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Eres Mi Perdición, Tío De Mi Ex

Eres Mi Perdición, Tío De Mi Ex

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: MisterG028

Helena Fiallet creía que lo peor que podía pasarle era descubrir la traición de Sebastián. Lo que no imaginaba era que, una noche, terminaría en los brazos de otro hombre.

Benjamin Scott quién parecía un error del que debía olvidarse… hasta que volvió a aparecer en su vida.

Y entonces Helena descubrió la verdad: Benjamin era el tío de Sebastián.

Lo que comenzó como una noche equivocada pronto se convirtió en una atracción imposible de ignorar. Porque cuanto más intenta alejarse de Benjamin, más descubre que aquello nunca fue un error.

Y ahora deberá decidir qué es más peligroso: enamorarse del hombre equivocado o descubrir que quizá siempre fue el correcto.

NovelToon tiene autorización de MisterG028 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un vaso estrellado

Estaban saliendo del aula cuando el teléfono de Helena vibró en su bolsillo. Sacó el aparato y leyó el mensaje en la pantalla.

Te recojo, hermosa?

Allie se asomó por encima de su hombro y soltó una risa corta.

—Apareció el señor Enojo —comentó con ironía.

Antonia también miró y negó con la cabeza, entre divertida y preocupada.

—Por lo menos escribe. Eso es algo.

Helena suspiró, pero no pudo evitar que una pequeña sonrisa se le escapara. Contestó rápido:

Sí. Salgo en media hora.

Guardó el teléfono y se despidió de sus amigas con un gesto. Bajó las escaleras de la facultad con el bolso al hombro, todavía pensando en cómo iba a enfrentar a Benjamin después del silencio del día anterior. No esperaba encontrarse con nadie más.

Sebastian estaba apoyado contra la pared, justo al lado de la salida principal. En cuanto la vio, se enderezó y caminó hacia ella.

—Helena. ¿Podemos hablar?

Ella no se detuvo.

—No puedo, Sebastian. Tengo prisa.

Él se interpuso en su camino y, con cuidado, le tomó las manos. Sus dedos estaban fríos.

—Perdóname por lo de Camila. Fue un error estúpido. Y lo de ese hombre… lo olvidaré. Podemos empezar de nuevo. Yo he cambiado. De verdad. Camila fue un grave error. Tú eres la única que importa.

Helena lo miró a los ojos. Por un segundo sintió el eco de todo lo que habían vivido: las promesas, las mentiras, la bofetada, el vacío. Apartó las manos con suavidad.

—No es tan fácil. Pero lo pensaré.

Y se fue sin mirar atrás.

Lo que Helena no sabía era que, a escasos cincuenta metros, dentro de un auto negro con los vidrios polarizados, Benjamin lo había visto todo. Cada gesto. Cada palabra que alcanzó a leer en los labios de su sobrino. La forma en que Sebastian le tomaba las manos a Helena como si todavía tuviera derecho. La rabia le subió por el pecho como fuego líquido. Apretó el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Respiró hondo una vez. Dos. Tres. Pensó en irse. Pensó en quedarse. Al final, tomó el teléfono y escribió con dedos tensos:

Ya estoy afuera.

Helena apareció minutos después. Abrió la puerta del copiloto y subió.

—Pensé que ya no venías —dijo mientras se abrochaba el cinturón—. Normalmente eres muy puntual.

Benjamin llevaba gafas de sol oscuras aunque el cielo estaba nublado. No la miró. Solo respondió con voz plana:

—Estaba ocupado.

Arrancó en silencio. El trayecto hasta el apartamento fue una eternidad de tensión. Helena intentó hablar una vez, pero él no contestó. Cuando llegaron, subieron en el ascensor sin rozarse. En cuanto entraron al departamento, Benjamin se quitó la chaqueta y las gafas, las dejó sobre el sofá y se dirigió directo a la barra. Se sirvió un vaso generoso de whisky y bebió un trago largo, de espaldas a ella.

Helena se quedó de pie en medio de la sala, confusa y cada vez más molesta.

—¿Para esto querías que viniera? —preguntó—. ¿Para ignorarme?

Él no respondió. Solo dio otro trago.

—Entonces mejor me voy —dijo ella, girándose hacia la puerta.

Antes de que pudiera abrirla, Benjamin la tomó del brazo y la atrajo hacia él con fuerza. La besó. Fue un beso duro, casi castigador, cargado de todos los celos que no podía verbalizar. Bajó la boca a su cuello, mordiendo suavemente la piel, mientras sus manos subían a explorar sus pechos por encima de la ropa. Helena se tensó. El cuerpo no le respondía. No había deseo. Solo confusión y un residual de resentimiento.

Benjamin lo sintió de inmediato. La distancia en su respuesta. La falta de esa entrega que siempre le había dado. Se separó de golpe, como si ella lo hubiera quemado. Se pasó una mano por el cabello, frustrado, furioso consigo mismo y con todo.

—No puedo —gruñó.

Agarró el vaso de whisky y lo estrelló contra la pared.

El cristal se hizo añicos con un estruendo seco. El líquido ámbar chorreó hacia el suelo. Helena dio un paso atrás, el corazón desbocado. Benjamin se quedó mirando los fragmentos brillantes esparcidos por el piso, respirando agitado, los puños cerrados a ambos lados del cuerpo.

El silencio que siguió fue más ensordecedor que el ruido del vaso rompiéndose.

Ninguno de los dos dijo una palabra. Y en ese silencio, ambos entendieron que algo entre ellos acababa de agrietarse… exactamente igual que el cristal contra la pared.

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Kayra Villavicencio
Por cab*on calenturiento.
Kayra Villavicencio
Es un socio, ya me cae como patada en una tet*
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