionó el fajo con sus dedos finos, deteniendo su movimiento en seco.
—Este dinero es tuyo, Julián. Te lo voy a entregar ahora mismo para que limpies tus deudas de juego y salves tu miserable cuello —susurró el director resentido, clavando sus ojos fríos en las pupilas del delincuente—. Pero a cambio de este efectivo y de poner a tu disposición al bufete de abogados corruptos más agresivo de la capital para interponer una demanda de custodia inmediata que asfixie legalmente a Sara, exijo una contraprestación.
—¿Qué... qué es lo que quieres que haga? —preguntó Julián, tragando saliva con dificultad.
—Sara maneja ahora la correspondencia interna, las llaves de acceso de los archivos confidenciales y pasa las tardes a solas con Marcos Atelier en esas oficinas vacías —explicó el director rival con una brillantez implacable—. Quiero que uses la demanda de custodia de Matías para acorralarla psicológicamente. Tu ejército de abogados corruptos le enviará las notificaciones formales al mostrador de la fábrica, amenazándola con arrebatarle al niño para siempre debido a su precaria situación familiar y su pasado. Cuando esté completamente destruida por el pánico de perder a su hijo, tú te presentarás ante ella en secreto y le ofrecerás una salida: la demanda de custodia desaparecerá y te marcharás del país para siempre si ella usa sus llaves de la recepción para copiar los códigos de seguridad del nuevo motor V8 biturbo que Marcos guarda en la caja fuerte de su despacho.
Julián se quedó completamente mudo, con la boca entreabierta y el corazón latiéndole a mil por hora en el pecho. La trampa era perfecta. El director de Vanguard Engines acababa de diseñar una estrategia de espionaje industrial y chantaje humano que usaría el amor de Sara por su pequeño Matías como un arma de destrucción masiva contra el corazón de Apex Dynamics.
—Toma el dinero, paga a tus acreedores y dile a los abogados corruptos que redacten la demanda de custodia mañana a primera hora —sentenció el director rival con una madurez implacable, soltando por fin el fajo de billetes de cien euros—. El viernes por la mañana la tormenta legal debe estallar en el mostrador de la planta ejecutiva. Vamos a descubrir si la coraza de hierro de Marcos Atelier es lo suficientemente fuerte como para proteger a su recepcionista cuando las sombras de su pasado amenacen con arrebatarle lo que más ama en este mundo.
Julián tomó el efectivo con dedos temblorosos, guardándolo en el interior de su chaqueta de cuero con una determinación implacable en sus facciones descuidadas. La red de la traición se había tendido en la penumbra del puerto, el dinero de la competencia había blindado al extorsionador y el destino de la dinastía familiar quedaba ahora suspendido en el inicio de una guerra legal y de espionaje que pondría a prueba la lealtad y la fuerza de la nueva generación antes de que las luces del fin de semana volvieran a encenderse.