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Los Protegeré

Los Protegeré

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Venganza
Popularitas:364
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

En un pequeño orfanato una niña no sabe que será una de los pocos sobrevivientes y quién era como su madre da la vida par aque ellos puedan escapar.
Decidida y con una promesa echa a la lus de luna, jura proteger a quienes sobrevivieron y a los que la necesiten.

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: Una Retirada Inesperada

La noche había cubierto por completo el bosque.

Las últimas luces del combate todavía podían distinguirse entre los árboles, pero ya no quedaban enemigos frente a Elia.

La batalla había terminado hacía unos instantes y el silencio que siguió resultaba extraño después de tantos estruendos.

Elia permanecía inconsciente sobre el suelo.

Lena estaba arrodillada a su lado, mientras Barek vigilaba los alrededores con el martillo apoyado sobre un hombro, Soren permanecía unos pasos más atrás, atento a cualquier movimiento entre los árboles, y Tavian se había sentado cerca de un tronco después de comprobar que sus heridas no habían empeorado.

Ninguno hablaba demasiado.

Habían visto lo que Elia había hecho y ninguno sabía explicar completamente lo ocurrido.

Lena miró a la niña.

—Sigue respirando.

—Eso es bueno.

Respondió Barek.

—Sí, pero...

Lena no terminó la frase.

Había algo extraño.

Aunque Elia permanecía inmóvil, su presencia mágica no había desaparecido.

Al contrario.

Seguía creciendo.

Soren cerró los ojos durante unos segundos y trató de percibir el mana que llenaba el bosque.

—Todavía está aumentando.

Tavian levantó la cabeza.

—¿Incluso ahora?

—Sí.

Barek miró a Elia.

—¿Eso es normal?

Soren abrió los ojos.

—No lo sé.

Antes de que pudieran continuar, un ruido llegó desde la oscuridad.

Pasos.

Varios.

Los cuatro se pusieron en alerta, Barek levantó el martillo.

Lena tomó su arco.

Soren reunió mana en una mano.

Tavian se incorporó con el arma preparada.

Entre los árboles aparecieron seis figuras.

El primero era un hombre de cabello oscuro y armadura ligera el cual llevaba una espada larga y avanzaba con cautela.

A su lado caminaba una mujer de cabello claro recogido, cuya mirada recorría constantemente el terreno.

Detrás de ellos venían una arquera, un guerrero que llevaba un escudo y un hacha, un mago y otro guerrero armado con una lanza.

El hombre de la espada levantó una mano.

—No buscamos pelea.

Barek no bajó el martillo.

—Entonces será mejor que expliquen quiénes son.

El hombre miró rápidamente a sus compañeros antes de responder.

—Soy Darian Voss. Venimos de Ardentia.

Lena mantuvo el arco preparado.

—¿Del gremio?

—Sí.

La mujer de cabello claro dio un paso adelante.

—Seris Avel.

Señaló brevemente a los demás.

—Maera Dusk, Bren Korr, Ilyan Mer y Eren Ronan.

El joven de la lanza hizo una pequeña inclinación de cabeza.

Tavian observó a los recién llegados.

—Son bastantes.

Bren soltó una breve risa.

—Preferimos venir preparados.

Darian miró alrededor.

—¿Dónde está Elira?

Aquella pregunta hizo que Lena bajara ligeramente el arco.

—¿La conocen?

—Llegamos con ella.

Respondió Darian.

—Pero se separó de nosotros.

—¿Se separó?

—Orven estaba luchando contra alguien. Elira decidió quedarse para ayudarlo.

Soren miró hacia la dirección de donde habían venido las explosiones.

—Entonces siguen peleando.

Seris asintió.

—Sí.

Darian observó a los cuatro aventureros y después miró hacia el suelo.

Su expresión cambió al ver a Elia.

—¿Ella es la niña?

Lena se colocó instintivamente un poco más cerca de Elia.

—Sí.

Darian no preguntó nada más durante unos segundos.

Había escuchado hablar de una niña involucrada en los acontecimientos del bosque, pero verla allí era diferente.

—¿Qué ocurrió?

Tavian soltó el aire lentamente.

—Terminó la pelea.

