Después de Ti ,Yo
La historia de una mujer madura, que aprendió a elegirse ,demostrando que ser una mujer de 50 años todavía tiene la oportunidad de ser feliz
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capitulo 13
NADIE ESTÁ A SALVO
El día que Elías salió de la clínica no hubo flores.
No hubo abrazos.
Tampoco había nadie esperándolo con una sonrisa.
Durante años, Elías había imaginado que su familia estaría siempre a su lado.
Pero ahora comprendía algo que nunca había querido aceptar.
Había destruido demasiado.
El médico terminó de revisar los últimos documentos y levantó la mirada.
—Ya puede irse a casa, señor Beltrán.
Elías permaneció en silencio.
¿A casa?
Aquella palabra le produjo un profundo dolor.
Porque ya no sabía cuál era su casa.
Sacó lentamente su teléfono y llamó a Analia.
Ella respondió después de varios segundos.
—¿Qué sucede?
La voz de Analia era fría.
Distante.
Elías cerró los ojos.
—Hoy me dieron de alta.
Analia guardó silencio.
—Entiendo.
—Necesito hablar contigo.
—No creo que haya nada más que hablar, Elías.
Él respiró profundamente.
—¿Puedo regresar a la casa?
La respuesta tardó apenas unos segundos.
Pero para Elías parecieron una eternidad.
—No.
Elías quedó inmóvil.
—Analia...
—No puedes regresar como si nada hubiera pasado.
—Es mi casa.
—También es mi casa.
La voz de Analia comenzó a quebrarse.
—Y durante demasiados años yo fui la única persona que no sabía lo que estaba ocurriendo dentro de ella.
Elías bajó la mirada.
—Puedo arreglar las cosas.
—No.
Analia respondió con firmeza.
—Esta vez tendrás que enfrentar las consecuencias de lo que hiciste.
Y sin decir una palabra más...
colgó.
Elías permaneció observando el teléfono.
Por primera vez comprendió que había perdido el lugar al que siempre creyó que podía regresar.
Intentó llamar a Alejandro.
Su hijo respondió.
—Papá.
Elías sintió un poco de alivio.
—Hijo, ya salí de la clínica.
—Me alegro de que estés mejor.
—Necesito saber si puedo ir a casa.
Alejandro guardó silencio.
—Mamá ya me contó.
—¿Y?
—No creo que sea buena idea.
Elías cerró los ojos.
—Alejandro, soy tu padre.
—Sí.
La voz de Alejandro cambió.
—Pero también eres el hombre que hizo sufrir a mi madre durante años.
Elías sintió aquellas palabras como un golpe.
—Pensé que al menos tú...
—No me pidas que elija entre mamá y tú.
—No te estoy pidiendo eso.
—Entonces respeta su decisión.
Elías permaneció en silencio.
—Lo siento, papá.
Y Alejandro también colgó.
Uno por uno, Elías intentó comunicarse con sus hijos.
Pero la respuesta fue siempre la misma.
Nadie quería que regresara.
Araceli estaba confundida.
Tamara estaba profundamente decepcionada.
Y Alejandro no podía perdonarlo.
Elías guardó su teléfono.
No tenía a dónde ir.
Entonces recordó una única dirección.
La casa de su madre.
Raiza abrió la puerta y encontró a Elías frente a ella.
Llevaba una pequeña maleta.
Su rostro mostraba cansancio.
Y sus ojos reflejaban una tristeza que ella nunca había visto.
—¿Qué haces aquí?
Elías entró lentamente.
—No tengo a dónde ir.
Raiza lo miró sorprendida.
—¿Analia no te recibió?
Elías negó.
—¿Tus hijos?
—Tampoco.
Raiza cerró la puerta.
—Te advertí que esto podía ocurrir.
Elías la miró con rabia.
—No necesito que me lo recuerdes.
—Pero es verdad.
Raiza cruzó los brazos.
—Pasaste años pensando que podías hacer lo que quisieras sin perder a tu familia.
