NovelToon NovelToon
Atada A La Oscuridad Del Alfa

Atada A La Oscuridad Del Alfa

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Romance oscuro
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Amelia entra a la mansión del temido Alfa Lian como niñera de su pequeño hijo, sin saber que el líder ha quedado ciego y amargado tras la traición de su propia manada. En un mundo donde la debilidad se paga con sangre, Lian oculta su ceguera con crueldad, rechazando a todos. Sin embargo, el aroma de Amelia calma a su bestia y despierta una obsesión peligrosa. Entre secretos oscuros, enemigos acechando en las sombras y una atracción prohibitiva que consume sus almas, Amelia descubrirá que sanar a la bestia puede costarle la vida... o convertirla en su Luna.

NovelToon tiene autorización de Fernanda G para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 14

​El humo de la pólvora y el hedor a sangre fresca aún impregnaban el patio central de la mansión, pero la batalla estaba lejos de haber concluido. Aunque el contingente principal de renegados se batía en retirada hacia el bosque, el sonido de garras arañando la piedra en las plantas superiores anunció la peor de las pesadillas: un grupo de infiltrados había logrado colarse por los tragaluces del tejado durante la confusión del combate.

​Amelia y Lian aún estaban en el patio cuando un grito agudo y desgarrador retumbó desde la tercera planta.

​era la voz de Mateo.

​El efecto en Lian fue devastador. La frialdad calculadora con la que había ejecutado a sus enemigos en el jardín se evaporó en un segundo, siendo reemplazada por un rugido de furia ancestral que hizo temblar las paredes de la mansión.

Las venas violáceas de su rostro se hincharon violentamente, inyectando un dolor ciego en su cerebro que lo hizo tambalearse un paso hacia atrás.

​—¡Mateo! —bramó el Alfa, apretándose las sienes con las manos ensangrentadas mientras el veneno de acónito negro intentaba estrangular nuevamente sus sentidos ante el impacto del estrés.

​Amelia no esperó a que el hombre recuperara la estabilidad. Tomó a Lian por la muñeca con fuerza firme, jalándolo hacia la entrada del ala este.

​—¡Por aquí! ¡Siga mis pasos! —gritó ella, sirviendo de guía en medio de la penumbra de las escaleras.

​Subieron los tres pisos a una velocidad frenética. Los pasillos de la residencia estaban desiertos, con los cuadros destrozados y las puertas de madera desencajadas por la violencia del ataque.

Al llegar al pasillo de la tercera planta, la escena que los recibió fue de un caos absoluto: la Sra. Elena yacía inconsciente junto a la entrada del dormitorio del niño, con una brecha sangrante en la cabeza, mientras la puerta de roble del cuarto permanecía astillada de arriba abajo.

​Dentro de la habitación, dos lobos renegados —de pelaje negro y aspecto esquelético— tenían a Mateo acorralado contra el ventanal del balcón. El niño, temblando de pavor, intentaba defenderse lanzándoles libros y candelabros pesados, pero la bestia más grande se disponía a saltar sobre él con las fauces abiertas.

​—¡Fuera de aquí, maldita escoria! —rugió Lian al irrumpir en el recinto.

​El Alfa no esperó a calcular. Guiado por el sonido del gruñido del atacante, Lian se abalanzó sobre el lobo más cercano con una brutalidad animal desbocada. Lo atrapó del cuello en mitad del aire y lo estrelló contra el armario de madera con tanta fuerza que la estructura se vino abajo, sepultando a la bestia bajo toneladas de roble y escombros.

​Sin embargo, la ceguera y la migraña devastadora le jugaron una mala pasada. El segundo renegado, más ágil y astuto, aprovechó la distracción de Lian para esquivarlo por el costado izquierdo, pasando inadvertido para los oídos del Alfa debido al estruendo del mueble al caer.

​La bestia fijó sus ojos amarillos en el pequeño Mateo y saltó con las garras por delante, lista para desgarrarle el cuello al único heredero de la manada Blackwood.

​—¡Mateo, no! —gritó Amelia.

​En un acto puramente instintivo, desprovisto de cualquier cálculo de supervivencia o miedo por su propia vida, Amelia se lanzó cruzando la habitación y empujó con fuerza al niño hacia el hueco de la cama.

​El impacto fue seco y devastador.

​El lobo renegado cayó con todo su peso sobre Amelia. Las garras del animal, duras y afiladas como hojas de acero, se clavaron profundamente en el hombro derecho y en la espalda de la joven, desgarrando la tela de su ropa y rasgando la piel hasta llegar al músculo.

Un grito de dolor absoluto brotó de la garganta de Amelia mientras caía de rodillas sobre la alfombra, bañándola de sangre tibia instantáneamente.