Maera miró alrededor.

—¿Sola?

—No.

Respondió Lena.

—Estuvimos con ella.

Barek añadió.

—Pero fue ella quien terminó enfrentándose directamente a los enemigos.

Seris se agachó a cierta distancia de Elia sin tocarla.

Cerró los ojos.

Su expresión cambió casi inmediatamente.

—Su mana...

Ilyan se acercó.

—¿Qué pasa?

—Está creciendo.

Darian frunció el ceño.

—¿Cuánto?

Seris abrió los ojos.

—No puedo decirlo con precisión.

Ilyan intentó percibirlo también.

Una corriente de mana recorrió el bosque.

Las hojas de los árboles se movieron aunque no había viento.

El agua acumulada entre las raíces vibró ligeramente.

Bren miró alrededor.

—Eso salió de ella.

Nadie respondió.

Elia seguía inconsciente y no parecía estar haciendo nada.

Sin embargo, el bosque entero parecía reaccionar a su presencia.

Maera miró hacia las copas de los árboles.

—¿Esto empezó después de la pelea o antes?

Lena dudó.

—También aumentaba antes de la pelea, pero no de esta manera.

Darian observó a la niña.

—¿Qué hicieron los enemigos?

Tavian respondió esta vez.

—Hablaron de alguien.

Lena bajó la mirada.

—De Mara.

El nombre quedó suspendido entre ellos.

Barek apretó el mango del martillo.

—Se burlaron de ella.

Darian comprendió que había algo detrás de aquellas palabras, pero no preguntó.

No era el momento y desde muy lejos llegó un estruendo.

Todos levantaron la cabeza.

Una luz iluminó brevemente el cielo entre los árboles, Seris reconoció inmediatamente la dirección.

—Orven.

Otro estruendo.

Más fuerte.

Darian desenvainó la espada.

—Entonces todavía están luchando.

Bren levantó el escudo.

—¿Vamos?

Darian miró a Elia.

Después a Lena, Barek, Soren y Tavian.

—Primero aseguraremos que aquí no haya más enemigos.

Maera observó el bosque.

—No veo ninguno.

Ilyan se quedó junto a Elia.

—Yo puedo quedarme con ella.

Lena negó suavemente.

—Nosotros no vamos a dejarla.

Darian asintió.

—Entonces nos dividiremos.

Bren dio un paso hacia delante.

—¿Quieres que vayamos todos?

Darian negó.

—No. Orven y Elira necesitan ayuda. Pero tampoco podemos dejar este lugar sin protección.

Seris miró nuevamente hacia Elia.

—Su mana sigue creciendo.

Darian apretó la mandíbula.

—Lo sé.

Otro estruendo atravesó el bosque.

Esta vez la tierra vibró bajo sus pies.

Darian tomó una decisión.

—Bren, Ilyan y Maera se quedarán aquí.

Bren asintió.

—Entendido.

—Seris, Eren, vienen conmigo.

Los dos respondieron afirmativamente.

Darian miró a Lena.

—Ustedes manténganse junto a la niña.

Lena asintió.

—Lo haremos.

Darian comenzó a avanzar hacia la dirección de las explosiones.

Seris y Eren lo siguieron.

Antes de desaparecer entre los árboles, Darian se detuvo.

—Si ocurre algo, envíen una señal.

Soren respondió.

—Lo haremos.

Los tres desaparecieron entre la oscuridad.

Bren permaneció junto a los demás.

Durante unos segundos nadie habló.

Entonces Ilyan volvió a mirar a Elia.

—¿Cuánto tiempo lleva así?

Lena respondió.

—Desde que terminó la batalla.

Ilyan observó el rostro tranquilo de la niña.

—Entonces será mejor que descubramos qué está pasando.

Muy lejos de allí, otro estruendo sacudió el bosque.

La batalla de Orven y Elira todavía continuaba.

Darian avanzaba entre los árboles sin perder de vista las luces que aparecían a lo lejos.

Cada explosión permitía calcular un poco mejor la distancia, aunque el terreno hacía que el recorrido fuera más lento de lo que había esperado.

Seris caminaba a su lado.

—La última explosión fue más fuerte.