Elías dejó su maleta en el suelo.
—Mamá, por favor.
Raiza lo observó.
Por un instante sintió compasión por él.
Pero esa sensación desapareció rápidamente.
—Puedes quedarte aquí.
Elías levantó la mirada.
—Gracias.
—Pero tendrás que ayudarme.
—¿Con qué?
Raiza sonrió ligeramente.
—Tenemos problemas más importantes que tu matrimonio.
Elías comprendió inmediatamente.
El dinero.
Los documentos.
Iván.
Mientras tanto, Isabel no estaba dispuesta a quedarse de brazos cruzados.
La llegada de Iván había cambiado completamente sus planes.
Sabía que Analia confiaba en él.
Sabía que habían crecido cerca.
Y, sobre todo, sabía que Iván podía convertirse en una amenaza.
Pero Isabel encontró una manera de utilizar aquella situación.
Si lograba convencer a la familia de que Iván tenía una relación con Analia...
todo cambiaría.
Esa tarde llamó a Araceli.
—Necesito hablar contigo.
Araceli dudó antes de aceptar.
Pero finalmente llegó al lugar donde Isabel la esperaba.
—¿Qué ocurre, tía?
Isabel fingió preocupación.
—Me preocupa tu madre.
Araceli frunció el ceño.
—¿Mi mamá?
—Sí.
—¿Qué pasa con ella?
Isabel bajó la mirada.
—No sé si debería decirte esto.
—Entonces no lo diga.
Isabel permaneció en silencio durante unos segundos.
—Iván.
Araceli cambió de expresión.
—¿Qué pasa con él?
—Está demasiado cerca de tu madre.
Araceli comenzó a molestarse.
—Iván es amigo de la familia.
—Eso es lo que parece.
—¿Qué está insinuando?
Isabel suspiró.
—Solo digo que desde que tu padre salió de la casa, Iván aparece constantemente.
Araceli la miró con incredulidad.
—Mi mamá acaba de descubrir que papá la engañó durante años.
—Lo sé.
—Entonces, ¿cómo puede decir algo así?
Isabel fingió tristeza.
—Porque quiero protegerla.
Araceli se levantó.
—No vuelva a hablar así de mi mamá.
Isabel sonrió por dentro.
La reacción de Araceli no importaba.
Ella sabía que una mentira, repetida muchas veces...
podía convertirse en una duda.
Y las dudas eran suficientes para destruir una familia.
Horas después, Isabel comenzó a hablar con otras personas.
Con conocidos.
Con antiguos empleados.
Con personas cercanas a la familia.
—Yo no sé nada —decía fingiendo preocupación—, pero Iván y Analia están muy unidos últimamente.
La historia comenzó a crecer.
Al principio era solamente un comentario.
Luego se convirtió en una sospecha.
Y finalmente...
en un rumor.
Iván había llegado por Analia.
Iván estaba demasiado cerca de ella.
Quizás había algo entre ellos.
Isabel observaba cómo las palabras comenzaban a extenderse.
Y sonreía.
Pero mientras Isabel intentaba destruir la reputación de Analia...
algo mucho más grave estaba a punto de ocurrir.
La esposa de Alejandro había salido esa tarde para recoger a su hija de la escuela.
Era una rutina.
La misma que realizaba casi todos los días.
Nunca imaginó que alguien la estuviera observando.
Estacionó el automóvil cerca de la entrada.
Miró el reloj.
Faltaban pocos minutos para que saliera su hija.
Tomó su teléfono.
Entonces escuchó un sonido detrás de ella.
Se volteó.
No había nadie.
Frunció el ceño.
Pensó que tal vez había sido el viento.
Pero segundos después...
escuchó pasos.
Esta vez mucho más cerca.
La esposa de Alejandro sintió miedo.
Miró nuevamente hacia atrás.
—¿Hay alguien ahí?
No recibió respuesta.
Decidió regresar rápidamente al automóvil.