​El olor a sangre humana fresca —la fragancia dulce, pura y penetrante de Amelia— inundó la habitación como una explosión sensorial.

​El tiempo pareció detenerse.

​Para Lian, el aroma de la sangre de Amelia brotando de su carne no fue solo un estímulo; fue un impacto devastador que rompió el último reducto de cordura que le quedaba a su lobo interior.

Algo primitivo, posesivo y terrorífico se encendió en las profundidades de su alma. La idea de que esa mujer, la única capaz de traerle paz, la única que había sostenido su mano en la penumbra, estuviera sangrando a manos de un invasor, desató un nivel de carnicería que nunca antes se había visto en el territorio.

​Lian soltó un aullido de furia demente que hizo vibrar los cristales del balcón hasta romperlos en mil pedazos.

​En una fracción de segundo, el Alfa acortó la distancia. Atrapó al renegado que estaba encima de Amelia por el lomo y lo levantó del suelo con una sola mano como si fuera un muñeco de trapo. Con la otra mano, le sujetó la mandíbula inferior.

​—Nadab... —siseó el Alfa con una voz inhumana, una resonancia doble que pertenecía tanto al hombre como a la bestia.

​Sin darle tiempo a la criatura de emitir un solo chillido de pavor, Lian partió el cuello del lobo con una violencia seca y directa, para luego arrojar el cadáver inerte por el ventanal roto del balcón hacia el vacío del precipicio.

​La habitación quedó sumida en un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el viento frío que entraba por la ventana rota y por los sollozos ahogados del pequeño Mateo, quien emergía de su escondite debajo de la cama.

​Lian se cayó de rodillas sobre la alfombra, respirando de manera frenética. Las venas negras de su rostro latían con una fuerza destructiva, pero el Alfa ignoró por completo el dolor de su cabeza. Desplazó las manos a ciegas por el suelo hasta encontrar el cuerpo de Amelia.

​—Amelia... —murmuró, y por primera vez, la voz del temido Alfa de Blackwood tembló con un pánico absoluto y desesperado.

​Sus manos colosales, manchadas con la sangre de sus enemigos y ahora con la sangre caliente de la joven, la tomaron por la cintura con un cuidado infinito, acomodándola sobre su regazo.

Amelia yacía pálida como el papel, con la respiración entrecortada y los labios temblando por el pánico de la herida, pero sus ojos permanecían fijos en el rostro del hombre.

​—Mateo... ¿está bien? —alcanzó a susurrar ella, con la voz débil por la pérdida de sangre.

​El niño corrió hacia ellos, arrojándose sobre el costado de Amelia y sollozando contra su brazo sano.

​—Está bien... el niño está a salvo por ti —respondió Lian, apretándola contra su pecho con una posesividad feroz y dolorosa.

El Alfa pegó la cara al cuello sangrante de la joven, inhalando el aroma de su vida mientras sus lágrimas se mezclaban con la sangre en su piel—. ¿Por qué lo hiciste? ¡Eres una simple humana frágil! Podías haber muerto...

​Amelia esbozó una sonrisa débil, rozando con sus dedos temblorosos la mandíbula del Alfa.

​—Es mi trabajo... proteger a su familia —alcanzó a decir antes de que la vista se le nublara por completo.

​Lian levantó a Amelia en brazos con una facilidad pasmosa, acunándola contra su pecho sangrante como si fuera el tesoro más valioso de su existencia. Miró hacia la puerta con sus ojos ciegos y llenos de una rabia asesina contra el mundo entero.

​—¡Elena! ¡Guardias! —bramó el Alfa con una autoridad que resonó en toda la mansión—. ¡Traigan a los mejores cirujanos de la ciudad de inmediato! ¡Si ella muere, masacraré a cada uno de los que permitieron este ataque!

​Con Amelia inconsciente en sus brazos y el pequeño Mateo aferrado a su pantalón, el Alfa avanzó por el pasillo destruido, sabiendo que la sangre de Amelia no solo había salvado a su hijo, sino que había sellado definitivamente su alma a la de la niñera humana.

1
Lobelia
muy buenas el capitulo 💯
Lobelia
está muy buena
Miriam Josefina Vander Spoeltel
esta demasiado buena escritora no tardes mucho en actualizar xfaaaaaaaa gracias
Celina
💯💯👏👏me gusta
Celina
excelente gracias por compartir
Celina
super buena está historia
Lobelia
esto se está poniendo bueno 💯💯
Lobelia
💯💯💯💯
Lobelia
me gusta
Fernanda
💯💯💯💯💯👍
Fernanda
💯💯💯💯
celimar
muy buena l historia 💯
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play