—Sí.

—Eso significa que están cerca.

Eren iba detrás de ellos con la lanza preparada.

—¿Sabemos contra quién están luchando?

Darian negó.

—No exactamente.

—Entonces sería útil saberlo antes de llegar.

—Lo sabremos cuando estemos allí.

Seris sonrió ligeramente.

—Siempre tan optimista.

—Prefiero estar preparado.

Un nuevo estruendo recorrió el bosque.

Esta vez no hubo luz.

Solo una onda de presión que hizo temblar las ramas.

Seris levantó la mano.

—Deténganse.

Darian frenó inmediatamente.

Eren también, Seris cerró los ojos.

El viento cambió alrededor de ellos.

Durante unos segundos permaneció inmóvil.

—Hay tres presencias.

Darian miró hacia delante.

—¿Tres?

—Sí. Dos son muy fuertes.

Eren apretó la lanza.

—¿Y la tercera?

Seris abrió los ojos.

—No puedo distinguirla bien.

Darian entendió.

—Entonces probablemente sea el enemigo.

Continuaron y a medida que avanzaban, comenzaron a encontrar señales del combate.

Un árbol partido.

La corteza quemada de otro.

Una zona del suelo cubierta por una fina capa de hielo que comenzaba a derretirse.

Eren observó el terreno.

—¿Todo esto ocurrió durante la pelea?

—Parece que sí.

Respondió Darian.

Seris tocó una de las ramas dañadas.

—No son ataques normales.

—¿Por qué?

—Hay demasiados tipos de magia mezclados.

Darian miró hacia el frente.

—Entonces estamos cerca.

Caminaron unos metros más.

Un enorme destello iluminó el bosque.

Los tres levantaron la mirada.

Por encima de las copas apareció una descarga de electricidad que atravesó el cielo y desapareció entre los árboles.

Eren abrió los ojos.

—Eso no fue pequeño.

Darian desenvainó por completo la espada.

—Prepárense.

Aceleraron.

El sonido de la batalla se volvió cada vez más claro.

Ya no eran simples explosiones.

Podían distinguir impactos, cortes, ráfagas de viento y el choque de diferentes tipos de magia.

Seris comenzó a concentrar mana.

—Cuando lleguemos, no se lancen.

Eren la miró.

—¿Por qué?

—Porque si Orven y Elira están luchando juntos, entrar sin más podríamos estirarlos.

Darian asintió.

—Primero evaluamos.

Otro impacto sacudió el bosque.

Una enorme cantidad de polvo se elevó entre los árboles.

Darian hizo una señal.

Los tres se agacharon.

Esperaron.

Una figura salió despedida entre las ramas y aterrizó sobre el suelo varios metros delante de ellos.

Eren levantó la lanza.

Seris preparó una barrera.

Pero la figura se levantó.

Era Orven.

Tenía una parte de la ropa dañada y respiraba con dificultad.

Darian abrió los ojos.

—¡Maese Orven!

Orven levantó la mirada.

—¿Darian?

—Sí.

Orven miró detrás de él.

—¿Dónde están los demás?

—Nos dividimos. Bren, Ilyan y Maera se quedaron con los aventureros que encontramos. Seris, Eren y yo vinimos hacia aquí.

Orven asintió.

—Bien.

Darian dio un paso.

—¿Dónde está Elira?

Un estruendo respondió antes que Orven.

Una barrera de viento apareció entre los árboles.

Después desapareció.

Elira salió caminando desde detrás de ella.

Su ropa estaba cubierta de polvo, pero seguía sosteniendo el bastón con firmeza.

—Aquí.

Darian soltó el aire.

—Llegamos.

Elira miró a los tres.

—Lo veo.

Después observó alrededor.

—¿Encontraron a los otros?

—Sí.

—¿Y a la niña?

Darian asintió.

—Está inconsciente. Lena, Barek, Soren y Tavian están con ella. Bren, Ilyan y Maera se quedaron protegiéndolos.

Elira cerró los ojos durante un instante.

—Bien.

Orven miró a Darian.

—¿Su estado?

—No lo sabemos. Está inconsciente, pero su mana continúa aumentando.

Orven permaneció serio.