Pero antes de llegar...
una figura apareció desde la sombra.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Un golpe.
Un grito.
Y luego...
oscuridad.
Minutos después, las personas que estaban cerca comenzaron a correr.
La esposa de Alejandro estaba en el suelo.
Su teléfono había caído a varios metros.
El automóvil permanecía con la puerta abierta.
Alguien llamó inmediatamente a emergencias.
La escuela fue cerrada temporalmente.
Los padres comenzaron a preocuparse.
Y Alejandro recibió una llamada que cambiaría por completo su vida.
—¿Señor Alejandro Beltrán?
—Sí, soy yo.
—Necesitamos que venga inmediatamente.
Alejandro sintió que su corazón se detenía.
—¿Qué ocurrió?
La voz del otro lado respondió:
—Su esposa sufrió un ataque.
El teléfono cayó de sus manos.
Analia, que se encontraba cerca, corrió hacia él.
—¿Qué pasa?
Alejandro levantó la mirada.
Su rostro había perdido completamente el color.
—Es ella.
—¿Quién?
—Mi esposa.
Analia sintió un escalofrío.
—¿Qué pasó?
Alejandro apenas podía hablar.
—La atacaron cuando iba a recoger a nuestra hija.
Analia se llevó las manos a la boca.
—No...
—Tengo que irme.
Analia tomó las llaves.
—Voy contigo.
En pocos minutos ambos salieron desesperadamente.
Cuando llegaron al lugar, las autoridades ya estaban presentes.
La hija de Alejandro se encontraba protegida dentro de la escuela.
Había sido imposible permitirle ver la escena.
Alejandro buscó desesperadamente a su esposa.
—¡¿Dónde está?!
Una persona se acercó.
—La trasladaron a la clínica.
—¿Cómo está?
Nadie respondió inmediatamente.
Aquello fue suficiente para que Alejandro sintiera el peor miedo de su vida.
—¡Díganme cómo está!
—Está siendo atendida.
Alejandro cerró los ojos.
Analia lo abrazó.
Por primera vez en mucho tiempo, Alejandro volvió a sentirse como un niño frente a su madre.
—¿Por qué alguien haría esto? —preguntó.
Analia no tenía respuesta.
Pero Iván, que había llegado minutos después, observaba la escena con preocupación.
—Esto no parece un ataque al azar.
Analia lo miró.
—¿Qué quieres decir?
Iván permaneció en silencio.
—Creo que alguien quería enviar un mensaje.
Alejandro levantó la mirada.
—¿A quién?
Iván observó a Analia.
—A esta familia.
El silencio se hizo presente.
Todos comprendieron lo que aquello significaba.
Durante los últimos días habían ocurrido demasiadas cosas.
Las amenazas.
Los rumores.
El dinero desaparecido.
Los documentos.
Y ahora...
un atentado.
Alejandro apretó los puños.
—Voy a descubrir quién hizo esto.
Iván se acercó.
—Y debemos hacerlo rápido.
Analia lo miró.
—¿Por qué?
Iván respondió con seriedad:
—Porque quien atacó a la esposa de Alejandro sabía exactamente dónde estaría.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Analia.
Aquello significaba una sola cosa.
Alguien los estaba observando.
En la casa de Raiza, Elías recibió una llamada.
Escuchó atentamente.
Su rostro cambió.
Raiza se acercó.
—¿Qué pasó?
Elías guardó silencio.
—Atacaron a la esposa de Alejandro.
Raiza quedó sorprendida.
—¿Qué?
—Cuando fue a recoger a su hija de la escuela.
Raiza comenzó a caminar nerviosamente.
—¿Quién hizo eso?
Elías levantó lentamente la mirada.
—No lo sé.
Pero en el fondo...
Elías sabía algo.
Durante años había tenido enemigos.
Personas que conocían sus secretos.
Personas que habían perdido dinero.
Personas que podían querer vengarse.
Raiza observó a su hijo.
