El cielo estaba despejado aquella mañana, y las calles de la ciudad permanecían tranquilas. Nadie imaginaba que, antes de que terminara el día, el mundo que conocían dejaría de existir.
nas cuando anos riendo. Varios testigos aseguran
amó a su padre, pero la llamada terminó enviándolo ntesta, ón cambió.
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Se acercan mas
La sargento Elena caminaba lentamente por el pasillo exterior del refugio, revisando que todos los soldados cumplieran las órdenes. Nadie hablaba y hasta los pasos intentaban hacerlos lo más suaves posible.
Darian, Marco e Iván vigilaban desde una de las torres cuando Wil apareció con una pequeña libreta.
—Sargento, estuve pensando en algo —susurró—. Si esas criaturas se guían por el ruido, podríamos alejarlas del refugio utilizando algún sonido en otra dirección.
Elena lo miró seriamente.
—Podría funcionar, pero también podríamos atraer a muchas más. No vamos a arriesgarnos sin saber cuántas hay.
—Tiene razón —respondió Wil.
De pronto, Marco levantó una mano para indicarles que guardaran silencio.
Al otro lado de la cerca, un automóvil se balanceó ligeramente.
Darian apuntó inmediatamente.
Una criatura salió de detrás del vehículo y comenzó a caminar hacia la entrada del refugio. Se detuvo frente a la reja y movió la cabeza de un lado a otro.
Los soldados contuvieron la respiración.
La criatura acercó el rostro a los barrotes y soltó un gruñido.
—No hagan ningún movimiento —susurró Elena por la radio.
Durante varios segundos, nadie se atrevió siquiera a cambiar de postura.
Entonces, desde el interior del refugio, se escuchó un fuerte golpe.
¡CLANG!
Todos abrieron los ojos.
La criatura giró bruscamente la cabeza hacia el edificio.
—¿Qué fue eso? —murmuró Iván.
—No lo sé —respondió Darian, sin apartar la mirada del exterior.
La criatura abandonó la reja y comenzó a caminar hacia la entrada lateral, siguiendo el sonido.
Elena tomó la radio.
—Equipo de seguridad, informen qué ocurrió dentro del edificio. Ahora, pero en silencio.
No hubo respuesta inmediata.
Aquello preocupó todavía más a la sargento.
—Marco, quédate aquí. Darian, ven conmigo.
Ambos descendieron de la torre y se dirigieron al interior.
Mientras tanto, en la enfermería, Daniel se encontraba junto a Adrian cuando una camilla metálica cayó al suelo.
Una enfermera había tropezado al intentar moverla, y el ruido resonó por todo el pasillo.
—¡Todos atrás! —susurró la mujer, aterrorizada.
Daniel se levantó rápidamente.
—¿Qué sucede?
La enfermera lo miró con desesperación.
—Tenemos que alejarnos de las ventanas. ¡Ahora!
Adrian tomó a Daniel del brazo y lo llevó hacia una habitación cercana. Allí había varias personas refugiadas, incluidos algunos niños que comenzaron a inquietarse al escuchar los gruñidos procedentes del exterior.
Un pequeño empezó a llorar.
Su madre intentó tranquilizarlo, abrazándolo contra su pecho.
—Tranquilo, cariño. Todo va a estar bien.
Pero los gruñidos se acercaban.
Daniel sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Adrian… ¿crees que esas cosas puedan entrar?
—No lo sé —respondió su amigo—. Pero tenemos que mantener la calma.
En ese momento, la puerta se abrió lentamente.
Darian apareció junto a la sargento Elena.
—Todos deben permanecer aquí y guardar silencio —ordenó ella en voz baja—. Hay una criatura acercándose a la entrada lateral.
Daniel se puso de pie al reconocer a su hermano.
—¡Darian!
Su hermano le hizo una señal inmediata para que bajara la voz.
Daniel se cubrió la boca, comprendiendo su error.
Darian se acercó a él.
—¿Están todos bien?
—Sí, pero tenemos miedo —contestó Daniel en un susurro—. ¿Qué está pasando?
Darian miró a Adrian y después a su hermano.
—Creemos que esas criaturas no pueden ver. Reaccionan a los sonidos, así que necesitamos permanecer callados.
Daniel palideció.
—Entonces… ¿el ruido de la camilla…?
—Sí. Probablemente la atrajo hasta aquí.
La sargento Elena se acercó a la puerta para escuchar lo que ocurría afuera.
De repente, tres golpes resonaron contra la entrada lateral.
Toc. Toc. Toc.
Todos se quedaron inmóviles.
Aquellos golpes no parecían provenir de una criatura que estuviera intentando entrar.
Era como si algo hubiera chocado accidentalmente contra la puerta.
Después se escuchó un gruñido.
Darian levantó su arma y miró a Elena.
Ella le indicó que no disparara.
Pasaron unos segundos.
Entonces, una voz humana se escuchó desde el otro lado de la puerta.
—¿Hay alguien ahí? ¡Por favor, abran!
Daniel miró sorprendido a su hermano.
—¡Es una persona!
Pero Elena lo sujetó del hombro antes de que pudiera acercarse.
—Espera.
La voz volvió a escucharse.
—¡Ayúdenme! ¡Hay algo detrás de mí!
Se oyeron pasos apresurados, seguidos de un golpe contra la puerta.
Darian miró por una pequeña ventana lateral, tratando de distinguir alguna silueta entre la oscuridad.
Y entonces vio a un hombre con uniforme militar, cubierto de polvo, que sostenía una mano contra la entrada.
Detrás de él, varias figuras se movían lentamente entre los vehículos abandonados.
No era una sola criatura.
Eran muchas.
El hombre volvió a golpear la puerta.
—¡Por favor! ¡No me dejen aquí!
Darian apretó la mandíbula.
Quería abrir y ayudarlo, pero sabía que, si lo hacían, podrían poner en peligro a todos los que estaban dentro.
La sargento Elena tomó una decisión.
—Darian, busca otra entrada. Marco, prepara al equipo de contención. Nadie abre esta puerta hasta que sepamos cuántas criaturas lo siguen.
Darian asintió y salió apresuradamente por el pasillo.
Sin embargo, antes de que pudiera llegar a la siguiente puerta, escuchó un grito ahogado desde el exterior.
Después, silencio.
Darian se detuvo.
Miró hacia atrás, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.
El hombre había dejado de golpear.
Y las criaturas estaban cada vez más cerca del refugio.