—Entonces no se acerquen demasiado a ella hasta que sepamos qué ocurre.

Elira miró hacia donde se encontraba el resto del grupo.

—¿Su mana está creciendo?

—Sí.

Orven miró hacia la oscuridad.

—Lo sentí desde aquí.

Darian comprendió que aquello significaba que la situación era incluso más grave de lo que había imaginado.

—¿Y el enemigo?

Orven levantó la mirada.

Al otro lado del claro apareció una figura.

Karesh.

Permanecía de pie entre los árboles.

Su capa estaba rasgada en varios lugares, pero su postura seguía siendo tranquila.

No parecía agotado.

Elira se colocó junto a Orven.

—Ahí está.

Karesh observó a los recién llegados.

—Más aventureros.

Darian levantó la espada.

—No estás en posición de quejarte.

Karesh sonrió.

—¿Eso crees?

Orven dio un paso adelante.

—No subestimes a quienes han venido.

Karesh lo miró.

—No los subestimo.

Sus ojos recorrieron a Darian, Seris y Eren.

—Simplemente no creo que cambien el resultado.

Eren avanzó.

—Podemos comprobarlo.

Darian levantó una mano para detenerlo.

—Espera.

Karesh inclinó ligeramente la cabeza.

—Buen liderazgo.

Darian no respondió, Orven observó al enemigo.

—¿Por qué sigues aquí?

Karesh guardó silencio.

El viento atravesó el claro.

—Podría preguntarte lo mismo.

Elira apretó el bastón.

—Ya sabemos que estabas detrás de los otros dos.

Karesh sonrió.

—¿Varek y Sareth?

Orven endureció la mirada.

—Se fueron.

—Naturalmente.

Elira avanzó un paso.

—Entonces no tienes aliados.

Karesh la miró.

—Eso tampoco es cierto.

Orven sintió que algo no encajaba.

Karesh no estaba hablando como alguien acorralado.

Estaba demasiado tranquilo.

Como si el combate no fuera su verdadera preocupación.

Como si estuviera esperando algo.

Orven lo comprendió.

—¿Qué estás esperando?

La sonrisa de Karesh desapareció.

—Nada.

Una pequeña corriente de mana recorrió el suelo.

Seris lo sintió inmediatamente.

—¡Atrás!

El suelo explotó bajo sus pies.

Darian levantó una barrera de tierra mientras Elira extendía su magia de viento.

Orven desapareció de su posición.

Karesh ya no estaba donde había estado.

Un segundo después apareció detrás de ellos.

Elira giró y su bastón chocó contra el brazo de Karesh.

El impacto creó una onda de presión que hizo retroceder a ambos, Orven apareció al lado de Elira.

—Ahora.

Elira entendió, los dos atacaron al mismo tiempo y la batalla volvió a comenzar.

Karesh apenas tuvo tiempo de reaccionar.

Orven apareció por su izquierda mientras Elira atacaba desde el frente.

El choque de ambas fuerzas mágicas levantó una corriente de aire que hizo retroceder a Darian, Seris y Eren varios pasos.

Darian clavó una rodilla en el suelo para mantener el equilibrio.

—¡No se separen!

Seris extendió ambas manos.

Una corriente de viento rodeó al grupo y desvió los fragmentos de madera que habían salido despedidos.

Eren avanzó por el costado.

Karesh bloqueó el ataque de Elira con el antebrazo y giró sobre sí mismo para esquivar el golpe de Orven.

La espada de este pasó a pocos centímetros de su hombro.

Karesh retrocedió.

—Así que finalmente trajiste refuerzos.

Orven no respondió.

Lanzó una descarga eléctrica.

Karesh levantó una mano.

La electricidad se detuvo frente a sus dedos.

No desapareció, quedó suspendida.

Darian abrió los ojos.

—¿Está deteniendo la magia?

—Sí.

Respondió Seris.

—Pero no entiendo cómo.

Elira aprovechó la distracción.

—¡Ahora!

Eren salió disparado.

Su lanza trazó una línea directa hacia Karesh, este inclinó el cuerpo.

La punta pasó junto a su hombro, Darian atacó sin perder tiempo.

Karesh bloqueó su espada con la palma.