—¿Crees que tiene algo que ver con nosotros?
Elías no respondió.
Su silencio fue suficiente.
En otra parte de la ciudad, Isabel recibió la noticia.
Pero su reacción fue completamente diferente.
No sintió preocupación.
Sintió miedo.
Porque ella también había comenzado a recibir mensajes anónimos.
Su teléfono vibró.
Isabel miró la pantalla.
Había un mensaje.
Solo decía:
“Tú sabes más de lo que estás contando.”
Isabel quedó inmóvil.
Sus manos comenzaron a temblar.
Miró alrededor.
Nadie parecía observarla.
Pero segundos después...
llegó otro mensaje.
“Elías no podrá protegerte para siempre.”
Isabel sintió un escalofrío.
Guardó rápidamente el teléfono.
Por primera vez comprendió que alguien estaba siguiendo cada uno de sus movimientos.
Y que quizá...
ella también podía ser la próxima.
En la clínica, Alejandro esperaba desesperadamente noticias.
Analia permanecía junto a él.
Tamara y Araceli llegaron poco después.
Nadie hablaba.
Todos esperaban.
Entonces el médico apareció.
Alejandro se levantó inmediatamente.
—¿Cómo está mi esposa?
El médico respiró profundamente.
—Está fuera de peligro por ahora.
Alejandro cerró los ojos.
Sus piernas casi no pudieron sostenerlo.
Analia lo abrazó.
Pero el médico continuó.
—Sin embargo...
Todos levantaron la mirada.
—Hay algo que deben saber.
Alejandro sintió nuevamente miedo.
—¿Qué?
El médico miró hacia la habitación.
—Antes de perder el conocimiento, ella logró decir una sola frase.
Alejandro se acercó.
—¿Qué dijo?
El médico respondió lentamente:
—Dijo que reconoció a la persona que la atacó.
El silencio fue absoluto.
Alejandro abrió los ojos.
—¿Quién fue?
El médico negó.
—No pudo decir el nombre.
Analia sintió un escalofrío.
Porque si la esposa de Alejandro había reconocido a su atacante...
entonces el peligro podía estar mucho más cerca de lo que todos imaginaban.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Ahora se descubre que Isabel está involucrada en el desvío del dinero y el ataque de la esposa de Alejandro y por eso Iván fue a la casa de Raiza.
Quien fue que atacó a la esposa de Alejandro y llegó a la habitación y ella se aterrorizó 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien es Iván y que relación tenían el padre de él y el de Analía 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Porque Elías y Raiza están tan asustados con la auditoría van a encontrar sus fechorías y estafas.
Isabel prácticamente Ivan te descubrió lo que estás tratando de hacer desprestigiar a Analía no sabes con quiénes te haz metido.
Gissela ahora vas a traicionar a Elías para salvar tu pellejo o por dinero 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien estaba manipulando la herencia de Analía y porque 🤔🤔🤔❓❓❓
Que esconde Raiza que Isabel y Gissela quieren saber 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Isabel no le importa su sobrina Araceli ya le sembró una duda lo más probable es que destruyan la confianza que sus hijos tienen en ella que desgraciada pero eso se paga el karma no perdona.
Tamara quiere saber quién es Nayid es mejor decirle la verdad de una vez.
Que querrá la loca de Gisela ahora en la casa de Analía menos mal que está Alejandro allí.
Obvio que Araceli está dolida puesto que para ella su padre era un ejemplo y la decepcionó.
Tamara esa niña de 12 años piensa infantilmente e inocentemente que todo se arreglará.
Aquí no hay arreglo ni tampoco solución lo que hay es un divorcio.
Alejandro que descubrió el abogado de la empresa de quién es 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Ese Alejandro es de armas a tomar no se deja y pensaron que el iba a ceder a cuenta de que 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que desilusión para su hija que la persona que creía era un hombre sin defecto resultó un ídolo de barro.
Lourdes me gusta esa temática muchas suerte en esta nueva novela.