El impacto hizo vibrar el suelo.

—Fuerza considerable.

Comentó Karesh.

Darian retiró la espada y volvió a atacar.

—No necesito que me evalúes.

Karesh sonrió, Seris lanzó una corriente de viento desde un lateral.

La ráfaga golpeó el suelo delante de Karesh y levantó una nube de polvo.

Maera no estaba allí para apoyar desde distancia, pero Seris había encontrado otra forma de limitar la visión del enemigo.

Elira comprendió la intención, entró en la nube.

Karesh apenas pudo distinguir su silueta.

El bastón golpeó contra su defensa, una segunda corriente de viento llegó desde el lado opuesto.

Karesh fue obligado a retroceder, Orven apareció detrás de él.

—Te tengo.

Una esfera de fuego apareció sobre su mano.

Karesh giró.

La explosión iluminó todo el claro y el impacto lo lanzó contra varios árboles.

Darian miró a Orven.

—¿Lo derrotamos?

Orven no bajó la guardia.

—No.

Entre el humo apareció una silueta.

Karesh seguía de pie y aunque su capa estaba parcialmente quemada el parecía estar ileso.

Asta que vieron que tenía una herida superficial en el rostro.

Pero sonreía.

—Ahora entiendo.

Elira levantó el bastón.

—¿Qué?

—Por qué Orven sigue siendo considerado uno de los mejores aventureros y porque es el líder del gremio.

Orven frunció el ceño.

—Y tú sigues hablando demasiado.

Karesh extendió una mano, el mana comenzó a moverse.

Seris sintió inmediatamente el cambio.

—¡Todos atrás!

Una presión invisible atravesó el lugar, los árboles se inclinaron.

Darian levantó una barrera de tierra, Eren clavó la lanza en el suelo para no caer.

Elira creó una barrera de viento.

Orven permaneció de pie, Karesh cerró la mano.

La presión aumentó, la barrera de Darian comenzó a agrietarse.

—¡No puedo mantenerla mucho!

Eren avanzó para ayudarlo.

—¡Aguanta!

Seris añadió su propia magia.

El viento comenzó a girar alrededor de la barrera.

Durante unos segundos resistieron.

Entonces Orven avanzó.

—Déjenmelo.

Darian lo miró.

—¿Qué?

Orven levantó una mano.

—Voy a abrir un camino.

La electricidad comenzó a recorrer su brazo.

El aire se volvió pesado, Elira entendió lo que iba a hacer.

—No desperdicies mana.

Orven sonrió.

—No pienso hacerlo.

Una descarga atravesó el claro, no fue un ataque directo.

La electricidad recorrió el suelo y cortó la presión de Karesh desde varios puntos.

La barrera dejó de temblar y Seris aprovechó el instante.

—¡Ahora!

El viento golpeó a Karesh, Darian avanzó.

Eren atacó por el otro lado.

Karesh esquivó a uno, bloqueó al otro y retrocedió, pero Elira apareció frente a él.

—Te estás quedando sin espacio.

Karesh miró detrás de sí.

Orven estaba allí.

Durante un instante, los dos quedaron frente a él.

Karesh dejó escapar una pequeña risa.

—Eso parece.

Orven levantó la espada.

—Se acabó.

Karesh lo observó y a Elira.

Luego a los demás.

—No.

Una pequeña esfera oscura apareció en su mano, Seris sintió una alteración inmediata.

—¡Cuidado!

Karesh lanzó la esfera al suelo.

Una onda de energía se extendió en todas direcciones.

Orven cruzó su espada frente al cuerpo, Elira levantó una barrera.

Darian y Eren hicieron lo mismo.

La onda atravesó el claro.

Cuando desapareció, Karesh ya no estaba.

Darian miró alrededor.

—¿Escapó?

Orven permaneció inmóvil.

Cerró los ojos, intentando encontrar su presencia.

Nada.

Elira también buscó su mana.

—No lo siento.

Seris observó el bosque.

—Desapareció completamente.

Eren golpeó el suelo con la punta de la lanza.

—¿Cómo pudo hacerlo?

Orven cuando silencio por qué había algo que le preocupaba más.

Karesh no había huido por desesperación.

Había elegido retirarse.

Y eso significaba que todavía tenía una razón para hacerlo.

Elira se acercó a Orven.

—¿Qué piensas?

Orven miró hacia la oscuridad.

—Que esto nunca fue una batalla para ellos.

Darian frunció el ceño.

—¿Entonces qué fue?

Orven tardó unos segundos en responder.

—Una prueba.

El viento atravesó el claro.

Por primera vez desde que había comenzado aquella noche, Orven sintió que quizá habían estado reaccionando a un plan que había comenzado mucho antes de que ellos llegaran al bosque.

El claro quedó en silencio después de la desaparición de Karesh.

Durante unos segundos, ninguno de los aventureros se movió.

Orven seguía mirando hacia el lugar donde el enemigo había desaparecido.

Había intentado encontrarlo una última vez, pero no quedaba ninguna huella clara de su presencia.

Darian bajó lentamente la espada.

—¿De verdad se retiró?

—Sí.

Respondió Orven.

Elira observó el bosque.

—No parece una retirada normal.

—Porque no lo es.

Darian guardó la espada.

—Entonces, ¿por qué irse ahora?

Orven no dijo nada.

Había algo en el comportamiento de Karesh que no encajaba.

Había tenido oportunidades para continuar el combate incluso después de recibir varios ataques, seguía teniendo suficiente poder para luchar.

Y aun así había decidido marcharse, Elira parecía pensar lo mismo.

—No estaba intentando derrotarnos.

Orven la miró.

—Eso creo.

Seris se acercó.

—¿Entonces qué buscaba?

Orven observó las marcas que había dejado el combate.

—Información.

Darian frunció el ceño.

—¿Sobre nosotros?

—Sobre nuestras capacidades. Sobre cómo reaccionamos. Sobre cuánto estamos dispuestos a arriesgar.

Elira añadió.

—Y sobre ella.

Orven no necesitó preguntar.

Darian comprendió.

—La niña.

Orven asintió.

—Desde el principio han mostrado interés en ella.

Eren apretó la lanza.

—¿Por qué?

Orven iba a responder cuando una voz llegó desde la oscuridad.

—Porque ella nunca debería haber estado allí.

Todos se giraron.

Karesh.

No podían verlo.

Su voz parecía venir de algún punto entre los árboles.

Elira levantó el bastón.

—Todavía está aquí.

Orven extendió una mano.

—Espera.

Karesh volvió a hablar.

—Valdoria no era un lugar donde esa niña debía estar.

Orven se quedó inmóvil.

Durante un instante, toda la tensión del combate desapareció y solo quedó una imagen en su mente.

Elia.

Una de las tantas superviviente que había llegado a Ardentia sin comprender siquiera por qué su hogar había sido destruido.

Orven apretó la mandíbula.

—¿Qué sabes de Valdoria?

No hubo respuesta, si no un silencio.

Después llegó una pequeña risa.

—Más de lo que imaginas.

Orven dio un paso hacia la oscuridad.

—Entonces sal y dilo de frente.

Elira lo miró, no intentó detenerlo.

Sabía que aquella no era solamente una pregunta de un maestro del gremio.

Era la pregunta de alguien que había visto demasiadas veces lo que las masacres dejaban detrás.

—¿Por qué atacaron Valdoria?

Preguntó Orven.

Silencio.

—¿Qué buscaban?

Otra pausa.

—Todavía no estás preparado para esa respuesta.

Orven cerró el puño.

—No vuelvas a decirme para lo que estoy preparado.

Por primera vez, su voz perdió la calma habitual y Elira lo observó de reojo.

No era miedo lo que había en su expresión.

Era rabia, la rabia contenida durante demasiado tiempo.

Karesh permaneció en silencio unos segundos.

Después dijo.

—Cuida a la niña, Orven.

La expresión del veterano cambió.

—¿Qué sabes de ella?

Karesh respondió con una seriedad que ninguno de ellos había escuchado antes.

—Aquello que está despertando dentro de ella no se parece a nada que hayas visto.

Orven sintió un escalofrío, no por la amenaza.

Por la certeza de que Karesh estaba hablando de algo que realmente conocía.

—¿Qué significa eso?

No hubo respuesta y finalmente la presencia de Karesh desapareció por completo.

Elira bajó lentamente el bastón.

—Orven...

Él no respondió, seguía mirando hacia la oscuridad.

—¿Estás bien?

Orven tardó unos segundos.

—No.

La respuesta sorprendió a Darian, Orven respiró profundamente.

—Porque conozco esa clase de mirada.

Elira frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—La de alguien que sabe algo sobre una persona que nosotros todavía no entendemos.

Miró hacia el lugar donde había desaparecido Karesh.

—Y no me gusta que ese alguien sea él.

Elira guardó silencio.

Darian se acercó.

—¿Crees que Karesh estaba diciendo la verdad?

Orven miró al grupo.

—No lo sé.

Después añadió.

—Pero conocía el nombre de Valdoria. Conocía a Mara. Y sabía que Elia sobrevivió.

Seris bajó lentamente la mirada.

—Eso significa que estuvieron vigilándola.

—Tanbein que llevan mucho tiempo siguiéndole el rastro o puede que el estuviera tras ese ataque.

Nadie respondió.

Orven volvió a mirar hacia la oscuridad.

—Regresemos con los demás.

El grupo comenzó a moverse, Elira caminó junto a Orven durante varios metros antes de hablar.

—No vas a dejarlo así.

Orven negó.

—No.

—¿Qué harás?

—Cuando volvamos a Ardentia, voy a revisar todo lo que tengamos sobre Valdoria.

Elira lo miró.

—¿Todo?

—Todo.

Hizo una pausa.

—Informes de aventureros. Registros del gremio. Testimonios. Documentos antiguos. Lo que sea.

—¿Y Elia?

Orven bajó la mirada.

—También quiero saber por qué la buscaban.

Elira no respondió.

No hacía falta.

Ambos sabían que aquella pregunta podía cambiar la vida de la niña.

En otro sector del bosque, Lena seguía junto a Elia.

Barek vigilaba el perímetro mientras Soren intentaba comprender las fluctuaciones mágicas que recorrían el lugar.

Tavian permanecía sentado cerca de un árbol.

Bren, Ilyan y Maera también seguían allí, Elia continuaba inconsciente.

Ilyan se acercó un poco.

—Su mana volvió a aumentar.

Lena miró a la niña.

—¿Eso es peligroso?

Ilyan dudó.

—No lo sé.

Lena tragó saliva.

—Eso no me tranquiliza.

Barek soltó una respiración pesada.

—A mí tampoco.

Soren observó a Elia durante unos segundos.

—Pero sigue estable.

Lena se arrodilló junto a ella.

Por un momento dejó de pensar en la batalla, en los enemigos y en todo lo ocurrido aquella noche.

Solo vio a una niña de cinco años dormida sobre el suelo.

—Hace unas horas estaba hablando con nosotros.

Tavian soltó una pequeña sonrisa.

—Es verdad.

Lena hablo.

—Esto no es normal.

Miró a Elia.

—Tiene cinco años.

Nadie respondió.

Bren bajó ligeramente el escudo.

—Y aun así nos salvó.

Lena apretó los labios.

—Eso es precisamente lo que me preocupa.

Una pequeña corriente de mana recorrió el suelo.

Las hojas temblaron y todos miraron a Elia.

La niña no despertó.

Ilyan observó la energía que la rodeaba.

—Sigue creciendo.

Lena tomó suavemente la mano de Elia.

—Entonces quédate tranquila.

No sabía si podía escucharla, probablemente no.

Pero siguió hablando.

—Ya terminó. No tienes que pelear más.

Elia permaneció inmóvil, su respiración continuó tranquila.

Y por primera vez desde que había comenzado aquella noche, nadie alrededor de ella estaba pensando en cómo luchar.

Solo querían que despertara.

Muy lejos de allí, Orven y Elira regresaban con los demás.

La batalla había terminado.

Pero las preguntas acababan de comenzar.

Y ahora Orven tenía una certeza que no había tenido antes.

Valdoria no había sido solamente una tragedia.

Había sido el comienzo de algo y Elia estaba en el centro de ello.

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